Gagarin

Al parecer hubo un tipo que usaba el mismo nick que yo. Y el muy jodío hizo algo curioso.

Lugar de aterrizaje de Yuri Gagarin, Engels, URSS.

El lugar donde Rita, su mamá y una vaca vieron bajar a un señor bajito del cielo (imagen de 1967; clic para ampliar).

Érase una vez una niña de seis años que se llamaba Rita. Rita vivía con sus papás en una granja colectiva a orillas de un río muy, muy grande, no lejos de un lugar llamado Engels. El papá de Rita era guardabosques y su mamá, que se llamaba Anna Akimova, se dedicaba a cuidar el ganado. Esta mañana, Rita había salido con su mamá para llevar a una vaca a pastar en los campos cercanos. Hacía un día muy bonito, con un cielo muy azul. Se acercaba ya el mediodía y el sol brillaba con fuerza, aunque era el mes de abril y aún hacía un poco de frío. De pronto, Rita señaló a lo alto y anunció:

–¡Mira, mamá! ¡Hay un señor que baja del cielo!

La mamá de Rita quiso decirle que no fuera tan fantasiosa (porque la verdad es que Rita, a veces, era un poquito fantasiosa); pero miró de reojo al punto donde señalaba la niña. Y entonces, ella también lo vio. Había, en efecto, un señor con un mono naranja y un casco blanco que bajaba del cielo en paracaídas. Anna y Rita se quedaron un poco pasmadas, viéndole descender en los campos cercanos. Y cuando el señor del mono naranja echó a andar hacia ellas arrastrando su paracaídas, la mamá de Rita la agarró con fuerza y ambas retrocedieron un poco asustadas. No hacía tantos años que terminó la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría estaba ya en su pleno apogeo y podía ser que los señores que bajan del cielo no trajeran buenas intenciones. Aunque, para ser espía o soldado enemigo, este tipo era más bajito que los de las películas. Y sonreía, como si estuviera inmensamente feliz. Además, en el casco blanco que llevaba ahora en la mano ponía “CCCP“: el acrónimo de su país.

Entonces, el señor bajito del mono naranja que había bajado del cielo les gritó:

Yuri Gagarin tras su aterrizaje

Anatoly Lugansky tomó esta fotografía, una de las primeras de Yuri Gagarin tras su aterrizaje junto al Volga, cerca de Engels.

–¡Eh, no tengáis miedo! ¡Soy soviético, como vosotras! ¡Vengo del espacio y tengo que encontrar un teléfono para llamar a Moscú!

El señor bajito del mono naranja, un joven de veintisiete años que resultó ser muy alegre y simpático, se llamaba Yuri Alekseyevich Gagarin. Era el 12 de abril de 1961, cerca del mediodía, hora de Moscú. Y lo más cañero de todo es que decía la verdad: acababa de regresar del cosmos con una nave espacial llamada Vostok-1, que tomó tierra automáticamente a alguna distancia de allí. ¡Esto era una cosa para contar mañana en el cole!

Rita y su mamá le llevaron a la granja colectiva, charlando amistosamente (aunque, la verdad, mamá no se acababa de creer mucho su historia). Mientras el supuesto kosmonavt hablaba por teléfono, alguien dijo que había oído en la radio un rato antes algo sobre el asunto este. Que el tipo era un héroe, el primer hombre en viajar al espacio, una cosa del otro mundo. Entonces, empezó una especie de locura colectiva, mucho más que cuando el Sokol de Saratov ascendió a segunda división. La gente se hizo fotos con él y se lo llevaron en un camión hacia la cercana base aérea de Engels. Pero apenas habían salido a la carretera cuando apareció un helicóptero a recogerlo. Al poco, el lugar se llenaba de soldados, científicos y cámaras. La radio repetía triunfalmente con palabras muy grandes que la Unión Soviética había llevado al primer hombre al cosmos. Y el señor bajito y simpático del mono naranja salió en la tele y en los periódicos y en las revistas de todo el mundo, una y mil veces. Pues, en efecto, la historia de la civilización terrestre acababa de cambiar ante los ojos atónitos de Rita, su mamá y una vaca –cuyo nombre, por desgracia, no recordamos–, que vieron el instante en que la Humanidad entraba definitivamente en la Era Espacial.

El amanecer en un lugar llamado Baikonur.

La aventura extraordinaria del joven bajito con mono naranja había empezado unas horas antes, esa misma mañana, en un lugar secreto situado mil quinientos kilómetros al sudeste de allí. Por aquel entonces ese lugar aún se llamaba Tyuratam, pero pronto el mundo entero lo conocería como Baikonur. El cosmódromo de Baikonur.

Esa mañana, todo el mundo se levantó muy temprano en Baikonur. Algunos ni siquiera habían dormido. Entre otros, un señor regordete, cuellicorto y cabezón cuyo nombre era tan secreto que sólo se le llamaba por las iniciales S. P. o número 20; aunque el mundo llegaría a conocerle como el Diseñador Jefe. Este señor Número 20 era quien ideó todo aquello y lo había llevado a cabo –con la ayuda de otros muchos casi tan geniales como él, claro–; y también quien decidió que el joven bajito, simpático y ligón llamado Yuri Gagarin se convertiría en el héroe de su fabulosa aventura. Le conocía en persona como al resto de sus aguiluchos –los elegidos para la gloria del programa espacial soviético–, eran amigos y hoy este aguilucho Gagarin se convertiría en águila… o moriría en el intento.

Teen Gagarin

Un Yuri Gagarin adolescente en su época de aprendiz de forjador y gamberro simpático entre las muchachas de Lyubertsy.

Yuri Gagarin era un joven piloto de la Fuerza Aérea Soviética que pertenecía ya a una nueva generación para quienes la Segunda Guerra Mundial era un recuerdo de la infancia y Stalin, un nombre de su adolescencia. Nacido en 1934, tenía once años cuando acabó el conflicto y diecinueve cuando desapareció el autócrata. Por aquel entonces, Gagarin era aún aprendiz de forjador en una fábrica, que había aprendido a pilotar avionetas en un aeroclub local y estudiaba para técnico aeronáutico en una escuela de formación profesional. Y es que procedía de una familia muy humilde: hijo de un carpintero y de una campesina a la que le gustaba mucho leer, se había criado en un suburbio industrial periférico de Moscú con no muy buena fama llamado Lyubertsy. Sus profesores decían de él que era buen estudiante pero bastante gamberro. Las muchachas de Lyubertsy coincidían en que era bastante gamberro, pero un gamberro simpático a pesar de su corta estatura –1,57, en un país donde los tipos suelen ser bastante inmensos– y esas cosas que se dicen antes de dejarse, uh, acaramelar.

En 1955, a los veintiún años, Gagarin terminó su curso de técnico aeronáutico con unas notas bastante estupendas a pesar de estos entretenimientos e ingresó en la Fuerza Aérea Soviética para convertirse en piloto militar. Recibió sus alas en la Escuela de Pilotos de Orenburg, a los mandos de un MiG-15; a continuación, se casó con una chavala de nombre Valentina Goryacheva, aunque dicen las malas lenguas que no sentó mucho la cabeza en el tema de faldas.

Sus superiores le enviaron a ejercer su nueva y definitiva profesión en un lugar llamado Luostari, en el óblast de Múrmansk, apenas unos pocos kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico. Para parar a los bombarderos capitalistas si algún día decidieran atacar a la Rodina por el Polo Norte, Noruega o ese rollo. Como te imaginarás con facilidad, no es la Costa del Sol exactamente; sino un lugar maldito entre la tundra y los hielos del Océano Glaciar Ártico, con una climatología casi extraterrestre, que sólo tiene una virtud: crear magníficos pilotos, porque es preciso ser un magnífico piloto para gobernar aviones en un sitio donde hay una ventisca infernal antes de almorzar y otra después de comer como cosa de todos los días. O casi todos; luego están los días verdaderamente malos.

Por lo visto, se le daba bien: a los veinticuatro años fue ascendido a teniente y a los veintiséis, a teniente primero. Más o menos en ese mismo año, 1959, comenzó a circular entre los oficiales jóvenes de la Fuerza Aérea Soviética que había una nueva oportunidad laboral relacionada con los recientes vuelos al espacio del Sputnik y de Laika. Que se admitían voluntarios, vamos, para un curro muy secreto, muy exigente y muy peligroso que conducía directamente a la gloria o a la muerte en versión fritanga estratosférica y cachitos múltiples. Exactamente la clase de proposición que un joven piloto de caza encuentra irresistible: hubo miles de solicitudes, y entre ellas estaba la del teniente primero Yuri Gagarin. Quien, por cierto, acababa de tener a su primera hija: Yelena.

El cohete de Gagarin

El cohete Vostok 8K72K que llevaría a Gagarin al espacio.

En 1960, se contaba ya entre el selecto grupo de veinte pilotos expertos elegidos para que uno de ellos se convirtiera en el primer ser humano en viajar al cosmos. Su corta estatura fue, precisamente, un punto a su favor: el espacio disponible en aquellas primeras Vostok era francamente reducido y los tipos grandullones no cabían. Pero no fue el único: las pruebas, cursos, exámenes, entrenamientos y comprobaciones de seguridad rayaban lo inhumano. Poco a poco, dos nombres fueron destilándose en aquel exclusivo grupo de pilotos excepcionales: Gherman Titov y nuestro Yuri Gagarin. Pronto se convirtió en el favorito, precisamente por ser de origen humilde (algo muy valorado en la Unión Soviética) y porque su nombre no sonaba tan alemán como el de Gherman Titov (si bien Gherman es relativamente común en Rusia y viene de San Germán de Constantinopla, un patriarca antiguo de la Iglesia Ortodoxa).

Pero el señor Número 20, el legendario Diseñador Jefe que ya había lanzado al Sputnik y a Laika y otros cuantos objetos y animales más, no se dejaba impresionar por detalles de esos; y era precisamente este dios de la cosmonáutica quien debía tomar la decisión. Al parecer, sucedió de una forma bastante anecdótica. Estaban varios compañeros esperando en una sala para entrar a uno de los últimos exámenes teóricos, y pasaban el rato haciéndose preguntas entre sí, por practicar la prueba. Entonces, a instancia de uno de sus colegas, Yuri comenzó a recitar de carrerilla y con detalles exhaustivos los procedimientos técnicos de control de la Vostok; casi como si la hubiera diseñado él mismo. Casualmente, el Diseñador Jefe se encontraba en la habitación de al lado y pudo oírlo a través de la puerta. Y como ya tenía una muy buena opinión sobre él, especialmente porque Gagarin comprendía el alcance histórico y filosófico de todo aquel invento como muy pocos, tomó la decisión final en ese instante: el terror de las niñas de Lyubertsy, que acababa de tener a su segunda hija Galina, sería el primer gran héroe de la Era Espacial.

Y así estaban las cosas en aquella mañana del 12 de abril de 1961. A unos pocos kilómetros, en una plataforma que se llamaba entonces sitio número 1 y ahora se conoce como la salida de Gagarin, esperaba ya una variante mejorada del primitivo cohete R-7 Semyorka denominada Vostok-8K72K. En la punta, una minúscula nave espacial con aspecto de helado de cucurucho raro llamada Vostok-1 y nombre en clave Cedro (Кедр, “Kedr”) aguardaba al elegido para pasar al libro gordo de la historia con letras grandes y doradas… o a una tumba con letras también grandes y doradas.

Jamás se había hecho antes. Era la primera vez en que la Humanidad decidió enviar a uno de sus hijos más allá de la suave atmósfera que nos vio surgir. Y no sólo eso, sino que además iban a por el premio gordo: debía describir una órbita completa alrededor del planeta Tierra, pues sólo así se abriría la puerta para los viajes espaciales futuros. Aut Cæsar aut nihil, y esas cosas.

Поехали!

Gagarin durante el entrenamiento

Gagarin durante el entrenamiento

La mañana anterior, 11 de abril, Yuri y Gherman –Titov era el piloto de respaldo, por si a Gagarin le pasaba algo en el último momento– estuvieron charlando con unos soldados de la base de lanzamientos. Después, acudieron ya al chalé donde debían pasar la noche, junto a su jefe de entrenamiento, el general Nikolai Kamanin. En el centro de control, acaba de comenzar la cuenta atrás. Mientras se hallaban en esta casa comenzaron ya a tomar comida espacial, preparada por la Academia de Medicina de la URSS: dos raciones de puré de carne y una de salsa de chocolate, en tubos de 160 gramos. Durante la tarde, les colocan los sensores médicos que uno de los dos llevará puestos durante el vuelo y les toman las mediciones en reposo a lo largo de hora y media. Aparentemente, Yuri está muy tranquilo durante este proceso: su presión arterial es de 115/60, su pulso asciende a 64 pulsaciones por minuto y su temperatura corporal está en 36,8 ºC. A las nueve y media de la noche, el Diseñador Jefe se pasa a hacerles una visita y conversar un rato con ellos: todo está listo y el lanzamiento procederá según lo programado, con Yuri como primer piloto. Poco después, ambos cosmonautas se van a la cama; aunque el general Kamanin, quien permanece despierto en el cuarto adyacente, les oye conversar en la oscuridad hasta bien entrada la noche. Habría sido interesante estar en esa conversación, ¿eh?

En la mañana del 12 de abril de 1961, como ya dijimos, todo el mundo se levanta muy temprano en Baikonur. Yuri y Gherman hacen algo de deporte, desayunan aquellos tubos de comida espacial estrictamente controlada y acuden a que les vistan con sus trajes de vuelo, sus cascos blancos y su monos naranja. A cada minuto que pasaba, había más gente alrededor: técnicos, médicos, especialistas, militares, los miembros del comité estatal. Todo el mundo parece estar de muy buen humor, aunque también se respira mucha tensión en el ambiente y la seriedad de quienes saben que se disponen a hacer historia, y no pequeña. Yuri sigue muy tranquilo y bromea con todo el mundo, como es su carácter. Ha amanecido ya cuando Gagarin, Titov y un grupo de especialistas y soldados se suben a un autobús en dirección al sitio número uno, seguidos por un vehículo de escolta. Conforme se aproximan, Yuri mira al inmóvil cohete Vostok-K que ya apunta más allá de los cielos.

Son las ocho y pico de la mañana cuando hay unos breves discursos, unas despedidas bastante emotivas y Yuri echa a andar hacia la plataforma de lanzamiento acompañado por técnicos, médicos y el general Kamanin. Aún existe la posibilidad de que se tuerza un tobillo o algo así subiendo la escalerilla, y entonces Titov será el primer hombre en el espacio… o el primer muerto intentándolo. Pero no sucede nada de eso. Yuri se introduce en un ascensor, asciende hasta la punta del cohete y allí es introducido y sujeto a la cápsula Vostok-1.

En principio, no está previsto que Yuri tome los mandos: será un vuelo completamente automático. No obstante, le han entregado un sobre con las claves precisas para hacerlo en caso necesario. A bordo lleva comida espacial para diez días, por si acaso fallase el procedimiento de reentrada y tuviera que esperar allá lejos hasta que la órbita decaiga por sí sola. Aunque, si falla algo, lo más normal es que todo sea bastante más rápido y definitivo. Muchos pisos más abajo, las bombas comienzan a inyectar el keroseno y el oxígeno líquido para los motores cohete RD-108 de 1959.

Gagarin en la Vostok 1

Yuri Gagarin a bordo de la Vostok 1, listo para despegar.

Se acercan las nueve de la mañana del doce de abril de 1961, y el joven bajito y simpático que se llama Yuri Gagarin está ya encerrado en la Vostok-1. La Vostok-1, con su aspecto general de un cucurucho de helado medio asomando en la punta del cohete, está compuesta por dos partes: una esférica donde se halla el aspirante a kosmonavt, y otra en forma de cono truncado para los equipos electrónicos, de orientación y apoyo. Alrededor, unos depósitos esféricos con oxígeno y nitrógeno líquidos para soporte vital y propulsión. Por radio, verifican los últimos parámetros previos al lanzamiento. El Diseñador Jefe está al mando, hoy como jefe de control de misión, y dice:

–Zarya llamando a Kedr. La cuenta atrás [final] está a punto de empezar.
–Recibido –contesta Yuri–. Me encuentro bien, estupendo de ánimo, listo para ir.

Los rusos no usan la conocida cuenta atrás estadounidense que va descontando segundos en voz alta. Simplemente, el reloj va marcando el momento de realizar las distintas acciones previas al lanzamiento, y por fin marca la hora de cambiar la historia de la Humanidad para siempre. Entonces, mientras el cohete Vostok comienza a vibrar, los soportes de la torre de lanzamiento se apartan de él y los motores empiezan a proyectar llamaradas anaranjadas, la voz del Diseñador Jefe recita:

–Etapa preliminar… intermedia… principal… ¡lanzamiento! Te deseamos un buen vuelo, todo está correcto.

Yuri siente una suave sacudida, el estruendo de los motores cohete acelerando a máxima potencia y el fuerte tirón que le separa del suelo para llevarlo ni más ni menos que al espacio. Ve que ha comenzado a moverse y grita a la radio:

–Poiejaly! (Поехали! “¡Allá vamos!”)

Son las nueve y siete minutos de la mañana. En medio de una gran humareda, llamaradas inmensas y un rugido atronador, el cohete Vostok-8K72K se eleva desde las estepas de Kazajstán hacia el lugar donde el cielo ya no es azul pero a cambio está lleno de estrellas. Lejos de allí, a orillas del Volga, una niña llamada Rita saca a pastar a una vaca en compañía de su mamá.

108 minutos para meter a la Humanidad en la Era Espacial.

Parte del panel de instrumentos de la Vostok-1 de Yuri Gagarin

Parte del panel de instrumentos de la Vostok-1 de Yuri Gagarin (clic para ampliar).

A los 119 segundos de vuelo, los cuatro impulsores externos se separan y caen hacia el desértico downrange de Baikonur. Gagarin conversa con su control de lanzamiento Zarya-1, indicando que todo parece ir bien. El Diseñador Jefe le confirma que el lanzamiento se ha producido dentro de todos los parámetros programados y que los datos transmitidos por el cohete son similares a lo previsto. A las nueve y diez, cuando el cohete lleva ahora 156 segundos elevándose a toda potencia, el aire se vuelve tan tenue que el fuselaje aerodinámico ya no es necesario y se separa, dejando al descubierto la nave Vostok-1 donde viaja Gagarin. El sistema de orientación óptico Vzor se activa y comienza a tomar referencias para el largo viaje por la órbita de la Tierra. El control de tierra le ve a través de un enlace de televisión; Gagarin parece encontrarse bien, consciente y orientado, muy contento. Los sensores médicos conectados a su cuerpo no presentan ninguna anomalía significativa. Hay que tener en cuenta que, hasta ese momento, nadie sabía realmente si un ser humano podría sobrevivir a un vuelo espacial.

A los cinco minutos del lanzamiento, el cohete principal agota igualmente su combustible y se separa para caer a tierra también. La fase superior se enciende para llevar a la nave espacial hasta su destino. Un minuto después, a las 09:13, Yuri transmite al Diseñador Jefe en Zarya-1:

–El vuelo sigue bien. Puedo ver la Tierra. La visibilidad es buena… puedo verlo casi todo. Hay un poquito de espacio bajo la cubierta nubosa de cúmulos… Continúo el vuelo, todo está bien.

Otro minuto más tarde, el aún aspirante a kosmonavt se ratifica:

–Todo funciona muy bien. Todos los sistemas están operativos. ¡Sigamos adelante!

A las 09:15, la etapa superior está activa aún y se encuentran ahora sobre Asia Central. El cielo es negro por completo y está lleno de estrellas. Debido al veloz aumento de la distancia a Baikonur, las comunicaciones de radio empeoran rápidamente. Está previsto: Zarya-2, el centro de seguimiento de Kolpashevo, trata de restablecer las comunicaciones lo antes posible. A las 09:17, la última etapa se apaga y el computador de a bordo libera a la nave espacial Vostok. Ahora ya no tiene ninguna propulsión, ni la necesita. Diez segundos después, Yuri Gagarin entra en órbita. ¡Está en el espacio! Ahora ya es un verdadero kosmonavt, el primero de todos, el pionero de la Humanidad: el fundador. Cualquier cosa que hagan las generaciones futuras más allá de la Tierra, lo harán como sucesores del ciudadano soviético Yuri Alekseyevich Gagarin a bordo de su nave Vostok-1, creada por el señor Número 20 y los suyos. Pero aún queda mucho trabajo por hacer hasta regresar con vida a casa. Ahora mismo se encuentra sobre Siberia, en dirección al este, al Océano Pacífico. Transmite a Zarya-2:

Yuri Gagarin en órbita

Yuri Gagarin en vuelo. Imagen transmitida a través de un enlace de televisión con los centros de control Zarya.

–La nave está funcionando normalmente. Veo la Tierra a través del ojo de buey del Vzor. Todo procede según lo planeado.

A las 09:21 la Vostok-1 sobrepasa la Península de Kamchatka para adentrarse en el Océano Pacífico, abandonando así la Unión Soviética. Gagarin aprovecha para emitir un informe de situación:

–Las luces están activadas en el monitor de descenso. Me encuentro bien y de buen ánimo. Parámetros de cabina: presión atmosférica 1, humedad 65, temperatura 20. Presión en el compartimiento 1, primer automático 155, segundo automático 155, presión en el sistema de retrocohetes 320 atmósferas.

Ha transcurrido un cuarto de hora desde el lanzamiento y se está haciendo rápidamente de noche. Va a ser el día y la noche más cortos vividos por un ser humano jamás: poco más de 100 minutos para dar la vuelta completa a la Tierra y todos sus husos horarios. Conforme la Vostok-1 se adentra hacia las tinieblas del Pacífico, Zarya-3 (en Yelizovo) entra en contacto con el kosmonavt a las 09:26 y éste les pide un informe de telemetría. Sin embargo, Zarya-3 apenas tiene datos aún:

–¿Qué podéis decirme del vuelo? ¿Qué me decís? –pregunta Yuri.
–No hay instrucciones de Número 20 –le contestan desde Yelizovo–. El vuelo procede con normalidad.
–¡Pero dadme los datos del vuelo! Ah, y mandadle un saludo al Rubio –pide Gagarin, en referencia a su amigo y futuro cosmonauta Alexei Leonov.

Zarya-3 no puede darle datos de telemetría todavía –sólo lleva seis minutos en órbita y en aquella época esas cosas se tomaban su tiempo–, pero sí confirmarle que todos los sistemas están operando correctamente. La conversación languidece mientras las comunicaciones empeoran, conforme la Vostok-1 entra definitivamente en la noche sobre el Océano Pacífico. Desde Alaska, una estación de guerra electrónica estadounidense capta las imágenes de televisión que proceden desde el espacio, donde se ve a un hombre joven con casco hablando en ruso. No saben a qué atenerse, pero comprenden que están ante algo histórico y se ponen en comunicación con Washington. A casi ocho kilómetros por segundo y más de trescientos kilómetros de altitud sobre la superficie terrestre, Gagarin avanza ahora hacia las Islas Hawaii. Las comunicaciones por VHF ya no son posibles a tanta distancia, pero continúan intercambiándose mensajes por HF. Un rato más tarde, Yuri transmite:

Trayectoria de la Vostok-1 de Yuri Gagarin

Trayectoria de la Vostok-1 (clic para ampliar; horas expresadas en UTC).

–Informe regular de situación: son las nueve horas y cuarenta y ocho minutos, el vuelo procede con éxito, Spusk-1 está operando con normalidad. El índice móvil del monitor de descenso está moviéndose [...] Me encuentro bien.

A las 09:51, comunica también que el control de actitud por orientación solar se ha activado. Aún tiene que esperar dos minutos más para recibir desde Khabarovsk el mensaje que llevaba esperando todo el rato:

–Kedr, aquí Zarya-2. Por orden de Número 33 [el general Kamanin] hemos encendido los transmisores y comunicamos lo siguiente: el vuelo procede normalmente y la órbita ha sido calculada.

A Yuri le cuesta mantenerse quieto en su asiento cuando oye estas palabras. Porque está exultante: ¡lo han logrado! No sólo está en el espacio, sino que se encuentra en una órbita verdadera y estable alrededor de la Tierra, no derivando sin rumbo hacia cualquier lugar. Ahora, incluso si todo saliera mal y nunca pudiera volver, Yuri Alekseyevich Gagarin pasaría ya a la historia como el primer navegante verdadero del cosmos: el cosmonauta original. Sin embargo, el terror de las niñas de Lyubertsy tiene toda la intención de regresar sano y salvo, aunque sólo sea para volver a ver a sus hijas y celebrarlo como corresponde a tan excepcional ocasión. Contesta, a las 09:56:

–Recibido, recibido, Zarya-2. Kedr está en órbita calculada alrededor de la Tierra. Continúo el vuelo, me encuentro sobre América [...]

En realidad no se halla sobre el continente americano, pero puede verlo a la confusa luz del amanecer desde allá arriba, donde ya no hay “arriba” ni “abajo”. Sobrevuela el Pacífico Sur en dirección a la Península Antártica para pasar al Atlántico mientras el sol sale ante sus ojos a toda velocidad. Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes, Vasco de Gama, Yuri Gagarin, susurra la Historia en sus oídos. En el noticiario de las diez en punto, Radio Moscú comienza a anunciar al mundo que hay un cosmonauta soviético en el espacio, para asombro de las gentes y las naciones. Yuri intenta varias transmisiones durante estos minutos, pero no se reciben en la URSS, al otro lado del planeta. Salvo una, a las 10:13, emitida ya desde el Atlántico Sur: “Os recibo bien; el vuelo sigue…”.

A las 10:25, la Vostok-1 conmuta automáticamente a actitud de reentrada. Se encuentra cerca de la costa angoleña, a 8.000 kilómetros del punto de aterrizaje previsto en Rusia occidental. Los retrocohetes se disparan durante cuarenta y dos segundos; con eso, la nave espacial pierde velocidad y comienza a caer de nuevo hacia la Tierra sobre África. Diez segundos despúes el computador de a bordo ordena la separación del módulo de equipamiento, pues está previsto su aterrizaje por separado.

Copia de la Vostok-1

Copia de la Vostok-1 en el Museo del Aire y del Espacio, París Le Bourget.

Entonces sucede un fallo que está a punto de terminar con la misión y matar a Gagarin durante la ardiente reentrada: un grupo de cables no se separa correctamente y los dos módulos quedan enganchados. Además, conforme vuelve a haber aire alrededor de la nave, aunque sea todavía muy tenue, la Vostok-1 comienza a girar sobre sí misma a gran velocidad debido a la forma esférica del módulo de descenso. Sin embargo, Yuri no trata de comunicarse para decir que algo va mal: ha deducido correctamente que estas anomalías no ponen en peligro a la nave y, según diría después, “no quise hacer ruido innecesariamente”. Unos minutos más tarde, el grupo de cables que ha impedido la adecuada separación se quema por el enorme calor de la reentrada y los dos elementos de la Vostok-1 se distancian por fin. Yuri se encuentra ahora sobre Egipto y la nave sigue rotando con fuerza, sometiéndole a aceleraciones de 8,5 g, pero el cosmonauta permanece consciente y sigue sin transmitir nada en particular.

A partir de las 10:35, la Vostok-1 pasa sobre las pirámides de Egipto y se adentra en el Mar Mediterráneo, al oeste de Chipre. Tras atravesar Turquía, regresa a la Unión Soviética por la costa del Mar Negro, cerca de Krasnodar. El cielo vuelve a ser azul. Sigue descendiendo en dirección al Volga y por fin, a las 10:55, Yuri activa el asiento eyectable a siete kilómetros de altitud tal y como estaba previsto. Esto generó alguna polémica con posterioridad, puesto que se suponía que los cosmonautas debían permanecer con su nave hasta el aterrizaje para hacer valer sus récords ante la Federación Aeronáutica Internacional (aunque, como no podía ser menos, la cosa quedó definitivamente saldada a su favor; y, de todos modos, esto era ya astronáutica). Sin embargo, esta era una preocupación completamente secundaria para el equipo del señor Número 20: la toma de tierra final podía ser dura y no estaban dispuestos a que uno de sus valiosos cosmonautas se rompiera los dientes así como así. Por tanto, hubo tres paracaídas en el aire: el del módulo de descenso, el del módulo de equipamiento y el de Yuri. Debido a los problemas de separación sobre África, el módulo de equipamiento caería bastante lejos.

A las 10:55, dos chicas adolescentes vieron aterrizar el módulo de descenso de la nave espacial Vostok-1. Lo contaron así: “Era una bola muy grande, como de dos o tres metros, con un paracaídas enorme. Cayó, rebotó y volvió a caer. Se hizo un agujero bastante grande donde había caído por primera vez…”

Yuri, cuyo paracaídas se ha abierto a 7.000 metros de altitud, es arrastrado por un viento suave hasta las orillas del Volga. Allí desciende, sobre unos campos de cultivo, y ve a una niña que señala hacia él, con su mamá y una vaca. Son las once y cinco, y la Humanidad ha entrado en la Era Espacial de la mano del Diseñador Jefe y el joven bajito del mono naranja que se llama Yuri Alekseyevich Gagarin. La mamá parece asustada, pero la niña –Rita– le mira con unos ojos enormes y llenos de fascinación.

–¡Mira, mamá! ¡Hay un señor que baja del cielo!

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado y ya nunca terminará.

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¡Qué malo!Pschá.No está mal.Es bueno.¡¡¡Magnífico!!! (80 votos, media: 4,88 de 5)
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33 comentarios »

  1. Guido dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 13:17

    Yuri, no se como lo logras… cada post tuyo es mejor que el anterior.
    Una pregunta… crees que Gagarin fue el primero en, al menos, despegar? O puede haber habido intentos fallidos anteriores?

    • Yuri dijo,
      El 16 de septiembre de 2010 @ 13:43

      ¡Hola, Guido!

      No, no lo creo, y además tras la caída de la URSS se abrieron los archivos y allí no consta nada de todas esas historias que se inventaron por acá. Además, hay un montón de personas que trabajaron en el programa espacial, están jubiladas, algunos viven en otros países y tampoco han dicho nada. En general, los lanzamientos espaciales dejan un enorme “rastro de papel”, y está todo documentado.

      Además, es que no da tiempo entre lanzamiento y lanzamiento. Mira, aquí los tienes todos día a día prácticamente; puedes empezar por 1957, cuando lanzaron el Sputnik 1, y verás que prácticamente no hay “espacio” entre unos y otros para llevar un programa tripulado paralelo (y secretísimo…):

      http://www.astronautix.com/chrono/index.htm

      En realidad, nunca aportó nadie ninguna prueba fehaciente de los “cosmonautas fantasmas”; eran todo afirmaciones de la Guerra Fría. Al terminar la misma dejaron de tener sentido y desaparecieron fuera de los ámbitos más “conspis”.

      Además, tampoco hay indicio alguno de la existencia de otro equipo supuesto de cosmonautas, ni de las instalaciones precisas para entrenarlos, ni de nada de nada. Gagarin fue, efectivamente, el primero.

      • Milhaud dijo,
        El 16 de septiembre de 2010 @ 14:10

        Los cosmonautas fantasmas… suena como un gran título para un próximo artículo ;)

  2. Pablo dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 13:49

    Olé! ¿Cuándo podremos recrearnos en el vuelo de un sucesor de Yuri colonizando Marte?

    • Yuri dijo,
      El 16 de septiembre de 2010 @ 14:07

      Por desgracia, eso tardará un poco.

      A veces parece que, durante los últimos 25 años, nos hayamos estancado en muchas cosas. :-(

      • voet dijo,
        El 16 de septiembre de 2010 @ 15:57

        como comenté en otro blog hace tan sólo un par de días, el gran problema de una cultura económica basada en el beneficio y el forrarse cuanto antes es que es incapaz de pensar a largo plazo.

        está clarísimo que la exploración planetaria traerá beneficios ya no enormes o incalculables, sino esenciales; pero tan sólo dentro de generaciones.

        desafortunadamente, como las cosas se hacen para que den resultados a corto o, como mucho, a medio plazo, la inversión se realiza principalmente en todo aquello que no pasa de la órbita de la tierra, y cuando es más allá es sólo en función de los beneficios económicos que impliquen a la tierra (como el proyecto STEREO).

        a este respecto el sr.sagan (qué hombre) estaba ofendidísimo en los 80 y 90. “en las orillas del océano cósmico” no dejaba de ser una metáfora de que aún estábamos chapoteando los pies en el mar del espacio y que no nos estábamos preocupando de navegar.

        de hecho si no llega a haber una competencia política/propagándistica/tecnológica (leáse ICBM) entre soviéticos y americanos probablemente aún no habríamos llegado a la luna y apenas se habrían realizado escasas misiones de carácter científico.

        así que sólo nos queda el estamento científico (y su relativamente escaso presupuesto) para llevar a cabo las misiones de exploración planetaria.

      • Etyper dijo,
        El 16 de septiembre de 2010 @ 16:20

        Genial tu blog Yuri, llevo siguéndote desde forocoches y no sabes hasta que punto aprecio esta labor de divulgación que llevas a cabo, que debería sonrojar a muchos (no todos) “divulgadores” y “comunicadores” de este país.

        A este respecto que acabas de comentar añado:
        http://lapizarradeyuri.blogspot.com/2010/05/donde-esta-el-futuro-de-la-exploracion.html

        y una cita de Gene Kranz:

        “No. In many ways we have the young people, we have the talent, we have the imagination, we have the technology. But I don’t believe we have the leadership and the willingness to accept risk, to achieve great goals. I believe we need a long-term national commitment to explore the universe. And I believe this is an essential investment in the future of our nation and our beautiful, but environmentally challenged planet.”

        emitida en el año 2000, refiriéndose al programa espacial estadounidense, pero que extiendo a todos los programas espaciales, en principio, de la actualidad.

        • voet dijo,
          El 17 de septiembre de 2010 @ 13:57

          huy, no había leído ese post de yuri del antiguo blog. pues sí, dije exactamente lo mismo en mi comentario. sorry.

  3. MiGUi dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 14:58

    Buen post.

    Con todo lo mitificada que está la carrera espacial, a los cosmonautas rusos se les relega normalmente a un segundo plano solo porque no alunizaron antes que EEUU. Sin embargo siempre han sido unos monstruos tecnológicamente hablando y por descontado contando con unos tipos con un par de pelotas para subirse ahí siendo como eran las cosas en la soviet russia.

  4. isma dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 16:00

    ¿Alguien sabe el nombre del tema que suena en el último video? ¿Rimsky-Korsakov? ¿Saint-Saens?

    • José Luis dijo,
      El 16 de septiembre de 2010 @ 23:58

      Modest Mussorgsky, Una noche en el monte pelado.

  5. YUBIL dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 16:42

    Me ha hecho mucha ilusión leer esta historia. Yo tenía 12 años cuando los periódicos dieron aquí la noticia y el nombre de Yuri Gagarin se me quedó grabado para siempre. Fue todo un acontecimiento. Junto con el de Alexei Leonov, el primero en salir de una nave y flotar en el espacio. Y Valentina Tereskova (¿se escribe así?), la primera mujer cosmonauta. Sin olvidar a los primeros estadounidenses que pisaron la Luna.

    Creo que Gagarin murió años después en un accidente como piloto de pruebas.

    Un saludo.

  6. Manuel Nicolás dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 17:16

    Excelente cuento. Y lo bueno es que está basado en hechos reales. No conocía el aterrizaje de Gagarin. De hecho estaba convencido de que aterrizó dentro de su nave.
    Y me recuerda la peli de Elegidos para la gloria, que por cierto hace mucho que no veo y que me voy a percutir por enésima vez esta noche.
    ¡VIVA LA EXPLORACIÓN ESPACIAL!.

    • Etyper dijo,
      El 16 de septiembre de 2010 @ 17:38

      Manuel Nicolás:

      Te recomiendo mucho la serie”From the Earth to the Moon”, sobre el programa Apolo, producida por HBO. Yo he disfrutado mucho viéndola.

      • German dijo,
        El 16 de septiembre de 2010 @ 21:25

        Les recomiendo la serie (libre y gratuita) Pioneer One, que se puede descargar de aquí, y que es de ciencia ficción: hay espías, cosmonautas, etc…

        http://vodo.net/pioneerone

  7. Javi dijo,
    El 16 de septiembre de 2010 @ 19:59

    Que conste que me parece una muestra de discriminacion vergonzosa que nadie haya registrado el nombre de la vaca.

  8. placeres dijo,
    El 17 de septiembre de 2010 @ 0:08

    Gracias por el relato.
    Habia leido docenas de veces el proceso de despege incluso los motivos de eleccion de Gagarin pero increiblemente nunca del sistema de aterrizaje, ni idea que habia tenido que saltar en paracaidas.

    Me gustaria saber el despliege que debio tener medio ejercito Ruso para recuperar al hijo prodigo, asi de mi extrañeza que no tuvieran alguno de sus barcos espias por el atlantico sur para captar la nave…Que recuerdos cuando el buque cargado de antenas gigantes de la URSS atracaba en el muelle de mi ciudad pero evidentemente era posterior a este vuelo.

  9. Albert dijo,
    El 17 de septiembre de 2010 @ 6:31

    Pues sinceramente, a mi lo que más emoción y añoranza me ha causado es lo de “granja colectiva”. Es una pena que la humanidad haya retrocedido tantísimo en el ámbito social. ¿Dé que han servido tantas décadas de carrera espacial, si gran parte de la población mundial muere de hambre en tierra?. Por lo demás, buen trabajo y buen artículo.

  10. ^_Pepe_^ dijo,
    El 17 de septiembre de 2010 @ 12:19

    ¡Uf! Ya decía yo que los RSS del GoogleReader hacía tiempo que no avisaban de “novedades” en la Pizarra.

    ¡¡Mira que cambiar de dominio y no montar una redirección o algo!!

    Genial artículo, como siempre. Te propongo hacer un ranking de tus posts…

  11. ^_Pepe_^ dijo,
    El 17 de septiembre de 2010 @ 12:22

    Gran post!

    ¡Te había perdido el rastro! El GoogleReader no alertaba de novedades en la pizarra.

    uf! Menos mal que ya estás aquí de vuelta.

    :)

  12. ^_Pepe_^ dijo,
    El 17 de septiembre de 2010 @ 14:50

    Al fin vuelven los artículos!

    Mi GoogleReader hacía tiempo que no avisaba de nada nuevo en la pizarra.

    ¿No se podrían redirigir los rss? Mucha gente no se ha enterado, y si leen por GReader, simplemente esperarán actividad…

    El artículo, soberbio como siempre.

    Gracias!
    ^_Pepe_^

  13. Durruti77 dijo,
    El 18 de septiembre de 2010 @ 2:00

    Nunca la Utopía llegó tan lejos, y han pasado ya 50 años… Qué pena de CCCP! A dónde habrían llegado ya los cosmonautas?
    En poco más de 40 años tomaron el Palacio de Invierno y asaltaron los cielos.

    Pero, bueno, nosotros hemos ganado un Mundial….

  14. Dani dijo,
    El 18 de septiembre de 2010 @ 10:52

    La pena de estas fabulosas historias es la politización que se hizo de ellas…Me refiero concretamente a que cuando yo era pequeño, los únicos cosmonautas famosos eran los norteamiericanos. Gagarin sonaba pero había poca información donde profundizar y formarse una opinión (que derivase en admiración).

    Menos mal que cambió la política, y luego llegó el otro Yuri Gagarin, para recordarnos tan magistralmente la épica del primer Yuri.

    ¡Qué manera de disfrutar leyendo!

  15. Puente Ojea dijo,
    El 18 de septiembre de 2010 @ 11:03

    Cuando se habla de Gagarin no puedo evitar acordarme de Arnaldo Tamayo Méndez, primer cosmonauta latinoamericano y negro de la historia, cubano y también de origen humilde.

    Gran artículo como siempre .

  16. Someone dijo,
    El 19 de septiembre de 2010 @ 15:14

    Y lo de que “la Vostok-1 comienza a girar sobre sí misma a gran velocidad debido a la forma esférica del módulo de descenso.” Es decir, Gagarin estuvo dando vueltas sobre si mismo como centrifugándose en una lavadora?? :S sin desmayarse ni nada??

    Felicidades por el post! tenias que hacer honor al blog ya!

  17. curro dijo,
    El 20 de septiembre de 2010 @ 19:23

    Muy buen relato ,me ha emocionado.

  18. El 28 de septiembre de 2010 @ 23:40

    Muy interesante post sobre la hazaña de Gagarin. Pero falta un detalle muy importante: La Meada de Gagarin.

    Durante el trayecto hacia el punto de lanzamiento, Gagarin pidió detener el autobús porque tenía ganas de orinar. El vehículo se detuvo, Gagarin descendió y orinó sobre una de sus ruedas. Luego subió al autobús y el viaje prosiguió.

    Desde entonces, todos los cosmonautas soviéticos tienen la costumbre de orinar sobre la rueda del autobús antes de cada lanzamiento.

    Felicidades por el blog

  19. El 1 de octubre de 2010 @ 11:07

    Yo naci al año siguiente , justo por que mi mamá sabia que esto tan nuevo me vendria bien, pero mi mamá no sabia que tenia que sacarme del pueblo y entrar en la admosfera del desarrollo, o sea tener mucho rollo y cara para ver por la nueva cosmonauta que nacia…en fin que me encanto su entrada y la del heroe, que gracias a estos articulos soy menos campechana y que el cosmos me enamora…entiendo poco, mientras ,navego en el de la poesia y aveces y solo a veces me veo en el lugar que siempre desee EL ESPACIO. fELICIDADES POR EL BLOG.

  20. Darío dijo,
    El 2 de octubre de 2010 @ 1:08

    ¡¡¡Eres tremendo!!!

    Qué bueno que sigues escribiendo, que buena historia nos traes. No seas egoísta: dinos cómo haces para escribir así.

    Saludos y abrazos.

  21. Héctor dijo,
    El 13 de abril de 2011 @ 5:50

    Muy bueno los comentarios. Me desasne con el aterrizaje, no tenia la menor idea de que hubiera sido así. Muy interesantes todos los datos.
    Saludos

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8 Trackbacks \ Pings »

  1. septiembre 16, 2010 @ 14:47

    [...] Gagarin (Yuri) [ http://www.lapizarradeyuri.com ] [...]

  2. abril 13, 2011 @ 1:57

    [...] blog La Pizarra de Yuri cuenta otra historia, probablemente más creíble que la que nosotros damos por buena. Vale la pena leerla: que conste [...]

  3. agosto 25, 2012 @ 23:11

    [...] carrera espacial se desarrolló mucho antes de que yo naciera. Era 1961 cuando Yuri Gagarin hacía historia convirtiéndose en el primer ser humano que abandonaba la Tierra y 1969 cuando Armstrong pisaba la Luna mientras decía aquella frase que se convirtió en emblema: [...]

  4. diciembre 2, 2012 @ 19:09

    [...] que el 12 de abril de 1961 el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtiera en el primer ser humano en viajar al espacio, un total de 528 personas de 38 [...]

  5. diciembre 9, 2012 @ 22:51

    [...] que el 12 de abril de 1961 el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtiera en el primer ser humano en viajar al espacio, un total de 528 personas de 38 [...]

  6. febrero 1, 2014 @ 12:12

    […] […]

  7. abril 26, 2014 @ 14:24

    […] La pizarra de Yuri, con exhaustivas entradas de carácter científico. Paga moito a pena ler a entrada onde narra a aterraxe de Gagarin. nun lugar case deshabitado, a mil cincocentros quilómetros do cosmódromo de […]