“[...] uno sólo tiene que fijarse en [...] qué situación están los países que han apostado por la ciencia desde siempre, y en cuál están los que no. La ciencia se traduce en progreso. Nada de lo que tenemos ahora se ha producido sin un avance científico, sin un avance del conocimiento. [...] Una sociedad de progreso significa también una sociedad más igualitaria, y la ciencia ayuda a eso. Si perdemos eso, pues estamos simplemente dejando el progreso y toda la sociedad en manos de otros. Nuestro destino estará en manos de otros. [...]“
–Rafael Rodrigo, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Para mí, hablar de ciencia en España tiene siempre un regusto agridulce. Tengo la sensación de asistir eternamente a la historia de lo que pudo ser y no fue. Y, como ya supondrás, sustento la opinión de que una parte significativa de nuestro atraso secular y nuestros problemas actuales está estrechísimamente emparentada con la falta de ciencia en España, y de todo lo que acompaña a la ciencia y la Razón Ilustrada. Según veo yo las cosas, el “¡que inventen ellos!” ha sido tan malo como el “¡vivan las cadenas!”, y entre ambos explican una parte notable de por qué estamos como estamos. Y, me temo, estaremos. Una maldición que también sufren, en buena medida, nuestros hermanos de Latinoamérica.
Rafael Rodrigo, astrofísico y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Por eso, siempre me agrada conversar con personas que saben mucha más ciencia que yo y que además están en los lugares donde se mueven las cosas. Si encima tienen una visión más optimista, ni te cuento. Este es el caso del doctor Rafael Rodrigo, astrofísico y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que ha tenido la amabilidad de pararse a conversar con la Pizarra de Yuri sobre la ciencia española y todo lo que le quise plantear. Considéralo mi manera de celebrar la Fiesta Nacional.
Rafael nació en Granada en 1953, es licenciado en matemáticas, doctor en física e investigador en astrofísica. Vinculado al CSIC desde 1975, ha sido premiado por sus colaboraciones en la NASA y la Agencia Espacial Europea. Fue coordinador del Área Científico-Técnica de Física y Tecnologías Físicas del CSIC, gestor del Programa Nacional del Espacio y de Astronomía y Astrofísica, vicepresidente de Organización y Relaciones Institucionales del organismo y en 2008 llegó a la presidencia, que viene ejerciendo desde entonces.
Oye, Rafael, ¿cómo es el día a día de un presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que suena así como muy rimbombante?
(Ríe) El día suele ser largo. Largo y cargado. Si estoy en el despacho, continuamente hay visitas o reuniones de trabajo; y si estoy fuera, es todavía peor y cuando vuelvo todavía se ha acumulado más trabajo.
Pero también es muy variado. El Consejo es una institución multidisciplinar, y no sólo por las disciplinas científicas sino también por las relaciones con los distintos estamentos sociales. Eso significa que lo mismo a las diez de la mañana estás hablando con alguien de microelectrónica, como pasas a un tema de filosofía media hora más tarde, o de relación con la comunidad autónoma una hora más tarde… Eso agota mucho pero, afortunadamente, tengo un buen equipo de trabajo alrededor y eso es lo que te permite afrontar los días. Si no, sería imposible.
Tú entraste de presidente del CSIC en 2008, hace ya más de tres años. ¿Qué te proponías al acceder a la presidencia?
Bueno, yo venía antes de la vicepresidencia, con lo que ya conocía la dirección del CSIC. El trabajo de un vicepresidente es distinto del de un presidente, pero la propuesta que teníamos en aquel momento era hacer una transformación de la figura de organismo autónomo a la figura de agencia estatal. Y eso es lo que hemos hecho en la estructura de la organización del CSIC en estos años.
La verdad es que estos años han coincidido con los de la crisis económica, han sido años duros, y eso significa que no hemos podido llevar esa transformación hasta los últimos niveles. En realidad lo que queríamos era ganar más agilidad y más competencia, porque la investigación no puede estar sometida a un corsé estricto de la Administración General del Estado, sino que tiene que ser un poco más ágil.
Para los que nos perdemos un poco en cuestiones institucionales, ¿cuál es la diferencia entre un organismo y una agencia estatal?
El buque de investigaciones oceanográficas Hespérides, operado por la Armada Española y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Clic para ampliar)
La agencia estatal supone en principio que podías tener más autonomía, más flexibilidad, más agilidad en la gestión. Digamos que además tienes más autonomía política, en cierto sentido, y más autonomía de gestión. Y te gestionas de una manera diferente, por cumplimiento de objetivos y un poco más parecido a una empresa que a un organismo público normal. Seguimos siendo un organismo público de investigación, pero con un estatuto y un estatus diferente.
¿Hemos conseguido todo eso? ¡Pues no! Pero hemos colocado al CSIC en una posición diferente, dispuesta a seguir la carrera para conseguir todo lo que permite nuestro estatuto y la ley de agencias estatales, que en definitiva es autonomía en gestión y flexibilidad en la misma.
A mí, a los que dirigís este tipo de instituciones, me gusta preguntaros… imagínate, Rafael, que mágicamente te aparecen mil millones en el presupuesto. ¿Qué sería lo primero que harías?
¡Tengo que echarle mucha imaginación…! No habría que gastarlos alocadamente. Tenemos un plan estratégico a cuatro años, eso es parte de ser una agencia estatal; los demás organismos no suelen tener un plan estratégico a medio o largo plazo. Y evidentemente tenemos programada una serie de actividades, algunas de las cuales no hemos podido realizar por falta de fondos económicos.
Así pues, tendríamos que utilizarlos en esa estrategia que tenemos diseñada. Pero dentro de esa estrategia, hay dos puntos siempre fundamentales: uno es los recursos humanos y otro las infraestructuras o equipamientos. Los dos tienen que ir de la mano para que una institución pueda ser fuerte y apoyar a sus investigadores, de tal modo que puedan ser muy competitivos. Los investigadores pueden ser muy competitivos pero si no tienen el equipamiento y las plataformas tecnológicas correctas, perderán competitividad con el tiempo.
Gran parte de ese dinero debería dedicarse a elevar el nivel de excelencia en el equipamiento. Pero el equipamiento sin personas es inútil; por lo tanto, también tendríamos que recuperar al personal ya formado, y ser capaces de atraer talento internacional que se incorporara a nuestros grupos de investigación.
O sea que las dos cosas que haría, y no de forma inmediata sino bien pensadas y analizadas en nuestro plan estratégico, sería en recursos humanos y equipamiento.
Manifestación de jóvenes investigadores cientificos en 2009. Foto: Gabriel Pecot / Público.
Hablando de esto… tú sabes que toda la juventud investigadora española se queja amargamente, y esto no viene de la crisis sino ya de mucho antes, de la extrema precariedad en la que trabajan. Muchos de ellos se van al extranjero en busca de pastos más verdes, y esto ya era así en la época de las vacas gordas. ¿Por qué?
Vamos a ver, yo creo que hay que distinguir. El hecho de irse al extranjero no es un “castigo”, es parte de la formación de un investigador joven. Cuando uno termina su tesis doctoral en un instituto de investigación o en un grupo, lo importante para él no es seguir bajo las alas o el cobijo del mismo grupo o instituto que le ha ayudado a conseguir la tesis doctoral; sino empezar una carrera un poco más independiente. Eso significa que debe salir de ese amparo, a otros institutos de investigación. Normalmente esto se hace en el extranjero, aunque se puede ir a otros institutos de España porque ya los hay tan buenos como fuera. Eso es parte del proceso de formación.
El problema viene muchas veces en el vacío existente entre que acabas la tesis y consigues un contrato fuera. Ese vacío es el que conlleva la precariedad, básicamente.
Existe otro problema. Dependiendo de tu disciplina, la formación no acaba cuando acabas la tesis sino que hay que seguir formándose de manera muy especializada. Eso puede durar algunos años en los que estás fuera, y uno espera que después uno pueda tener alternativas en su propio país, para poder volver. Pero nuestro sistema no es tan rico. Entonces, la vuelta se complica más.
Muchos años hemos sido capaces no sólo de recuperar a esta gente que estaba formándose fuera, sino de incorporar a nuevos talentos que nunca habían tenido nada que ver con nuestra institución, fueran españoles o de otras nacionalidades. Pero eso exige recursos económicos. Sin ellos, tu capacidad de incorporación o reincorporación disminuye.
Desde siempre, la carrera científica ha sido una carrera de obstáculos. Pero debería ser una carrera de obstáculos científicos, no burocráticos o de conseguir contratos. Por eso esta carrera siempre se ha considerado tremendamente difícil: no sólo por lo competitiva que es sino por los obstáculos adicionales que el sistema le pone.
Mira, Rafael, yo soy muy crítico con el estado de la ciencia española. Soy consciente de que se han hecho avances, pero… ¿por qué nadie ha conseguido que la ciencia española despunte en el mundo?
En ciencia no se puede despuntar en todas las disciplinas, nadie es bueno en todo. Yo creo que la ciencia española sí tiene ahora mismo nichos donde se está a muy alto nivel. Aunque, entre otras cosas, despunta y está a muy alto nivel pero luego hay que mantenerlo; y ese es un problema de este país, que no se mantienen normalmente unas inversiones y una confianza en la ciencia durante mucho tiempo, de manera continuada.
El Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial de la Universidad Autónoma de Barcelona, perteneciente al CSIC. (Clic para ampliar)
Eso no pasa en otros países. También es verdad que no tenemos mucha tradición. ¿Cuántos años tenemos de tradición científica moderna en España… podemos decir treinta, e incluso es exagerar un poco? Comparado con los siglos que llevan otros países de nuestro entorno, hace que nos cueste un poco más de trabajo. Pero, sin embargo, estamos en la línea. Yo creo que se está en el mismo tren. A lo mejor no en el primer vagón en todas las disciplinas, pero sí a un buen nivel.
De hecho, yo suelo decir que la sociedad no conoce que estamos a tan buen nivel en algunas disciplinas. Pero, ahora mismo…
Alégrame el día: ponme algunos ejemplos.
Pues mira, yo creo que en ingeniería química se está a un altísimo nivel, y también en inmunología. En física de altas energías se está a un magnífico nivel, y en ciencias del espacio, astrofísica. Se es plenamente competitivo, se compite con los mejores del mundo.
No sólo eso: los mejores del mundo compiten con nosotros. Nuestros laboratorios están atrayendo entre un 30 y un 40% de talentos europeos: alemanes, franceses, italianos, ingleses… yo creo que estamos siendo un foco de atención.
Si eso no se mantiene económicamente, pues está claro que es muy difícil llegar arriba y muy fácil bajar rápidamente. Y España no se ha caracterizado por mantener su inversión en ciencia, por lo que no llega todavía al nivel de los países con los que queremos competir, con los que estamos compitiendo. Entonces, esto se hace muy difícil.
El hecho de que España haya llegado a ser la novena potencia científica en número de publicaciones, y también en calidad en algunas disciplinas, demuestra que ha habido un esfuerzo no sólo por parte del gobierno y de la sociedad española, sino también por parte de los científicos.
No somos los mejores en todo, pero somos muy buenos en muchas cosas.
El otro día, un chaval de diez años me preguntó: “¿Por qué no hay naves espaciales españolas?”
(Ríe) Vamos a ver, pero es que tampoco hay inglesas o… hay muy poquitas [naciones capaces de hacer eso por sí solas]. España está integrada en la Agencia Espacial Europea y viene a ser el quinto país [de la Agencia] en capacidad no sólo científica y tecnológica, sino también económica.
El Nanosat-1B del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) fue lanzado por un cohete Dnepr desde el Cosmódromo de Baikonur, el 29 de julio de 2009. Con apenas 22 kg de peso, contiene tres experimentos científicos y permite la comunicación entre España, las instalaciones científicas españolas en la Antártida y el buque Hespérides.
España es, digámoslo así, “el pequeño de los grandes y el grande de los pequeños.” Y claro, no tiene una Agencia Espacial Española, y por tanto no tiene naves espaciales. Pero sí participa en todas las misiones espaciales europeas, y eso es importante. Además, la participación ha ido creciendo todos los años, en cantidad y en calidad. Antes se hacían paquetes de hardware, paquetes de trabajo que tenían menos dificultad tecnológica. Pero cada vez se busca más a las empresas españolas y a los grupos de investigación para realizar las tareas más difíciles de las naves espaciales.
Además, hay excepciones. El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, por ejemplo, sí ha lanzado un minisatélite y un par de nanosatélites. Es decir, que sí que hay naves espaciales españolas. Pero la verdad es que, cuando quieres hacer una gran nave, no la hace un solo país. De hecho, las grandes misiones espaciales se hacen en colaboración entre varias agencias… casi ningún país, por sí solo, es capaz de hacer una gran misión espacial. Necesita el concurso de industrias multinacionales, de grupos internacionales… es mi campo de trabajo y sé que los equipos suelen ser muy internacionales. La internacionalidad de la ciencia, para nosotros, es como el pan nuestro de cada día.
Hablando de la industria… tampoco vemos, aquí en España, grandes industrias científico-tecnológicas. Hablo de cosas como Siemens, General Electric, Intel… no tenemos de eso.
No. Es verdad. El tejido empresarial español está constituido en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas, que yo incluso definiría como “pequeñas y pequeñísimas”. Su tamaño es tan reducido que, obviamente, la inmensa mayoría de estas empresas no pueden tener una dedicación fundamental a la I+D. Y de las grandes empresas, muchas de ellas son multinacionales y hacen la investigación en su matriz.
Sin embargo, hay honrosas excepciones. Por ejemplo, antes me preguntabas en qué éramos buenos, y también somos buenos en el sector energético. No sólo en la investigación, sino también en nuestras empresas. Ahí hay una buena alianza entre empresas, organismos públicos y universidades que está dando sus frutos; una alianza que se ha dado de manera natural y que ahora, desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, se está intentando incentivar más.
También ocurre que los españoles somos terriblemente críticos con nosotros mismos. Siempre vemos que el de al lado es mucho mejor que nosotros, y eso no es siempre así. Ha cambiado, ha cambiado.
Pues hombre… por ejemplo, antes me has comentado una cosa, que efectivamente yo he oído en el extranjero: se dice que invertir en ciencia y tecnología españolas es muy complicado, porque con cada cambio de gobierno, del signo que sea, se produce un cambio de prioridades e incluso de favoritos. Con ello, se arrasa lo hecho anteriormente, se empiezan cosas nuevas, y no hay una continuidad. ¿Tienen razón?
En parte. Buscamos que las instituciones científicas sean lo más independientes posible, en el sentido de que mantengan una continuidad con independencia del color del gobierno.
La verdad es que tampoco todos los gobiernos hacen borrón y cuenta nueva; los Planes Nacionales de Ciencia cubren, normalmente, varias legislaturas. Eso quiere decir que aunque no haya un pacto por la ciencia firmado (que, desde mi punto de vista, debería haberlo: un pacto de estado), se mantiene una continuidad no en los presupuestos, pero sí en las ideas. Esa continuidad se mantiene no por los gobiernos, pero sí por las instituciones.
Yo he tenido la oportunidad de reunirme con todos los ex-presidentes del CSIC y siempre hay matices y cambios cuando viene un nuevo equipo de presidencia, pero sí que hay una continuidad en la política general del propio CSIC. La ciencia no puede dar bandazos. Puede dar bandazos lo que está alrededor suyo, pero la ciencia no lo hace.
Oye, otra cosa que me suelen preguntar por ahí fuera: ¿qué demonios es la i minúscula?
De izda. a dcha., el presidente del CSIC Rafael Rodrigo junto a los ex presidentes Elías Fereres, José María Mato, César Nombela, Emilio Lora-Tamayo, Alejandro Nieto y José Elguero. Foto: Comunicación CSIC. (Clic para ampliar)
(Ríe) Vamos a ver, yo creo que ahora ya no te la harán, porque también en Europa se está hablando mucho de innovación. En el entorno anglosajón nunca se ha hablado de I+D+i, siempre se ha hablado de R&D, research and development (I+D) y la “i” no existía. Es una parte que corresponde mucho más al sector privado que al sector público y en general al sector productivo.
Yo creo que la I+D+i no significa que todo lo que se investigue tenga que tener luego un desarrollo, un proceso innovador. Pero sí es verdad que los procesos de innovación basados en resultados científicos suelen ser más duraderos y más correctos. En España se ha hablado de I+D+i, no como un trinomio que tenga que ser una suma obligatoria, sino como un elemento que añade algo más a la ciencia.
La ciencia no sólo consiste en hacer una buena investigación y avanzar el conocimiento, sino en ser capaces de transmitir ese conocimiento al sector productivo. Es el sector productivo el que hace la “i”.
Por cierto, ¿cuál es el porcentaje de inversión privada en I+D (o en I+D+i)?
En España, muy poquito. Muy por debajo de los países de nuestro entorno. Debe estar en el 0,5% del PIB. Es decir, que incluso es menor que la inversión pública. Este es uno de los grandes déficits de este país. Mientras que en el resto de países, al menos aquellos con los que queremos competir o a los que nos queremos parecer, la inversión privada supera a la inversión pública en I+D… en España no es así. Eso hay que invertirlo.
Pero eso es fruto de nuestro sistema de industria, de pequeña y mediana empresa, que mencionábamos antes. Es tremendamente difícil, a menos que haya colaboraciones de otros tipos. Yo creo que los centros tecnológicos han ayudado ahí, sin duda, a que las empresas puedan aunar esfuerzos para hacer I+D. No individualmente, pero sí en colaboración entre ellas y con los organismos públicos y universidades.
Hay que organizar el sistema de otra manera. Mientras el sector privado no dé el do de pecho en I+D, por mucho que haga el sector público, siempre se quedará cojo.
Ese es uno de los problemas que muchos planteamos. Tenemos una generación de gente que sale muy formada, pero que luego tiene estas condiciones de precariedad de las que hablábamos, y que después, cuando quiere salir al mercado, resulta que en España no hay capacidad de absorber a un gran número de estas personas….
Eso es cierto, y ese es uno de los grandes problemas de nuestro país. Yo creo que ahora mismo tenemos la mejor generación de jóvenes, formada como jamás en España… y sin embargo, a muchos de ellos no los estamos aprovechando. Es decir, ha sido una inversión que en definitiva están aprovechando mucho más otras empresas, otros países, porque se están yendo fuera.
El Centro de Investigación del Cáncer, del CSIC, en Salamanca. Foto: DICYT. (Clic para ampliar)
El problema de aquí vuelve a ser el mismo. Por ejemplo, en el caso del CSIC, no todo el mundo que hace su tesis en el CSIC se queda en el CSIC. Ni tiene por qué quedarse: eso sería pura endogamia y tampoco estaríamos dispuestos a aceptarla. Pero si no se queda en el CSIC, tiene un entorno muy reducido para poder buscar un puesto de trabajo en España.
También es verdad que la industria española no reconoce, o no le da el valor adecuado a (por ejemplo) la titulación de doctor. Para nosotros, un doctorado significa que es una persona que ha afrontado un problema y ha sabido resolverlo. Puede enfrentarse a otros problemas y resolverlos; está más capacitado. Sin embargo, aquí prácticamente no se considera. Eso no pasa en Alemania, eso no pasa en Francia. Y no pasa porque hay empresas, industrias que invierten en I+D y saben el valor de una persona con una formación adicional.
¿Qué pasa, si aquí no la hay? Pues, evidentemente, que nuestro entorno es más débil. ¿Vamos a dejar de formar a la gente para que pueda contribuir a nuestro país? No. Lo que debemos hacer es fortalecer nuestro sistema público y privado para que esta gente, bien formada aquí y fuera, pueda tener un puesto de trabajo aquí. En definitiva, generar esa “nueva economía del conocimiento.”
Rafael, en medio de una gran crisis como la que estamos viviendo, y se dice por ahí que incluso podría empeorar en los próximos meses o años… dime por qué es una pésima idea recortar, precisamente, en ciencia. Dímelo tú.
No soy el mas indicado, porque soy parte. Pero uno sólo tiene que fijarse en lo que han hecho los demás países, y dónde están. En qué situación están los que han apostado por la ciencia desde siempre, y en cuál están los que no.
La ciencia se traduce en progreso. Nada de lo que tenemos ahora se ha producido sin un avance científico, sin un avance del conocimiento. Uno no puede pretender que la ciencia tenga una aplicación inmediatamente, pero es obvio que si no se avanza en el conocimiento, si no se sacan nuevos adelantos… no habrá nuevas tecnologías, no habrá nuevos desarrollos y no habrá una sociedad de progreso. Una sociedad de progreso significa también una sociedad más igualitaria, y la ciencia ayuda a eso.
Logotipo de la campaña "La ciencia española no necesita tijeras", contra los recortes en I+D. (Clic para ampliar)
Entonces, si perdemos eso, pues estamos simplemente dejando el progreso y toda la sociedad en manos de otros. Nuestro destino estará en manos de otros. Si eso es lo que queremos, bueno, pues aceptémoslo. ¡O no!
En un país que ha sido históricamente un erial en materia científica, donde la ciencia no ocupa el lenguaje de la calle, y con esa historia que tenemos, que pesa un montón… en un país como España, ¿cuál debería ser el papel de la comunicación social de la ciencia, de la divulgación científica?
Es fundamental. Si estamos hablando del papel de la ciencia en la sociedad, lo primero que debemos hacer es comunicarle a la sociedad qué es la ciencia y cómo de útil es para ella. Yo soy un tremendo valedor de la divulgación científica. De hecho, parte de nuestras estructuras están abocadas precisamente a la comunicación social de la ciencia.
Yo creo que el CSIC ha sido, me voy a permitir el lujo de decirlo, un modelo en la participación de la cultura científica del país. Muchas veces hablamos de cultura y pensamos en otros tipos de cultura, pero la ciencia es parte de nuestra cultura y mientras no lo asumamos así, iremos mal.
Nos falta tradición. Y lo que tenemos que hacer es seguir empeñados en comunicar a la sociedad qué es lo que hacen los científicos. Que no lo hacen todo bien, evidentemente. Pero gracias a los científicos se tiene el nivel de progreso que se tiene. La ciencia moderna no ha existido siempre. Hace dos o tres siglos, no tenía la metodología adecuada para servir a la sociedad como ahora. Hoy sí.
Y yo creo, además, que la divulgación y todas las personas que la hacéis y que intentáis ayudar a que la ciencia y la sociedad permeen mucho más… habéis hecho una gran labor. Y se nota. Se nota en muchas cosas. Se nota, por ejemplo, en la percepción social de la ciencia. Cuando una encuesta reciente preguntaba “¿qué profesiones estima usted más?”, o “¿en quién tiene más confianza?”, la primera, con diferencia, eran los científicos. Denota que algo está cambiando en España.
Los cambios siempre son difíciles. Hay que ser muy concienzudo, y muy continuista en la idea. También es verdad que en España no se tiene la tradición y los científicos han estado a veces encerrados en su torre de marfil, un poco separados. Eso creó una imagen negativa. Yo creo que esa imagen ya no se tiene ahora, con la cantidad de actividades que muchos científicos realizamos para llegar a la sociedad.
En definitiva, no estamos sino cumpliendo una obligación. Nosotros hacemos ciencia porque la sociedad quiere que hagamos ciencia y nos paga con sus impuestos. Debemos devolverles no sólo bienestar, sino también conocimiento.
El Dr. Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina (1959), obtuvo el galardón como ciudadano norteamericano mientras se hallaba exiliado en los Estados Unidos por causa de las persecuciones franquistas. La última vez que la medalla de oro con la efigie de Alfred Nobel viajó directamente a España para premiar a un científico fue en 1906 (Medicina, Dr. Santiago Ramón y Cajal), hace la friolera de 105 años. Nunca hemos obtenido un Nobel en Física o Química.
Yo creo que nos falta muy poco. No nos faltan los grupos o los científicos, que yo creo que esos están a un nivel que [el Premio Nobel] podría llegar en cualquier momento en muchas disciplinas, sinceramente. En lo que se refiere a excelencia, pienso que estamos ya a un nivel en que podría suceder, pero también podría suceder en Italia u otros sitios. No hay que obsesionarse con eso.
Pienso que nos falta, fíjate, un poco de organización. Un poco de capacidad de lobby que, como sabes, en el entorno anglosajón no tiene las mismas connotaciones negativas que en España. Necesitamos grupos capaces de sensibilizar, comunicar que tenemos buena gente y que esta gente ha hecho descubrimientos que merecen el Premio Nobel.
Nos falta esa organización. Y mientras no tengamos esa organización, esas capacidades, las cosas se complicarán. Por supuesto, esto no quiere decir que sea el lobby el que consigue el Premio Nobel. El Nobel se consigue por ambas cosas. Pero sin ese valor añadido de nuestra capacidad de influencia, que se ejerce porque estás presente en los sitios adecuados, todavía falta un poquito. Es mi impresión personal.
Rafael, tú que eres astrofísico… ¿tenemos neutrinos superlumínicos o no? ;-)
(Ríe) No, yo no creo que hoy en día se pueda decir eso. Yo creo que hay que repetir los experimentos. Hasta que un experimento no está repetido por diferentes grupos de investigación con los mismos resultados, no se pueden decir cosas tan alegremente.
Te pregunto esto porque tengo observado un fenómeno. Cuando llegan estas noticias como la del “taquión neutrino” ;-) o el GFAJ-1, por no mencionar cada vez que se habla sobre vida extraterrestre, se produce un pico enorme en el interés del público. Además, muy magnificado por los medios de comunicación. No poca gente dice que detrás de estas noticias tan llamativas pero con una base débil puede haber estratagemas para conseguir ingresos o presupuestos extraordinarios. ¿Qué opinas?
Eso sería falta de ética científica, reprobable por nuestra parte. Hasta donde yo sé, lo que suele ocurrir es que el mundo científico es extremadamente competitivo y a veces se dan resultados no como parte de una estrategia, sino porque realmente uno piensa que es así y está convencido.
La recomendación que todos hemos recibido en nuestra formación es que hay que comprobar mucho, mucho los grandes descubrimientos… Pero bueno, vamos a pensar que en la ciencia, como en todas las profesiones, hay personas que no tienen una ética profesional adecuada.
Lo que sí tenemos los científicos es el método para corregirlo…
Eso es. No somos impolutos, porque no lo somos todos, pero sí es verdad que tenemos nuestra propia metodología para que eso no prospere.
Hay otra cosa que me llama la atención. A pesar de las críticas que se le hacen a la ciencia desde algunos sectores, como las pseudociencias o incluso las religiones, me hace gracia cuando los veo proponer una especie de “reconocimiento científico” de sus planteamientos. El crédito de la ciencia es tan inmenso que hasta ellos anhelan quedar bajo sus alas. Pero, por ejemplo, ¿por qué crees que las pseudociencias siguen siendo tan populares?
Una de esas cosas que se encuentra uno por ahí. Foto: La pizarra de Yuri. (Clic para ampliar)
Mucha gente prefiere creer en que los platillos volantes nos visitan a decir: “¿dónde están las pruebas? O me lo verifica correctamente o esto no es verosímil.” La imaginación del ser humano es tan amplia que cualquier cosa le atrae. Si no entiendes algo, pero alguien te lo explica de una determinada manera, fácil, es normal creerle. Otra cosa es que luego el raciocinio te haga reflexionar y darte cuenta de que no es verdad.
Te lo preguntaba porque el otro día vi en mi barrio unos carteles pegados por ahí, cuyo título era “CONFERENCIAS CIENTÍFICAS” en letras grandes. Y claro, yo me fijo en esas cosas. Entonces leo cosas del plano astral, de la llegada de Hercóbulus o de un no se qué fotónico que transformará el mundo en 2012…
Bueno, pero eso es el abuso que se hace de la palabra “ciencia” para atraer al público. Eso, en definitiva, significa que la ciencia ya atrae al público y hay gente que la mal-usa para llamar su atención. Y seguramente habrá más de diez y más de veinte incautos que realmente piensen que están atendiendo una conferencia científica, pero evidentemente no.
De hecho, estuve tentado de acudir para ver cómo iba aquello y plantear dos o tres preguntas…
A veces es bueno hacer eso. Hay una cosa en la que nos ganan. Yo normalmente no suelo discutir con ellos en público, porque esa gente vive de la palabra. Nosotros vivimos de los hechos, y los hechos son muy difíciles de demostrar cuando no puedes usar ecuaciones o una terminología adecuada. Ellos tienen más don de palabra para rodearse de un público adepto, para convencer a la gente. Esa situación siempre es dificil para un científico.
Pero hay científicos excelentes que son capaces de discutir y rebatir todas esas posiciones. Y lo hacen muy bien, con un don de palabra tremendo. No todos los científicos somos capaces de hacerlo.
Es curioso el atractivo que tienen estas cosas. Yo, por ejemplo, cuando doy una charla o algo así, suelo decir que la probabilidad de que haya vida extraterrestre en el universo es muy elevada. Entonces vés cómo se abren los ojos y muchas caras se iluminan. Pero a continuación añado que la probabilidad de que nos hayan visitado es próxima a cero y veo la decepción en su mirada. ¿Asistimos a formas de neorreligiosidad paracientífica?
Yo creo que es una forma de no sentirse solos en el universo. En definitiva, el ser humano siempre ha buscado “arriba” respuestas a las preguntas que se hace sobre su entorno. Creo que si ahora mismo encontráramos planetas con signos de vida en nuestro sistema solar o cualquier otro, ya no vida inteligente sino solamente vida, sería un cambio de paradigma para el propio ser humano. Y eso es tremendamente importante. Ya ni siquiera hablo de religión o de ciencia, sino de conciencia.
Para terminar… ¿qué le recomendarías a un chaval, una chavala de doce, catorce, dieciséis años que quisiera ser científico?
Que se anime. Que la ciencia es terriblemente atractiva y que además puede ser tremendamente divertida. Es muy exigente, pero en la exigencia que tiene de uno mismo estás continuamente aprendiendo y abriendo tu mente. Desde mi punto de vista, eso es lo más importante que puede tener intelectualmente una persona. La carrera científica, aún siendo difícil, está abierta a cualquier persona.
La formación nunca está de más. Un buen científico, aunque en un momento dado deje la ciencia y esté en otras ocupaciones, siempre tiene una formación que le ayuda a seguir adelante. Mejor formación, mejor empleo. Y si quieres ser un científico, lo que te propone la ciencia es un reto continuo. Eso, intelectualmente, siempre es bueno.
Por cierto… ¿cuál sería el proyecto que más te gusta de los que estáis haciendo?
Imagen del asteroide (21) Lutecia tomada por la sonda Rosetta el 10 de julio de 2010, a unos 150 millones de kilómetros de aquí. Foto: Agencia Espacial Europea. (Clic para ampliar)
¿Como gestor o como científico?
Hummm… como científico.
Como científico, lo que siempre me ha gustado ha sido la exploración del sistema solar. Ahora mismo hay un proyecto fantástico que va hacia un cometa. Es una nave espacial de la Agencia Espacial Europea, en la cual hay dos instrumentos construidos parcialmente en España, en el instituto del que yo provengo, el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ya ha atravesado el cinturón de asteroides. Hemos tomado unas fotografías, unas imágenes fantásticas y hemos sacado un montón de información sobre estos asteroides.
Ahora va de camino a encontrarse con el cometa, en la órbita de Júpiter. Está ahora mismo hibernada y lo seguirá estando dos años más. Empezará a despertar para encontrarse con el cometa y después viajar con él hacia el Sol. Es una aventura maravillosa.
Sí. ;-)
Otras entrevistas exclusivas en la Pizarra de Yuri:
Yo venía hoy a hablar de mi libro, que ya ha salido de la imprenta. Pero no me siento con ánimos. Ya te lo contaré dentro de unos días. Ahora estoy jodido. Bastante jodido, la verdad.
Que la mayor parte eran chavalería, coño. Adolescentes de 13, 15, 17 años. No le habían hecho ningún daño a nadie.
Y los han asesinado a decenas, como si fueran corzos en una montería. Mirándoles a los ojos con la frialdad y la convicción del fanático, del inquisidor, del integrista, del imbécil.
Europa no necesita invasiones exteriores para ser destruida. No ha ocurrido desde que al mogol le dio la gana darse la vuelta allá por el siglo XIII. Son cretinos salvapatrias como este y los que piensan como él, matones absolutistas envueltos en sus banderones y mitologías, quienes la han carcomido y saboteado desde dentro una y otra vez.
Qué tristeza más grande. Qué dolor. Qué miedo. Y qué rabia.
Despegue del Atlantis STS-135, en la última misión de los transbordadores espaciales.
El Atlantis, en su misión STS-135 y última de los transbordadores espaciales estadounidenses, se dispone a ensamblarse con la Estación Espacial Internacional el 10 de julio de 2011. Foto: NASA.
Lanzamientos espaciales por países en el periodo abril de 2006 a marzo de 2011. Fuente de los datos: Quarterly & semi-annual launch reports, Federal Aviation Administration (USA). (Clic para ampliar)
Hace ahora algo más de un año, escribí una despedida prematura para el Atlantis. En aquellos momentos se daba por sentado que la misión STS-135 actualmente en curso no saldría adelante. Me alegro de haberme equivocado y de que mi transbordador espacial favorito, al final, haya cerrado esta extraordinaria aventura. :-) Pero ahora ya está: se acabó. No habrá más transbordadores. Y, con ellos, desaparece toda posibilidad para los Estados Unidos de lanzar naves espaciales tripuladas durante los próximos años. No había un reemplazo claro, el tiempo se ha echado encima y todas las alternativas siguen en el tablero de diseño o en etapas tempranas de desarrollo. A partir del próximo día 21, toda la humanidad pasa a depender de las naves Soyuz para viajar a las estrellas, más lo que puedan hacer los chinos (que tardarán algún tiempo).
Aquí tienes otro post que escribí sobre el estado actual de la exploración espacial, cuya lectura te recomiendo para hacerte una idea general de la situación. Las tendencias que comentaba en él, si algo, no han hecho más que profundizarse a lo largo de estos últimos catorce meses. Cincuenta años después de Gagarin, 42 años después del primer viaje a la Luna y 25 años después de la estación espacial Mir… sólo nos queda aferrarnos a diseños de aquellos tiempos para ser capaces aún de hacer algo por ahí fuera (la Soyuz voló por primera vez en 1967 y la Estación Espacial Internacional es básicamente lo que iba a ser la Mir-2). Pero es más: comienza a asomar la patita por el horizonte el día en que habrá que retirar la E.E.I. (ya hubo un amago que hablaba de 2016, aunque seguirá hasta por lo menos 2020) y la idea de plantear un proyecto nuevo con un alcance sólo remotamente parecido para reemplazarla provoca sudores fríos y taquicardias a todos los pusilánimes. Indudablemente, la humanidad ha menguado e involucionado mucho durante las dos últimas décadas (excepto en volumen: dentro de unas semanas seremos ya 7.000 millones), y el estado de nuestros programas espaciales lo refleja perfectamente.
“El final del programa del transbordador es duro de tragar, y todos somos víctimas de unas malas políticas en Washington DC, tanto al nivel de la NASA como de la rama ejecutiva del gobierno, y esto nos afecta a todos nosotros -os afecta a la mayoría de vosotros- severamente.
Me da vergüenza que no haya salido un liderazgo mejor de Washington DC. A lo largo de la historia del programa espacial tripulado, siempre tuvimos otro programa al que hacer transición: del Mercury al Gemini, y al Apolo, y al programa de pruebas Apolo-Soyuz, al Skylab y luego al transbordador. Siempre tuvimos algo a lo que hacer transición.
Y lo teníamos, y fue cancelado y ahora no tenemos nada, y me avergüenzo de que no lo tengamos. Francamente, como alto directivo de la NASA, me gustaría pediros disculpas porque no lo tenemos. Así que ahí estáis. Os quiero a todos. Os deseo lo mejor.”
El martes pasado, algunos de los principales responsables de esta situación, los mismos que se han pasado décadas dejando sin dinero y sin recursos a la NASA, entraron en pánico y se permitieron el lujazo de pasar por la tostadora al director de la NASA Charlie Bolden, que me supongo yo que tuvo que recurrir a todas sus conchas como ex-general de los Marines para no mandarlos a pastar por ahí. Al parecer, han descubierto de sopetón que queda fatal en la tele eso de que los astronautas estadounidenses tengan que comprar billetes a Roskosmos si quieren acceder al espacio. En su estulticia, tuvieron un instante de lucidez y vislumbraron también que, si una potencia espacial abandona segmentos mayores de sus investigaciones espaciales… pues es muy posible que deje de ser potencia espacial. Y, después de años negándole a la NASA el pan y la sal, estos prohombres y promujeres acosaron a Bolden con la pregunta secundaria que les resultaba más cómoda: “¿por qué la NASA no tiene aún el plan de futuro para el lanzador pesado que nos llevará a Marte y a los asteroides próximos a la Tierra, al que se comprometió (la comprometimos) para el pasado mes de enero?”
El astronauta norteamericano Scott Kelly en la Soyuz TMA-01M rusa, camino de la Estación Espacial Internacional, el 9 de octubre de 2010. Estados Unidos pagó 56 millones de dólares por ese asiento y en 2014 pagará 63. Foto: NASA. (Clic para ampliar)
Charlie, en vez de contestar “porque lleváis veinte años dejándonos bajo mínimos y delirando a golpe de pensamiento ilusorio, porque no hacéis otra cosa que estrangularnos un poco más con cada presupuesto, porque no escucháis a los especialistas técnicos sino sólo a los gurús que os dicen lo que queréis escuchar y porque sois alérgicos a mojaros con un proyecto a largo plazo así os ahorquen”, hizo de tripas corazón con un despliegue de buenos modales, mano izquierda y diplomacia cortesana. Nobleza obliga. Tuvo buenas palabras para todo el mundo y definió cuatro líneas de trabajo sobre las que la NASA se plantea el futuro para los próximos tiempos. De todo el lamentable espectáculo, estos cuatro puntos fueron lo único que merece la pena rescatar. Veámoslos.
“¿Roskosmos? Sí, hola, buenos días, quisiera comprar unos billetes para la estación espacial…”
En primer lugar, lo dejó claro: al menos hasta 2015, todos los lanzamientos tripulados de los Estados Unidos se realizarán a través de la Agencia Espacial Rusa “y otros partners” (como no sean los chinos…). El asiento en una Soyuz con destino a la Estación Espacial sale a 56 millones de dólares por unidad, billete de ida y vuelta, que sube a 63 millones en 2014. Ya han firmado 18 pasajes por esos importes. Eso es lo que hay, punto pelota. Mientras tanto, seguirán apoyando el desarrollo de cohetes y naves espaciales construidos por empresas privadas, en la esperanza de que alguno de ellos pueda llegar a competir con las Soyuz. El más conocido y probablemente más adelantado de estos proyectos es el de SpaceX, con sus cohetes Falcon y sus naves espaciales Dragon.
Esta es una apuesta francamente arriesgada y un tanto confusa. Se trataría, básicamente, de subvencionar con dinero público el desarrollo y operación privados de una tecnología de lanzamiento análoga a la de la Soyuz, para luego comprarle misiones (otra vez) con dinero público. Más o menos. Gene Cernan, el último hombre que estuvo en la Luna, lo describió así recientemente:
Lanzamiento con éxito de un prototipo de nave espacial Dragon con el cohete Falcon-9, ambos de desarrollo privado, el 8 de diciembre de 2010. Foto: NASA.
Fue la industria espacial comercial, bajo el liderazgo y la guía de la NASA, la que nos permitió ir a la Luna y construir el transbordador y hacer todo lo que ha pasado en los últimos 50 años. [Pero] transferírselo todo sin ninguna supervisión al sector comercial, una expresión que cuestiono, va a necesitar mucho tiempo. Algunas de esas personas están muy cualificadas, pero otros [sólo] son emprendedores jóvenes con mucho dinero, y para ellos es una especie de hobby. No para todos ellos. Pero algunos dicen que pueden ir al espacio en cinco años por 10.000 millones de dólares, y hasta los rusos dicen que tardaremos por lo menos el doble si ponemos nuestros huevos en esa cesta.
No tengo mucha confianza en que ese extremo del espectro espacial comercial nos devuelva a órbita en ningún momento de los próximos tiempos. Me gustaría que toda esa gente que se autodenominan [operadores espaciales privados] me dijeran quiénes son sus inversores. Que me dijeran dónde está su mercado. Se supone que una empresa comercial debe usar capital privado. ¿Y quiénes son sus usuarios? Imagínese que nosotros, la NASA, no tuviéramos necesidad de sus servicios. No existe ningún otro mercado para ellos. Entonces, ¿esto es realmente una empresa privada, o no? ¿Es un grupo de muchachos con estrellas en los ojos, que quieren convertirse en un gran desarrollador espacial? No lo sé.
No creo que lleguen ni cerca de conseguir lo que han dicho que pueden hacer. Se lo dije al Congreso y sigue siendo cierto hoy: aún no saben lo que no saben. Nosotros [...] hemos estado haciendo esto durante medio siglo. Hemos cometido errores. Hemos perdido colegas. ¿No crees que hemos aprendido algo de esos errores? Puedes apostar tu vida a que sí. Ellos tienen que aprender aún de sus errores. Y, como contribuyente, no tengo el deseo de sentarme ahí y pagarles para que cometan esos errores antes de que puedan siquiera llegar adonde creen que son capaces de ir. La buena noticia es que ahora algunas de las grandes compañías aeroespaciales están tratando de entrar en ese sector. Los Boeing, Lockheed Martin, ATK, están tratando de competir en el lado comercial del negocio. Eso es un poco más alentador. Esas son las personas que han estado trabajando en todo lo que hemos hecho durante los últimos 50 años. Ellos saben cómo se puede hacer.
Cernan no es el único que no ve claro el asunto. Algunos otros astronautas notables opinan que esta aproximación puede condenar a los Estados Unidos a convertirse en un operador espacial de “segunda o tercera clase”. Ojo: es posible que esta transferencia al sector privado funcione, siempre que la lleven a cabo los especialistas adecuados y se mantenga con dinero público. En principio, no hay nada que lo impida. Pero tiene muchos números para ser un proceso largo, caro y no exento de problemas. Y Estados Unidos no está solo en el mundo: hay competidores. Están los rusos, con sus Angara, sus Rus-M y el PPTS en distintos estados de desarrollo. Detrás, vienen empujando los chinos. En 2015, que es cuando está prevista la entrada en servicio de estas naves y cohetes estadounidenses de construcción privada, podrían encontrarse con una durísima competencia. Si se producen retrasos, todos los nichos podrían estar ya ocupados para cuando quieran llegar.
Lo único que está claro es que, por el momento, el vuelo espacial tripulado de la humanidad queda en manos exclusivamente rusas, más lo que China pueda ir haciendo. No existe ninguna alternativa ni la habrá durante al menos los próximos cuatro años. Y en cuanto a lo de enviar cargueros no tripulados del tipo de las Progress, ya se verá cuándo consiguen poner en órbita el primero. Sin duda, nos hallamos ante una situación de lo más incómoda para los Estados Unidos.
Una Soyuz TMA-M, la más reciente actualización de la veterana nave espacial soviética, se aproxima a la Estación Internacional el 9 de octubre de 2010. Foto: NASA.
El regreso de la Orión… ¿y del Energía?
Prototipo del módulo de tripulación y reentrada del MPCV, propuesta en estos momentos como futura nave espacial tripulada de la NASA.
Con el propósito de ir más allá de las órbitas terrestres cercanas, Charlie Boden dijo que mantienen sus intenciones de resucitar la nave Orión del descarriado Programa Constellation para volver a la Luna propuesto durante los años de Bush. La nave Orión fue cancelada después de gastarse cinco mil millones de dólares en desarrollarla, pero ahora vuelve por sus fueros bajo el acrónimo MPCV, o sea, vehículo tripulado multi-propósito (web oficial de la NASA al respecto). La idea es disponer de una nave espacial tripulada capaz de llegar hasta los asteroides y Marte… y de servir como cartucho en la recámara para el caso de que las iniciativas privadas del apartado anterior no fueran a ninguna parte (de hecho, algunos critican que el MPCV duplicaría la funcionalidad de naves como la Dragon).
En esencia, la Orión es un concepto Apolo pero con más capacidades, radio de acción y autonomía. Según se plantea, debería ser capaz de hacer por sí sola viajes espaciales con dos a cuatro tripulantes de 21 días de duración, ampliables hasta seis meses mediante elementos modulares. Con una masa total de 21.250 kg, estaría compuesta por dos módulos: uno de tripulación/reentrada y otro de servicio. El módulo de tripulación/reentrada dispondría de 8,9 m3 ocupables, un poco menos que los aproximadamente 10 m3 habitables de una Soyuz-TMA o los 11 de una Apolo (en ambos casos, sumando todos los espacios presurizados). El módulo de servicio, no habitable, contendría los sistemas de propulsión, el almacén y el resto de equipos tecnológicos.
Para lanzar esta nave se requiere un nuevo cohete, que es el tema con el que los congresistas dieron la brasa a Charlie Boden. Tal como se plantea en estos momentos, se trataría de un lanzador pesado que combinaría tecnologías de los propulsores del transbordador espacial, de los cancelados Ares I y Ares V e incluso del Programa Apolo. Al parecer, algunos de sus motores podrían terminar siendo una copia norteamericana del motor ruso NK-33. Su nombre es SLS (space launch system) y, como comentaba hace poco Dani Marín, podría llegar a ser esencialmente un concepto similar al del cohete soviético Energía. O, si las cosas no van al final por ahí, un Ares V de bajo coste. Aunque, por el momento, no existe una estimación de costes ni un calendario específico para el desarrollo del MPCV o el SLS. La estimación preliminar es que podrían entrar en servicio en torno a 2016-2017, si bien esta parece una fecha demasiado optimista en las circunstancias actuales.
Hasta Marte o por ahí.
El último punto que planteó Charlie Boden en su exposición es el más delicado de todos: a dónde se va con estas mimbres. Como era de esperar, repitió la idea planteada por Obama el año pasado: a un asteroide próximo a la Tierra, en torno a 2025, y a Marte para 2030 o cosa así. También se plantea ir ocupando los puntos de Lagrange o algunas misiones a la Luna.
Ese es un plan ambicioso, en el que me encantaría creer. I want to believe. Sin embargo, visto lo visto en los últimos años, hay buenas razones para el escepticismo. De momento, ni siquiera la Iniciativa Conjunta de Exploración de Marte firmada recientemente entre la NASA y la ESA supera por mucho el estadio de declaración de intenciones.
Presupuesto de la NASA 1960-2010 en millones de dólares constantes de 2007 y como porcentaje del presupuesto federal de los EEUU. Fuente de los datos: Oficina de Gestión y Presupuestos (OMB), Presidencia de los EEUU. (Clic para ampliar)
Vamos a ver si nos entendemos y recordamos un poco de dónde venimos y sobre los hombros de qué gigantes caminamos y todo eso. Desde que Kennedy dijo que se iban para la Luna hasta que Armstrong puso su pie en el maldito sitio, transcurrieron ocho años escasos. ¿Cómo se hace eso? Sencillo: metiendo un montón de voluntad, de imaginación, de determinación y de recursos. O sea, una montaña de dinero. Para ser exactos, unos 24.000 millones de dólares de la época: la mayor inversión realizada jamás por un país en tiempos de paz. Es decir, unos 150.000 millones de dólares actuales. En 1966, durante el desarrollo del proyecto Apolo, llegaron a gastarse el 4,41% del presupuesto federal para sacarlo adelante. El mismo porcentaje del presupuesto federal para 2011 ascendería a 170.000 millones de dólares sólo en un año. Y mantuvieron un gasto parecido durante casi una década.
Esa es la clase de decisión política que se precisa para hacer cosas grandes. Y no parece quedar nadie, al menos en Occidente, con esas pelotas. Ni con unas ideas mínimamente realistas. A todo el mundo le gustaría apuntarse el tanto de un viaje a Marte, pero dentro de su legislatura de cuatro años, sin que sus votantes tengan que rascarse el bolsillo y sin correr ningún riesgo político o económico. Evidentemente, eso no es posible. Con esa forma de pensar, los egipcios nunca habrían construido las pirámides o el faro de Alejandría. En realidad, con esa forma de pensar no se va a ninguna parte. Es esa forma de pensar la que nos ha llevado, ahora mismo, adonde estamos.
Ni los Estados Unidos ni nadie irán a Marte racaneando mil millones de dólares de aquí y de allá, con MPCV y SLS o sin ellos. Tampoco con un presupuesto anual de 19.000 millones para toda la NASA, que tiene en marcha muchos otros proyectos. Es ridículo. El problema de fondo en este asunto no es científico o tecnológico. Hay ciencia y tecnología de sobras para ir al punto del sistema solar que nos dé la gana, y la que no está disponible aún, se puede desarrollar en pocos años sobre la base actual. La cuestión de fondo es quién se moja, cuánto y hacia dónde. Mientras esta cuestión no esté clara, todo lo demás es marear la perdiz. O, como dijo Charlie Bolden al terminar, “un programa espacial sólo tendrá éxito si múltiples parlamentos y múltiples administraciones proveen la adecuada financiación.”
Preparando la Soyuz TMA-02M para el lanzamiento. Video: Roskosmos. Lanzamiento de la Soyuz TMA-02M desde Baikonur, el 7 de junio de 2011 (secuencia con vistas desde distintos puntos – la más chula en el 03:45). Lleva a bordo 40 experimentos científicos, entre ellos uno para tratar de encontrar un mejor tratamiento contra el cáncer y otro para experimentar los cultivos en el espacio. Video: Roskosmos.
Actualización: Una aportación de Pastor Cartoon inspirada por la lectura de este post:
Cartel del astronauta estadounidense: "A la ISS". Oficial ruso: "¿Tienes algo suelto?"
Tomando mediciones independientes de radiación en distintos puntos de la provincia de Valencia.
Medidas de radiación ambiental tomadas en la provincia de Valencia entre abril y mayo de 2011. (Clic para ampliar)
Diez semanas después de que comenzaran los accidentes nucleares de Fukushima, que siguen sucediendo, muchas personas siguen preguntándome si estamos seguros, si la radiación no estará llegando aquí y las autoridades no nos engañarán con los datos oficiales. Supongo que es inevitable en estas circunstancias, sobre todo teniendo en cuenta cosas como esta. Hay mucha gente que está tomando mediciones por su cuenta. Yo, como habréis visto, llevo unas semanas muy liado; pero he querido aportar también mi granito de arena a estas mediciones independientes aprovechando algunos desplazamientos que he tenido que hacer por la provincia de Valencia. Total, no cuesta tanto echarse un contador Geiger al maletero.
Aunque el que vamos a usar hoy es algo más voluminoso de lo corriente en estos tiempos. ;-) Ahora todo el mundo usa esos cacharrines digitales modernos con aspecto de mando a distancia, que les dan los valores directamente en sieverts (me pregunto cómo calculan la dosis efectiva, si es que lo hacen). Yo, que soy un antiguo y un trasnochado para según qué cosas, me he propuesto medir en roentgens, como estos otros anticuados. Es decir, la exposición radiométrica directa, lo más parecido a la respuesta para la pregunta “¿cuánta radiactividad hay aquí?”. Y con este propósito vamos a utilizar los servicios de un viejo amigo. Su nombre es DP-5V, también conocido como el Kalashnikov de los Geigers. Fue fabricado hace muchos años en un país que ya no existe, pero sigue funcionando tan bien como el primer día:
Un viejo amigo de mucho fiar: el contador Geiger ("roentgenmetro") DP-5V. (Clic para ampliar)
Quizá lo hayas visto trabajando duro en algún otro tiempo y lugar:
Usando contadores DP-5 durante el accidente nuclear de Chernóbyl. Fotos: RTVE, Discovery Channel, otros (Clic para ampliar)
Utilizando la característica terminología soviética, el DP-5 es un roentgenmetro militar diseñado para ser muy sólido, muy seguro y muy fácil de usar. Puede medir con precisión desde 0,025 miliroentgens por hora de radiactividad beta-gamma hasta 200 roentgens por hora que, usando la burda conversión habitual de 115 roentgens por un gray o sievert, equivaldrían a aproximadamente 1,74 sieverts/hora. Si llegas a medir eso alguna vez, yo te sugeriría salir de donde estés tan deprisa como lo permitan tus piernas. Para entender mejor de qué estamos hablando, aquí tienes una introducción general a la radiactividad.
En realidad, el único inconveniente del DP-5V es conseguirle pilas: usa las antiguas A336 soviéticas de 1,5 voltios, equivalentes a las antiquísimas B de aquí, por lo que es preciso hacerle una sencilla adaptación (son 7 mm más largas que las AA occidentales corrientes). Descontando ese detalle fácilmente subsanable, esta unidad que tengo yo por aquí continúa prestando servicio sin novedad veintiún años después de que la construyeran.
Vamos a aprender a manejar el DP-5V, que es muy fácil. Prácticamente todo se controla con el conmutador situado a la derecha del dial. Primero comprobaremos que las pilas no estén descargadas, poniéndolo en la primera posición, la del triángulo.
Comprobación del estado de las pilas en el contador DP-5V. Si la aguja va a parar a la línea negra, como en este caso, hay suficiente carga para trabajar.
La aguja señala un punto dentro de la línea negra del dial. Eso significa que las pilas están bien. Ahora, avancemos el conmutador un paso más, para llevarlo a la posición de mínima sensibilidad (o sea, que mediría los índices de radiación más altos, hasta 200 R/h). En esta posición hay que medir con la escala inferior del dial, la que está indicada de 0 a 200. Como es lógico, aquí en Valencia la aguja ni se mueve (¡y si se moviera, tendríamos un problema!):
Midendo en la escala más alta del DP-5V (0-200 R/h). Obviamente, no se registra ninguna lectura. Esta es la única posición en la que se utiliza la escala inferior del dial. Para todas las demás posiciones, se usa la escala superior.
Hum… ¿seguro que este viejo contador sigue siendo capaz de medir algo? Bueno, vamos a comprobarlo. La sonda incluye una pequeña muestra radiactiva, que a estas alturas debería emitir unos 14 miliroentgens/hora (es radiación beta pura, por lo que no puede atravesar el blindaje metálico y no representa ningún riesgo). Ponemos, pues, el conmutador en la escala de las decenas de miliroentgens (x10) y exponemos la muestra girando la pieza móvil de la sonda hasta la posición K:
Comprobando el funcionamiento de un contador DP-5V: 1. Ajustamos el conmutador en la escala adecuada (en este caso, x 10). 2. Exponemos la fuente radiológica que se encuentra en la sonda (posición K encarada con la guía de plástico). 3. Medimos con la escala superior del dial (en todas las posiciones excepto la de "200", hay que medir con la escala de arriba, en milirroentgens por hora).
Vaya, pues sí que mide. Observa que la aguja se ha estabilizado un poco por debajo de la indicación 1,4 en la escala superior del dial (la escala inferior sólo está para medir los valores máximos, hasta 200 R/h; en todas las demás posiciones del conmutador, se mide con la escala superior). Como tenemos el conmutador en la posición x10, entonces 1,4 x 10 = 14 miliroentgens por hora. Que es lo que debe medir la fuente en este contador. O sea, que aparentemente sigue yendo bien.
Cuando cerramos la muestra (girando la funda metálica de la sonda a cualquier otra posición que no sea la “K”), observamos cómo la aguja cae de nuevo a cero (si la radiación de la muestra pudiera atravesar el blindaje, no caería a cero):
Midiendo "al aire" con el DP-5V en la escala x10 (mR/h).
¿Significa esto que no hay radiactividad de ninguna clase aquí en Valencia ciudad? Debería detectar al menos la radiación de fondo, ¿no? Bien, resulta que la radiación de fondo es muy débil, muy pequeñita. Para verla, tenemos que ajustar el conmutador a la escala de máxima sensibilidad (x0,1, o sea que hay que dividir por diez lo que se mida en la escala superior del dial):
Midiendo radiación beta-gamma “al aire” dentro de una vivienda en Valencia con el DP-5V en la escala x0,1, el 05/06/2011.
Esos “clics” nos confirman que el universo existe y está vivo. Cada uno de esos clics, que se llaman una cuenta, es una desintegración de un isótopo radiactivo natural detectada y amplificada por el DP-5V para que podamos escucharla. Si no estuvieran ahí, este universo sería un lugar muerto o, simplemente, no existiría.
Ya que estamos, vamos a aprender a contar becquerels. Una manera de hacer esto es contar cuantos clics se oyen en un minuto (yo cuento los que se oyen en cinco minutos y divido por cinco, para promediar mejor). Por ejemplo, mientras preparaba este post, he medido 22,4 cuentas por minuto. O sea, 0,37 cuentas por segundo. Esto es, 0,37 becquerels. Podemos decir, pues, que el aire en la ciudad de Valencia presenta 0,37 Bq de radiactividad beta-gamma natural (hoy está “calentito”; en otras ocasiones he registrado menos, en torno a 0,30 – 0,35 Bq).
También habremos observado que la aguja medía todo el rato valores inferiores o iguales a 0,025 mR/h (0,25 de indicación x 0,1 del conmutador), con algún piquito por encima. Aplicando esa conversión un poco basta de 115 R por gray o sievert, resulta que nuestro DP-5V estaría registrando valores levemente inferiores a 0,22 μSv/h. Es decir, cifras similares a los 0,16 μSv/h que da el Consejo de Seguridad Nuclear para esta zona:
Valores de radiación ambiental medidos por el Consejo de Seguridad Nuclear el 04/06/2011. Puedes observar que oscilan entre los 0,08 μSv/h del País Vasco y los 0,20 μSv/h de Pontevedra o Madrid. Aquí por Valencia, están en 0,16 μSv/h. Si multiplicamos esta cifra por 115, para hacer la conversión "a lo bruto" a roentgens, nos salen 18 μR/h. Es decir, más o menos lo mismo que estamos midiendo con el DP-5V: una cifra ligeramente inferior a 25 μR/h (0,025 mR/h). Imagen: CSN. Versión actualizada: http://www.csn.es/index.php?option=com_maps&view=mappoints&Itemid=32&lang=es
Como puedes ver, estamos todo el rato midiendo al aire. Sin embargo, la radiactividad tiende a posarse en el suelo bajo la forma de contaminación radiactiva. Vamos a ponerle su bolsita de protección (transparente a la radiactividad beta-gamma) para que no se contamine la sonda y veamos lo que mide en el suelo de esta terraza, expuesta a la intemperie:
Midiendo “al aire” en una terraza de Valencia con el DP-5V, el 05/06/2011.
Básicamente lo mismo. Sin embargo, la contaminación radiactiva suele resultar arrastrada por las lluvias, y en Valencia ha llovido bastante estas últimas semanas. Típicamente, tiende a concentrarse por gravedad en los puntos más bajos de la zona. En esta ciudad, uno de los puntos más bajos de fácil acceso es el antiguo cauce del río Turia. Así pues, vamos a darnos un paseo a la caza de algún radioisótopo borde:
Midiendo la radiactividad el 23/05/2011 en el antiguo cauce del río Turia de Valencia, uno de los puntos más bajos de la ciudad, con un DP-5V. Los valores registrados se hallaban en torno a 0,025 mR/h, burdamente equivalentes a 0,22 μSv/h.
En los guardabarros de los coches se suele acumular también contaminación radiactiva, porque los neumáticos la van recogiendo durante el camino y la estampan contra los mismos. Vamos a buscar unos cuantos que estén un pelín guarretes y midamos:
Midiendo (cuidadosamente) radiactividad bajo los guardabarros de varios coches en distinto estado de limpieza y conservación, aparcados en los distritos valencianos de L'Olivereta y Patraix, la noche del 24/05/2011. Todas las mediciones estuvieron por debajo de 0,025 mR/h, coincidente con la radiación de fondo medida en la provincia por el Consejo de Seguridad Nuclear. (Clic para ampliar)
Nada, tú, qué decepción. ;-) Sin embargo, no nos vamos a conformar con esto. Hace unos días tuve que pasar por Cofrentes, así que, ¿por qué no aprovechar la ocasión para tomar algunas medidas en el entorno de la central nuclear? Si en algún punto de la provincia de Valencia tiene que haber contaminación radiactiva, será ahí, ¿o qué?
Midiendo la radiación beta-gamma frente al Ayuntamiento de Cofrentes con el DP-5V, el 13/05/2011. Los valores registrados fueron similares a los de la ciudad de Valencia y a los indicados para la zona por el Consejo de Seguridad Nuclear: valores típicos por debajo de 0,025 mR/h con algún pico levemente por encima.
Vamos a acercarnos un poco más a la central nuclear, a ver…
El mismo día medí con el DP-5V la ración beta-gamma en el jardín situado en la parte baja de Cofrentes, a 1.900 metros del reactor nuclear. Los valores eran consistentemente inferiores a 0,025 mR/h, menos que en la ciudad de Valencia o en el mismo Ayuntamiento de Cofrentes.
Vaya, cualquiera diría que está más limpio que la propia ciudad de Valencia. Bueno, vamos a ser puñeteros. Si la central nuclear estuviera emitiendo contaminación radiactiva, lo más normal es ésta pasara al agua de refrigeración para acumularse río abajo. Así pues, nos acercaremos hasta el embarcadero de las Rutas Fluviales del Júcar, que está a apenas seis kilómetros río abajo de la nuclear. Este parece un buen sitio para medir lo que las aguas van acumulando en la orilla:
Medición con el DP-5V en el embarcadero cofrentino de las Rutas Fluviales del Júcar, 6 km río abajo de la Central Nuclear, el 13/05/2011. Esta zona también estaba notablemente limpia, con valores máximos muy por debajo de los 0,025 mR/h.
Por cierto, una anécdota. En ese viaje nos pasó un poco de todo. La batería de la cámara (adquirida junto con ésta en 2010) está estropeada y se estaba agotando antes de lo previsto. El coche, un turismo moderno, también nos dio varios problemas. Y los móviles no tenían mucha cobertura por algunos de esos montes. El único aparato que iba a lo suyo durante todo el día, sin inmutarse lo más mínimo, fue… sí, exacto, el DP-5V. :-D
A lo largo del recorrido también fui realizando algunas medidas. Midiendo al aire dentro de un vehículo civil (como un coche o autobús), la atenuación causada por el apantallamiento de la carrocería se estima en torno al 50%. Por ello, la aguja casi ni se mueve en la escala de máxima sensibilidad (video tomado mientras llegábamos a Cofrentes; sin audio, lo siento):
La máxima medición que hemos observado en estos días fueron algo más de 50 μR/h (0,050 mR/h), al norte de Picassent, en varias ocasiones a finales de mayo (o sea, en estos últimos días). Conseguimos capturar una de estas ocasiones cuando la aguja ya empezaba a descender y pasaba por 50 μR/h. No obstante, el promedio seguía por debajo de 25 μR/h:
Uno de los picos de 50 μR/h (≈ 0,45 μSv/h), medidos con un DP-5V al norte de Picassent el 30 de mayo de 2011.
Estimaciones de exposición durante el primer año en el área de Fukushima (IRSN, Francia) (Clic para ampliar) La inmensa mayor parte de la radioactividad emitida por la central nuclear siniestrada se está desviando al Océano Pacífico, con lo que las dosis en tierra resultan moderadas.
Evacuadas de Futaba, la localidad más próxima a Fukushima I, durante su estancia en el estadio de Saitama.
Viernes, 1 de abril
Reuters informa que TEPCO está ofreciendo salarios de hasta 5.000 dólares al día para conseguir trabajadores que se atrevan a ir a Fukushima I.
Resumen del informe de situación del OIEA: Se está bombeando el agua presente en los edificios de turbinas de las unidades 1, 2 y 3 a condensadores y depósitos. Se sigue inyectando agua dulce a las vasijas de los reactores. Las temperaturas continúan descendiendo.
Mediciones de radiación: Agua por debajo de los niveles de seguridad excepto en una población de la prefectura de Fukushima. Lecturas de radiación gamma en el área de Tokio equivalentes a la radiación natural. Entre 32 y 62 km al N-NO de Fukushima, de 0,5 a 6,8 μSv/h y 0,05 a 0,45 Mbq/m2 β-γ.
Se ha calculado la deposición total de yodo-131 y cesio-137 en 9 municipios entre 25 y 58 km. Hay una gran variación espacial. Promedios: 0,2 a 25 MBq/m2 de I-131, 0,02-3,7 MBq/m2 de Cs-137. Los valores más altos se hallan al NO de la central. Al menos uno de los criterios de evacuación del OIEA están excedidos en Iitate.
Contaminación alimentaria: No se encontró radiación significativa en diversos alimentos procedentes de Chiba, Gunma, Ibaraki, Kanagawa, Nagano, Niigata, Saitama, Tochigi y Yamagata. Analizados para I-131, Cs-134 y Cs-137.
Sábado, 2 de abril
Reuters informa que se ha encontrado agua con un nivel de radioactividad 7,5 millones de veces superior al límite legal en la unidad 2 de Fukushima I.
Reuters informa que se ha encontrado una fractura en la contención de la unidad 2 que genera lecturas de 1 Sv/h. Confirmado por el OIEA.También informa que se ha detectado agua radioactiva emanando de la unidad 2 al mar.
Reuters informa que Francia quiere “nuevas reglas nucleares globales”.
Resumen del informe de situación del OIEA: Se sigue transfiriendo agua contaminada a distintos reservorios e inyectando agua dulce a las vasijas de los reactores 1, 2 y 3. Se está transfiriendo agua dulce desde una barcaza estadounidense, pero hubo que interrumpir el proceso debido a una avería. Confirman que TEPCO ha detectado agua a más de 1 Sv/h cerca de la toma de agua de la unidad 2.
Mediciones de radiación: De los trabajadores en Fukushima I, 18 han recibido dosis superiores a 100 mSv y ninguno a 250 mSv, el límite establecido recientemente. Se han detectado 180.000 Bq/l de I-131 y 15.000 Bq/l de Cs-137 cerca de la salida de agua de la unidad 4. Se han añadido estaciones de monitorización en el mar.
Domingo, 3 de abril
Reuters informa que “aumenta la presión” sobre los propietarios de centrales nucleares europeas ante las posibles pruebas y cambios en la regulación. Indica que cada reactor nuclear puede dar beneficios de un millón de euros al día.
Resumen del informe de situación del OIEA: Continúan transfiriendo agua contaminada entre depósitos e inyectando agua dulce a las vasijas 1, 2 y 3. Ha llegado una segunda barcaza estadounidense con agua dulce. Se ha identificado una posible ruta para que la contaminación de la unidad 2 esté vertiéndose al mar. Las temperaturas descienden. Se ha logrado restablecer el suministro eléctrico exterior a las bombas.
Monitorización de la radiación: Sin variaciones significativas sobre días anteriores.
Trabajadores desaparecidos: La NISA ha informado que en la tarde del 30 de marzo los dos trabajadores desaparecidos a consecuencia del terremoto del día 11 fueron hallados muertos en el nivel –1 del edificio de turbinas de la unidad 4.
Lunes, 4 de abril
Reuters informa que Japón liberará al mar más de 10.000 toneladas de agua contaminada con radioactividad 400 veces por encima del límite legal. El jefe del gabinete Yukio Edano dice que “no hay otra opción”.
RIA Novosti cita al jefe del gabinete japonés, Yukio Edano, señalando que este país podría verse obligado a revisar sus objetivos de reducción de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero debido a la crisis nuclear.
Reuters informa que más de 163.000 personas del área de Fukushima siguen en refugios y se esperan grandes demandas por responsabilidad civil. Según un análisis del Banco de América / Merrill Lynch, si la crisis nuclear se extiende a lo largo de dos años el coste podría ascender a unos noventa mil millones de euros (130.000 millones de dólares).
Reuters cita al director general del OIEA, Yukiyo Amano, declarando que deben crearse reglamentos “más estrictos y transparentes” de seguridad nuclear y que “las preocupaciones de millones de personas en el mundo entero sobre la seguridad de la energía nuclear deben tomarse en serio”.
RIA Novosti informa que Japón ha pedido a Rosatom, de Rusia, ayuda para deshacerse del agua radioactiva en Fukushima I. Visto también en Reuters, que informa sobre las “medidas desesperadas” de los trabajadores japoneses para intentar detener las fugas de agua altamente radioactiva. La ayuda solicitada a Rusia consiste en un buque especializado en el procesamiento de agua radioactiva a gran escala, utilizado para decomisionar submarinos atómicos.
Martes, 5 de abril
Esta fuga de agua radioactiva en Fukushima I pudo ser controlada entre el 2 y el 5 de abril. Fotos: TEPCO. (Clic para ampliar)
Reuters informa que la radioactividad en el agua en la unidad 2 de Fukushima I ha caído a 5 millones de veces el límite legal.
Reuters informa que la Unión Europea incrementará los controles radiológicos para la comida procedente de Japón.
RIA Novosti informa que las mediciones de radioactividad en la isla rusa de Sakhalin, frente a Japón, están dentro de la normalidad.
RIA Novosti informa que las autoridades sudcoreanas están preocupadas por los vertidos de agua radioactiva al Océano Pacífico.
El OIEA informa que se ha iniciado el vertido de 11.500 toneladas de agua con baja radioactividad al Océano Pacífico.
El OIEA informa que se ha logrado detener el vertido al mar de agua altamente radioactiva procedente de la unidad 2.
Miércoles, 6 de abril
RIA Novosti informa que el gobierno ruso suspende las importaciones de pescado japonés debido a la radioactividad.
CNN informa que las comunidades situadas en el área de Fukushima han rechazado una oferta de “compensación inicial” de TEPCO equivalente a 12 dólares por habitante.
Resumen del informe de situación del OIEA: Están vertiendo al mar 10.000 toneladas de agua contaminada procedente de de las unidades 5 y 6 para hacer sitio al agua altamente radioactiva en las unidades 1, 2, 3 y 4.
Se sigue inyectando agua dulce a las unidades 1, 2 y 3. La temperatura continúa descendiendo y la presión es estable.
Mediciones de radiación: Se ha detectado un incremento de la radioactividad en el mar cerca de la instalación el 4 de abril desde 11.000 hasta 41.000 Bq/l de I-131 y de 5.100 Bq/l hasta 19.000 Bq/l de Cs-134 y Cs-137.
El OIEA informa que TEPCO ha sido autorizada a inyectar nitrógeno a la vasija de la unidad 1 para prevenir otra explosión de hidrógeno.
Jueves, 7 de abril
RIA Novosti informa que el gobierno ruso ha pedido al japonés que deje de verter agua radioactiva al Océano Pacífico, y más información sobre lo que está sucediendo en Fukushima I.
Reuters informa que los trabajadores en Fukushima I han tenido que abandonar la central temporalmente debido a una réplica.
Resumen del informe de situación del OIEA: Hay signos de recuperación en algunos instrumentos y equipos eléctricos. Continúan arrojando 11.500 toneladas de agua contaminada al mar. Prosigue la inyección de agua dulce a las unidades afectadas, donde la temperatura y presión siguen estables.
Mediciones de radioactividad: Se detectaron trazas de I-131 y Cs-137 en el agua potable de algunas prefecturas, por debajo de los límites de seguridad. Las dosis γ en algunas prefecturas monitorizadas descienden. Se ha observado un descenso de la radiación en el agua del mar respecto a ayer. No se han detectado niveles peligrosos de radioactividad en los alimentos disponibles para el consumo.
Viernes, 8 de abril
Ubicación de las estaciones de medida del MEXT en el Océano Pacífico.
El OIEA confirma que ayer se produjo una réplica de magnitud 7.1 en el área. El estado de las centrales nucleares próximas a consecuencia del mismo es el siguiente:
Fukushima I: Sin cambios significativos en las mediciones de radiación. No se interrumpió la inyección de agua.
Fukushima II: Todos los reactores están en parada en frío desde el 15 de marzo. Sin cambios significativos.
Onagawa: Todos los reactores están en parada en frío desde el 12 de marzo. Se perdieron 2 de las 3 líneas de suministro eléctrico exterior a consecuencia del terremoto. Se perdió la refrigeración de la piscina de combustible usado, pero fue restablecida. No se observaron variaciones en las lecturas de radiación.
Tokai I: En parada en frío desde el 15 de marzo, no se observaron anomalías.
Higashidori: Estaba en parada en frío por mantenimiento. Se ha perdido temporalmente el suministro eléctrico externo, pero los sistemas de emergencia actuaron correctamente. Todo el combustible está en las piscinas, cuya refrigeración no ha sufrido anomalías.
Tomari: Las unidades 1 y 2 estaban en operación. La compañía propietaria redujo la potencia al 90%.
Central de reprocesamiento y enriquecimiento de uranio de Rokkasho: Ha perdido el suministro eléctrico externo pero el de emergencia está operativo.
Reuters informa que China está preocupada por los vertidos de agua radioactiva al Océano Pacífico y que Japón los detendrá el domingo.
Reuters informa que la Compañía Eléctrica de Hokkaido retrasará la explotación comercial de la unidad 3 de la central nuclear de Tomari.
Reuters informa que Japón suavizará algunas restricciones sobre la comida procedente de Fukushima y Gunma, pero prohibirá cultivar arroz en zonas afectadas.
Sábado, 9 de abril
Unidad 3 de Fukushima I un mes después del inicio de los accidentes nucleares, tomada por un helicóptero sin piloto. Imagen: TEPCO.
Resumen del informe de situación del OIEA: Es preciso retirar 60.000 toneladas de agua contaminada de los edificios de turbinas y galerías de las unidades 1, 2 y 3. Se transferirá a los condensadores y a la instalación de tratamiento de basura radioactiva. Se han pedido depósitos temporales adicionales.
Se sigue inyectando nitrógeno a la vasija de la unidad 1 para evitar una explosión de hidrógeno. Como consecuencia, la presión está aumentando.
Se sigue inyectando agua dulce a las unidades 1, 2 y 3. Disponen de suministro eléctrico externo pero siguen usando bombas provisionales.
Las temperaturas en las unidades están estables pero muy por encima de las temperaturas típicas de parada en frío (menos de 95 ºC). Estas temperaturas son: unidad 1, 246 ºC en la toma de alimentación de agua, 119 ºC en la base de la vasija; unidad 2, 141 ºC en la toma de alimentación de agua, no informada en la base de la vasija; unidad 3, 89 ºC en la toma de alimentación de agua, 110 ºC en la base de la vasija.
Sin cambios en las unidades 4, 5 y 6 ni en la instalación común de combustible gastado.
Mediciones de radiación significativas: Las principales densidades de contaminación β-γ se encuentran dentro del radio de 30 km, principalmente al noroeste de la central. En el agua de mar, se detecta un descenso en las proximidades de la central y un ascenso en los puntos de medición a 30 km.
Domingo, 10 de abril
Reuters informa que TEPCO tiene dificultades para detener el vertido de agua radioactiva al Océano Pacífico.
Kyodo informa que se produjeron pequeños derrames de agua radioactiva en las piscinas de combustible usado de la central nuclear de Onagawa durante el terremoto del 7 de abril.
RIA Novosti informa que todas las mediciones de radioactividad en el extremo oriente de Rusia están dentro de la normalidad.
El Daily Yomiura cita al gobernador de la prefectura de Fukushima, Yuhei Sato, declarando que tanto TEPCO como el gobierno japonés cometieron “traición” contra el pueblo de Fukushima por sus garantías y propaganda sobre seguridad nuclear.
RIA Novosti informa que unas 15.000 personas se manifiestan en Tokio contra la industria nuclear.
Lunes, 11 de abril
Un grupo de sintoístas, budistas y cristianos oran en una ceremonia conjunta "para apaciguar al mar" en la playa de Yuigahama (Kamakura, prefectura de Kanagawa) el día 11 de abril. Foto: Agencia Kyodo.
El OIEA confirma que durante la madrugada se ha producido una réplica de magnitud 6.6 en el área. El estado de las centrales nucleares próximas a consecuencia del mismo es el siguiente:
Fukushima I: Sin cambios significativos en las mediciones de radiación. Se perdió el suministro eléctrico exterior y con ello la inyección de agua a los reactores durante 50 minutos.
Fukushima II: Todos los reactores están en parada en frío desde el 15 de marzo. Sin cambios significativos.
Onagawa: Todos los reactores están en parada en frío desde el 12 de marzo. Sin cambios significativos.
Tokai II: En parada en frío desde el 15 de marzo, no se observaron anomalías.
Reuters informa que Japón ha detenido el vertido de agua radioactiva al Océano Pacífico en medio de fuertes presiones internacionales de los países de su entorno. Se han vertido 10.400 toneladas de agua con un nivel bajo de radiación, de las 11.500 previstas.
Reuters informa que Singapur “seguirá estudiando” la posibilidad de implantar la energía nuclear en su territorio.
Kyodo informa que TEPCO ha recibido dos billones de yenes (16.400 millones de euros) en créditos para gestionar los daños causados por el terremoto y tsunami del día 11.
Kyodo cita al primer ministro Naoto Kan informando que se ampliará el área de evacuación alrededor de Fukushima I. Visto también en el Washington Post, RIA Novosti y otros.
Kyodo cita al jefe del gabinete Yukio Edano declarando que el riesgo de que se produzcan nuevas emisiones masivas de radiación es ahora “considerablemente más pequeño” que al inicio de los accidentes.
Resumen del informe de situación del OIEA: Confirma que se han vertido al mar 10.413 toneladas de agua contaminada. Se han transportado escombros contaminados de la unidad 1 a 4 hasta una zona de almacenamiento utilizando maquinaria a control remoto. Se ha dispersado un agente para evitar la diseminación del polvo en un lado de la piscina común de combustible gastado.
Se sigue inyectando agua dulce a todas las unidades afectadas, a través de los conductos de extinción de incendios, y nitrógeno a la 1. La temperatura y presión en todas permanece estable pero muy por encima de las condiciones de parada en frío.
Mediciones de radiación significativas: Sin variaciones notables sobre días anteriores.
Martes, 12 de abril
El OIEA confirma que las autoridades japonesas han incrementado la calificación de los accidentes en las unidades 1, 2 y 3 de Fukushima I al nivel máximo INES 7desde el nivel 5 anterior.Comunicado oficial de la NISA, donde se reseña también que las emisiones registradas hasta el momento ascienden aproximadamente a 6,3 · 1017 Bq según la NSC, algo más del 10% de las producidas por la unidad 4 de Chernóbyl.
Incendio del día 12/04 en el edificio de evacuación de agua próximo a la unidad 4 de Fukushima I.
Kyodo cita a un alto representante de TEPCO, Junichiro Matsumoto, declarando que “la radiación total procedente de [Fukushima I] podría finalmente ser mayor que la de Chernóbyl si las fugas persisten.”
Kyodo cita al primer ministro japonés, Naoto Kan, declarando sobre el incremento de la calificación a INES 7. Asegura que la situación está mejorando “paso a paso”.
Kyodo cita a un asesor del gabinete japonés, Kenkichi Hirose, negando que se vaya a aumentar el área de evacuación como consecuencia del incremento de la calificación a INES 7.
Kyodo informa que se están evacuando varios municipios más allá del límite de 20 km y que se ha detectado estroncio-90 fuera del área de seguridad de 30 km. Confirmado por el OIEA.
Kyodo informa que se ha producido un incendio, extinguido con prontitud, en un edificio de muestreo próximo a la salida de aguas de la unidad 4 de Fukushima I. Confirmado por el OIEA.
Reuters informa citando a la agencia Jiji que la central nuclear de Fukushima podría pasar a titularidad estatal para hacerse cargo del desastre con dinero público.
RIA Novosti cita a expertos nucleares rusos y de otros países sugiriendo que podría ser necesario construir sobre Fukushima un sarcófago similar al de Chernóbyl.
Kyodo informa que los alcaldes de las localidades próximas a Fukushima están “desilusionados con el mito de la seguridad nuclear”.
RIA Novosti informa que el número de víctimas del terremoto y tsunami que provocaron también los accidentes nucleares de Fukushima asciende ya a 27.000 personas muertas y desaparecidas.
Reuters informa que los trabajadores en Fukushima I y II han tenido que evacuar temporalmente las centrales debido a una fuerte réplica.
Scientific American / Nature cita a varios expertos reclamando un estudio inmediato del impacto sobre la vida marina de la “emisión artificial de radioactividad al mar más grande de todos los tiempos”.
Kyodo reafirma, citando fuentes de TEPCO, que la radiación emitida por Fukushima podría llegar a ser superior a la de Chernóbyl. Al parecer, la mayor fuente de contaminación es el reactor de la unidad 2 dañado en la explosión de las 06:10 AM del 15 de marzo. Visto también en Reuters.
El OIEA informa que se está preparando la evacuación de distintas localidades fuera del radio previo de 20 km, porque podrían quedar expuestas a “más de 20 milisieverts” durante los próximos once meses. La zona entre 20 y 30 km antes denominada de “evacuación a interiores” se llama a partir de ahora de “preparación para la evacuación”. Con esta nueva calificación, se sugiere a las personas que vivan en ese territorio la evacuación voluntaria y en todo caso estar preparadas para la evacuación forzosa en caso de emergencia.
Miércoles, 13 de abril
Trabajadores monitorizando maquinaria a control remoto en Fukushima I. Foto: TEPCO.
Bloomberg informa que Taiwán cancela su programa de expansión nuclear.
Kyodo informa que se han capturado peces con 12.500 Bq/kg de cesio-137 (25 veces el límite legal, establecido en 500 Bq/kg) en el mar frente a Iwaki, a unos 35 km de Fukushima I.
Kyodo informa que el presidente de Kanshai Electric reemplazará al de TEPCO como dirigente de la patronal eléctrica japonesa.
El Japan Times informa que se prohíbe la venta de setas shiitake cultivadas en exteriores en Fukushima oriental.
Bloomberg informa que Hitachi Chemical y Boehringer Ingelheim podrían verse obligadas a abandonar definitivamente sus fábricas situadas dentro del área de exclusión, actualmente ya inoperativas. La industria japonesa del automóvil está viéndose severamente afectada por el cierre de otras factorías próximas a Fukushima I. Según la patronal del sector, “los empleados no pueden acceder a las fábricas y no hay perspectivas de recuperación.”
Se va informando en distintos medios sobre el rechazo y la discriminación que sufren las personas evacuadas del área de Fukushima por el miedo a la radioactividad: ver aquí, aquí, aquí.
Resumen del informe del OIEA: No hay cambios en la calificación INES 7 y las nuevas medidas de protección. Se ha informado de nuevas réplicas el 11 y 12 de abril, sin efectos sobre las instalaciones nucleares.
El OIEA confirma el incendio del día 12 en el edificio de evacuación de agua de refrigeración para las unidades 1 a 4. Se apagó manualmente y no hubo consecuencias radiológicas o para la seguridad general de la instalación.
Se sigue inyectando agua dulce a las unidades afectadas, y nitrógeno a la 1 para evitar una nueva explosión de hidrógeno. Esto ha provocado un incremento de la presión en la unidad 1. Las 2 y 3 se mantienen a presión ambiente.
Las temperaturas en las unidades 1, 2 y 3, aunque estables, se mantienen muy por encima de las requeridas para considerarlas en parada en frío.
No hay cambios en las unidades 4, 5 y 6 ni en la instalación de almacenamiento común de combustible gastado.
Mediciones de radiación: Las mediciones de radiación gamma tienden a reducirse en las 47 prefecturas. En Fukushima es de 2,1 μSv/h. Se detecta deposición de I-131 y Cs-137 en varias prefecturas, así como presencia de estos isótopos en el agua potable, en niveles muy bajos.
El MEXT confirma que se ha detectado estroncio-89 (13-260 Bq/kg) y estroncio-90 (3,3-32 Bq/kg) en el suelo de una localidad de la prefectura de Fukushima. También se ha medido en plantas de otras cuatro localidades.
Según la NISA, los tres trabajadores que fueron expuestos a altas dosis de radiación en el edificio de la unidad 3 se han sometido a más pruebas médicas, sin resultados negativos. Los dos trabajadores que recibieron dosis de varios sieverts en sus piernas hace unos días no presentan quemaduras cutáneas o eritema.
Se han realizado más pruebas a los alimentos. Sólo se han detectado niveles superiores al límite en dos muestras, una de pescado y otra de espinacas.
Se confirma la prohibición de distribuir hongos shiitake cultivados al aire libre en determinadas localidades.
Monitorización del agua marina: Hasta 7.000 Bq/l de I-131 y Cs-137 en las proximidades de la central siniestrada. Hasta 1.000 Bq/l a 15 km de distancia.
Evolución de los parámetros registrados en los reactores 1, 2 y 3 de Fukushima I. (Clic para ampliar)
Jueves, 14 de abril (hora local japonesa)
Bloomberg cita a un miembro de TEPCO declarando que se prevé seguir enfriando las unidades afectadas “hasta junio”, mediante la inyección de agua y la evacuación de vapor al medio ambiente (“feed and bleed”). Los ingenieros de la compañía habrían rechazado una propuesta para inundar los reactores por completo y forzar así el descenso de la temperatura.
Kyodo informa que la mayor federación agrícola del Japon exige a TEPCO indemnizaciones por los perjuicios ocasionados a los campesinos del área de Fukushima.
CNN informa que grupos de defensa de los animales se adentran en el área de exclusión para rescatar mascotas abandonadas.
Kyodo cita a TEPCO confirmando que hay daños en el combustible situado en la piscina de la unidad 4.
Bloomberg informa que TEPCO adquirió una cantidad récord de gas natural licuado (LNG) durante el mes de marzo para sus centrales térmicas, debido a la imposibilidad de operar varias de sus nucleares.
Kyodo informa que el gobierno japonés levanta la prohibición de vender hortalizas kakina de Tochigi, pero mantiene la de las espinacas.
Kyodo cita al vicepresidente de la Comisión de Energía Atómica del Japón declarando que los hechos de Fukushima deberían ser investigados por una comisión internacional para “volver a ganarse el crédito de otros países”.
Física nuclear básica: sobre los elementos con numerito, las unidades de medida peculiares y la naturaleza de la radioactividad.
Radioaktivität, de Kraftwerk, 1975
Con los accidentes nucleares de Fukushima, que siguen sucediendo, hemos visto surgir de nuevo el temor arcano a la radioactividad y hemos oído hablar de un montón de cosas extrañas. Muy notablemente, de esas unidades de medida raras como los sieverts o los grays y sobre todo de esos elementos aún más raros, aquellos que olvidábamos enseguida en el instituto, seguidos por un numerito para acabar de empeorarlo: yodo-131, cesio-137 y otras cosas que ya sólo sonaban de aquello otro que pasó en Chernóbyl. ¿De qué va todo esto? ¿Por qué y cuándo es peligroso? ¿Qué es, exactamente, la radioactividad?
De la naturaleza de las cosas.
Lámina de oro-100, donde se han resuelto los átomos individuales organizados en su estructura metálica. Imagen obtenida con un microscopio de barrido por efecto túnel cuántico modelo Omicron Low Temperature STM, de RHK Technology electronics. Universidad Tecnológica de Eindhoven (Holanda), 2006.
Tú, yo y todo lo que tocan nuestras manos y ven nuestros ojos está compuesto fundamentalmente de materia y energía, que vienen a ser dos caras de la misma moneda. Ninguna de ellas es superior o inferior a la otra, como creen algunos; y, por mucho, la más compleja y estructurada es la materia.
Recordarás, seguro, que la materia que conocemos normalmente está organizada en forma de átomos, a menudo combinados en forma de moléculas. La rama de la ciencia que los estudia es la física atómica. Te acordarás también de que un átomo está compuesto por un núcleo de protones y neutrones más un cierto número de electrones en orbitales situados alrededor. Se suele decir que los electrones definen las propiedades químicas de la materia mientras que el núcleo define las propiedades físicas; esto no es exactamente riguroso y habría que hacer unos cuantos matices importantes, pero para hacernos una idea sencilla de lo que estamos hablando ya va bien.
El núcleo atómico es un lugar muy interesante; lo estudia la física nuclear. Entre otras cosas importantes, la composición del núcleo atómico define qué son las cosas. Así, como suena. El factor clave es el número de protones, llamado número atómico. Por ejemplo, cuando un átomo tiene seis protones en su núcleo, es carbono y no puede ser ninguna otra cosa. Si gana otro protón, y el número sube a siete, entonces deja de ser carbono por completo y se convierte en nitrógeno, un gas a temperatura ambiente. Si aún consigue otro más, o sea ocho, es oxígeno. Y así sucesivamente. Los átomos de oro, pongamos por caso, presentan 79 protones en su núcleo. Pero si algo tiene 80, entonces es mercurio. Y si fueran 78, sería platino.
Se deduce fácilmente que el elemento más básico de todos los posibles es el hidrógeno, cuyo núcleo sólo tiene un protón (si tuviera cero, no habría núcleo y por tanto no habría átomo; algunas veces, a los neutrones libres se les ha llamado el “elemento cero” bajo el nombre neutronio). Por ser el más básico de todos, el núcleo de hidrógeno es el que “más fácilmente aparece”; y debido a esta razón el hidrógeno es también el elemento más abundante del universo. De hecho, fue casi el único que generó el Big Bang –demasiado primario para producir cosas mucho más complejas– antes de que los procesos de nucleosíntesis dieran lugar a todos los demás. Estos procesos de nucleosíntesis que crearon el resto de átomos complejos se dieron –y se siguen dando–, sobre todo, en el corazón de las estrellas. Es, por tanto, rigurosamente cierto aquello tan bonito de que somos polvo de estrellas. Los átomos que nos componen y que definen lo que somos se forjaron en sus hornos termonucleares a partir del hidrógeno primordial, a lo largo de millones de años, mucho antes de que llegaran hasta aquí para formar planetas y se sumaran a nuestros cuerpos y nuestra realidad.
Representación simbólica de un átomo de helio, con escala y detalle de su núcleo compuesto por dos protones y dos neutrones. (Clic para ampliar)
¿Y los neutrones? Los neutrones son, entre otras cosas, los estabilizadores de los núcleos atómicos. Se da la circunstancia de que los protones –todos los protones, por el hecho de serlo– tienen carga eléctrica positiva (+1). Como cargas iguales se repelen, los protones tienden a repelerse fuertemente entre sí y por sí solos son incapaces de constituir núcleos atómicos. Los neutrones, con su carga eléctrica neutra (cero), estabilizan el núcleo atómico y éste permanece unido mediante la interacción fuerte o cromática, una de las cuatro fuerzas fundamentales en este universo.
A la suma de protones y neutrones en un núcleo se le llama número másico. Este número másico es la cifra que estamos viendo estos días detrás del nombre del elemento, como yodo-131 o cesio-137 (también expresado 131I o 137Cs). Resulta que, como te he contado, un elemento tiene que mantener siempre el mismo número de protones para seguir siendo ese elemento; pero el número de neutrones puede variar, dando lugar a números másicos distintos. Estas variaciones en el número de neutrones de un mismo elemento (o sea, de un mismo número de protones) se llaman isótopos.
Es decir: para un mismo elemento (mismo número de protones) pueden existir varios de estos isótopos (distinto número de neutrones). ¿Y qué pasa cuando modificamos el número de neutrones? Pues que, como hemos dicho antes, sus propiedades químicas se mantienen porque éstas dependen fundamentalmente de los orbitales electrónicos, que no varían. Es decir, a nivel químico, sigue siendo la misma cosa: carbono, nitrógeno, yodo, cesio, oro, uranio, lo que sea. Pero sus propiedades físicas pueden alterarse radicalmente. Un núcleo atómico estable, tranquilo y buen chico puede transformarse en un monstruo radiológico al cambiar su composición isotópica, o sea su número de neutrones. Por fuera sigue pareciendo lo mismo, pero por dentro ha alterado completamente su manera de interactuar con la realidad. Como en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
Los tres isótopos naturales del carbono: carbono-12 (6 protones y 6 neutrones), carbono-13 (6 protones y 7 neutrones) y carbono-14 (6 protones y 8 neutrones). En los tres casos es carbono, tiene el aspecto de carbono y se comporta químicamente como carbono, por tener seis protones (y forma parte de nuestro organismo, por ejemplo). Sin embargo, sus propiedades físicas varían. Por ejemplo, mientras que el carbono-12 y el carbono-13 son estables, el carbono-14 es inestable y radioactivo: emite radiación beta, uno de sus neutrones "extras" se transforma así en un protón y el núcleo se convierte en nitrógeno-14 (que tiene 7 protones y 7 neutrones), con el aspecto y las propiedades del nitrógeno (por tener 7 protones). Dado que la mitad de la masa del carbono-14 pasa a ser nitrógeno-14 cada 5.730 años aproximadamente (más o menos lo que llevamos de civilización humana), la presencia de este isótopo natural resulta especialmente útil para la datación precisa de objetos históricos.
Radioisótopos en las playas del Archipiélago de la Realidad.
El "Archipiélago de la Realidad". En este universo, sólo son posibles determinadas combinaciones de protones y neutrones para formar núcleos estables (el "Continente de la Estabilidad" e, hipotéticamente, la "Isla de la Estabilidad"). Alrededor, un infinito "Mar de la Inestabilidad" donde los núcleos atómicos no pueden existir. Entre unos y otros, las "Playas de la Inestabilidad", donde sólo pueden existir durante un tiempo determinado. Estos últimos son los isótopos radioactivos. (Clic para ampliar)
No todas las combinaciones de protones y neutrones resultan estables. Por ejemplo, un núcleo atómico con diez protones y cien neutrones, o viceversa, no puede llegar a existir. De hecho, sólo unas pocas llegan a constituir núcleos estables por completo, capaces de perdurar indefinidamente: la materia común que conocemos. Los núcleos atómicos muy grandes, con muchos protones y neutrones, nunca llegan a ser verdaderamente estables (aunque algunos pueden llegar a durar mucho tiempo, tanto como muchas veces la edad del universo).
Si el núcleo de hidrógeno es el más basico de todos, con su único protón, el último isótopo de este cosmos auténticamente estable es el plomo-208: presenta 82 protones (por eso es plomo) más 126 neutrones. Por encima de él, todos son inestables en mayor o menor medida. (Para más información sobre los elementos extremos, echa un vistazo al post Aquí creamos elementos nuevos)
Se dice que todas las infinitas combinaciones de protones y neutrones que no pueden constituir núcleos atómicos de ninguna manera constituyen el Mar de la Inestabilidad. Por el contrario, las combinaciones que dan lugar a núcleos estables o bastante estables conformarían el Continente de la Estabilidad y puede que la Isla de la Estabilidad. O, al menos, así llamó a todo esto Glenn Seaborg. En el límite entre estabilidad total e inestabilidad total se encontrarían las combinaciones inestables. Como si dijéramos, en las playas de este Archipiélago de la Realidad.
Estas combinaciones inestables, los isótopos inestables, tienden a liberar materia o energía por varias vías distintas para transformarse en otros que sean más estables o estables por completo. Esto es la radioactividad. Por eso, los núcleos de los isótopos inestables se llaman también radionúclidos. Es decir, núcleos que emiten radiación y así adquieren más estabilidad. Muy a menudo, los isótopos inestables no saltan de golpe a isótopos estables; sino que lo van haciendo en distintos pasos, de isótopo inestable en isótopo inestable hasta que alcanzan la estabilidad. Esto es la cadena de desintegración.
Valores de radiación ambiental en España tomados por la Red de Estaciones Automáticas del Consejo de Seguridad Nuclear el 26/03/2011, expresados en μSv/h. Puede observarse que la "radiación de fondo" en un día típico como este oscila entre los 0,08 μSv/h del País Vasco hasta los 0,19 μSv/h de Pontevedra, debido a su diferente configuración geológica. Datos actualizados en http://www.csn.es/index.php?option=com_maps&view=mappoints&Itemid=32〈=es (Clic para ampliar)
En la naturaleza, en el cosmos, en el planeta Tierra todos los elementos se presentan bajo la forma de distintos isótopos; unos son estables y otros no. Los isótopos inestables que aparecen en la naturaleza emiten radiación, y esta constituye buena parte de la radioactividad natural. El universo entero está lleno de esta radioactividad natural y nuestro planeta no es una excepción. Las estrellas, por ejemplo, son furiosas emisoras radiológicas. Como el Sol.
Los planetas y la vida, en cambio, sólo pueden llegar a formarse cuando el nivel de energía es relativamente bajo (y por eso, para empezar, es tan difícil obtener buenas fuentes de energía abundante en la superficie de un planeta como el nuestro). Si el nivel de energía fuera muy alto, el planeta pasaría a estado plasmático y desaparecería; o, incluso con cifras mucho más bajas, toda vida resultaría esterilizada para siempre. En la práctica, los planetas están compuestos muy mayoritariamente por isótopos estables; es decir, no radioactivos. Además, como con el paso del tiempo los isótopos inestables van transformándose en estables, en un planeta determinado cada vez van quedando menos radioisótopos naturales y por tanto se va generando menos radioactividad natural. Entonces viene cuando surge una especie inteligente –más o menos–, descubre todo esto y se le empiezan a ocurrir cosas que hacer.
El alquimista atómico.
Cuentan que el alquimista buscaba la piedra filosofal para, entre otras cosas, transmutar el plomo en oro. Y al final lo consiguió, cuando aprendió física atómica y se hizo ingeniero nuclear.
Hoy en día, los alquimistas modernos –físicos, químicos e ingenieros nucleares– transmutan habitualmente unos elementos en otros, unos isótopos en otros y hasta crean elementos nuevos. Lo que pasa es que, por ejemplo, convertir plomo en oro cuesta un pastón en forma de energía y al final resultó que no salía a cuenta. El oro nuclear no se diferencia en nada del oro vulgar –si no, no sería oro sino otra cosa distinta– y sale muchísimo más caro. Sin embargo, en el proceso descubrió algunas posibilidades enormemente más preciadas que el oro, desde la medicina nuclear hasta las armas nucleares. Los humanos, que somos así.
Y otra cosa más, de un valor inmenso, tanto que resulta difícil de describir. En la superficie de un planeta donde la cantidad de energía fácilmente disponible es ya muy baja, por los motivos que comenté más arriba, las ciencias y tecnologías del átomo le permitieron concebir una fuente de energía monumental: la energía nuclear. En la actualidad, producimos grandes cantidades de energía mediante la fisión del núcleo atómico, en las centrales nucleares. Y para el futuro, planeamos utilizar el mismo método que usa el Sol y las demás estrellas: la fusión del núcleo atómico en centrales termonucleares.
La central nuclear de Cofrentes, vista desde la lejanía (Clic para ampliar)
Tan bueno salió el queso que sus riesgos nos incomodaron. Venga, en serio, resulta difícil discutir las ventajas de la energía nuclear, incluso la más atrasada de fisión. Para empezar es increíblemente potente, capaz de echar gigavatio tras gigavatio sin conocimiento, llueva, truene o haga calor. El combustible es hasta cierto punto difícil de obtener, y caro, pero una vez conseguido se puede regenerar una y otra vez durante miles de años. Proporciona potencia base en estado puro. En condiciones normales no contamina casi nada y sus residuos se pueden manipular en forma sólida, a diferencia del gigantesco desastre ambiental y climático ocasionado cada día más por los combustibles fósiles como el carbón y el petróleo. Se puede instalar sin destrozar por completo grandes parajes naturales. Sus posibilidades de futuro son enormes, por la vía de la fisión y sobre todo por la de la fusión. Y hasta genera un montón de riqueza local y puestos de trabajo cualificados incluso en lugares donde no abundan mucho.
Dicen también que sale muy barata, pero yo eso no lo tengo tan claro y las últimas noticias que van llegando de lugares como Olkiluoto o Flamanville (y aquí) no me ayudan a cambiar de opinión. Los posibles costes ocultos, que al final siempre pagamos entre todos, tampoco están claros: hasta el día de hoy, aún estoy por ver un informe público donde se totalicen los costes de una central nuclear desde el día en que a alguien se le ocurre la idea hasta la noche en que ya no queda nada para ver ni allí ni en ningún otro sitio. Para la mayoría de países no proporciona la tan cacareada independencia energética; simplemente, cambia los proveedores tanto de tecnología como de materiales. Su excelente respeto al medio ambiente durante la producción normal queda oscurecido por el problema de los residuos radioactivos. Y luego, claro, está el eterno asunto de la seguridad, ahora mismo en pleno ojo del huracán con lo sucedido en Fukushima.
Peligro nuclear.
No es mentira decir que las centrales nucleares son muy seguras, incluso extremadamente seguras. Pero tampoco lo es afirmar que, cuando sucede lo impensable, los efectos de un accidente nuclear se extienden mucho más en el tiempo y en el espacio que los de la mayoría de siniestros. En estos días, he visto a gente incluso tratando de compararlos con accidentes de tráfico, que sin duda causan muchos más muertos al año. Eso es una falacia: los efectos de un accidente de tráfico no se extienden a lo largo de miles de kilómetros cuadrados y, treinta años después, no quedan contaminantes peligrosos en las tierras agrícolas de los alrededores.
Sin embargo, no es falaz comparar los accidentes nucleares con algunos accidentes industriales a gran escala, y notablemente con los que esparcen gran cantidad de contaminantes químicos. Que, por cierto, están compuestos por isótopos estables e intrínsecamente no desaparecen nunca (aunque, si se trata de moléculas compuestas, se pueden degradar con el tiempo). Como lo de Bhopal, que sigue contaminando. También quisiera recordar en este punto a las incontables víctimas de envenenamiento por arsénico en Bangladesh y otros lugares, ocasionadas cuando la población local se vio obligada a cavar miles de pozos más profundos porque el agua potable es cada vez más escasa. Y otros muchos más.
No obstante, cuando una central nuclear casca… bien, pues existe un riesgo cierto de que escape al medio ambiente una gran cantidad de contaminantes muy extraños, algunos de los cuales son radioactivos y unos pocos furiosamente radioactivos. Resulta que, en los procesos nucleares mencionados más arriba, se producen gran cantidad de esas transmutaciones del alquimista que dan lugar a toda clase de isótopos raros e inestables. De hecho, toda la energía nuclear es una de estas transmutaciones del alquimista: convertir uranio o plutonio (o deuterio y tritio, cuando se alcance la fusión) en otras cosas, aprovechando la energía liberada en el proceso para producir calor, calentar agua y con ella mover turbinas eléctricas. (De lo del torio ya hablaremos en otra ocasión, que no es ni con mucho como lo pintan algunos.)
Yodo común (mayoritariamente yodo-127 estable) en estado sólido. El yodo-131 es inestable, radioactivo y se considera cancerígeno. Durante un accidente nuclear, suele escapar del reactor en forma gaseosa.
Los isótopos más comunes que se generan como consecuencia de estas reacciones nucleares en un reactor típico de uranio (térmico), son los siguientes por orden de abundancia: cesio-134/135 (6,8%), yodo-135/xenón-135 (6,3%), circonio-93 (6,3%), cesio-137 (6,1%), tecnecio-99 (6,1%), estroncio-90 (5,8%), yodo-131 (2,8%), prometio-147 (2,3%) y samario-149 (1,1%); más una retahíla de otras sustancias, ninguna de las cuales alcanza el 1%.
La mayor parte de estos productos son venenosos, pero se dispersan demasiado para que su toxicidad química sea muy relevante fuera de la instalación. El principal problema, claro, es que la mayoría son radioactivos. Es decir, radioisótopos inestables que liberan energía potencialmente peligrosa y en caso de accidente nuclear se esparcen por el medio ambiente. De todos ellos, los que más miedo dan son los que son o pueden convertirse en potentes emisores de radiación gamma. ¿Qué es esto de la radiación gamma?
Tipos de radioactividad.
Te conté más arriba que los núcleos inestables tienden a liberar materia o energía por varias vías distintas para transformarse en otros que sean más estables o estables por completo, que esto es la radioactividad y que por eso se llaman radioisótopos o radionúclidos. Estas vías distintas son esencialmente cuatro, llamadas alfa, beta, gamma y neutrónica.
La radiación alfa (también llamada desintegración alfa o decaimiento alfa) son grupos de dos protones y dos neutrones que escapan típicamente de los átomos grandes e inestables. Así, no se distinguen en nada del núcleo de un átomo de helio corriente, pero están desprovistos de los dos electrones que este elemento presenta normalmente; es decir, se hallan doblemente ionizados. Tienen una energía típica relativamente alta, del orden de cinco megaelectronvoltios, pero se detienen con facilidad. La piel humana los para e incluso una simple hoja de papel; protecciones sencillas como mascarillas de celulosa, monos de material plástico, gafas de seguridad y guantes de goma bastan para defenderse de ellos. Lo que es una suerte, porque cuando entran dentro del organismo resultan extremadamente peligrosos, mucho más que la radiación beta o gamma que vamos a ver a continuación. Ninguno de los productos que hemos mencionado emite radiación de este tipo, así que para el caso no nos preocupa mucho.
Capacidad de penetración en materiales de los distintos tipos de radioactividad. Imagen suministrada por el gobierno japonés a la población durante los accidentes nucleares de Fukushima. (Clic para ampliar)
La radiación beta (decaimiento beta) son electrones o su partícula de antimateria, los positrones. Ya comentamos cuando hablábamos del Mar de Inestabilidad y el Continente de Estabilidad que los núcleos con una diferencia muy grande entre su número de protones y su número de neutrones son imposibles. De hecho, cuando un núcleo atómico tiene demasiados neutrones (carga 0), uno o varios de ellos se quieren convertir en protones (carga +1) y para ello generan y expulsan uno o varios electrones (carga -1). Y al revés: cuando un núcleo atómico tiene demasiados protones (carga +1), uno o varios de ellos se transforman en neutrones (carga 0) y para ello expulsan uno o varios positrones (esa carga +1 que les sobraba). Así, el núcleo se estabiliza expulsando energía en forma de estas partículas beta (β− o β+).
La radiación beta suele ser relativamente menos peligrosa. Es unas cien veces más penetrante que la alfa, pero eso sigue sin ser mucho. Una lámina de papel de aluminio la detiene eficazmente y su capacidad de afectar a la materia viva es entre diez y mil veces menor que la de las partículas alfa, incluso cuando los radioisótopos que la emiten son aspirados o ingeridos. Provoca característicamente quemaduras superficiales e irradiación de la piel u otros tejidos próximos al exterior, dado que sólo puede penetrar unos pocos milímetros en el cuerpo humano. Hace falta una gran cantidad de radiación beta, y muy potente, para causar daños graves a la salud.
La radiación gamma, en cambio, es la peste. No es más que radiación electromagnética, o sea fotones, como la luz visible o los ultravioletas; pero a frecuencias muy altas y con una energía pavorosa. A diferencia de las dos anteriores puede atravesar cantidades significativas de materia y por supuesto un cuerpo humano entero. Dependiendo de su energía, hacen falta varios centímetros de materiales densos como el plomo o el hormigón para detenerla. Interacciona con la materia, incluyendo la materia viva, por tres vías distintas: efecto fotoeléctrico, efecto Compton y creación de pares. Cada una de estas interacciones suele provocar a su vez electrones o positrones secundarios que constituyen una dosis adicional de radiación beta en sí mismos.
Una protección radiológica sencilla: un "castillo de plomo" montado con bloques de este material en torno a una fuente radiológica de un laboratorio.
En las sustancias que nos ocupan, la radiación gamma se origina como efecto secundario de la emisión de radiación beta porque el núcleo resultante suele quedar excitado y necesita aliviarse eyaculando, digo emitiendo radiación gamma hasta alcanzar el estado más estable. Dado que penetra todo el organismo y no está compuesta por partículas con masa, sus efectos son más difusos y hace falta una gran cantidad de radiaciones gamma para provocar quemaduras como las características en el decaimiento alfa o beta. Sin embargo, prácticamente toca todas las células del organismo, acelerando la ruleta del cáncer y otras enfermedades asociadas a la radiación.
Los rayos X son una forma de radiación gamma de baja energía.
La radiación neutrónica está compuesta, como su nombre indica, por neutrones libres que escapan de los procesos de fisión o fusión del átomo. Los neutrones así producidos tienen una energía cinética muy grande y son capaces de atravesar metros de plomo u hormigón. Hace falta una cantidad significativa de estas sustancias o de agua para que se paren. Cuando los neutrones alcanzan otra materia, como la materia viva por ejemplo, chocan con los núcleos de sus átomos y los desplazan y alteran en cascadas de colisiones. También puede deteriorarla directamente por efecto Wigner.
La radiación neutrónica resulta excepcionalmente peligrosa porque tiene la capacidad de convertir otras cosas en radioactivas. Esta especie de contagio se llama activación neutrónica. Vamos, que puede hacer que tus ojos se vuelvan radioactivos, por decir algo, y es francamente malo para la salud ir por la vida con unos ojos radioactivos. Por fortuna, ninguna de las sustancias de las que estamos hablando emiten radiación neutrónica. Para recibirla, tienes que exponerte directamente a un proceso de fisión o fusión nuclear, que es lo que ocurre dentro del reactor (o de una bomba). A menos que el reactor quede abierto al exterior no deberías encontrarte con ella.
La radioactividad no es una energía mágica maligna capaz de hacerlo todo, penetrarlo todo y matarlo todo como parecen creer algunos. Es un fenómeno físico sometido a leyes físicas. Específicamente, no puede producirse en ausencia de los radioisótopos que la generan. Por tanto, cuando hablamos de contaminación radioactiva, hablamos fundamentalmente de contaminación de radioisótopos. Aunque las emisiones de algunas formas de radioactividad extremadamente energéticas pueden llegar muy lejos, como en el caso de los brotes cósmicos de rayos gamma, en el nivel terrícola que nos ocupa se puede decir que si no hay radioisótopo no hay radioactividad.
¿Por qué es peligrosa la radioactividad? Pues porque como toda energía puede desarrollar trabajo, y tú no quieres que nada trabaje incontroladamente los átomos que te constituyen. Y los que forman tu ADN, aún menos. La radioactividad provoca quemaduras, daña severamente algunos órganos importantes como la médula espinal, el sistema gástrico o el sistema nervioso, altera el ADN y el sistema reproductivo y puede ocasionar cáncer y malformaciones hereditarias.
¿Cuánta radioactividad es demasiada radioactividad?
Un contador Geiger sencillo moderno
Los daños ocasionados por la radioactividad al cuerpo humano dependen de varios factores. Por ejemplo, del tipo de radiación –alfa, beta, gamma o neutrónica– y de si se encuentra en el exterior del organismo o ha pasado al interior por ingestión o inhalación. Pero casi siempre decimos que los factores más decisivos (o al menos, los que mejor podemos controlar una vez se ha armado el empastre) son la dosis y el tiempo de exposición. Uno puede recibir grandes cantidades de radioactividad siempre que lo haga durante un periodo de tiempo muy breve, de la misma forma que no te quemas igual si pasas la mano por encima de la llama que si la dejas encima. Por eso, las herramientas más fundamentales del liquidador nuclear son el contador Geiger y el cronómetro. O el dosímetro, que mide cuánta radioactividad vamos absorbiendo.
Esto nos conduce a esas unidades de medida tan raras: sieverts, grays, roentgens, rems, rads, becquerels y demás fauna. Algunos creen que están para marear al público, pero la verdad sencilla es que son unidades científicas que miden cosas diferentes difíciles de comparar entre sí. Otras, simplemente, han quedado obsoletas porque ahora sabemos bastante más de todo este asunto que antes.
La más básica es el becquerel (Bq), nombrada así por el físico francés Henri Becquerel. El número de becquereles nos dice cuántas desintegraciones nucleares se han producido en un material cada segundo. Es decir, cuántos de esos fenómenos emisores de radiación se han dado en un segundo. Cuantos más sean, más calentita está la cosa en términos absolutos. Cada una de las desintegraciones nucleares detectadas se llama una cuenta, y son esos clics que constituyen el sonido característico de un contador Geiger. Esto da lugar a otra unidad que son las cuentas por minuto (cpm), es decir, cuántas de esas desintegraciones hemos detectado en un minuto. Si las estamos detectando todas, evidentemente, un becquerel es igual a 60 cuentas por minuto.
Sin embargo, más que cuánta radioactividad se está emitiendo, nos suele interesar el impacto de esa radioactividad sobre el medio circundante (por ejemplo, nosotros). A efectos prácticos, la exposición. Aquí la cosa se complica un poco más, porque el cálculo ya no es tan directo. La unidad tradicional para medir esto era el roentgen (R). Aunque sólo aplicable en sentido estricto para la radiación gamma / rayos X, su uso se extendió a todos los demás tipos de radioactividad. Un roentgen es la cantidad de radiación necesaria para liberar una unidad electrostática de carga en un centímetro cúbico de aire a temperatura y presión estándar; lo que intuitivamente nos dice bastante poco. En la actualidad el roentgen se considera obsoleto y ha sido sustituido por el culombio/kilo (C/kg).
Aún más nos conviene saber la cantidad de radioactividad que ha sido absorbida por el material circundante, como por ejemplo tu cuerpo o el mío. Para esto surgieron dos unidades: el rad y el rem. El rad se define como la dosis de radiación necesaria para que un kilogramo de materia absorba una centésima de julio de energía. Por su parte, rem significa roentgen-equivalent-man; o, más ampliamente, roentgen equivalente a mamífero (todos los mamíferos, incluso las famosas ratas, reaccionamos a la radioactividad de manera muy parecida). El rem se obtiene multiplicando el número de rads por un factor de equivalencia que representa la efectividad de la radiación para ocasionar daños biológicos.
Ambas unidades están también obsoletas, sustituidas respectivamente por el gray (Gy) y el sievert (Sv). Que son las que más hemos visto con esto de Fukushima. El gray mide la cantidad de radiación absorbida por cualquier material, y se define como la cantidad necesaria para que un kilogramo de materia absorba un julio de energía. Si te fijas en el párrafo anterior, esto son exactamente cien rads. O sea, que un rad se llama ahora centigray y un gray es igual a cien rads. Con algunas limitaciones, también se puede realizar una conversión a roentgens. Se considera, un poco al bulto, que un gray equivale aproximadamente a 115 roentgens.
El mítico contador Geiger soviético DP-5B, el "Kalashnikov de los Geigers". Abajo, iluminado en la oscuridad. Muchos de estos antiguos contadores, protagonistas de "la otra historia nuclear", siguen funcionando perfectamente y lo seguirán haciendo durante muchos años. (Clic para ampliar)
Y finalmente nos encontramos con el sievert (Sv), que mide la cantidad de radiación absorbida por los tejidos de un cuerpo humano o de cualquier otro mamífero. Este es el que nos interesa para saber cuánto nos está afectando la radiación. Es simplemente el resultado de multiplicar el número de grays por dos factores correctores: uno para el tipo de radiación y otro para el tipo de tejido afectado. Por ejemplo: la radiación beta o gamma tiene un factor multiplicador de 1 y los testículos u ovarios tiene otro de 0,20. Es decir, que si estamos recibiendo un gray de radiación gamma donde tú ya sabes, estamos absorbiendo 0,2 sieverts. Otro ejemplo: la radiación alfa tiene un factor de 20 y el estómago de 0,12, o sea que si nos hemos zampado una fuente de radiación alfa equivalente a un gray, nuestro estómago está absorbiendo 1,67 sieverts (1 x 20 x 0,12).
Lógicamente, cuando oímos hablar de sieverts/hora (Sv/h), grays/hora (Gy/h) o roentgens/hora (R/h) se están refiriendo a la cantidad de radiación que se absorbe a cada hora que pasa (y lo mismo para el día, el mes, el año, etcétera). O sea, si nos dicen que en un lugar determinado la dosis es de 200 milisieverts/hora, una persona que permanezca ahí cinco horas habrá absorbido un sievert enterito. Cuando anuncian que el límite de seguridad para los trabajadores de la industria nuclear en la Unión Europea son son 50 mSv/año con un máximo de 100 mSv durante cinco años consecutivos están también hablando de esto. Y cuando el Consejo de Seguridad Nuclear nos cuenta que estamos recibiendo normalmente una media de 0,15 μSv/h (ojo con los milis y los micros…) significa que cada año absorbemos 1,314 mSv por la radiación natural de fondo; es decir, 0,001314 sieverts. En ochenta años de vida, 0,1 sieverts.
No hace mucho publiqué en este blog un estudio sobre los extremos que puede resistir un ser vivo, y especialmente los extremos de radioactividad. Resumámoslo diciendo que un ser humano está listo para el ataúd de plomo si absorbe más de 8 o 10 sieverts, especialmente si se los lleva todos de una sola vez. El síndrome radioactivo agudo puede aparecer por encima de 1 sievert. Y entre 0,5 y 1 se observan síntomas inmediatos, como un descenso en la cuenta de glóbulos rojos de la sangre, pero generalmente no causa la muerte de manera directa.
Existe disputa sobre los efectos de la radiación sobre la salud humana. Esto se debe a que son de dos tipos, llamados estocásticos y no-estocásticos. O sea: dependientes de la suerte y directos. Cuando hablamos de estas cifras tan exactas, de sídrome radioactivo, de evenenamiento radiológico nos referimos siempre a los efectos directos (no-estocásticos). Vamos, que si recibes veinte sieverts del tirón, te vas para el otro barrio sí o sí y la suerte ya no tiene nada que decir ahí. Pero si recibes cinco, por ejemplo, vas a tener una combinación de efectos estocásticos y no-estocásticos. Los no-estocásticos o directos dicen que se te va a caer el cabello, vas a sufrir hemorragias e infecciones y la cuenta de glóbulos blancos se te va a ir al demonio. También se puede decir no-estocásticamente que tienes entre un cinco y un cincuenta por cien de probabilidades de morir pronto, incluso con asistencia médica.
Pero en caso de que sobrevivas, no se puede saber si vas a sufrir un cáncer en el futuro relacionado con esta absorción o no. O si tus hijos van a salir estropeados o no. O cualquier otro de los males comúnmente atribuidos a la radiación. Estos son los efectos estocásticos, o sea azarosos. Y de ellos se sabe bastante menos. Si dentro de diez años te sale un cáncer de hígado, ¿será por la radiación, porque le das al vodka cosa mala o simplemente porque te tocaba? Resulta obvio que esto es mucho más difícil de calcular. Un dato generalmente aceptado es el número de cánceres en exceso. Es decir, cuántos cánceres de más se dan en una población expuesta a la radioactividad sobre la cifra que cabría esperar estadísticamente en una población similar que no ha sufrido exposición significativa. Pero incluso esta cifra es un tanto especulativa, porque puede deberse a este motivo o a cualquier otro.
Por ello, existe debate sobre cuáles son los niveles mínimos aceptables de radioactividad. Sabemos que por debajo de 0,5 Sv no suelen manifestarse efectos directos (no-estocásticos), pero muchos disputan que todo incremento de radiación ambiental tenderá a elevar el número de efectos estocásticos, como esos condenados cánceres. Y que, en una población numerosa, por ley de los grandes números, habrá inevitablemente víctimas de la radioactividad incluso a dosis bajas, que no llamarán mucho la atención y se achacarán a otras causas.
El símbolo internacional de peligro radiológico (arriba) y el nuevo específico para las radiaciones ionizantes (abajo).
Hace muchos años, se hizo un estudio sobre la incidencia del cáncer entre los trabajadores de la antigua Junta de Energía Nuclear. Resultó que era un 29% superior a la media de la población. Estudios más recientes, relativos a instalaciones más modernas, hablan de un escaso 2% de diferencia entre los trabajadores y cero entre la gente que vive cerca de las centrales atómicas. Aparentemente, en algún punto por debajo de los 50 milisieverts al año que estos trabajadores tienen como límite estaría la línea de seguridad total. Es decir, menos de 5,7 μSv/h sostenidos en el tiempo. En algún lugar entre los 0,15 o 0,20 μSv/h de radiación de fondo y los 5,7 μSv/h que constituyen el primer límite de los trabajadores nucleares está esa línea.
Pero nadie se atreve a trazarla. Ninguna institución internacional ha osado indicar un punto por debajo del cual la exposición a la radiación se considere completamente inocua. Esto representa un problema grave para los evacuados de los accidentes nucleares, porque rara vez un político se anima a decir “esto ya es seguro otra vez, ya pueden volver a casa”.
Eso de la radiación equivalente a un plátano.
En estos últimos días, se ha oído también hablar mucho de la dosis equivalente a un plátano. Resulta que los plátanos presentan de manera natural una pequeña cantidad de un isótopo radioactivo llamado potasio-40. En cantidades suficientes, a veces disparan los detectores radiológicos de las aduanas. Dicen que si uno se come un plátano todos los días durante un año, absorberá 36,5 μSv. Otros apuntan otras cifras, pero van por un estilo. Se pretende decir así que la radioactividad es más segura de lo que parece: comer plátanos resulta bastante saludable.
Como puede suponerse fácilmente esto es una fantochada, por dos razones. La primera es que el potasio-40 emite radiación beta en el 90% de las ocasiones y decae a argón-40 y calcio-40; el primero es estable y el segundo casi estable. O sea que su cadena de desintegración termina ahí, con sólo un 10% de emisión gamma; tal cosa lo hace distinto a los isótopos que nos ocupan y francamente menos peligroso. La segunda razón es que los seres vivos somos extraordinarios gestores del potasio, y la gran mayoría –incluyendo al potasio-40– se elimina rápidamente (la proporción de potasio-40 en el potasio del organismo no varía). En palabras de Geoff Meggitt, médico, antiguo editor del Journal of Radiological Protection y ex miembro de la Autoridad para la Energía Atómica del Reino Unido, la dosis neta de un plátano es cero. Algún otro estudio sugiere una absorción máxima de 0,37 μSv tras un año de consumirlos diariamente.
En la práctica, todas las fuentes alimentarias combinadas suman una radioactividad total aproximada de 400 μSv al año, o sea 0,4 mSv. Esto es, menos de la tercera parte que la radiación de fondo, y casi toda ella beta.
De la peligrosidad de los isótopos que están sonando.
Entonces, ¿cómo son de peligrosas esas sustancias de las que hemos oído hablar recientemente? Bueno, veámoslo. En primer lugar, hay que recordar una cosa: un radioisótopo o es muy radioactivo o es muy duradero en su peligrosidad radiológica, pero ambas cosas no puede ser. La razón es sencilla: si emite mucha energía, también la pierde muy deprisa. Si emite poca, dura mucho pero irradia poco.
Los sospechosos habituales en caso de accidente nuclear son los mencionados más arriba y especialmente el yodo-131, el cesio-137, el estroncio-90 y el tecnecio-99. Los que se escapan más fácilmente son los dos primeros, porque dentro del reactor permanecen en estado gaseoso y salen al exterior con la primera fisura de la vasija. El estroncio y el tecnecio, en cambio, tienen un punto de ebullición mucho más alto y se mantienen en estado sólido, con lo que sólo pueden escapar en cantidades significativas si la vasija ha reventado. Por el momento, en Fukushima no se está detectando estroncio y tecnecio fuera de la instalación, pero sí yodo y cesio. Eso significaría que las vasijas afectadas mantienen su integridad general, aunque con grietas.
El yodo-131 (131I) tiene una semivida cortita, de 8,02 días. Esto de la semivida o periodo de semidesintegración es el tiempo que tarda en decaer la primera mitad de los radionúclidos presentes. Es decir, que a los 8,02 días queda el 50%, a los 16,04 el 25%, a los 24,06 el 12,5% y así sucesivamente. Normalmente se ve expresado como vida media, aunque decirlo así no sea exacto. Al grano. El yodo-131 tiende a acumularse en la glándula tiroides y no se elimina bien biológicamente. Sin embargo, esa semivida tan corta significa que se elimina a sí mismo rápidamente. Si no se producen nuevas emisiones y absorciones, en 80 días quedará menos del uno por mil.
El cesio es un metal dúctil que funde a 28,4 ºC. Su isótopo radioactivo cesio-137 es uno de los subproductos característicos de la fisión y uno de los "sospechosos habituales" en los accidentes o explosiones nucleares. Suele permanecer en estado gaseoso dentro de los reactores, por lo que escapa con las primeras grietas.
El yodo-131 emite radiación beta y gamma para transmutar en xenón-131, que es estable. La emisión primaria son rayos gamma de 364 kiloelectronvoltios y partículas beta de 190, con un máximo de 606. Ha sido vinculado con el cáncer tiroideo, especialmente en la infancia y adolescencia. La vía de entrada al organismo es típicamente mediante la alimentación, sobre todo con el consumo de leche y verduras contaminadas.
El cesio-137 (137Cs) tiene una semivida mucho más larga, de 30,17 años. Es decir, que le cuesta mucho más tiempo desaparecer del medio ambiente. En el 94,6% de las ocasiones, su cadena de desintegración consta de dos pasos. El primero es una partícula beta de 512 kiloelectronvoltios que lo transforma en bario-137m. Esta “m” del final significa que ese bario es un isómerometaestable, o sea que está excitado. Para relajarse, necesita emitir radiación gamma y eso es lo que hace exactamente a continuación: radia un rayo gamma de 662 kiloelectronvoltios y se estabiliza como bario-137 normal.
El cesio-137 no se da en la naturaleza: sólo apareció en la Tierra tras las primeras explosiones nucleares humanas. De hecho, a veces se usa para comprobar si un objeto es anterior a 1945. Se da la circunstancia de que es muy soluble en agua y los seres vivos tenemos mucha agua. A diferencia del yodo-131, no tiende a acumularse en un punto del organismo en particular, sino que se distribuye por todas partes; más en los músculos y menos en los huesos. Fue el agente del accidente de Goiânia en Brasil y el incidente de Acerinox en Cádiz. El cesio-137 entra en el organismo a través del agua, los alimentos y también por inhalación, típicamente al caminar sobre suelo contaminado levantando polvo o manipular objetos contaminados y luego acercarse las manos a la cara. Tiene una semivida biológica de 64 a 110 días; este es el tiempo que el cuerpo necesita para eliminar la mitad por vías naturales. Su comportamiento bioquímico es parecido al del potasio.
Las dosis bajas de cesio-137 no se han vinculado a ninguna patología en particular. De los experimentos realizados con animales en el pasado y tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki se sabe que a dosis superiores incrementa la mortalidad general y tiene efectos teratogénicos sobre la descendencia. Sin embargo, parece que hacen falta dosis ya en el rango de los efectos no-estocásticos para que estos efectos estocásticos se manifiesten también.
El estroncio-90 (90Sr) no ha sido detectado en Fukushima. Es un emisor beta puro y su cadena de desintegración tiene dos pasos: el primero lo convierte en itrio-90 inestable y el segundo en zirconio-90, ya estable. Su semivida asciende a 28,8 años. El estroncio-90 es un “buscahuesos” que se comporta bioquímicamente de manera muy parecida al calcio y por tanto se acumula en los huesos y la médula ósea. Ha sido vinculado con el cáncer óseo, el cáncer de médula ósea, la leucemia y tumores en órganos próximos, pero sólo hay pruebas suficientes de su capacidad para causar estas enfermedades en animales.
El estroncio es un metal alcalino con puntos de fusión y ebullición bastante elevados. Por ello, suele permanecer en estado sólido y sólo escapa de modo significativo al medio ambiente cuando la contención radiológica ha resultado severamente comprometida durante un accidente nuclear, en forma de isótopo estroncio-90.
Se han detectado minúsculas cantidades de tecnecio-99m (99mTc) en el agua presente en el interior de la central nuclear de Fukushima I, pero por el momento no en el exterior de la instalación. El tecnecio-99m es otro de estos isótopos metaestables excitados que emiten radiación gamma para tranquilizarse. Tiene una semivida de seis horas y decae rápidamente a tecnecio-99. Este tecnecio-99 tiene una semivida de 211.000 años y es un emisor beta muy suave y lento que va transmutando en rutenio-99. En el agua del interior de Fukushima se han encontrado también cantidades significativas de cloro-38, un emisor beta con una semivida de 37 minutos que decae en argón-38 estable; y cerio-144, emisor alfa y beta con semivida de 285 días que decae finalmente (vía praseodimio-144 y neodimio-144) en cerio-140 estable.
Naturalmente, si cualquiera de ellos o una combinación de los mismos llega a provocar absorciones superiores al sievert, pues entonces empezamos a freírnos radiológicamente de manera muy no-estocástica. Esto es, que nos vamos a la parte de las quemaduras por radiación, el síndrome radioactivo agudo, el muerto que anda y el ataúd de plomo en cripta de hormigón. Por otra parte, la ley CERCLA de los Estados Unidos considera todos los radionúclidos como inherentemente cancerígenos. Son muy conocidos los problemas de salud provocados por el Thorotrast (dióxido de torio) o el Radithor (radio), los sufridos por las chicas del radio o por supuesto los padecidos por las víctimas de la larga lista de accidentes radiológicos y nucleares que en el mundo han sido. El último ocurrido en España, el de la unidad de radioterapia del Clínico de Zaragoza en 1990, se cargó al menos a once personas. La radioactividad es peligrosa. Pero por debajo del sievert y sobre todo por debajo del medio sievert, los efectos son fundamentalmente estocásticos y nadie sabe cómo son de peligrosos realmente en el medio y largo plazo.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud, incluye numerosas fuentes radiológicas en el grupo 1 de su clasificación (que viene a querer decir “agentes definitivamente carcinógenos para los seres humanos”). Entre estas se encuentran, al mismo nivel que el asbesto, el arsénico, el benceno o fumar tabaco, las siguientes:
La radiación neutrónica en todas sus formas.
La radiación X y gamma en todas sus formas.
Los radionúclidos emisores de radiación alfa y beta depositados en el interior del organismo.
El plutonio.
Los radioyodos, incluyendo el yodo-131.
El radio (-224, -226 y -228) y los productos de su cadena de desintegración.
El radón-222 y los productos de su cadena de desintegración.
El torio-232 y los productos de su cadena de desintegración.
El fósforo-32, como fosfato.
En general, todas las radiaciones ionizantes.
Todos estos productos pueden considerarse, pues, como definitivamente peligrosos para la salud humana. Adicionalmente, los rayos X (radiación gamma de baja energía) fueron el primer mutágeno y genotóxico conocido. En general, se considera a las radiaciones ionizantes teratogénicas en diversos grados.
Pero que sean peligrosos no quiere decir que salten a por tu cuello si pasas al lado, ni que te vayan a matar con toda seguridad a partir del mismo instante en que entras en contacto con alguno. Se parece mucho al riesgo de fumar. Depende de lo que fumes, cuánto fumes y durante cuánto tiempo. No corre el mismo riesgo una persona que aspiró humo de cigarrillos años atrás, cuando salía de fiesta, que quien lleva treinta años atizándose tres paquetes de desemboquillados diarios. Tipo de exposición, dosis, tiempo de exposición: esas son las claves.
La central nuclear de Cofrentes vista desde el pueblo (clic para ampliar)
La propuesta de la energía nuclear.
Vivir es correr riesgos. Todo lo que hace el ser humano conlleva algunos peligros; sólo los muertos están completamente a salvo, si es que se puede considerar así. La cuestión es cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir razonablemente, de manera individual o colectiva, a cambio de qué. La propuesta de la energía nuclear es clara: grandes cantidades de energía, prácticamente ilimitada si continúa su desarrollo, bastante respetuosa con el medio ambiente y dicen que hasta cierto punto económica, al precio de unos residuos peligrosos pero relativamente fáciles de gestionar y un riesgo mínimo pero real de accidentes cuyas consecuencias para la salud colectiva se extienden en el tiempo y en el espacio. Resumiéndolo mucho, así están las cosas.
A cada sociedad queda decidir si acepta o rechaza esta propuesta. Hay sociedades muy serias que la aceptan y otras al menos igual de serias que la rechazan. Las alternativas realistas en este momento son:
los combustibles fósiles como el petróleo, el carbón o el gas natural, con un coste ambiental y climático extremo (y también para la salud), que más pronto o más tarde se acabarán o resultarán muy costosos de extraer.
la energía hidroeléctrica, sólo aplicable donde hay grandes ríos con desniveles significativos, con un coste ambiental local significativo.
la energía eólica y solar, sometidas a variaciones y límites de disponibilidad (son un recurso intermitente), con un coste paisajístico y ambiental local moderado o más alto cuando se explotan intensivamente.
los biocombustibles, con un coste ambiental y social notable.
la energía geotérmica, sólo disponible en determinados lugares, con un impacto ambiental local moderado.
la energía mareomotriz y undimotriz, con algunas limitaciones de disponibilidad y un impacto ambiental local moderado.
Por mucho que reduzcamos el consumo –lo que es en extremo deseable–, si Nikolai Kardashov tenía algo de razón en sus planteamientos, toda civilización tenderá a ir consumiendo cantidades mayores de energía para seguir evolucionando. Aún sin plantearnos el futuro de la humanidad, en estos mismos momentos a miles de millones de personas en el Tercer Mundo les vendría de lo más bien una fuente de energía económica, fácilmente disponible y razonablemente respetuosa con el medio, con la sociedad y con el clima, pues el desarrollo es inseparable del suministro energético. Y a todos nosotros, en todos los países, una factura de la luz más barata y ecológica. La energía nuclear de fisión y sobre todo la de fusión contienen importantes promesas en este sentido, que cada sociedad debe evaluar sin histerias ni forofismos. Recordando siempre que el progreso no está garantizado, que una civilización que no evoluciona y avanza no sólo se estanca, sino que de inmediato comienza a retroceder.
La humanidad futura necesitará inmensas cantidades de energía para dejar de ser un simio de aldehuela planetaria, y la humanidad del presente necesita grandes cantidades ya para contribuir a la superación de incontables miserias e injusticias. Pero no al precio de dejar una herencia envenenada a las generaciones futuras. Eso es lo que está en juego ahora mismo: qué herencia queremos dejar a quienes vendrán detrás.