En busca del vacío y la nada

Un viaje por el espacio interplanetario, el espacio interestelar, el espacio intergaláctico y más allá.

Las capas de la atmósfera, con algunos de sus objetos característicos, y la densidad del aire acorde a la altitud.

Las capas de la atmósfera, con algunos de sus objetos característicos, y la densidad del aire acorde a la altitud (en kilogramos por metro cúbico.) Puede observarse cómo la densidad del aire tiende a cero muy rápidamente conforme nos elevamos. Pero sólo “tiende a cero”, no “cae a cero.” Datos: Densidad del aire según los modelos empíricos Atmósfera Estándar Internacional / NRMLSISE-00. Imágenes: Wikimedia Commons / La Pizarra de Yuri. (Clic para ampliar)

“Nada” y “vacío” son dos de esas palabras que solemos utilizar muy a la ligera. Abrimos un cajón, o más probablemente la cartera, decimos “aquí no hay nada” o “esto está vacío” y nos quedamos tan panchos. Supongo que no necesitaré explayarme sobre la enorme cantidad de cosas que hay incluso en una cartera a fin de mes: desde las omnipresentes bacterias hasta el aún más omnipresente polvo, pasando por ácaros, restos microscópicos de casi todo y el mismo aire. Y digo yo: ¿existe la verdadera nada, o el verdadero vacío, en este universo?

Para buscar la respuesta, recurriremos de nuevo a nuestra hipotética nave espacial Abbás ibn Firnás. No por nada, es por llegar antes de morirnos y eso. Por si no leíste esa entrada, te la resumiré diciendo que la Abbás ibn Firnás es una nave de ciencia-ficción que me saqué de la manga porque va muy bien para explicar unos cuantos conceptos relacionados con las distancias cósmicas. Se podría definir como un vehículo alto-sublumínico relativista con aceleración constante. Me la inventé así porque no viola ninguna ley de la Física (en particular, la Relatividad de Einstein) y por tanto nos permite mantenernos dentro de las cosas que son posibles. Naturalmente, que sean posibles no significa que puedan hacerse en el estado actual de la ciencia y la técnica. Por desgracia, la Abbás ibn Firnás ni existe ni puede existir en manos humanas hoy por hoy y durante una larga temporada. Es al menos tan imposible como lo era una nave Voyager o una conexión a Internet para Leonardo da Vinci. Que, dicho sea de paso, vivió hace menos de quinientos años.

Así pues, nos imaginaremos que estamos en el año 2514 y tenemos la Abbás ibn Firnás aparcada en zona azul de la órbita baja. Así que nos vamos a pillar la Soyuz de la línea 3 para ir a por ella (sí, los neo-sármatas siguen haciendo la condenada Soyuz en la Fábrica de Samara.) :-P ¡Allá vamos! Conforme nuestro cohete se eleva al lugar donde el cielo ya no es azul pero a cambio está lleno de estrellas, la presión y la densidad del aire que nos envuelve comienzan a reducirse. Por ejemplo, al superar los diez mil metros, la altitud típica de los reactores de pasajeros (y las aves que vuelan más alto), la densidad cae a la tercera parte y la presión, a la cuarta. (Hay que decir que la presión y la densidad exactas del aire dependen de un montón de factores, entre los que se cuentan la temperatura, la humedad y hasta la radiación solar; para simplificar, usaremos aquí la tabla orientativa de la Atmósfera Estándar Internacional que utilizan organismos como la OACI; y a partir de los 86 km de altitud, el modelo NRMLSISE-00 usado en astronáutica.)

Sigamos. A veinte mil metros, una altitud propia de aviones de combate de altas prestaciones, la presión ya es sólo 1/18 de la que disfrutamos en la superficie y la densidad, 1/14. A partir de ahí, el aire se va volviendo tan tenue que a los aviones (que dependen de los principios de la aerodinámica para mantener la sustentación) les va costando mucho volar. Una variante modificada del interceptor soviético MiG-31, llamada Ye-266M, batió el récord absoluto de altitud para un avión tripulado capaz de despegar y aterrizar por sus propios medios el 31 de agosto de 1977: 37.650 metros, lo que vienen siendo 123.520 pies o el nivel de vuelo 1235 para nosotros los aerotrastornados. ;-) Ahí arriba ya se ven las estrellas en pleno día, la presión atmosférica es apenas 1/260 de la superficial, la densidad no llega a 1/225 y las alas ya no pueden volar (de hecho, parte del camino fue balístico, con una trayectoria inicial casi vertical al triple de la velocidad del sonido… ¡tuvo que molar!) ;-)

El mundo visto desde lo alto de la línea Kármán a bordo de un cohete Soyuz.

El mundo visto desde lo alto de la línea Kármán a bordo de un cohete Soyuz, el 3 de abril de 2014. Parece que estemos ya en “el vacío”, ¿eh? Bueno, pues en ese momento el aire, aunque muy tenue (densidad inferior a 5,6×10−7 kg/m3), aún sería capaz de dañar el cohete y la carga; la cofia aerodinámica que la protege no se separará hasta unos segundos después. Imagen: ESA / Arianespace / Roskosmos. (Clic para ampliar)

Los globos pueden llegar todavía más alto, elevándose igualmente por sus propios medios. El récord para uno tripulado está en 34.688 metros, tres kilómetros menos que el Ye-266M. Pero entre los que no van tripulados, como algunos de los que se usan en meteorología, no son raras altitudes mucho mayores. Un modelo experimental japonés de nombre BU60-1, fabricado en polietileno de 3,6 micras de espesor, batió su propio récord el 23 de mayo de 2002: 53 kilómetros. Ahí la presión atmosférica es tan solo una dosmilésima parte de la que nos encontraríamos en tierra, la densidad del aire es 1/1750 y, a primera vista, nos parecería que estamos ya en el vacío. Pero qué va. Cuando nuestro cohete Soyuz alcanza esas altitudes, poco más de dos minutos después del lanzamiento, va a unos 6.700 km/h y sigue necesitando la cofia aerodinámica; de lo contrario, a semejante velocidad, incluso ese aire tan tenue desestabilizaría el cohete y abrasaría la nave espacial hasta destruirnos.

Tradicionalmente decimos que el punto donde el cielo se convierte en espacio y los aviadores en astronautas es la línea Kármán, a 100 kilómetros de altitud. Cuando llegamos a la línea Kármán la densidad y la presión del aire son ya muy bajas: en torno a una tresmillonésima parte de las que tenemos en superficie. Al margen de los cohetes, sólo algunos vehículos experimentales como el X-15 o el SpaceShipOne estadounidenses la superaron, y por los pelos. Pero para los cohetes, como nuestro Soyuz, eso es tan solo el principio del viaje: vamos todavía con la segunda fase encendida a toda mecha y nos queda un buen tramito hasta la órbita. En ese momento, doscientos segundos después del lanzamiento, ascendemos ya a 8.400 km/h y la cofia va tornándose inútil; se desprende unos veinte o treinta segundos después, al superar los 10.000 km/h y los 120 km de altitud. El aire es ahora tan ligero que ni el rozamiento ni su presión sobre las estructuras de la nave representan ya ningún peligro. Podría decirse que acabamos de abandonar la atmósfera terrestre. ¿O no?

Video con los 7 primeros minutos de vuelo de un cohete Soyuz-STB con una carga de satélites de telecomunicaciones desde Kourou, el 25 de junio de 2013. En él encontramos varios detalles interesantes: observa los datos de altitud (A) y velocidad (V) que aparecen a partir del momento  1:25, porque dan miedo. ;-) La altitud está expresada en kilómetros y la velocidad, en kilómetros por segundo (1 km/s = 3.600 km/h.) También puede verse cómo la cofia aerodinámica se separa a unos 120 km de altitud (4:30 del video, minuto 3:55 del lanzamiento.) Ese es el momento en que el aire es tan tenue que ya no puede desestabilizar al cohete ni dañar la carga, pese a que la velocidad ya supera los 10.000 km/h (2,8 km/s.) Video: Arianespace.

Atmósferas planetarias e interplanetarias.

En realidad, no, no hemos abandonado la atmósfera terrestre. Lo que hemos abandonado es la parte más densa de la sopa de nitrógeno y oxígeno que nos vio nacer. Más o menos, lo que viene siendo la troposfera (donde residimos habitualmente), la estratosfera (adonde a veces llegamos en avión), la mesosfera y un pelín de la termosfera. Pero las atmósferas planetarias siguen considerándose tales mientras haya moléculas fijadas por la gravedad del planeta (o luna) en cuestión; en el caso de la Tierra, eso se extiende hasta el final de la exosfera, a unos 10.000 kilómetros de la superficie.

Nosotros, en este primer tramo, vamos más cerca. Hemos dicho que dejamos la Abbás ibn Firnás aparcada en la zona azul de la órbita baja, y las órbitas bajas de la Tierra se extienden aproximadamente entre 160 y 2.000 km de altitud. La actual Estación Espacial Internacional, por ejemplo, se encuentra a unos 415 kilómetros, en plena termosfera. Por suerte, el gorrilla nos consiguió un buen hueco a poco más de 200. Nueve minutos después del lanzamiento, la tercera y última etapa del cohete inserta nuestra nave Soyuz en órbita a unos 25.000 km/h. Acto seguido, tras unas maniobras de aproximación, nos ensamblamos con la Abbás ibn Firnás. ¡Ya estamos listos para comenzar nuestra búsqueda del vacío y la nada!

Los 500 millones de años luz de universo a nuestro alrededor.

Los 500 millones de años luz de universo a nuestro alrededor (tú y yo estamos en el centro.) Puede observarse cómo las galaxias tienden a agruparse en supercúmulos (“superclusters”, indicados en azul claro) dejando “vacíos” en medio (“voids”, en rojo.) Sin embargo, estos vacíos tampoco están realmente vacíos del todo. Imagen: Powell, R. (atlasoftheuniverse.com) vía Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Y… ¿dónde buscamos? Bueno, pues si los alrededores de los planetas están llenos de gases, polvos y demás basurillas, lo lógico sería alejarse. ¿Cuánto? Pues… mucho, ¿no? Todo lo que podamos. Así que nos preparamos un buen batido –nada de cubatas, que ahora los de la Dirección Global de Tráfico son muy capaces de mandarte a las colonias penales de Makemake si te pillan pilotando bebido– y nos sentamos a los mandos. Por elegir un rumbo, y ya que andamos detrás de la nada, apuntaremos al Vacío Gigante, que suena… como bastante vacío, ¿no? ;-) Mientras vamos poniendo en marcha la Abbás ibn Firnás, permíteme que te cuente eso de los vacíos gigantescos, porque tiene su aquél.

Las grandes murallas, los grandes filamentos y los grandes vacíos.

En la estructura a gran escala del universo, la materia no está esparcida por ahí sin orden ni concierto. Es por la gravedad, tan débil, pero tan persistente. La gravedad hace que la materia tienda a agruparse dando lugar a –vamos a decirlo así– formas. Las formas más colosales de toda la puñetera realidad.

Una de las más conocidas –y pequeñas, a la escala que estamos hablando– son las galaxias. En ellas, cientos de miles de millones de estrellas, sistemas solares y demás, separadas por notables distancias, alcanzan un cierto equilibrio gravitatorio que las mantiene orbitando en torno a uno o varios centros de masas, dando lugar a las diferentes morfologías galácticas: espirales con o sin barra (como nuestra Vía Láctea, una espiral barrada), elípticas, lenticulares, irregulares, peculiares, etcétera. Algunas pueden adoptar formas verdaderamente extraordinarias, como las Galaxias Antena o las anulares. Los humanos solemos clasificarlas en la Secuencia de Hubble (o fuera de ella) y sus variantes. La mayor parte de galaxias tienen entre unos cientos y algunos millones de años-luz de diámetro. La más pequeña (y densa) que conocemos es M60-UCD1 y la más grande, un monstruo llamado IC 1101 de Virgo, con sus 5,5 millones de años-luz de diámetro. Para que te hagas una idea, de aquí a la galaxia de Andrómeda “sólo” hay 2,5 millones de años-luz. Nuestra Vía Láctea, con unos 100.000, es de las normalitas.

Pero las galaxias tampoco flotan por ahí sin más. De nuevo, la gravedad las hace interactuar entre sí para dar lugar a otras formas cada vez mayores: grupos, cúmulos y supercúmulos. Por ejemplo, nuestra Vía Láctea forma parte del Grupo Local, con diez millones de años-luz, que a su vez se encuentra en el Supercúmulo de Virgo. (Si quieres saber más sobre estas cosas, léete Esta es tu dirección, en este mismo blog.) El Supercúmulo de Virgo es ya una cosita de un tamaño respetable: según como lo midas, tiene entre cien y doscientos millones de años-luz de diámetro. A este nivel, los tamaños comienzan a aturdir. Perdemos la perspectiva. Para orientarnos un poco, te diré que con las naves espaciales más veloces que hemos construido hasta ahora (70,22 kilómetros por segundo de velocidad pico), necesitaríamos entre treinta y sesenta veces la edad del universo presente para atravesarlo. Y eso yendo en línea recta, sin tener en cuenta órbitas y demás molestias viarias cósmicas. A su vez, el Supercúmulo de Virgo parece ser sólo un lóbulo de una cosa aún mayor llamada Laniakea, que orbita en torno al Gran Atractor. El Supercúmulo de Laniakea tiene unos 520 millones de años-luz de diámetro y, usando las mismas naves, necesitarías unas 150 veces la edad del universo para cruzarlo de punta a punta.

Telaraña cósmica.

Distribución filamentosa de la materia en un “corte” de universo con forma de cubo, que permite distinguir los vacíos que se forman por enmedio. A esto se le llama la “telaraña cósmica.” Imagen: NASA, ESA y E. Hallman (Universidad de Colorado en Boulder.) (Clic para ampliar.)

¿Te crees que esto es grande? Ná. Una miajita. La gravedad será la fuerza más débil de todas, por muchísimo, pero tiene un alcance infinito y continúa actuando mucho más allá de estos gigantescos supercúmulos. Así, sigue estableciendo formas o estructuras todavía mayores: los filamentos y las grandes murallas. Se trata de larguísimos hilos (los “filamentos”) y cintas u hojas (las “murallas”) compuestos por supercúmulos galácticos y unas nubes de gas absurdamente grandes que se llaman los goterones Lyman-alpha.

La estructura más monumental de todo el universo conocido es una de estas hojas: la Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal, descubierta en 2013. Pasa de los 10.000 millones de años-luz de longitud (más del 10% del diámetro del universo observable) y tiene 7.200 millones de ancho… pero sólo 900 millones de espesor. Esto es curioso; en las inmensas escalas, empezando por las propias galaxias y terminando con estos filamentos casi inconcebibles, a la gravedad le gusta crear formas tirando a planas. Si pudiésemos visualizar la Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal a escalas humanas, tendría las dimensiones del típico libro en formato DIN A4 con apenas un dedo de espesor. Hay muchas más. En realidad, con lo que sabemos en estos momentos, buena parte de la materia del universo se encuentra en estos filamentos y murallas, en lo que ha venido a llamarse la telaraña cósmica.

Lo que tiene un efecto secundario bastante obvio: si la mayoría de la materia se concentra en tales estructuras, eso significa que el espacio entre las mismas está esencialmente… hueco. Un poco como un queso Gruyere, o más bien como una espumilla. Así que, igual que existen estas grandes estructuras, existen los grandes vacíos: inmensas regiones del cosmos donde no hay casi nada. El más cercano es el Vacío Local, justo al lado de… bien, nuestro Grupo Local. Se le estiman unos 230 x 150 millones de años-luz. Pero estos vacíos no están totalmente huecos. Hay galaxias y tal, sólo que con una densidad muchísimo menor de la habitual. El más grande de todos los confirmados es el poco imaginativamente conocido como el Vacío Gigante. Situado en la constelación de los Perros Cazadores, junto a la Osa Mayor, se encuentra a unos 1.500 millones de años-luz de distancia y tiene en torno a 1.000 o 1.300 millones de años-luz de diámetro. Eso, lo convierte, por sí mismo, en otra de estas superestructuras cósmicas. Una superestructura de casi nada.

En busca de la nada.

Así que apuntamos el morro de la Abbás ibn Firnás en la dirección general del Vacío Gigante (o donde esperamos que esté dentro de 1.500 millones de años, o cualquier otro espacio en blanco que calculemos que vaya a sustituirlo después de todo ese tiempo.) Y le damos mecha a los motores. Un momento… ¿realmente pretendo llevarte a un viaje de 1.500 millones de años? ¿Se me va la olla o qué?

Bien, esa sería la gracia de una de estas hipotéticas naves alto-sublumínicas con aceleración constante. Para recorrer auténticos abismos cósmicos en un tiempo de viaje humano no es preciso violar el límite de la velocidad de la luz ni ninguna fantasía de esas. ;-) Es por el rollo este tan curioso de la dilatación temporal que se deriva de la Relatividad. Sólo necesitamos acelerar a 1 g, o sea el tirón gravitatorio típico de la Tierra –para ir cómodos y no sufrir problemas médicos– hasta mitad camino. Y luego, decelerar a otra ge hasta nuestro destino. Si sacamos las cuentas relativistas, alcanzaremos una velocidad muy próxima a la de la luz a 750 millones de años-luz de aquí, una de esas fracciones que se expresan como un cero coma seguido de una ristra de nueves. Pero sin tocarla, que es lo que prohíbe la Relatividad. Mientras no intentemos tocar la velocidad de la luz, nos mantenemos dentro de lo que permite este universo, por mucho que ahora mismo una tecnología así nos resulte tan imposible como… eso, una nave Soyuz para Leonardo da Vinci. :-P

"Tiempo de viaje a bordo" en una nave espacial alto-sublumínica de aceleración constante (en este caso, 1g), que acelera hasta la mitad del camino y decelera durante la otra mitad, debido a la dilatación temporal relativista.

“Tiempo de viaje a bordo” en una nave espacial alto-sublumínica de aceleración constante (en este caso, 1g), que acelera hasta la mitad del camino y decelera durante la otra mitad, debido a la dilatación temporal relativista. Obsérvese que la escala de distancia es logarítmica de base 10, mientras que la de tiempo son años vulgares y corrientes. ;-) Este tipo de naves está actualmente por completo fuera del alcance de nuestra tecnología, pero ninguna ley física fundamental prohíbe su existencia. Gráfica: La Pizarra de Yuri.

Al acercarnos tanto a la velocidad de la luz, el efecto de dilatación temporal es muy acusado. Por tanto, ese viaje de 1.500 millones de años-luz se salda en poco más de 41 años de tiempo de a bordo (para quienes quedaron atrás, por supuesto, pasarán los 1.500 millones de años completos, y pico.) Vale, es una temporadita, pero perfectamente realizable en el transcurso de una vida humana corriente. Otra cosa curiosa es que, debido a las potencias que plagan las ecuaciones matemáticas que rigen todo este tinglado, esta forma de viajar es más temporalmente eficiente (a bordo) cuanto más lejos vayamos. Si por ejemplo nos conformásemos con ir al Vacío Local, a unos 75 millones de años-luz (una veinteava parte de la distancia al Vacío Gigante), tardaríamos 35 años de tiempo de a bordo (apenas un 15% menos.) Pero si nos lanzásemos al mismísimo borde del universo observable presente (más o menos 46.000 millones de años-luz, una distancia treintaypico veces superior), el tiempo de a bordo apenas aumentaría a 47,5 años: escasamente un 16% más.

Conforme la Abbás ibn Firnás comienza a acelerar alejándose de la Tierra, observamos que los escudos exteriores comienzan a calentarse. Están rozando contra algo, algo invisible, pero que sigue ahí. En primer lugar lo hacen contra los últimos restos de la atmósfera terrestre, que como ya dijimos se extienden hasta los límites de la exosfera, a unos 10.000 km de la superficie. Pero incluso cuando ya la hemos abandonado totalmente, continuamos teniendo rozamiento. ¿Cómo es eso posible, si ya estamos en el espacio interplanetario, en el vacío del espacio exterior?

Bueno, pues es posible porque… este vacío no está vacío. :-P Aunque la densidad de materia sea muy baja, el medio interplanetario está lleno de polvo, rayos cósmicos, gases y plasma del viento solar. Vamos, que avanzamos a través de otra sopa, muy tenue pero perfectamente real, compuesta por protones, electrones, fotones, núcleos atómicos, átomos enteros, moléculas e incluso granos de polvo completos. Eso, suponiendo que no nos topemos con una piedra algo más gorda de las que abundan por el sistema solar. De hecho, uno de los problemas tecnológicos a resolver para poder construir una nave como la Abbás ibn Firnás es, precisamente, encontrar una manera de que las colisiones a muy alta velocidad contra estas partículas y demás no la aniquilen al instante. Si el mosquito que se estampa contra tu parabrisas lo hiciera ya no a velocidades próximas a las de la luz, sino tan solo a la décima parte (unos 2,5 miligramos a 30.000 km/s), el impacto sumaría aproximadamente 1,13 gigajulios de energía. Es decir, como un cuarto de tonelada de TNT. Imagínate el efecto.

Del mismo modo, un minúsculo grano de polvo cósmico (0,0000000001 gramos) al 95% de la velocidad de la luz lleva tanta energía como una bala pesada de ametralladora del calibre .50 BMG: 19.800 julios. Pero al 95% de la velocidad de la luz no hacemos nada, nuestra nave relativista es una caca que sólo gana un 70% de tiempo de a bordo. O sea que para ir a 100 míseros años-luz de aquí, pasan 30 a bordo. Un rollo. Si queremos hacer esta chulada de viajar a decenas de miles de millones de años-luz en una vida humana tenemos que ir muchísimo más deprisa, enormemente más cerca de la velocidad de la luz. Rozándola. Y a esas velocidades de cero coma seguido de muchos nueves de c, incluso el impacto de un átomo de hidrógeno puede tener la energía de la bala de ametralladora en cuestión. O, según el número de nueves después de la coma, la de una maldita bomba atómica. Teniendo en cuenta que el medio interplanetario puede contener fácilmente cinco millones de partículas o más por metro cúbico –a veces, mucho más–, y que una nave rozando la velocidad de la luz recorre poco menos de trescientos millones de metros por segundo, eso significa que nuestra Abbás ibn Firnás avanza sometida a una ráfaga constante y brutal de impactos que ríete tú del cañón del A-10.

Bien, pues larguémonos del medio interplanetario. ¿Y cómo se hace eso? Sencillo: alejándonos de los planetas, o sea del sistema solar. Es decir, debemos abandonar la heliosfera. Para eso tenemos que superar la heliopausa, la región donde el medio interestelar detiene al viento solar. Lo que pasa es que, claro, entonces nos encontramos con este medio interestelar. Y resulta que no es tan distinto del medio interplanetario: más gas, más polvo y más rayos cósmicos, sólo que con una densidad menor: cualquier cosa entre 400 y un billón de átomos por metro cúbico, según donde nos encontremos. A efectos prácticos, estamos en las mismas: ni nos encontramos en un vacío verdadero, ni mucho menos en algo que pueda llamarse la nada. Como mucho, podríamos afirmar que estamos técnicamente en el vacío, incluso en un vacío ultra-alto. Pero hablando en sentido estricto, ni por casualidad.

Distribución de gases ionizados en parte de nuestra galaxia, registrada por el Wisconsin H-Alpha Mapper (WHAM) Northern Sky Survey.

Distribución de gases ionizados en parte de nuestra galaxia, registrada por el Wisconsin H-Alpha Mapper (WHAM) Northern Sky Survey. Imagen: © Haffner, L. M. et al, (2003), Astrophysical Journal Supplement, 149, 405. El Wisconsin H-Alpha Mapper está financiado por la US National Science Foundation. (Clic para ampliar)

Nada, nada, sigamos adelante. Conforme nos alejamos de la Vía Láctea y sus estrellas, nubes de gas y demás, pasamos suavemente al medio intergaláctico y el medio intra-cúmulos. Aquí ya queda muy poquito polvo y cosas de esas, pero sigue habiendo átomos de hidrógeno a razón de uno por metro cúbico más o menos, junto a potentes campos electromagnéticos. Este hidrógeno puede llegar a estar muy caliente, a miles e incluso millones de grados (y por eso se encuentra en estado plasmático fuertemente ionizado), pero como es tan, tan tenue la temperatura efectiva que te encontrarías si abandonases la Abbas ibn Firnás sería únicamente la correspondiente a la radiación de fondo cósmico: 2,73 grados por encima del cero absoluto. Es decir, poco más de 270ºC bajo cero.

Eh… y entonces, ¿por qué ese gas tan tenue se mantiene tan caliente? Pues porque está en movimiento. Tiene que haberse movido y seguir moviéndose muy rápido para escapar de las galaxias, los supercúmulos y todos esos bicharracos gigantescos con sus monumentales tirones gravitatorios. Y dicho un poco a lo burdo, la temperatura termodinámica mide eso: cuánto se mueven las partículas que constituyen un medio. Como ahí en el casi-vacío no hay nada que las pare (y a veces ocurren fenómenos que las aceleran), pues decimos que se mantienen a alta temperatura. Eso sí, como tú te salgas de la nave, te vas a congelar de tal modo que el nitrógeno líquido te parecerá café calentito. Otra curiosidad del medio intergaláctico es que la mayoría de la materia bariónica de este universo –la “normal”, la que nos forma a ti y a mí– está ahí. Ni en las estrellas, ni en los planetas, ni en las grandes nebulosas, ni nada: entre el 40% y el 50% de la materia bariónica existe en forma de este plasma de hidrógeno ultra-tenue que rula por el espacio intergaláctico, y el resto se reparte entre todo lo demás.

Y esto es lo que hay. Incluso en lo más profundo de esos grandes vacíos, siempre nos vamos a encontrar un poquito de algo; típicamente, este plasma de hidrógeno fuertemente ionizado. En cuanto a la nada, la palabra nada no se usa en ciencia. No equivale al número cero ni ninguna otra cosa por el estilo. De hecho, no tiene un significado científico riguroso: es más filosófica que otra cosa. Si me pusieras entre la espada y la pared, con la espada en la garganta, te la definiría con cierta sonoridad científica como un estado carente de espaciotiempo y temperatura, y por tanto de entropía. Por supuesto, tal estado ni existe ni es posible en este universo. Si me apretaras la espada un poco más, hasta el instante ese en que empieza a salir una gotita de sangre por la parte de la yugular, añadiría que la nada se podría describir como el no-universo, o el estado de la realidad si no se hubiera producido el Big Bang. Pero nada de esto es exactamente riguroso. La nada es… eso, nada, en el sentido de algo que no existe. :-P

¡Pues sí que estamos buenos! Resulta que queríamos hablar del vacío y la nada, y ni existe el vacío, ni existe la nada. No en sentido estricto, al menos. Incluso si hallásemos una región del espacio en estado fundamental, sin ninguna partícula de ninguna clase, lo que llamamos el vacío cuántico… seguiríamos encontrando, como mínimo, campos electromagnéticos que lo atraviesan, fluctuaciones cuánticas como consecuencia del principio de incertidumbre, o lo que quiera que origine la energía del vacío para dar lugar a fenómenos como el efecto Casimir. En fin: que la nada no es, el vacío es un tecnicismo y este es un universo maravilloso que cada día nos sorprende más.

Bibliografía:

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72 comentarios

  1. Manuel dijo,
    El 10 de septiembre de 2014 @ 22:06

    Estoy desde el móvil así que sólo 2 cosas:
    – Cada vez que leo cosas como esta lo único que puedo decir es: ¡carajo, mi cerebro! Las escalas cósmicas son mareantes.
    – Gracias Yuri, no te canses nunca (y si vuelves a necesitar un tiempo de descanso, asegúrate de volver)

    • Yuri dijo,
      El 10 de septiembre de 2014 @ 22:39

      Muchas gracias a ti. Se agradece, de veras. :-)

  2. Gantez dijo,
    El 10 de septiembre de 2014 @ 22:20

    Joder Yuri, 3 meses sin escribir un artículo, y el día que te pongo a caldo en un comentario por esa “kedada”, sueltas otro artículo.

    ¡Ni hecho a propósito!

    Excelente como siempre. Por cierto, aún esperamos el tema de Chernobyl :P.

    ¡¡¡Y en forocoches aún esperamos saber para qué cojones era el satélite más allá de la Luna en tu relato del día del fin del mundo!!!

    Por cierto, subpole.

    • Yuri dijo,
      El 10 de septiembre de 2014 @ 22:38

      Juro que ha sido casual. :-P Como imaginarás, escribir uno de estos se toma “algo más” de un día. ;-)

      ¡Eh, pero eso de que hayan sido 3 meses no es verdad! :-P

      http://www.lapizarradeyuri.com/2014/07/

      Lo que pasa es que ha sido un verano un poco… cabrón. No ha sido que me haya tomado vacaciones, no… :-/

      ¡Un saludote!

      • Gantez dijo,
        El 10 de septiembre de 2014 @ 23:32

        Jaja era una coña, ya sé que estás por encima de todo esto, por eso te trolleo un poco en los comentarios (como todo buen forocochero). Hay otros que se lo toman en serio y se enfadan jaja.

        Y Yuri, no es coña, ¡¡Explicanos para que cojones era ese satélite!! El otro día, solo por “curiosidad”, acabé leyendome esas 76 páginas del tirón de nuevo :(. Eres un mamon :(

        • Yuri dijo,
          El 11 de septiembre de 2014 @ 0:20

          Es que todavía sigo pensando en escribirlo como parte de una historia mayor y mejor. ;-)

          • Gantez dijo,
            El 11 de septiembre de 2014 @ 1:50

            ¡¡Pues que sea el próximo artículo!! :mola:

            Es muy feo eso de dejarnos en ascuas tanto tiempo :roto2:

            Un artículo que profundice más en los temas de la mano del hombre muerto, y especialmente en el que cierres ese maldito punto, sería la polla!

            Últimamente te estas focalizando más en ciencia pura, y en mi opinión, tus mejores posts son los que se meten en temas militares o de conflictos. Eres el mejor en eso :)

          • Pau dijo,
            El 11 de septiembre de 2014 @ 3:56

            Coño, sácalo en otro libro!

            Por cierto, el original lo tengo compilado en un PDF apañadete.

            https://mega.co.nz/#!khg0QYwZ!jiGtsMDEIItTJxMvrZn0PgDMpuOWzTk-FFfkQu1T94Y

            Cuando tenga un rato, si te parece bien, lo puedo preparar en ePub con índice de contenidos y lo cuelgo por aquí.

            Pd: Gracias por existir!

      • txalin dijo,
        El 11 de septiembre de 2014 @ 0:42

        Dejate de vacios y cuenta lo del satelite!! :P

        PD: Gran artículo como siempre.

  3. winter dijo,
    El 10 de septiembre de 2014 @ 23:36

    Justamente iba a revisar cuanto tiempo habia pasado del ultimo (anterior) post a este… y me encuentro, como siempre, un excelente (y mareante) post! muchas gracias!!

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 0:19

      ¡A ti! :-)

  4. Kunto dijo,
    El 10 de septiembre de 2014 @ 23:50

    ¡Magnífico artículo!

    Una cosa que no me cuadra:

    “Pasa de los 10.000 millones de años-luz de longitud (más del 10% del diámetro del universo observable)”

    Si el universo observable son alrededor de 13.700 millones de años luz, ¿de donde sale ese 10%? ¿sería más del 75% no?

    • Kunto dijo,
      El 10 de septiembre de 2014 @ 23:57

      “ese viaje de 15.000 millones de años luz”

      Ojo que era de 1.500 millones años luz!

      • Yuri dijo,
        El 11 de septiembre de 2014 @ 0:10

        Aquí sí, aquí me he columpiado de un párrafo a otro. :-P ¡Corregido y gracias! ;-)

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 0:09

      La respuesta a esa pregunta es más complicada de lo que parece. ;-)

      http://books.google.es/books?id=fFSMatekilIC&pg=PA27&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false
      http://www.astro.ucla.edu/~wright/cosmology_faq.html#DN

      El diámetro del universo observable asciende a unos 93.000 millones de años-luz. Sí, a primera vista es contraintuitivo. ;-) Está relacionado con la expansión del universo. Un día de estos tengo que escribir algo al respecto. De momento, ahí tienes un par de referencias para ir abriendo boca. :-)

      • Kunto dijo,
        El 11 de septiembre de 2014 @ 0:14

        La hostia, pues esto si que me ha pillado por sorpresa :sisi1:

        No vendría mal un artículo sobre eso, porque la verdad después de leer esto que acabas de poner, me he dado cuenta de que mientras leía el artículo de esta página no entendía realmente las distancias que se manejaban. aunque ténicamente 13.900 y 96.000 sigan estando en el mismo O(n).

        Muchas gracias Yuri. Realmente se echa de menos leer uno de estos artículos cada o casi cada fin de semana, como antes :(.

        Y sobre todo se te echa de menos en FC, almenos con tu cuenta original.

        • Yuri dijo,
          El 11 de septiembre de 2014 @ 0:18

          Pues lo voy a tener muy en cuenta, porque realmente es muy interesante. :-)

          Como decía más arriba, he tenido un verano atravesadillo. Voy a intentar recuperar el ritmo próximamente.

          Pese a los rumores, no tengo más cuenta en FC que la original. :-) Lo que no tengo es tiempo. :-(

          ¡Un saludo y gracias de nuevo!

          • Kunto dijo,
            El 11 de septiembre de 2014 @ 0:24

            Muchas gracias a ti Yuri, por todo :)

        • Dani dijo,
          El 11 de septiembre de 2014 @ 7:53

          Cuando alguien me pregunta sobre este tema siempre recomiendo este podcast: http://cienciaes.com/entrevistas/2010/11/16/eco-del-big-bang/

          Salud!

          • TiXolO dijo,
            El 20 de septiembre de 2014 @ 14:27

            Usease que la explosión se produjo en todos los puntos de un volumen infinitamente pequeño… si esto es así “nosotros” tb estamos radiando parte del CMB?

            Fenomenal post!!

      • gmono dijo,
        El 26 de marzo de 2015 @ 9:12

        No es contraintuitivo, es lógico.
        El Universo es asimilable a una hiperesfera en 4 dimensiones estando su radio R relacionado linealmente con el tiempo (a más tiempo mayor es el radio). En realidad no es lineal ya que ahora sabemos que la expansión del Universo se acelera, pero aproximadamente lo es.

        TODA la superficie de esa esfera dentro de la que nos encontramos (es una hipersuperficie de 3 dimensiones, largo, ancho y alto) es observable y tiene de largo o ancho o alto 2*pi*R, aproximadamente 6,28R=86.036 millones de años luz si R fuese de 13.700 millones de años luz.

        Podemos entenderlo más fácilmente reduciendo una dimensión. Si nos encontramos sobre la Tierra, cuyo radio r es de 6.400 Km, la longitud que podríamos observar si la luz se curvase siguiendo la superficie de la Tierra, mirando hacia adelante, es de 2*pi*r, aproximadamente 40.000 Km, tanto a lo largo como a lo anchjo (no a lo alto, porque eso está fuera de las dimensiones de la superficie de la Tierra). Y al final de todo lo que observemos está nuestra espalda.

  5. Zasca dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 8:04

    Desde Parmenides la filosofia sabe (y parece que l ciencia o sus divulgadores no) que la nada no puede ser algo por definicion. Sin embargo os seguis empeñando en predicarle atributos presos de una confusion lingüistica notable que me hace recordar aquella medieval tan divertida con el termino latino Nemo

    • Perico dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 11:54

      “La filosofía sabe…” Eres un cachondo.

      Todo el mundo sabe que la nada es un chorizo sin piel pero vacío.

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:02

      Por definición, la nada no puede ser algo (como, por cierto, se dice al final del post ;-) ). Pero es válido preguntarse sobre ello. ;-)

      Un saludo cordial.

    • Paco dijo,
      El 12 de septiembre de 2014 @ 9:27

      No has leído el artículo.

  6. Dani dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 8:06

    Un artículo genial. El enfoque me ha parecido de lo más original. Impresionante.
    Gracias, Yuri. :-)

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:02

      Un placer. ;-) Ahora te digo algo, ya ves cómo voy…

  7. Lluis dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 8:39

    Muy buen articulo. Solo un apunte: no estoy tan seguro que si salgo de la nave voy a notar tanto tanto frio como el nitrogeno liquido. Con un vacio tan bueno es dificil disipar el calor. Saludos!

    • Durruti77 dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 9:20

      Pues sí, pero radiarás bastante, estando todo tu alrededor a casi 0k… Aunque no creo que sea tan chungo como bañarse en nitrógeno líquido…
      Es más chunga la baja presión creo.

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:03

      Depende del tiempo que te quedes fuera. Al final, las temperaturas acabarán equilibrándose. ;-)

  8. Juan dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 8:47

    Esta nave espacial me ha recordado a la Leonora Christine de la novela Tau Cero. Os la recomiendo a todos, ya que toca muchos temas de esta entrada.

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:03

      Gran novela, sí señor. ;-)

  9. ikitonet dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 9:54

    Grande!

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:03

      ¡Gracias!

  10. Angel dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 10:22

    Excelente como siempre. Has conseguido que me evada media hora de esta pocilga :)

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:03

      Y yo, unas cuantas horas. ;-) (Bueno, algo más…)

      Gracias. :-)

  11. Nobi dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 10:40

    Eres un maquina. Así, tal cual.

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:04

      Pues muchas gracias. :-)

  12. El 11 de septiembre de 2014 @ 12:05

    Una vez más… me quedo fascinado y sin palabras… Ya tengo reflexión (y probable re-lectura) para varios días…
    Gracias otra vez…

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 15:04

      Es un placer. De veras. :-)

  13. Pedro dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 12:54

    Una duda, ha surgido una discusión con algunos amigos, ¿podrías explicar lo del choque de la partícula de hidrógeno contra un objeto y la energía? la discusión consiste en que dicen que es imposible que el choque contra un átomo de hidrógeno genere tanta energía.

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 14:41

      ¿Y por qué es imposible? :-)

      Ahora mismo no tengo ninguna calculadora con la suficiente precisión a mano (estoy saliendo de viaje), pero la ecuación relativista para la energía cinética es Ec = m·c^2 {1 / SQRT[1 – (v^2 / c^2)] -1}

      A la velocidad de la luz (v = c), la energía cinética sería infinita. Ninguna partícula con masa puede alcanzar c, lo prohíbe la Relatividad, pero puede acercarse tanto como quieras (y puedas). Como consecuencia, la energía cinética puede acercarse al infinito tanto como quieras (y puedas.) Es sólo una cuestión de “seguir añadiendo nueves” al final de la fracción 0,99999… de la velocidad de la luz. Si alguien tiene por ahí la calculadora de precisión o el tiempo necesario para hacerlo a mano, sólo tiene que despejar v en la ecuación indicada, para una m = 1,67372 x 10^(-27) kg (la del átomo de hidrógeno) y una Ec = 19.800 J (la de una bala pesada de ametralladora .50 BMG en boca de cañón), o Ec = 2,1 x 10^17 J (la de la bomba Zar), o la que quiera. Hay un punto en que, si añades los suficientes “nueves” al final de la fracción, llegarás. :-)

      Ojo: con una calculadora “normal” no vais a poder, no tienen los suficientes dígitos. Pero con una de precisión o a mano como toda la vida, no hay problema. ;-)

      • Pedro dijo,
        El 11 de septiembre de 2014 @ 21:14

        Muchas gracias por la respuesta no me había dado cuenta que es todo relativista.

        Saludos!

  14. jose12000 dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 13:37

    Pues hasta en una situación de vacío cuántico aparecen y desaparecen continuamente partículas subatómicas que se destruyen entre si, la nada sería la situación antes del Bing-Bang, y en el paso de esa situación de nada a algo, es donde yo encuentro el concepto de Dios.

    • Yuri dijo,
      El 11 de septiembre de 2014 @ 14:43

      ¡Eeeeps! ;-) ¿”Antes” del Big Bang? ¿O sea, “antes” del tiempo? ¿Cómo se come eso de “antes” del tiempo? ;-) (¿O, para el caso, “fuera del espacio”?)

      En efecto, hasta en el vacío cuántico aparecen y desaparecen constantemente partículas. ;-)

      Un cordial saludo.

      • Pitufofilósofo dijo,
        El 9 de abril de 2015 @ 22:31

        ¿ Decir que tiene causa el BIg Bang sería lo mismo que decir que el espacio tiempo tiene causa? ¿ No implica ya la causa un antecedente en el tiempo? ¿ Tiene entonces causa el Big Bang?

  15. Sebastián Mai dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 14:37

    Yuri, me encantan tus publicaciones.

    pero como es posible que, si el universo observable tiene 96.000 millones de años luz de diámetro, ¿ como a recorrido la luz desde ese borde a 48.000 millones de año luz en 13.500 aprox millones de años ?

    Gracias por tus publicaciones

  16. Armot dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 15:22

    Un video muy bueno al respecto: el Debate Memorial a Isaac Asimov del 2013: El tema principal es justamente la nada. La definición que más me gustó es que la nada es aquello que vemos con nuestra nuca. :D

    http://www.youtube.com/watch?v=1OLz6uUuMp8

  17. Christian dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 20:07

    Te leo desde hace mucho, pero nunca me he atrevido escribir nada… (aunque sí he tenido el atrevimiento de compartir tus artículos x las redes sociales, o los amigotes).
    Pero tenía q decírtelo, es un artículo genial, didáctico, con todos ess enlaces tan.interesantes (en una segunda relectura tardé dos horas)….
    En fin, q muchas gracias!

  18. tapia dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 21:14

    A ver, yo tengo dos dudas un poco elementales relacionadas con el tema del que hablas en el post, pero que con mis conocimientos de física de instituto nunca he conseguido resolver:

    1. Dices que hasta en el espacio más remoto, como el medio intracúmulos, hay un mínimo de un átomo de hidrógeno por metro cúbico. La conclusión de que, por tanto, el vacío no existe, me parece poco definitiva. Coges ese metro cúbico, y todo el espacio que no ocupe ese único átomo de H está completamente vacío, ¿no?

    2. Pongamos que estamos en un vacío absoluto teórico. Si aparece algún objeto que emita luz, lo veremos desde cualquier punto de dicho vacío. La luz es una radiación (una onda) electromagnética que, como tal, puede propagarse en el vacío. Y aquí es donde llega mi problema. ¿Cómo se puede propagar una onda sin un medio que se lo permita? Tiene que haber algún medio que se perturbe para que pueda existir esa onda. Ya sé que la teoría del éter está descartada desde hace mucho tiempo, pero nunca he conseguido que nadie me explique por qué de manera inteligible.

    Pero aún en el caso de que, efectivamente, dicha propagación se pueda hacer en el vacío, habrá ALGO que se propague. Y desde cualquier punto del universo se ven estrellas, por tanto ese “algo” que se propaga desde el punto de emisión (las estrellas en este caso) está en todas partes. ALGO tiene que llegar físicamente a nuestra retina para estimularla.

    En fin, un saludo, y mi más sincera enhorabuena por tu trabajo en este blog.

    • kosmos224 dijo,
      El 12 de septiembre de 2014 @ 0:37

      A tu segunda pregunta, imagino que al aparecer el objeto emisor de luz el vacío deja de serlo porque como bien dices la luz se propaga en todas direcciones. La luz (los fotones) es a la vez onda y partícula, por lo que no necesariamente necesita un medio de transmisión para viajar. Si estoy diciendo sandeces que alguien me corrija, no soy físico ni mucho menos.

      Aquí creo que se aclara un poco mejor la pregunta: http://es.wikipedia.org/wiki/Fot%C3%B3n

    • Paco dijo,
      El 12 de septiembre de 2014 @ 9:32

      Las respuestas a tus dudas son la teoría de campos.

    • FranM dijo,
      El 12 de septiembre de 2014 @ 16:24

      Intentaré responder:
      1- Es correcto lo que dices, pero átomo de H se mueve, no está quieto.

      2- Los fotones no necesitan ningún medio para ir a la velocidad de la luz, (la suya).

      si estoy equivocado, corregidme, gracias

  19. Kiko dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 22:22

    Coño yuri, cuando has vuelto???
    Vaya, si que se me ha echo largó el stanby, creí, que no volverías :(
    Menuda sorpresa. Por otro lado, que cabrones, nadie me había avisado.
    Pues nada, voy a ponerme al día, y me quedare callado, que yo a los maestros, nunca les he dicho ni mu. Soy un aficionado a la vera del puto amo…jaja

  20. Luisfer dijo,
    El 11 de septiembre de 2014 @ 22:55

    OMG O_O, para volverse loco.

    Tremendo articulo Yuri :D

    Saludos.

  21. akalia dijo,
    El 13 de septiembre de 2014 @ 0:55

    Un rayo de luz en Internet.

    Buenísimo el artículo y los enlaces, grande Yuri

  22. Michel dijo,
    El 15 de septiembre de 2014 @ 10:33

    Hola a todos, no suelo escribir, pero hoy me ha entrado una duda relacionada con el tiempo relativista ese.
    Primero de todo decir que soy un absoluto profano en la materia.
    Vamos al lío…
    Si viajando en la nave Abbás ibn Firnás transcurre para nosotros menos tiempo que para los que están fuera, ¿Que ocurriría en el hipotético caso de un “hipotético” fin del universo?.
    Me explico, unos 40 años para nosotros que vamos en la nave esa tan chula, 1500 años para los que están fuera. En ese periodo de 1500 años el universo ha dejado de existir como tal, pero a nosotros no nos ha llegado ese final, solo han pasado 40 años y faltan muchos para que eso ocurra. ¿Que pasa aquí? ¿Es posible algo así? ¿Se crearían dos universos paralelos con dos realidades paralelas?.
    Cuantas dudas por Dios….

    • Cristian dijo,
      El 16 de septiembre de 2014 @ 12:04

      Simplemente morirías. Por muy rápido que vayas, sigues estando dentro de este universo. Si todo termina de algún modo, la nave también caería. Seguramente chocase con algo, supongo.
      Un avestruz aterrado por la presencia de un león puede meter la cabeza en un agujero, y dejar de ver al león, pero eso no le lleva a un universo paralelo, lejos del león.
      Por mucho que corras, estás dentro de este universo.

      • Cristian dijo,
        El 16 de septiembre de 2014 @ 12:15

        Si tú vas a recorrer 1.500 millones de años luz en 41 años, y el universo termina dentro de mil años, quien se queda viviendo tranquilamente en tu planeta de origen tendrá una vida larga y podrá morir de viejo, pues el tiempo para ellos transcurre de un modo normal. Ellos disponen de esos mil años. Podrán tener una larga descendencia.
        Tú eres quien, en ese viaje de 41 años, se acerca cada vez más rápido al futuro. El tiempo te pasa más lento porque vas a una velocidad cercana a la de la luz. Quizá a los cinco o diez años de viaje según tu perspectiva, hayan pasado esos mil años para quienes quedaron en tu planeta.
        Y en ese punto del viaje, si el universo termina, mueres.

        • Cristian dijo,
          El 16 de septiembre de 2014 @ 12:22

          Me refiero a que no llegas a completar esos 41 años de viaje.

    • ZCL dijo,
      El 25 de septiembre de 2014 @ 21:24

      En el caso que planteas no pasa nada realmente misterioso.

      El evento “Llegada del viajero al Vacio Gigante” se verifica a los 41 años del sistema de referencia de la nave, o si lo prefieres, a los 1500 años del sistema de referencia de las Tierra. Para simplificar, supongamos que ese evento consiste en el aterrizaje de la nave en una planeta que está en reposo respecto a la Tierra, llamado Destino, y, más aún, que la destrucción del universo comienza en la Tierra justo en ese momento.

      Según nuestro entendimiento actual de la física del espacio-tiempo ningún proceso físico se puede transmitir con una velocidad mayor a la de la luz en el vacío, es decir, no pueden existir procesos de propagación instantánea, por lo que la “onda de destrucción del universo”, que ha tenido su epicentro en la Tierra, se podrá desplazar como máximo con una velocidad de 1 año-luz. De modo que al viajero que acaba de llegar a Destino y a toda su descendencia le quedan como mínimo 1500 años para disfrutar de la existencia en Destino. Y más de 1500 años en caso de que la onda de destrucción del universo fuese a una velocidad inferior a 1 año-luz.

      Y todavía más aún, la descendencia del viajero tendría tiempo suficiente para detectar el próximo fin del universo y diseñar y lanzar en sentido contrario, con los medios disponibles en Destino, una especie de contraonda que anulase el efecto destructor de la onda proveniente de la (antigua) Tierra. Pero ésto sólo en el caso de que la onda destructora viajase a una velocidad inferior a 1 año-luz. En caso contrario, no hay salvación posible.

      • Cristian dijo,
        El 4 de febrero de 2015 @ 2:00

        ¿Dónde se dice que el fin del universo haya de empezar en la Tierra?

        Tan solo fantaseábamos con la idea de que el universo, por lo que sea, terminase durante el viaje en esa nave.

  23. Diego Alejandro Lopez dijo,
    El 21 de septiembre de 2014 @ 4:48

    Se adminte que hay que saber un poco para entender este articulo y menos mal que siempre me a gustado estos temas. Me he partido de la risa con tus comentarios Yuri, que particular forma de contar y describir, me inspiras. Me has dejado con la sonrisa en la cara y de paso me alegraste el dia.
    Saludos =)

  24. H dijo,
    El 22 de septiembre de 2014 @ 22:34

    Pues NADA, me ha encantado el artículo que al contrario que la nada y el vacío está repleto de muchas cosas y todas muy interesantes.

  25. Piper Cherokee dijo,
    El 24 de septiembre de 2014 @ 2:16

    Siempre me he preguntado, si una hipotética nave que pudiese llegar a los confines del universo…

    ¿Podría salir fuera de este? Entiendo que si la velocidad es mayor a la de expansión… si debería

    ¿En el supuesto caso de que pudiese, la nave estaría rodeada de la nada?

    ¿Que pasaría con el tiempo?

    No se si seré yo el único raro, pero hacerme estas preguntas me deja siempre una sensación muy rara en el cuerpo. A lo mejor simplemente son preguntas estúpidas sin sentido.

  26. Sive dijo,
    El 21 de octubre de 2014 @ 3:30

    Vaya fallo Yuri… si nos soltaran en el vacío más vacío que podamos imaginarnos, no nos congelaríamos por mucho que la temperatura se acerque al cero absoluto. Eso sólo pasa en Battlestar Galactica.

    La única forma de perder calor en esas condiciones, es a traves de la radiación infrarroja, y eso es tan lento que nuestro metabolismo tiene tiempo de sobra (pero de sobra) para quemar michelín y mantenernos calentitos.

    Con un traje adecuado que hiciera poco más que mantener la presión y suministrarnos todo el oxigeno que necesitáramos, sobreviviríamos varios días antes de morir… de sed.

  27. jsequeiros dijo,
    El 24 de octubre de 2014 @ 22:44

    En términos generales se dice que el universo es un vacío a nivel molecular, o simplemente nada existe.

  28. JGaricano dijo,
    El 30 de octubre de 2014 @ 12:39

    ¡Gracias Yuri!

    Me ha encantado :D

  29. chardana dijo,
    El 27 de enero de 2015 @ 14:36

    ¿y esa nave qué masa tiene a casi C? ¿la de todo el universo? Que mangui eres yuri

  30. gmono dijo,
    El 26 de marzo de 2015 @ 7:53

    Yuri,
    un artículo muy simpático.

    Pero eso de intentar llegar al límite actual del Universo dentro de 47 años no es posible aunque vayas a una velocidad muy próxima a la luz.
    Ese límite está a unos 14.000 millones de años de la Tierra (o de cualquier parte del Universo) desplazándose a la velocidad de la luz.

    La Teoría Especial de la Relatividad sólo se aplica cuando el observador y la nave están en diferentes sistemas inerciales. Pero el piloto está en el mismo sistema inercial que la nave y, a la velocidad de la luz, envejecerá un año por cada año luz recorrido.