Brotes de rayos gamma

Las explosiones más energéticas del universo conocido ocurren a diario pero siguen siendo, en gran medida, un misterio.

Brote de rayos gamma GRB 080319B

El brote de rayos gamma GRB 080319B provocó el suceso más luminoso del universo conocido hasta la actualidad (en el espectro óptico) sobre las 06:12 UTC del 19 de marzo de 2008. Su “afterglow” (ver texto) pudo verse por la Constelación de Boötes con el ojo desnudo durante unos 30 segundos (magnitud aparente: 5,8) desde… 7.500 millones de años luz (z = 0,937). Con toda seguridad habrá habido otros muchos antes, pero fue la primera vez que supimos lo que estábamos viendo. Así, es también el suceso más remoto observado jamás por un ojo humano sin ayuda alguna, siendo consciente de tal hecho. Normalmente, el objeto más lejano que puede verse sin instrumentos es la Galaxia del Triángulo, a 2.900 millones de años-luz. Imágenes captadas por el Telescopio de Rayos X (izda.) y el Telescopio Óptico-Ultravioleta (dcha.) del Observatorio Espacial Swift (NASA/GSFC). (Clic para ampliar)

Imagínate una explosión. Una gorda. Gordísima. ¿Como la bomba Zar (~2,1 x 1017 J) o la erupción del Krakatoa (~8 x 1017 J)? No, no, qué va. Eso son petardillos. ¿Quizá como el impacto que se cargó a los dinosaurios (~5 x 1023 J)? Ni de lejos. Mucho más. Bueno, pues… ¿qué tal una supernova (~1 foe, o 1044 J)? ¡Ahora empezamos a entendernos! Por ahí empiezan a andar los brotes de rayos gamma (GRB), que vienen a ser como esto de los brotes verdes, pero aún más a lo bestia. Algunos, como GRB 080916C, detectado en la constelación de Carina el 16 de septiembre de 2008, llegan a los 8,8 x 1047 J; lo que los convierte en los fenómenos más energéticos del universo presente, en competencia directa (y seguramente vinculados con) algunas hipernovas.

El descubrimiento de los brotes de rayos gamma fue casual, derivado de los miedos de la Guerra Fría. Los Estados Unidos temieron que la Unión Soviética pudiera realizar pruebas atómicas en el espacio tras la firma del Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares de 1963, así que lanzaron unos satélites para saber si tal cosa sucedía. Estos fueron los satélites Vela (del español velador, término con el que se conoce popularmente en Nuevo México a los vigilantes nocturnos), con detectores para captar las potentes emisiones de rayos X, gamma y neutrones que caracterizan a las explosiones atómicas. Pero, un momento: ¿qué es esto de los rayos gamma?

De los espectros de la luz y sus colores.

Ya te conté en este blog lo que es la radiactividad. También hemos tocado alguna vez, aunque más por encima, lo del espectro electromagnético. Verás: hay un montón de fenómenos en este universo que son capaces de emitir fotones, en forma de ondas electromagnéticas, a frecuencias muy distintas. La forma más conocida de radiación electromagnética es la que pueden ver nuestros ojos: la luz. Otra que también conocemos todos es la radio. Y seguro que también te suenan los rayos X, que se usan para hacer radiografías.

El espectro electromagnético.

El espectro electromagnético.

Todos estos fenómenos son exactamente lo mismo: radiación electromagnética, a distintas frecuencias de onda. Por ejemplo, la radio funciona a frecuencias más bajas que la luz, mientras que los rayos X lo hacen a frecuencias más altas. Nuestros ojos no son más que receptores de esta radiación electromagnética, pero sólo pueden captarla en ese estrecho rango de frecuencias entre (más o menos) 390 y 700 nanómetros (nm) al que llamamos “luz.” Y los colores son las distintas frecuencias de este rango que podemos ver. Por ejemplo, si la luz que llega a nuestros ojos lo hace en la parte baja de estas frecuencias, en torno a los 700 nm, la vemos de color rojo. Si, por el contrario, está en la parte alta, vemos el color añil (420 – 450 nm) o incluso el violeta (380 – 420 nm). Entre medias están, por ejemplo, el amarillo (570 – 590 nm), el verde (495 – 570 nm) o el azul (450 – 495 nm). Así es como nuestros ojos ven el mundo que nos rodea, a todo color.

¿Y qué pasa cuando la frecuencia de esta radiación está por encima o por debajo de ese rango que podemos ver? Bueno, pues que… ya no podemos verla. :-P Nuestros ojos no dan para más. Pero eso no significa que no esté ahí, o que no podamos construir aparatos para captarla. Por ejemplo, un receptor de radio (o de televisión, o de telefonía móvil, o del Wi-Fi de Internet…) no es sino una especie de “ojo” que los humanos sabemos fabricar para “ver” esta “luz invisible” cuando su frecuencia es inferior a cien micrómetros, y podemos usarla para transmitir cosas como el Sálvame, las solicitudes de aterrizaje al controlador de tráfico aéreo o nuestros mensajes del WhatsApp. El radar también funciona en este rango de frecuencias inferiores a las de la luz visible. O los microondas.

Se da la circunstancia de que la frecuencia de estas ondas electromagnéticas está directamente relacionada con su energía. Cuanto más alta la energía, más alta la frecuencia, y viceversa. A frecuencias muy altas, por encima de la luz visible, los fotones vienen tan bravos que son capaces de ionizar la materia con la que se encuentran. Decimos entonces que esa radiación electromagnética se ha convertido en una forma de radiación ionizante, y esto son ya las cosas que hace la radiactividad. A energías y frecuencias muy altas, más allá de los rayos X, la llamamos radiación gamma, o rayos gamma. O sea, que los rayos gamma son como la luz, o las ondas de radio, sólo que a las energías y frecuencias más altas de todo el espectro electromagnético. En este caso, los aparatos adecuados para “verlos” son los contadores Geiger u otros dispositivos por el estilo.

La anomalía Vela.

Hay diversos fenómenos capaces de producir rayos gamma, tanto naturales como artificiales. Entre ellos se cuentan, por supuesto, la detonación de armas nucleares, que los generan en cantidades enormes. Por esta razón, esos satélites Vela de los amerikantsy que te contaba al principio llevaban dispositivos para detectarlos y así saber si alguien se había saltado el tratado con una prueba atómica en el espacio.

Y a las 14:19 UTC del 2 de julio de 1967, efectivamente, los satélites Vela 3 y Vela 4 detectaron una emisión masiva de rayos gamma. Sólo había un pequeño problema. Esta emisión no se parecía en nada a la de un arma nuclear, que suele consistir en uno o dos brevísimos pulsos con menos de una millonésima de segundo de duración y una milésima de separación. (En la práctica, con la tecnología de la época, incapaz de distinguir los dos rapidísimos pulsos de un arma termonuclear, un solo flash inicial seguido de un progresivo “fundido a negro.”) Pero lo que detectaron Vela 3 y 4  era algo totalmente distinto: dos pulsos, el primero de un cuarto de segundo largo y el siguiente de dos o tres segundos, separados por un segundo completo entre sí. Esto:

GRB 670702

Emisión captada por el satélite Vela 4 el 2 de julio de 1967 a las 14:19 UTC, que después se convertiría en el primer brote de rayos gamma conocido, con el identificador GRB 670702. Obsérvese la larga duración del segundo pulso y la separación entre ambos, incompatible con ningún diseño posible de arma nuclear. Imagen: Klebesadel, Strong, Olson, ApJ (1973) vía Sandra Savaglio (Max-Planck-Institut für extraterrestrische Physik, Garching) en First Gamma-Ray Bursts, Workshop CosmoFirstObjects, LAM, Marsella, mayo de 2011. (Clic para ampliar)

Y esto no se corresponde con ningún diseño conocido o teorizado de un arma nuclear (o termonuclear.) No es posible, simplemente no funcionan así. Esto era un fenómeno totalmente nuevo y distinto; lo que viene siendo un descubrimiento. Pero, lamentablemente, los satélites Vela 3 y 4 eran demasiado primitivos para determinar el origen de la emisión. Sus científicos al cargo intuyeron acertadamente que se trataba de alguna clase de enigma astrofísico… y, como no tenía relevancia militar y además el programa era secreto, lo archivaron. No se publicó hasta 1973. Ahora lo conocemos como el brote de rayos gamma GRB 670702 (GRB, por gamma ray burst y 67/07/02 por 2 de julio de 1967), y fue el primero que conoció la humanidad.

La (casi) inconcebible explosión.

Firma de 12 brotes de rayos gamma.

“Firma” de doce brotes de rayos gamma distintos, captada por el instrumento BATSE del Compton Gamma Ray Observatory (NASA). Como puede observarse, no hay dos iguales. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Al principio, se pensó que estos brotes de rayos gamma eran fenómenos que ocurrían en nuestra propia galaxia, y por tanto no eran tan energéticos (o sea, creíamos que eran como una lámpara que brillaba más cerca, y por tanto no brillaba tan fuerte.) Sin embargo, el 8 de mayo de 1997, el satélite ítalo-holandés BeppoSAX detectó uno llamado GRB 970508, y pudieron determinar que había sucedido a seis mil millones de años-luz de la Tierra, es decir, una barbaridad: unos sesenta mil trillones de kilómetros. Eso es un seis seguido de veintidós ceros. Con la nave espacial más veloz que hemos construido hasta el momento, necesitarías unas ocho mil trescientas veces la edad del universo para llegar hasta allí. Yendo en línea recta y ligerito.

Desde entonces, se ha establecido que todos los brotes de rayos gamma detectados hasta la actualidad proceden de fuera de la Vía Láctea, y muy lejos. El más cercano de todos, GRB 980425, fue captado en una galaxia situada a 125 millones de años-luz. O sea, unas cincuenta veces más lejos que M31 Andrómeda, bien fuera de nuestro Supercúmulo Local (ver Esta es tu dirección, en este mismo blog.) Por el extremo contrario, el más distante –GRB 090429B– procede del universo primitivo, a 13.140 millones de años-luz (z = 9,4), lo que lo convierte en uno de los sucesos más remotos y antiguos que hemos observado. En principio nada impide que pueda formarse uno en nuestra propia galaxia, pero hasta ahora vienen todos de muy, muy lejos. Se ha postulado que un brote de rayos gamma próximo podría provocar una extinción masiva en la Tierra, pero eso probablemente no ha ocurrido en todo el tiempo que llevamos aquí (pese a que existen algunas dudas sobre el agente que disparó las extinciones masivas del Ordovícico-Silúrico, hace unos 440 millones de años.)

Resultó que son un fenómeno bastante común: estamos detectando uno cada día, de promedio, todos ellos a distancias inmensas. Como te digo, el más cercano de todos fue GRB 980425, a 125 millones de años-luz. Pero no presentan ninguna periodicidad específica y no hay dos iguales; cada brote de rayos gamma tiene una firma característica. Sin embargo, sí que los hay de dos tipos: los cortos y los largos. Los cortos duran menos de dos segundos y presentan un afterglow (postluminiscencia, a menudo visible en el espectro óptico) muy breve. Los largos son los que duran más de dos segundos, y algunos mucho más. Unos cuantos superan los 10.000 segundos, y se les llama ultralargos. Y luego hay otros –por ejemplo, GRB 110328A– que pueden durar dos días y seguir detectándose en la banda de rayos X durante meses, a los que se les llama en inglés tidal disruption events, lo que se podría traducir como sucesos de ruptura por marea.

Distribución típica de la duración de los brotes de rayos gamma (GRB)

Distribución de la duración de una muestra típica de brotes de rayos gamma. Imagen: NASA.

Durante mucho tiempo, los astrofísicos se dedicaron a buscar objetos que pudieran producir estos brotes de rayos gamma, sin encontrar ninguno en particular. Esto sugería que se originan en estrellas o galaxias muy lejanas, de las que el cielo está lleno. Satélites científicos como el soviético Granat, el estadounidense HETE-2, Swift, Fermi o el Compton Gamma Ray Observatory, junto a elementos de la red internacional ISON, entre otros, permitieron estudiarlos con mayor profundidad. Buscaban, fundamentalmente, a los progenitores; esto es, qué clase de fenómeno es capaz de producir semejantes salvajadas de energía en un tiempo tan breve.

Origen de los brotes de rayos gamma.

Origen de los brotes de rayos gamma proyectados sobre el mapa celeste. Puede observarse que tienen una distribución isotrópica, es decir, que proceden de todas las partes del universo (y no, por ejemplo, sólo del plano de nuestra galaxia.) Imagen: Instrumento BATSE / CGRO / NASA vía Wikimedia Commons.

A finales del siglo pasado y principios de este fue quedando generalmente aceptado que al menos algunos brotes largos se originan en ciertas hipernovas, una cosa parecida a las supernovas, pero todavía más a lo bruto. ¿Y qué son estas supernovas, o hipernovas?

De la muerte de las estrellas.

Todas las estrellas, como nuestro Sol, son básicamente grandes aglomeraciones de hidrógeno (el elemento más común del universo, con mucha diferencia, procedente de la nucleosíntesis primordial) que tienden a colapsar sobre sí mismas por la acción de la gravedad. Conforme “caen sobre sí mismas”, hay un punto donde la presión, y con ella la temperatura, son tan altas que el hidrógeno comienza a fusionar en una reacción termonuclear que produce, mayormente, helio y grandes cantidades de energía. Entonces la estrella naciente se agita como en un parto un poco cabrón hasta encontrar un punto de equilibrio entre la gravedad que sigue haciéndola colapsar y toda esa energía que tiende a disgregarla. La mayoría acaban estabilizándose en algún punto de la secuencia principal. Así nace una estrella. Durante su vida, produce también el resto de elementos que conocemos, mediante el proceso de nucleosíntesis estelar. De la nucleosíntesis primordial y estelar salen todos los átomos que nos constituyen, todo lo que somos.

Al igual que tú y que yo, las estrellas no viven para siempre. Conforme van consumiendo su hidrógeno, comienzan a morir. Pero mueren de distintas maneras, dependiendo más que nada de su tamaño. Las más pequeñas, duraderas y corrientes (más del 76,5% de las que hay en el cielo) son enanas rojas (hasta un 40% de la masa de nuestro Sol.) Las enanas rojas van fusionando su hidrógeno muy lentamente, tanto que continúan todas ahí y seguirán durante muchísimo tiempo. Estimamos que muy poquito a poco irán transformándose en enanas azules, blancas y finalmente negras. O sea, que morirán apagándose pacíficamente. Para cuando se apaguen las últimas, este universo habrá dejado ya de producir estrellas nuevas, habrá abandonado la era estelerífera y se adentrará profundamente en la era degenerada, camino de la de los agujeros negros, la era oscura y la muerte térmica. O cualquiera otra de las formas curiosas como desapareceremos. Todas estas cantidades de tiempo se miden en potencias muy altas de diez; lo que comúnmente llamamos eternidad (aunque técnicamente no lo sea ;-) ).

UY Scuti comparada con el Sol

La hipergigante roja variable UY Scuti, a unos 9.500 años-luz, en comparación con nuestro sol. Aunque es la mayor estrella conocida por diámetro y volumen, no es la que tiene más masa; a día de hoy, este honor le corresponde a R136a1, en la Nebulosa de la Tarántula, Gran Nube de Magallanes, a aprox. 165.000 años-luz. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Luego tenemos, por ejemplo, las enanas naranjas y las amarillas, como nuestro Sol. Estas son más bravitas y aunque viven mucho menos (unos 10.000 millones de años), se niegan a morir sin dar algo de guerra. Cuando una enana amarilla agota el hidrógeno de su núcleo, comienza a expandirse hasta convertirse en una gigante roja durante algún tiempo (este será el momento en que el Sol abrasará definitivamente la Tierra), hasta sufrir un primer estertor bastante violento llamado el flash del helio, porque es el momento en el que empieza a fusionar… eso, helio, mediante el proceso triple-alfa, produciendo carbono. Durante estos fenómenos, la estrella pierde buena parte de su masa original en forma de espectaculares nebulosas planetarias. Al final termina convertida también en una enana blanca, como les ocurría a las enanas rojas del párrafo anterior, y va apagándose poco a poco hasta quedar igualmente reducida a una enana negra por los siglos de los siglos.

Sin embargo, en este universo hay estrellas mucho mayores, como las supergigantes e hipergigantes. Por convención, las supergigantes tienen como mínimo ocho veces más masa que nuestro Sol y las hipergigantes pueden pasar de cien masas solares. Se suponía que hay un límite máximo de 120 a 150 masas solares por encima del cual las estrellas no pueden darse en este periodo de la historia del universo. Sin embargo, ahora sabemos que existen cosas como R136a1, una Wolf-Rayet a la que le estimamos unas 265 masas solares Así que en estos momentos no tenemos muy claro dónde está ese límite máximo, si es que lo hay; creen que esta clase de monstruos son el resultado de la unión de varias estrellas más pequeñas. Por cierto que, hablando de tamaño, estas estrellas con tanta masa no son necesariamente las más grandes en volumen, y de hecho no lo son. Las estrellas más voluminosas, “más grandes” que conocemos son otras distintas, como UY del Escudo o NML del Cisne, que “sólo” tienen unas decenas de masas solares, pero su radio es en torno a 1.700 veces mayor. Si nuestro Sol fuese así, llegaría hasta cerca de Saturno y tanto nosotros como Mercurio, Venus, Marte y Júpiter estaríamos dentro. O, mejor dicho, no estaríamos.

Estas gigantonas viven muy poquito tiempo, apenas unos millones de años, pero no les gusta morirse por las buenas. Tienen la molesta costumbre de irse con unas despedidas francamente violentas a las que llamamos supernovas y, cuando el petardazo es descomunal, hipernovas. Como te decía al principio, expresar la potencia de estas explosiones a escalas humanas es difícil: una supernova normalita es entre 500 y 1.000 cuatrillones de veces más energética que la bomba termonuclear más poderosa que hicimos jamás. Vamos a intentarlo. Imagínate todos los granos de arena de todas las playas de la Tierra. Supón que cada grano de arena es una bomba del Zar. Hazlas estallar todas a la vez. Y ahora multiplícalo por entre 500.000 y un millón. Esa es la energía de una sola supernova común. Cuando explotan, brillan más que toda la galaxia por unos instantes. Y si hablamos de una hipernova, vuélvelo a multiplicar por cien. Además, no se conforman con eso, las jodías. Después, se convierten en una estrella de neutrones o incluso un agujero negro (y no, Stephen Hawking no dijo que los agujeros negros no existan, al menos para los que nos gusta leer las frases completas antes de abrir la boca.)

Jet relativista de la galaxia M87.

El jet relativista que emite la galaxia M87 (el “manchurrón brillante” arriba a la izqda.) captado en luz visible por el telescopio espacial Hubble en julio del año 2000. Estos jets están compuestos por electrones y otras partículas viajando a velocidades próximas a las de la luz, y como puede verse en este caso, pueden ser mucho mayores que la propia galaxia. Este se origina en un agujero negro supermasivo situado en el centro de la galaxia, rodeado por un disco de gas súpercaliente que le entrega constantemente masa para “tragarse.” Los brotes de rayos gamma podrían ser un fenómeno de naturaleza análoga. Imagen: Hubble Heritage Team / NASA. (Clic para ampliar)

Los astrófísicos siguen estudiando los mecanismos exactos que causan estas explosiones fabulosas, pero en general, se sabe que hay al menos dos causas distintas: el embalamiento térmico por ignición rápida del carbono y el colapso gravitatorio del núcleo estelar. Y se ha podido establecer una correlación entre algunas de estas supernovas –o hipernovas– que estallan por colapso gravitatorio y algunos brotes de rayos gamma largos, como GRB 980425 o GRB 030329. Así, los brotes de rayos gamma podrían ser los jets relativistas que se originarían al formarse la estrella de neutrones o el agujero negro, cuando coincide que apuntan directos hacia la Tierra. Esto de los jets relativistas es otra barbaridad cósmica, monstruosas emisiones de materia en estado plasmático a casi la velocidad de la luz que pueden tener cientos de miles de años-luz de longitud. Ya hablaremos de ellos en otro momento.

Según la explicación convencional, que le tomo prestada a la Universidad de Stanford, un brote de rayos gamma funcionaría más o menos así: bien porque una estrella gigantesca agoniza en forma de hipernova, o por la unión de dos objetos muy densos y compactos (como dos estrellas de neutrones), surge un agujero negro. El primer caso produciría los brotes largos y el segundo, los cortos. Los gases que quedan alrededor constituyen un disco de acreción que, al interactuar con el agujero negro, generan por sus “polos” un par de estos jets relativistas de partículas elementales propulsadas a velocidades muy próximas a las de la luz, más rayos gamma de baja energía.

En estos jets ni la presión, ni la temperatura ni la densidad son uniformes, lo que genera ondas de choque internas cuando sus partes más rápidas chocan con las más lentas. Conforme el jet se aleja del agujero negro recién formado, hace también impacto contra el medio interestelar, creando unas nuevas ondas de choque: las “externas.” Estas ondas de choque aceleran las partículas aún más. Pero, al mismo tiempo, las partículas interactúan con los campos magnéticos circundantes, que durante un fenómeno así son muy potentes. Esto hace que pierdan parte de su energía emitiendo fotones mediante radiación sincrotrónica y efecto Compton inverso.

El saldo entre la energía ganada como consecuencia de las ondas de choque y la perdida mediante radiación sincrotrónica determina la energía máxima de los fotones emitidos. Los de más alta energía constituyen el brutal pico de rayos gamma que componen el brote. Los de menor energía darían lugar a la postluminiscencia (“afterglow”) que se observa después del brote. Es decir, como en este esquema:

Generación de un brote de rayos gamma.

Generación de un brote de rayos gamma. Imagen original: NASA Goddard Space Flight Center. (Clic para ampliar)

El resultado sería algo muy parecido a lo que se ve en este video producido por el Centro Goddard de la NASA:

Sin embargo, el 27 de abril de 2013, detectamos otro muy potente: GRB 130427A, por ahí por la constelación de Leo, a unos 3.600 millones de años-luz de distancia. Su larga duración y su brillo extremo permitieron que nuestros instrumentos más modernos lo registrasen con todo detalle. Y, como decía mi abuelo, se llevó por delante un buen porción de todas estas hipótesis. En esencia, las características de GRB 130427A son incompatibles con la idea de que la postluminiscencia (“afterglow”) tenga su origen en un fenómeno de radiación sincrotrónica. Con lo cual, al menos esa parte del modelo, y puede que el modelo entero, se nos va a tomar por donde tú ya sabes.

Eta Carinae

Eta Carinae tal como la vio el Telescopio Espacial Hubble, con sus inmensas nubes de materia proyectada que forman la Nebulosa del Homúnculo. En realidad es un sistema binario, pero la estrella que nos puede obsequiar con un brote de rayos gamma próximo es el punto brillante en el centro de la nebulosa. Situada en nuestra propia galaxia, a unos 7.500 años luz, y extremadamente masiva e inestable, podría explotar en forma de hipernova en cualquier momento. :-P Imagen: Nathan Smith (Universidad de California en Berkeley) / NASA. (Clic para ampliar)

¿Te cuento la verdad sencilla? La verdad sencilla es que todavía no lo tenemos claro. Incluso antes de que este GRB 130427A nos diese la sorpresa, no teníamos ningún modelo que explicase todos los brotes de rayos gamma observados. Hay indicios, pistas, correlaciones, opiniones, conjeturas, hipótesis bien fundadas, pero eso es todo. Y en cuanto a los sucesos de ruptura por marea (tidal disruption events), los llamamos así porque nos parece que ocurren cuando un agujero negro supermasivo desgarra y se traga una estrella. Pero sólo nos lo parece. Son fenómenos tan lejanos que nuestros instrumentos actuales todavía no pueden ver bien lo que ocurre antes y después, y mucho menos dentro. Es un poco como intentar deducir el diseño y funcionamiento de un rifle estudiando el sonido de unos disparos remotos.

En general, sabemos que los brotes de rayos gamma están ahí porque son tan energéticos que lo difícil sería no detectarlos. Sí, a mí también me da muchísima rabia no poder contarte cómo funcionan con todo detalle y certeza. ;-) Pero es que precisamente la ciencia, a diferencia del dogma, va de esto: cuando no sabemos algo, lo decimos y seguimos estudiando hasta descubrirlo. Pues, como dijo el matemático David Hilbert: “Debemos saber. Sabremos.”

***

PD1. Según nuestra comprensión actual, la candidata más próxima a obsequiarnos con un brote de rayos gamma (suponiendo que su haz relativista apunte hacia la Tierra) es la gigantesca Eta Carinae, a apenas 7.500 años-luz de aquí, en nuestra propia galaxia. Con más de cien masas solares, esta variable luminosa azul explotará en forma de supernova o hipernova en algún momento del próximo millón de años; el instante exacto es impredecible con nuestro conocimiento presente. De hecho, ya nos envió un recadito en 1841 bajo la forma de una falsa supernova, dando lugar a la Nebulosa del Homúnculo. Hasta sería posible, aunque no se cree probable, que haya estallado ya y el premio gordo venga de camino. :-P Pero hasta donde sabemos, algo así sólo habría ocurrido una vez en toda la historia de la vida, y aunque pudo formar parte de los procesos que dispararon una extinción masiva, no lo hizo por sí solo.

PD2. En cuanto a “supernovas normales” (quiero decir, sin un brote de rayos gamma asociado), la candidata más próxima es IK Pegasi B, a 150 años-luz de aquí, pero es chiquitaja y no se darán las condiciones necesarias para que explote hasta dentro de muchos millones de años. Una más gorda podría ser Betelgeuse, a seiscientos y pico años-luz, pero tampoco es probable que nos vaya a hacer mucho mal. De hecho, parece ser que en torno al año 1.200 (sí, en plena Edad Media) nos arreó una desde la misma distancia y ni nos enteramos. En el hielo antártico hay indicios de otros tres impactos supernóvicos durante los siglos X-XI. Y en los árboles japoneses, señales de un posible brote de rayos gamma corto y próximo que habría ocurrido en torno al año 775, coincidiendo con un cierto “crucifijo rojo” que apareció en los cielos británicos según la Crónica Anglosajona. Aquí seguimos, como si tal cosa. ;-)

PD3. No, por desgracia, lo de la galaxia M31 Andrómeda del pasado 27 de mayo a las 21:24 UTC no fue un brote de rayos gamma. Una pena; imagínate todo lo que habríamos podido aprender de un GRB tan próximo. :-P Pero bueno, a cambio te dejo un bonito video de la NASA, con una simulación por superordenador de cómo dos estrellas de neutrones se desintegran entre sí para formar un agujero negro, lo que es una de las posibles fuentes de brotes de rayos gamma cortos: ;-)

Bibliografía:

Ah, y si te apetece un poco de hardcore del güeno sobre fuentes cósmicas de rayos gamma y otras cosillas por el estilo, pásate por esta parte del blog de la mula Francis. ;-)

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Podcast de El Café Cuántico con Daniel Marín (Eureka) y un servidor. ;-)

Bien, pues aquí tenéis el podcast de El Café Cuántico de Burjassot Ràdio de ayer, donde participamos Daniel Marín (astrofísico y autor del mejor blog de cosmonáutica en español) y este que te escribe, en relación con aquello que dije del pasado: :-P

Para quienes tengáis prisa, Dani habla a partir del minuto 11:00 y yo desde el 29:30, pero os recomiendo mucho escucharlo entero. ;-)

Y hay también otros muy buenos en www.tabernaespacial.com

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En la radio, este miércoles, 17:00 h

Pues nada, que este miércoles 25 a partir de las cinco de la tarde estaré en el programa El Café Cuántico de Burjassot Ràdio (93.8 FM.)

Esta es una emisora local, de alcance limitado al área de Burjassot (Valencia) y poco más, pero
se puede escuchar por Internet aquí
(necesitarás el reproductor de Windows Media o, alternativamente, VLC.)

En principio, hablaremos del pasado. ;-) Y, ya puestos, del futuro.

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No, Majestad, aquí no cabemos todos. Pero tiene arreglo.

Esta vez, cortita y al pie.

Charla de Yuri para Escépticos en el Pub, Valencia, 19 de junio de 2014.

Que sí, que sí, que volvimos a hacer llenazo hablando de ciencia. ;-) ¡Y los que están detrás de la cámara y no se ven! :-P (Con mi agradecimiento a los organizadores: EEEP / Valencia) Fotos: M. Alacot | El Café Cuántico. (Clic para ampliar)

Ya me sabrá disculpar, Majestad, que no estuviera muy atento a su ceremonia y su discurso de coronación. Es que me pilló preparando una charla de divulgación científica, aquí en provincias. De ciencia en España, ya ve usted qué cosas tiene uno. Y sin embargo, el caso es que hicimos llenazo. Cosas que pasan.

Sin embargo, ahora cuando he vuelto a casa, he querido ver lo que dijo usted, que no en vano es el Jefe del Estado en el que nací y vivo. Como no me fío mucho de los medios de comunicación, que ya sabemos que lo tergiversan todo, me he ido a buscar su mensaje en la web de la Casa Real y lo he leído con gran atención. En serio. Entonces, me he encontrado con las siguientes frases, al parecer muy celebradas en diversos ámbitos:

En esa España, unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos; caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben todas las formas de sentirse español.

Yo ya sé a qué se refería usted, Majestad. Pero es que verá, esta madrugada me pilla un poco torcido. Resulta que, aunque usted y yo peinamos las mismas canas –nacimos el mismo año–, a mí me gusta mucho juntarme con la juventud. Qué demonios, me encanta. Y anoche, después de la charla, se me ocurrió irme a tomar un par de copas con algunos de los asistentes más jóvenes. Chicos y chicas, licenciados en Física, como podrían haberlo sido en cualquier otra cosa; por fortuna, tengo un público muy amplio y diverso. Estuvimos hablando de la vida, de política, de ciencia y de futuro. Del de ellos, más que nada. Quieren doctorarse, hacer ciencia, investigar, ser buenos, quizá los mejores, quizá los mejores del mundo, o tan cerca como se pueda. Cosmología, física de partículas, computación cuántica, imagínese.

Y el futuro de todos ellos, absolutamente todos, pasaba por largarse de España.

No es que les mole el viajecito, Majestad. Es que aquí no pueden hacerlo. Mientras hablábamos de esto, recordé que ahora mismo no conozco a ninguno de nuestros mejores jóvenes que siga o vaya a seguir en España. A lo mejor es cosa mía, pero a estas alturas uno conoce a mucha gente, y no creo. Nuestros mejores, Majestad, quienes quizá podrían sacarnos de este maldito atraso de siglos que padecemos, no caben en España. Aquí no hay nada para ellos, y ellas. No hay suficiente tejido científico, no hay suficiente tejido tecnológico, no hay suficiente tejido industrial, no hay nada. Es una auténtica fuga de cerebros, de la que se hacen eco medios internacionales tan poco sospechosos como la BBC, el Financial Times o la Royal Society of Chemistry, entre muchos otros. En palabras de la NPR, un “exilio económico” de la ciencia española.

Sigo leyendo su discurso. Dijo usted también:

Nuestra Historia nos enseña que los grandes avances de España se han producido cuando hemos evolucionado y nos hemos adaptado a la realidad de cada tiempo; cuando hemos renunciado al conformismo o a la resignación y hemos sido capaces de levantar la vista y mirar más allá -y por encima- de nosotros mismos; cuando hemos sido capaces de compartir una visión renovada de nuestros intereses y objetivos comunes.

El bienestar de nuestros ciudadanos –hombres y mujeres–, Señorías, nos exige situar a España en el siglo XXI, en el nuevo mundo que emerge aceleradamente; en el siglo del conocimiento, la cultura y la educación.

Tenemos ante nosotros un gran desafío de impulsar las nuevas tecnologías, la ciencia y la investigación, que son hoy las verdaderas energías creadoras de riqueza; tenemos el desafío de promover y fomentar la innovación, la capacidad creativa y la iniciativa emprendedora como actitudes necesarias para el desarrollo y el crecimiento. Todo ello es, a mi juicio, imprescindible para asegurar el progreso y la modernización de España y nos ayudará, sin duda, a ganar la batalla por la creación de empleo, que constituye la principal preocupación de los españoles.

Salvo por algún matiz, no puedo estar más de acuerdo; pero ya sabrá que hemos oído palabras como estas muchas veces, con los hechos conocidos por todos. Y sin embargo, fíjese, yo quiero, deseo creerle, aunque sea ya casi por desesperación. Así que al tajo, Majestad, al tajo y a fondo. Para esto, pienso yo que puede usted contar con todos nosotros, o casi todos. Siempre y cuando, claro, nuestros cerebros mejores y más jóvenes tengan alguna oportunidad real, razonable, sensata, que les permita hacer ciencia en España mientras se ganan dignamente la vida y esas cosas de gente sencilla. Se puede solucionar, siempre que esté claro el orden de prioridades. Pero si no, Majestad, no es verdad que aquí quepamos todos. No caben los mejores y los más brillantes y esta España nuestra, o como lo sienta cada cual, seguirá condenada al mismo atraso, a la misma pobreza y a los mismos vaivenes de la historia que hace ya mucho debimos superar. El “que inventen ellos” se tiene que acabar o estamos todos acabados. Así, tal cual.

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En Valencia, este jueves, 20:00 h

Pues eso… :-P Que pasado mañana jueves, a las 20:00 h, nos vemos (si quieres) en el pub Ben’s Inn, Pz Honduras 12, Valencia. Y además, con la agradabilísima gente de Escépticos en el Pub: ;-)

Charla Yuri sobre la muerte en Valencia, junio de 2014

Charla de Yuri en Valencia, jueves 19 de junio de 2014 a las 20:00h: “Hablando de la muerte (una excusa para hablar de la vida)” ;-)

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Park Ji-young, la heroína del MV Sewol

Salvó a casi un tercio de los supervivientes mientras los oficiales huían como las ratas. Pagó con su vida.

Park Ji-Young

Park Ji-young, de 22 años de edad, camarera y heroína del ferry MV Sewol, naufragado en la mañana del 16 de abril de 2014. In memoriam. Foto: Imgur.

Te acordarás, porque fue hace poco: en la mañana del 16 de abril de 2014, el ferry surcoreano MV Sewol naufragó con 472 personas a bordo. De ellas, 325 eran estudiantes de secundaria de un instituto público situado en una periferia obrera de Seúl. Quizá también recuerdes que el capitán y gran parte de la tripulación se cubrieron de oprobio al abandonarlos a su suerte mientras el barco se hundía. Por eso, lo que hizo la camarera Park Ji-young, de 22 años, brilla en las tinieblas con una luz aún más sobrecogedora. Y es que Ji-young fue la luz de la vida para decenas de personas que, si no hubiera sido por ella, estaban condenadas a morir.

Las causas exactas del naufragio aún no han quedado bien establecidas; la investigación está todavía en curso. Pero hay unas cuantas pistas. Para empezar el barco, construido en Japón, transportaba 3.600 toneladas de carga cuando sólo estaba certificado para 987. Una peligrosísima sobrecarga que, al parecer, ni siquiera estaba bien estibada. Además, le habían añadido recientemente dos cabinas superiores para embutir a más pasaje, desplazando así el centro de gravedad hacia arriba, lo que favorecía el vuelco. Para compensarlo, debían llevar 2.000 toneladas de agua como lastre, pero las habían vaciado al menos en parte con el propósito de acomodar la sobrecarga.

Esto no era excepcional: por infame que fuera el capitán y sus oficiales, resultaba una práctica habitual de la empresa armadora. Una empresa que tiene tela: la Chonghaejin Marine Co. Ltd. Es una cosa de esas opacas, con muy buenos contactos en el poder político, económico y judicial, de propiedad familiar a través de testaferros interpuestos. Y el cabeza de familia, o más bien famiglia, es el reclusivo multimillonario y presunto artista Yoo Byung-eon, más conocido como Ahae. Este tal Ahae fue (o es, no se sabe bien) líder de una secta evangélica suicida. A pesar del suicidio en masa de 32 de sus seguidores en 1987, Ahae salió de rositas y mantiene unos 20.000 seguidores en Corea. Por su parte, él dice que no tiene nada que ver con la empresa armadora del MV Sewol, que es cosa de dos hijos suyos. El Ministerio de Hacienda surcoreano no opina lo mismo. Mientras tanto, algunos de sus discípulos creen que Ahae es Dios y por tanto puede hacer con vidas y bienes como mejor le plazca.

Hundimiento del MV Sewol

El MV Sewol se hunde a las diez de la mañana del 16 de abril de 2004. Perecieron 287 de los 476 ocupantes, la mayoría estudiantes de secundaria, y sigue habiendo 17 personas desaparecidas que se presumen muertas. Foto: Guardia Costera de Corea del Sur.

En fin, el caso es que ya te haces una idea de la clase de empresa y empresarios de los que estamos hablando, y sus prácticas. Y si no te gustan, ya sabes: hay cola esperando para ocupar tu puesto. El MV Sewol partió de Seúl sobrecargado, mal estibado, mal lastrado y con 476 personas a bordo hacia una isla turística bastante chula que se llama Jeju. Como puede comprenderse fácilmente, era un accidente esperando a ocurrir. Y ocurrió a las 8:48 AM, doce horas después de la partida. Por motivos que aún no se han podido determinar bien, el buque viró bruscamente, los ocupantes oyeron un fuerte estampido metálico, y comenzó a volcar al momento. No seré yo quien quiera hacerle el trabajo a la comisión de investigación, pero apesta a corrimiento de carga. En esos instantes, el capitán descansaba en su camarote y un oficial novato comandaba el navío.

Hasta aquí, sólo teníamos las prácticas habituales del capitalismo corporativo más salvaje, en plan mini-chaebol. A partir de aquí, empieza la bajeza personal, individual, humana. Cuatro minutos después, a las 8:52, uno de los 325 estudiantes –chavalería de 16 y 17 años e incluso menos– logra llamar por teléfono móvil al número de emergencias (se encontraban bastante cerca de la costa) para comunicarles que el barco se está ladeando peligrosamente (este estudiante pereció también en el naufragio.) Los de emergencias le pasan la llamada al servicio de tráfico marítimo regional, que se piensan que es una broma adolescente hasta que el capitán se pone en contacto por radio (a las 8:55) para decir que bueno, que tienen un problemilla. Que el buque se está inclinando y eh… bien, puede que estén en peligro.

El servicio de tráfico marítimo (en adelante, VTS) despacha inmediatamente una patrullera. A las 9:07, el capitán comunica al VTS que el barco está volcando. El VTS le indica que evacúen inmediatamente, pero a las 9:14 el capitán contesta que eso no es posible debido a la inclinación. A las 9:18, informa que la inclinación es ya de 50º a babor. Son las 9:23 cuando el VTS ordena a la tripulación que todo el mundo se ponga los chalecos salvavidas. La tripulación contesta que no pueden comunicárselo al pasaje porque la megafonía no funciona. Una burda mentira: la megafonía funciona y le están diciendo todo el rato al pasaje que permanezca en sus camarotes, que no pasa nada. Y esa chavalería bien educada, en una cultura donde no hacer caso a los mayores es como pegarle a un padre, obedece escalofriantemente (ojo: vídeo duro, o al menos a mí me lo parece, aunque no sea “explícito”.)

A las 9:25 el VTS pide al capitán que decida si evacúa o no. Que hay patrulleras y un helicóptero en camino. A las 9:30, con el helicóptero ya encima, el capitán ordena finalmente abandonar el barco. Pero o no lo hace muy bien, o el caos en el puesto de mando es ya total, o algo pasa, porque gran parte del pasaje no se entera. Apenas llega el helicóptero, el capitán dice ahí os quedáis y se larga vergonzosamente. Con él, casi toda la oficialidad. A las 9:33, los buques que se encuentran en las proximidades (esa es una de las rutas marítimas con más tráfico del mundo) comienzan a enviar botes salvavidas motorizados. Son las 9:38 cuando se cortan las comunicaciones.

Los cuatro héroes del MV Sewol

Los cuatro héroes del MV Sewol. Arriba: Park Ji-young (izda.) haciéndose una “selfie” con Jeong Hyun-seon (dcha.) Al medio: Jeong Hyun-seon con su novio Kim Ki-woong. Abajo: el único oficial que no huyó, Yang Dae-hong. Ninguno de los cuatro logró sobrevivir, pero salvaron a más de cien personas. Fotos: Korea IT Times, AP/Gillian Wong. (Clic para ampliar)

Y entonces, entre tanta ruindad y tanto miserable, apareció Park Ji-young.

Park Ji-young (o Jee-young) había sido también estudiante, en la universidad. Pero cuando murió su padre, hace dos años, se lo dejó para buscar trabajo y ayudar así a su familia. Lo encontró en el MV Sewol, de camarera, con un contrato a tiempo parcial. A sus 22 años recién cumplidos, era la tripulante más joven del ferry. Viéndola, puede uno imaginarse que para muchos debía ser sólo esa niña mona que pone cafés. Una humilde curranta, una camata, una muñequita, un ligue en potencia. En suma: una doña nadie. El mundo está lleno de nenas monas sirviendo cubatas y haciéndose selfies con sus colegas.

Pero esa muñequita tan mona ocultaba unas pelotas, o tetas, o como prefieras, que dejan microscópicas a las del caballo de Espartero. Mientras su infame capitán –con cuyo nombre no quiero manchar este post– ni siquiera encontraba tiempo para ponerse los pantalones antes de huir como la proverbial rata de sentina, Ji-young no sólo permaneció en su puesto. Al comprender que el MV Sewol se iba a pique, y que toda la cadena de mando por encima de ella se había desintegrado, tomó la iniciativa y salió corriendo al control de megafonía para ordenar al pasaje que abandonasen el barco. Ese fue el primer y único aviso que muchos tuvieron.

Por desgracia, para la mayoría era ya demasiado tarde: todo el lado de babor estaba sumergido a esas alturas y resultaba imposible escapar. Pero Ji-young no se arredró. En el lado de estribor aún quedaba mucha gente, parte de la cual tampoco podía salir debido a que el barco estaba ahora de costado, con la pared convertida en el suelo, y una puerta abierta se había transformado en un foso insuperable que les cerraba el paso. Primero, Ji-young se las ingenió para cerrarla con extraordinaria habilidad, creando así lo que después los periodistas llamarían “el puente hacia la vida.”  A continuación, les ayudó a ponerse los chalecos salvavidas y encontrar las salidas mientras el agua subía y subía y subía sin parar. Cuando Ji-young se quedó sin chalecos, corrió a la siguiente cubierta para conseguir más. Dicen que logró socorrer a unas cincuenta personas, lo que es casi un tercio de los 172 supervivientes. Ya les llegaba el agua al pecho cuando los estudiantes le preguntaron:

–¡¿Y tú no vienes?!

Ji-young respondió:

–Saldré después de vosotros. La tripulación debe quedarse hasta el final.

Y ahí siguió la muñequita de los cafés, repartiendo chalecos, enseñando a ponérselos e indicando las salidas hasta el final. Hasta el final del todo, porque Ji-young no sobrevivió. Murió ahogada. Su cadáver fue uno de los primeros que encontraron los servicios de emergencia cuando consiguieron penetrar en el barco hundido, tres días después. No llevaba puesto un chaleco salvavidas. Aseguran los testigos que se los dio todos a los pasajeros y no se quedó ninguno para ella.

Mientras la rata de su capitán y casi todos sus ratoniles oficiales se daban el piro, justo antes de que los corruptos dueños de la compañía-secta-famiglia armadora se escondieran debajo de las piedras y comenzasen a buscar la protección de sus políticos de cabecera y sus medios de comunicación, la trabajadora a tiempo parcial Park Ji-young peleó cara a cara contra el mar y la muerte con el agua al cuello –tal cual– para salvar a todos aquellos pasajeros poco más jóvenes que ella. Y no paró hasta que el mar y la muerte la derrotaron, siendo en torno a las diez de la mañana del 16 de abril de 2014; pero no sin que antes ella les arrebatara decenas de vidas luchando a pelo hasta el último aliento, a fuerza de pura valentía, responsabilidad, habilidad y sentido del honor. Con un par. O más.

Es de justicia añadir que Ji-young no fue la única tripulante del MV Sewol que estuvo a la altura. Hubo un único oficial que no huyó: Yang Dae-hong, de 45 años. Y una trabajadora administrativa del buque: Jeong Hyun-seon, de 28 años, con su novio Kim Ki-woong, de 27, que también curraba en el barco con otro contrato a tiempo parcial. Los tres se quedaron ayudando a la gente, recorriendo los camarotes en busca de pasajeros hasta que ya no pudieron salir. Los tres perecieron como Ji-young.

Pero probablemente su intervención fue la más decisiva. Si Ji-young no llega a tomar la iniciativa, dar la alerta por megafonía, cerrar aquella puerta que se convirtió en el puente hacia la vida y quedarse auxiliando a la gente que salía despavorida, ahí no se salva ni el tato. En lo que a mí respecta, por sus actos, por rastrera deserción de sus superiores y por desintegración total de la cadena de mando, la camarera Park Ji-young, de 22 años de edad, se convirtió en el auténtico capitán del MV Sewol durante los últimos minutos de su existencia, haciendo honor a las mejores leyendas de los marinos verdaderos. Haciendo aquello tan viejo de los héroes de verdad: entregar su vida con bravura infinita para que otros muchos puedan vivir. Así pues, como tal quiero inclinarme ante ella: que la tierra le sea leve, capitana Park Ji-young. Gente como usted o sus tres compañeros Yang Dae-hong, Kim Ki-woong y Jeong Hyun-seon es la que salva a esta triste humanidad. Y muchas, muchísimas gracias.

Con mi agradecimiento al blog Ask a Korean!, sin el que no me habría enterado de estos hechos.

Funeral de Park Ji-Young

Funeral de Park Ji-Young, el pasado 22 de abril, con guardia de honor de la policía surcoreana. Foto: The Hankyoreh.

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BIG’95: El gran tsunami del Mediterráneo español

Hola, ola. :-|

Maremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755.

El maremoto del 1 de noviembre de 1755 llega a la ciudad de Lisboa, ya gravemente dañada e incendiada por el terremoto precedente. Grabado: G. Hartwig, “Volcanoes and earthquakes”, Longmans, Green & Co., 1887. (En la colección de la Universidad de Wisconsin – Madison)

Tsunami de 2004 en Banda Aceh, Indonesia.

Banda Aceh, Indonesia, después del tsunami de 2004. Indonesia sufrió unos 175.000 muertos sin que el nivel del mar subiera más de diez metros en la práctica totalidad del país. La gran cantidad de población costera viviendo en casitas bajas de poca resistencia situadas en llanuras contribuyó significativamente a la catástrofe. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Cuando oímos hablar de tsunamis, solemos pensar en Asia, y muy especialmente en el país que nos dio la palabra: Japón. Ciertamente, los maremotos que se dan en algunas costas asiáticas son terribles, debido a una mezcla de factores geológicos, geográficos y superpoblación (y, últimamente, añadiría yo que por ciertas centrales nucleares cuyas defensas contra los mismos resultaron ser ridículas.) Pero no son los únicos. Se da la circunstancia de que la Península Ibérica es otra de las regiones con riesgo maremotriz. Engaña, porque por estos lares no son tan frecuentes y tampoco suelen ser tan intensos. Pero el riesgo existe.

No otra cosa fue el gran terremoto y tsunami de Lisboa del día de Todos los Santos de 1755, que ya te comenté en este blog. Se le suele llamar “de Lisboa” y “de Todos los Santos” porque prácticamente aniquiló la capital portuguesa, matando (entre muchas otras personas) a una montaña de gente que se encontraba en las iglesias celebrando esa festividad, o buscó refugio en ellas. Se calcula que hubo unos 40.000 – 60.000 muertos, sobre una población en la época de 275.000 habitantes. Semejante tragedia alentó notables dudas sobre la divinidad, sus atributos, su bondad y su poder protector, alejando a muchos pensadores influyentes de la teodicea de Leibniz, contribuyendo significativamente a la difusión del racionalismo ilustrado y, de paso, creando la sismología moderna. Fue tan gordo que hubo un antes y un después de la catástrofe “de Lisboa” en la cultura occidental.

Pero yo lo entrecomillo porque no fue sólo Lisboa. El maremoto, originado en la falla Azores-Gibraltar, golpeó con fuerza desde Irlanda al Senegal. Al Sur de la Península Ibérica, causó devastación y mortandad entre el Algarve portugués y la provincia de Cádiz, con olas a las que se les han estimado hasta quince metros de altura. Se llevó por medio Ayamonte, matando a unas mil personas, más un número indeterminado de pequeñas comunidades costeras. Por su parte, el terremoto, estimado en una magnitud de 8,5, causó daños importantes en lugares tan lejanos como Valladolid o Ciudad Real. Algunas fuentes afirman que las víctimas totales rondaron las 90.000.

Animación del tsunami del Atlántico de 1755, según el modelo computacional RIFT.
Puede observarse cómo en media hora ya estaba barriendo todo el Golfo de Cádiz.
Estudio realizado por la NOAA / NWS / Pacific Tsunami Warning Center.

Terremoto y tsunami de Mesina de 1908.

El terremoto y tsunami de Italia del 28 de diciembre de 1908 mató a 123.000 personas y destruyó las ciudades de Mesina y Reggio Calabria en su práctica totalidad. Foto: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

El Mar Mediterráneo tampoco es inmune a los tsunamis, sobre todo en su parte central y oriental, con fuerte actividad sísmica. El historiador griego Heródoto de Helicarnaso ya nos cuenta que, en el año 479 aEC, durante un asedio a la ciudad de Potidea, los atacantes persas que aprovechaban un repentino y sorprendente descenso del nivel del mar para atravesar el istmo fueron sorprendidos por una gran ola como nunca se había visto antes y perecieron ahogados. Aunque Heródoto era un liante, habitualmente considerado al mismo tiempo el padre de la historia y el padre de la mentira, esto describe el comportamiento de ciertos tsunamis bastante bien y puede que el relato se sustente en un hecho real. Heródoto achacó este maremoto a la ira de Poseidón.

El primero que estableció un vínculo directo entre terremoto y maremoto fue otro historiador griego, Tucídides, cuando nos cuenta de uno sucedido en el Golfo Malíaco durante el verano del año 426 aEC. Al parecer, se llevó por medio a todas las poblaciones costeras. Desde entonces, ha habido muchos más. Quizá el más conocido de todos sea el que ocurrió a primera hora de la mañana del 21 de julio de 365 EC. Un fuerte terremoto submarino con epicentro cerca de Creta arrasó Libia y Egipto, y notablemente las ciudades de Apolonia y Alejandría, matando a mucha gente. Aparecieron barcos tres kilómetros tierra adentro. El fenómeno se repitió menos de un milenio después, en el año 1303. Mucho más recientemente, durante la madrugada del 28 de diciembre de 1908, el terremoto y tsunami de Mesina, al Sur de Italia, se llevó por delante a entre cien y doscientas mil personas.

¿Y en el Mediterráneo Occidental, o sea, más o menos las costas españolas y parte del extranjero? Bien, la actividad sísmica en el Mediterráneo Occidental no es tan intensa, pero también suceden. El más reciente así digno de mención fue el 21 de mayo de 2003, a consecuencia del terremoto de Bumerdés, Argelia. Este seísmo les hizo dos mil y pico muertos en tierra a nuestros queridos proveedores de gas natural, pero también inició un pequeño maremoto que, aunque sin causar otras víctimas, provocó bastantes daños en los puertos baleares. Destrozó numerosos pantalanes y hundió más de cien barcos pequeños, recordándonos así su poder.

Pese a ello, hay quien asegura que en el Mediterráneo Occidental no pueden producirse grandes tsunamis (y aquí). Otros, en cambio, dicen que eso no está claro. De hecho, probablemente ya ocurrió al menos una vez, que sepamos. En términos humanos, fue hace mucho tiempo: unos 11.500 años, allá por el Epipaleolítico. Pero en términos geológicos, eso es nada, hace un momentín. Pudo barrer las costas de Castellón, el Sur de Tarragona y las Islas Baleares con olas de hasta unos nueve metros, puede que algo más. Hoy en día lo llamamos el tsunami del BIG’95.

Deslizamiento de tierras BIG'95 y áreas primarias de impacto del tsunami (año 11.500 BP)

Ubicación aproximada del deslizamiento de tierras BIG’95 (Epipaleolítico, año 11.500 BP) y, si se hubiera producido hoy en día, de las áreas primarias de impacto del tsunami que generó. En aquella época la costa estaba más mar adentro y, por tanto, golpeó en regiones actualmente sumergidas. Mejor versión y explicación en la fuente original: Iglesias, O.; Lastras, G. et al. (2012): The BIG’95 submarine landslide-generated tsunami: a numerical simulation. The Journal of Geology, vol. 120, nº 1 (enero 2012.) ISSN: 0022-1376. Mapa: © Google Maps. (Clic para ampliar)

BIG’95.

Frente a las costas de Castellón y Tarragona se extiende una plataforma continental llamada la plataforma del Ebro, al estar básicamente constituida por sedimentos que aportaron este río y sus antecesores al menos desde el Aquitaniense (Mioceno inferior, hace aproximadamente 23 millones de años.) Es muy suave; en algunos puntos, por ejemplo frente a la ciudad de Castellón, hay que alejarse de la orilla más de sesenta kilómetros para que supere los cien metros de profundidad, con lo que gran parte de ella debió estar emergida durante el Último Máximo Glacial. Hace 11.500 años, la línea costera debía estar todavía unos 40-50 metros más baja que ahora, y por tanto 15-20 km mar adentro con respecto a su posición actual.

Sin embargo, esta suave plataforma termina abruptamente. En la zona que nos ocupa, por las Islas Columbretes, la profundidad aumenta deprisa hacia los dos mil metros: la llamada Depresión de Valencia. [Aquí tienes un fichero KMZ del Instituto de Ciencias del Mar (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) para ver toda esta zona con detalle en Google Earth.] Se comprende fácilmente que los bordes de una suave ladera sedimentaria seguida por un desnivel de casi dos kilómetros están pidiendo a gritos un deslizamiento de tierras. Y esto fue lo que ocurrió, hace ahora once milenios y medio: 26 kilómetros cúbicos de sedimentos se desprendieron del borde de la plataforma del Ebro por la parte de las Columbretes para precipitarse hacia la Depresión de Valencia. No fue, ni con mucho, uno de los deslizamientos más grandes que se conocen. Nada que ver con los de Storegga (3.500 km3), en el Mar del Noruega, tres milenios y medio después, cuyo gigantesco tsunami separó definitivamente Gran Bretaña de la Europa Continental. Incluso mucho menos que el de 1929 frente a Terranova (Canadá), con sus 200 km3.

No obstante, debido al acusado desnivel, BIG’95 descendió rapidito, llegando a superar en algún punto los 150 km/h (> 40 m/s.) El conjunto del deslizamiento recorrió más de 110 km depresión abajo en menos de 73 minutos, cubriendo 2.200 km2 de fondo marino. Una masa de más de 50.000 millones de toneladas desplomándose a velocidades que rondan los cien kilómetros por hora (entre 70 y 150) tiene una cantidad notable de energía, y puede transferírsela al medio circundante. En este caso, el agua del mar.

Probablemente, el tsunami se formó durante los primeros minutos del colapso. Lo hizo en dos frentes, uno más rápido que avanzaba hacia las Islas Baleares y otro más lento que retrocedía hacia la costa de Castellón. El frente rápido golpeó la costa Noreste de Ibiza en primer lugar, 18 minutos después, con una ola inicial de hasta ocho metros que llegó sin previo aviso. La siguió una retirada del mar y al menos otra de unos siete que llegó pocos minutos después, y luego otras más pequeñas. Para entonces, el tsunami ya golpeaba Mallorca (en el minuto 27) aunque con olas de menor altura, entre 2 y 4 metros. Sin embargo, un fenómeno de resonancia en el sector de la Bahía de Palma pudo elevar la ola inicial hasta los diez metros por la parte de Santa Ponça. Por suerte, parece ser que las Baleares carecían de población humana en aquellos tiempos.

Animación de la llegada de un tsunami

Cuando un maremoto llega a aguas someras, la amplitud y velocidad de las olas se reducen, pero a cambio su altura aumenta. Imagen: R. Lachaume vía Wikimedia Commons.

Lamentablemente en el minuto 54 el frente lento, más energético, alcanzó la costa peninsular frente a lo que hoy en día sería casi todo Castellón y el Sur de Tarragona, más o menos. Y ahí, con toda probabilidad, había gente. No tanta como hoy en día, desde luego, y menos si pensamos en la temporada alta del turismo. Pero sí personas como los magdalenienses que ocupaban la cueva Matutano, situada en las proximidades. Esos eran homo sapiens, gente de los nuestros y todo ese rollo. Puede que familias, clanes o tribus de pescadores epipaleolíticos. Las costas y su pesca siempre han atraído a la humanidad.

Primero, se fue el mar. A continuación, regresó. El intenso efecto de asomeramiento producido por la propia plataforma del Ebro elevó las olas, puede que hasta los nueve metros. Quizá esto te parezca poco, acostumbrados como ya estamos a oír de tsunamis de cuarenta metros en el Japón, pero créeme, tú no quieres estar en el camino de un maremoto de nueve metros. Nueve metros son tres plantas de un edificio. La mayoría de las víctimas que causan los grandes tsunamis se dan en zonas donde el agua llega con menos de diez metros de altura; los puntos donde realmente superan los treinta son raros, “el máximo.” Durante el maremoto del Océano Índico de 2004, la inmensa mayor parte de los 175.000 muertos que ocasionó en Indonesia estaban en lugares donde la elevación del mar no superó los diez metros y a menudo ni siquiera los cinco. El de 2011 alcanzó la central nuclear de Fukushima con una altura máxima de 14-15 metros y ya sabes la que armó. En la práctica, medio metro basta para arrastrarte. El agua engaña mucho. Cuando llega con semejante fuerza, incluso inundaciones aparentemente pequeñas tienen un poder pavoroso. Y una vez te ha arrastrado, vete a saber dónde acabas, y cómo. De dos a tres metros ahogarán a todo el que no logre subirse a algo o sepa nadar muy bien (y tenga su día de suerte.)

El maremoto de 2004 llega a Banda Aceh, Indonesia.
Obsérvese que no es realmente muy alto, pero sólo en ese sector causó más de 31.000 muertes.

Área a menos de 9 msnm en el sector Burriana - Alcocéber

Cubierta en azul, el área que actualmente se encuentra a menos de 9 metros sobre el nivel del mar en el sector Burriana – Alcocéber. No obstante, cuando el tsunami alcanzó la antigua costa, varios kilómetros mar adentro, tuvo que inundar un área bastante superior debido a la suave inclinación de la plataforma continental del Ebro. Imagen: Google Maps / flood.firetree.net (Clic para ampliar)

El caso es que el tsunami de hace 11.500 años barrió esta costa hoy desaparecida unos kilómetros frente a lo que ahora son Burriana, Almazora, el Grao de Castellón, Benicasim, Oropesa del Mar, Torreblanca, Alcocéber, Peñíscola, Benicarló, Vinaroz, Alcanar, San Carlos de la Rápita y posiblemente hasta el Delta del Ebro (cuya formación es muy posterior, incluso posterior a la época romana.) Es imposible saber cuánta gente vivía ahí en aquellos tiempos. Si hubiese sido en nuestra época, especialmente durante la temporada turística, puede uno imaginarse lo que ocurriría.

Y… ¿puede volver a ocurrir hoy en día? Pues lo cierto es que no se sabe muy bien. Los mismos investigadores que han estudiado el BIG’95 creen que el punto donde se produjo es ahora estable a menos que hubiera un terremoto de bastante envergadura. Reconozco que un servidor se puso algo nerviosito con los terremotos vinculados al Proyecto Castor de Florentino que se produjeron durante el otoño pasado, justamente en esa zona. La presencia de la central nuclear de Vandellós algo más al Norte tampoco resultaba muy tranquilizadora. No obstante, con respecto a esto último, el Consejo de Seguridad Nuclear asegura que desde 2007 ésta dispone de “un nuevo sistema de refrigeración esencial” situado a más de 23 metros sobre el nivel del mar. Además, a raíz de lo de Fukushima, están realizando inversiones para incrementar la seguridad frente a estos fenómenos.

Sin embargo, como yo tengo mi puntito paranoico, nada, poca cosa, lo de los terremotos en una zona que ya pudo provocar un tsunami importante seguía teniéndome mosca. Así que he decidido ponerme en contacto con uno de los autores de la investigación: Galderic Lastras, profesor titular de Geología Marina de la Universidad de Barcelona. El doctor Lastras, por cierto muy gentilmente, me serena: haría falta uno bastante más intenso y cercano al talud continental que los de 2013 para iniciar, por sí solo, un deslizamiento de tierras de este calibre. No obstante, tales deslizamientos ocurren a veces porque sí; es decir, porque la ladera es o se vuelve inestable y simplemente colapsa. Pero por otra parte, el periodo de retorno (el tiempo medio que tarda en volver a ocurrir) es, obviamente, muy largo: este de hace 11.500 años fue el último que ocurrió en el sector. Decía antes que 11.500 años es un tiempo muy breve en términos geológicos, pero muy largo en términos humanos. Las probabilidades de que vuelva a ocurrir durante nuestro tiempo de vida, o el de nuestros hijos y nietos, son francamente bajas. No es imposible, por supuesto. Pero la probabilidad es muy pequeña.

No obstante, quise saber también si estamos muy en bragas o no en el caso de que esta probabilidad tan pequeña llegara a hacerse efectiva. Como ya te digo que yo soy apenas nada paranoico, molesté a Elena Tel (del Instituto Español de Oceanografía), Emilio Carreño (director de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional) y Gregorio Pascual (jefe del área de desastres naturales de la Dirección General de Protección Civil), todos los cuales tuvieron la santa paciencia de seguirme la corriente con gran amabilidad.

Vinieron a explicarme que, a pesar de los recortes, se está desarrollando un sistema de alerta contra maremotos en las costas españolas, en su mayor parte utilizando equipos ya existentes y cooperación internacional. Pero que, por su propia naturaleza, alertar de fenómenos cuya llegada se mide en decenas de minutos es complicado. Que ni esto es el Océano Pacífico, donde pueden transcurrir horas desde que se produce el terremoto hasta que llega el maremoto, ni nosotros somos los japoneses, que llevan décadas perfeccionando sus sistemas de la más alta tecnología hasta ser capaces de alertar a la población en cuestión de minutos. Y que en el caso de los tsunamis causados por deslizamientos de tierras, sin un claro terremoto que los genere, puede pasar un buen rato antes de que las boyas marítimas comiencen a indicar que ocurre algo raro. Es la detección del terremoto y sus características lo que nos permite deducir que viene la ola. Los deslizamientos de tierras se pueden captar, pero resultan mucho más ambiguos.

Sobreviviendo al maremoto.

Tilly Smith

Tilly Smith (izda.), de 10 años de edad, había prestado atención a su profe en clase. Así sabía que cuando el mar se va, es para volver con muy mal genio. Gracias a eso y a su entereza, salvó la vida de numerosas personas en una playa de Phuket (Tailandia) cuando llegó el maremoto de 2004, al dar la alerta que nadie más supo dar. Foto: © The Nation, Tailandia.

Me insisten en que la educación es importante. Durante el maremoto del Índico de 2004, una jovencita británica de diez años llamada Tilly Smith salvó a decenas de personas en una playa de Tailandia al recordar lo que les había contado en clase su profesor Andrew Kearney sobre lo que podía pasar cuando el mar se va. Tilly vio que el mar se iba y se lo explicó a sus padres. Su madre no la creía, pero su padre percibió tanta firmeza en sus palabras que avisó a otros bañistas y al personal del hotel donde se alojaban, activando así una evacuación improvisada. Cuando el mar regresó con todo su poder, fue una de las pocas playas del sector donde no hubo ni un solo muerto.

En realidad, la manera más eficaz de salvarse de un maremoto es relativamente sencilla: al primer indicio, corre. No te quedes a mirar. No pases de todo. No comentes la jugada. No intentes recoger tus posesiones ni ir a buscar el coche ni nada por el estilo. Alerta a los demás, intenta ayudar a quienes no puedan valerse por sí mismos y corre como si te fuera la vida en ello, porque te va. Aléjate del agua hacia el lugar más alto posible: montes, lomas, las plantas superiores de edificios resistentes. Si no hay otra cosa, incluso las copas de árboles grandes, difíciles de desarraigar. Lo que puedas. Una diferencia de pocos metros de altura representa la diferencia entre la vida y la muerte. Y si no hay absolutamente nada sólido a lo que subirse, simplemente corre tierra adentro. El maremoto perderá fuerza conforme avance hacia el interior. Si te pilla, intenta agarrarte a algo que flote. Hay gente que ha sobrevivido así.

¿Y cuáles son esos indicios de que viene un maremoto? Pues el primero de todos es un terremoto percibido en una zona costera. Si estás cerca de la orilla (incluyendo la de los ríos y canalizaciones próximos al mar) y notas un terremoto, ponte en alerta. A lo mejor no pasa nada, la mayoría de veces no pasará nada, pero tú presta atención. Por desgracia, este indicio no es de fiar: a menudo el terremoto se produce lejos, muy mar adentro, y no se percibe en tierra. Entonces sólo te queda lo mismo que alertó a Tilly Smith: que el mar se retire, como si de repente la marea hubiese bajado mucho. Lamentablemente, esto tampoco ocurre siempre, sino sólo cuando llega el vano de la ola en primer lugar. Otras veces, la cresta viene por delante. Entonces, la cosa se complica. Los tsunamis de verdad no son como las olas esas de hacer surf que salen en las pelis. Es más como una inundación rápida que crece y crece y crece sin parar. Si lo ves venir, ya lo tienes encima.

En este caso, bien, tenemos un problema. Cuentas con muy poco tiempo. Correr ya no vale porque, así seas Usain Bolt, el agua es más rápida que tú. Lo primero, intenta agarrarte con fuerza a algo que flote, lo que sea. No permitas que te atrape dentro de un vehículo: los vehículos vuelcan enseguida y te ahogas, además de que las carreteras y caminos se colapsan en un plis. Ni tampoco en un edificio bajo (como un bungaló, caseta, chiringuito, chalecito, nave o demás): si te quedas ahí dentro, el agua simplemente seguirá subiendo hasta llegar al techo y ahogarte. Sal como puedas. Si puedes encaramarte a algo alto, cualquier cosa, pues arriba. Una vez te veas en el agua, no intentes pelear contra ella. No puedes ganar: el mar es infinitamente más fuerte que tú y sólo lograrás agotarte enseguida. Déjate llevar, intentando mantener la cabeza fuera del agua (obvio) y evitar los golpes contra otros objetos que pueda estar arrastrando. No sueltes tu salvavidas, por precario que sea. Si no te engancha nada, lo más probable es que la ola al retroceder se te lleve mar adentro. Calma, hay personas que han sido rescatadas después de varios días en el mar, aferradas a su trozo de madera. Es normal tener miedo, mucho miedo, pero no permitas que te venza el pánico. Si se nos apodera el pánico cometeremos estupideces, y si cometemos estupideces en una situación así, se acabó la partida. Jaque mate.

Cartel de información para tsunamis en Puerto Rico

Cartel de información para tsunamis en el bosque estatal de Guánica, Puerto Rico. Las instrucciones básicas son sencillas: corre todo lo que puedas, lo más alto que puedas, y si no puede ser, lo más lejos de la orilla que puedas. Foto: G. Gallice vía Wikimedia Commons.

Otra causa de mortandad es que el maremoto puede comportarse de manera distinta en diferentes lugares de la costa. Hay gente que lo ve subir poco en otro punto de la orilla y se piensa que está segura. Tú, ni caso: a correr hacia lo alto. El comportamiento de un tsunami depende de numerosos factores muy complejos, y a lo mejor en la otra punta de la playa sube sólo unos centímetros, pero donde estás tú te mete cinco metros. Así que ojito.

Jamás hay que olvidar que un maremoto puede componerse de múltiples olas y durar varias horas. La primera ola tampoco tiene por qué ser la peor de todas, y de hecho muchas veces no lo es. Hay gente que ha muerto porque creía que, al haber escapado de la primera, estaba a salvo de la segunda y sucesivas. Tampoco faltan las personas que perecieron al acudir o regresar al área devastada tras el primer impacto, para prestar auxilio o en busca de familiares, amigos, mascotas o bienes; al hacerlo, se encontraron de bruces con el segundo golpe o los siguientes. La zona afectada por un tsunami no es segura hasta que las autoridades científicas pertinentes no digan que es segura; y aún así, con cuidadín.

Lisboa reloaded.

En general, los especialistas con los que he consultado consideran mucho más plausible (y temible) una repetición del tsunami de Lisboa que del ocasionado por el deslizamiento BIG’95. La repetición del BIG’95 es sumamente improbable; no ha vuelto a haber otro en estos últimos once milenios y medio. Pero algo como lo del día de Todos los Santos de 1755 no sería tan raro. Fuertes terremotos en la falla de Azores-Gibraltar, con maremotos que alcanzaron las costas circundantes, ha habido unos cuantos más.

Para acabar de arreglarlo, en 1755 la zona de la Bahía de Cádiz estaba relativamente poco poblada y menos urbanizada. Ahora es todo lo contrario, con el Polo Químico de Huelva –prácticamente a nivel del mar– como guinda del pastel. La base naval de Rota, donde a menudo atracan buques a propulsión nuclear, tampoco es moco de pavo. Teniendo en cuenta que un submarino de la clase Los Angeles tiene un calado de 9,5 metros cuando está en superficie y el tsunami en esa zona podría andar por los 12 – 15, no sería nada extraño que lo sacara del puerto y lo plantase, pongamos, en medio del Arroyo del Salado. En este plan. Aunque el reactor estuviera asegurado y no hubiese sufrido daños, ya puedes imaginarte las carreras hasta cerciorarse, en un momento en el que harían falta recursos por todas partes.

Con submarino o sin él, el desastre sería mayúsculo en todo el sector. Uno de los problemas de estas catástrofes es que son a la vez improbables, impredecibles y veloces. Esto no es Japón, donde está claro que vas a tener un maremoto gordo de vez en cuando (aunque aparentemente los directivos de TEPCO no se habían enterado, o querido enterar…) En España, son tan improbables como para que asignar grandes recursos a prevenirlas se perciba como un despilfarro, sobre todo en una época donde hace falta tanto en tantas partes. Al mismo tiempo, su impredecibilidad y rapidez hacen que, cuando se producen, o lo tienes ya todo listo en el sitio o apenas da tiempo para nada y nos las comemos con patatas. Y luego todo el mundo chilla que cómo es que no se habían tomado medidas y tal.


Bibliografía:

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  • Atwater, B. F. et al: Surviving a Tsunami — Lessons from Chile, Hawaii, and Japan. United States Geological Survey, circular 1187, versión 1.1, 1999-2005.
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