Las ciudades que se salvaron y las gentes que no

Hace hoy 70 años, Hiroshima fue aniquilada.
El día 9, le tocó a Nagasaki.
Y para el 15, había otra bomba en camino.

Portada del memorando secreto de la 2ª reunión del Comité de Objetivos para la bomba atómica, 10-11/05/1945

Para esta entrada contamos con los documentos secretos originales del Comité de Objetivos y otra información de la época desclasificada décadas después. Imagen: Archivos de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América.

Nagasaki antes y después del ataque atómico

Fotografías aéreas del valle de Urakami, Nagasaki, antes y después del bombardeo atómico del 9 de agosto de 1945. Imágenes: Archivos Nacionales de los Estados Unidos. (Clic para ampliar)

Los historiadores siguen discutiendo si Japón se rindió por los bombazos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, por la declaración de guerra soviética acordada en Yalta con los EEUU y el Reino Unido, o por una combinación de estos y otros factores. No obstante, lo que quedaría nítidamente impreso en la memoria humana para las generaciones futuras fue el abrumador poder del núcleo atómico liberado sobre esas dos ciudades hace 70 años. Pero es menos sabido que cuando Japón capituló, el día 15, había una tercera bomba en camino para lanzarla «no más tarde de mediados o finales de agosto», dependiendo de la meteorología. Bueno, en realidad lo que estaba en camino era el núcleo de plutonio, porque el resto de componentes para ensamblar varias bombas más ya estaban esperando en la Base Aérea de Tinian (Islas Marianas), desde donde operaba el Grupo Combinado 509 de la USAAF, encargado de los ataques atómicos.

Decidiendo qué ciudades aniquilamos.

Es preciso detenerse primero en la peculiar manera como el llamado Comité de Objetivos (Target Committee) decidió los blancos para esta nueva arma. Hasta bien entrada la primavera de 1945, con la guerra en Europa ya terminando y el Proyecto Manhattan para construir la bomba atómica muy avanzado, los Estados Unidos no tenían muy claro dónde y cómo iban a utilizarla si es que todo aquel invento funcionaba. Uno de sus problemas fundamentales radicaba en que los blancos más jugosos ya estaban reducidos a cenizas por los grandes bombardeos incendiarios de los meses anteriores. Media Tokio, por ejemplo, había desaparecido. Hasta 67 ciudades japonesas estaban destruidas en mayor o menor grado, junto a un enorme número de otros objetivos. Remover ruinas con un petardazo fenomenal no tendría el mismo impacto psicológico, ni causaría el mismo daño, que desintegrar una ciudad intacta con toda su población. Además, los investigadores estadounidenses querían estudiar los efectos de un arma nuclear sobre un blanco real previamente virgen o casi. En palabras del asesor de Defensa John J. McCloy (un cargo parecido a lo que ahora sería el consejero de Seguridad Nacional), «no nos quedaban más ciudades que bombardear, más portaaviones que hundir o más acorazados que cañonear; teníamos problemas para encontrar objetivos.»

Así pues, el 27 de abril de 1945, tres días antes de que Hitler se suicidase en su búnker berlinés, este Comité de Objetivos se reunió por primera vez en el Pentágono. Presidía el general Leslie Groves, director del Proyecto Manhattan, aunque la voz cantante la llevó su asistente Thomas Farrell. Estaban también el general de brigada Lauris Norstad de la USAAF (predecesora de la actual Fuerza Aérea de los Estados Unidos) y científicos nucleares como John von Neumann o William Penney. Curiosamente, Robert Oppenheimer –director científico del Proyecto– no fue invitado y menos curiosamente, tampoco Leó Szilárd –el inventor original de la bomba atómica y otras cosas muy destructivas, pero totalmente contrario a su uso contra zonas habitadas–. En la práctica, esta reunión inicial se limitó a definir unos criterios generales y una lista provisional de objetivos, donde ya aparece Hiroshima como primera opción y Nagasaki entre las alternativas:

Lista inicial de blancos del Comité de Objetivos de los EEUU para la bomba atómica

Fragmento del memorando original de la primera reunión del Comité de Objetivos, tomado por el general de brigada Lauris Norstad de la USAAF (antecesora de la actual USAF) el 28 de abril de 1945, con la lista inicial de objetivos. Puede observarse que ya aparece Hiroshima con un «1» manuscrito al lado y Nagasaki como posible alternativa. Nótese que hay varias erratas, como «Kamasaki» por Kawasaki, «Yokahama» por Yokohama, «Osake» por Osaka o posiblemente «Shimosenka», que no he logrado identificar. Imagen: Archivos Nacionales de los Estados Unidos.

Los criterios son todavía más interesantes, pues revelan claramente la política de selección de blancos:

  1. Deben tomarse en consideración las grandes áreas urbanas, con no menos de 3 millas de diámetro, en las zonas más pobladas.
  2. Los objetivos deben estar entre las ciudades japonesas de Tokio y Nagasaki.
  3. El objetivo debe tener un alto valor estratégico.
  4. Se considera apropiado estudiar las siguientes áreas: Bahía de Tokio, Kawasaki, Yokohama, Nagoya, Osaka, Kobe, Kioto, Hiroshima, Kure, Yawata, Kokura, Shimosenka [?], Yamaguchi, Kumamoto, Fukuoka, Nagasaki, Sasebo.
  5. El Grupo de Objetivos conjunto de la Armada y la Fuerza Aérea descartará cualquiera de estas 17 áreas que ya hayan sido destruidas.

–De las notas de la reunión inicial del Comité de Objetivos,
Archivo de Seguridad Nacional de los EEUU.

Alcance de un B-29 cargado con una bomba atómica (1.500 millas náuticas) desde la base aérea de Tinian-Norte

Alcance de un B-29 cargado con una bomba atómica (1.500 millas náuticas) desde la base aérea de Tinian-Norte, según las Notas de la reunión inicial del Comité de Blancos de 27 de abril de 1945 celebrada en el Pentágono, Washington DC (pág. 1.) La posición de Hiroshima y Nagasaki está indicada con puntos rojos. Este alcance dejaba a los bombarderos cierto margen de combustible para localizar el objetivo, realizar varios intentos o, en su caso, dirigirse al blanco alternativo. Mapa base: © Google Maps / Mapping and Distance Tools.

Es decir, desde el principio iban a por grandes áreas urbanas con mucha población, situadas entre Tokio y Nagasaki (por el alcance de los bombarderos B-29, añadiendo cierto margen), que no hubiesen sido ya abrasadas. Lo del «alto valor estratégico» es un poco más discutible; evidentemente, en tiempos de guerra, toda ciudad grande y muy poblada va a tener algo con valor estratégico (industria, un puerto, un nudo de comunicaciones, cualquier cosa), lo que a todos los efectos convierte a este tercer punto en una carta blanca para atacar cualquier localidad de buen tamaño. El hecho de que el punto de mira fuese en todos los casos el centro urbano en vez de las áreas donde pudieran estar esas instalaciones de alto valor estratégico y que buscaran el máximo impacto psicológico, como veremos más adelante, refuerza esta idea (en Hiroshima le dieron casi de lleno, en Nagasaki se les desvió debido a la nubosidad.)

La segunda reunión del Comité de Objetivos, mucho más decisiva, se celebró dos semanas escasas después, con la guerra en Europa recién terminada: el 10 y 11 de mayo de 1945. Esta vez Oppenheimer sí estaba presente; tanto, que la hicieron en su despacho de Los Álamos (el «sitio Y.») Con él se encontraban el general Farrell (el asistente del director Groves), el coronel Seeman, el capitán Parsons, el mayor Derry y varios científicos e ingenieros, incluyendo de nuevo a Von Neumann y Penney. En el memorando de esta reunión, donde se contemplan numerosos aspectos técnicos y operacionales, ya queda claro que buscan el máximo efecto psicológico tanto en Japón como en el mundo entero y que no desean apuntar a un objetivo militar aislado:

7. Factores psicológicos en la selección del objetivo.

A. Hubo acuerdo en que los factores psicológicos de la selección del objetivo son de gran importancia. Dos aspectos de esto son:

1. Conseguir el mayor efecto psicológico en Japón y
2. Hacer que el uso inicial sea lo bastante espectacular como para que la importancia del arma se reconozca internacionalmente cuando se le dé publicidad.

B. Con respecto a esto, Kioto tiene la ventaja de que su población es más inteligente y por tanto más capaz de apreciar el significado del arma. Hiroshima tiene la ventaja de que su tamaño y la posible focalización [ocasionada por] las montañas cercanas [favorecerán que] una gran parte de la ciudad resulte destruida. El Palacio del Emperador en Tokio tiene una fama mayor pero es de menor valor estratégico.

8. Uso contra objetivos «militares.»

A. Hubo acuerdo en que para el uso inicial del arma cualquier objetivo pequeño y estrictamente militar debe hallarse en un área mucho mayor sujeta a daños [ocasionados por] la explosión, para evitar el riesgo de que el arma se pierda debido a [un mal lanzamiento.]

–Del memorando de la segunda reunión del Comité de Objetivos,
Archivo de Seguridad Nacional de los EEUU.

Fragmento de las notas de la 2ª reunión del Comité de Blancos (pág. 6), especificando que se desea el máximo impacto psicológico, que no se deben atacar pequeños blancos militares a menos que se encuentren en "un área más extensa" donde los efectos de la bomba se evidencien, y que los bombarderos deben hallarse al menos a 2,5 millas náuticas de la explosión para reducir los efectos de la radiactividad.

Fragmento del memorando de la 2ª reunión del Comité de Blancos (pág. 6), especificando que se desea el máximo impacto psicológico, que no se deben atacar pequeños blancos militares a menos que se encuentren en «un área más extensa» donde los efectos de la bomba se evidencien, y que los bombarderos deben alejarse al menos 2,5 millas náuticas de la explosión para reducir los efectos de la radiactividad. Imagen: «The atomic bomb and the end of World War II: a collection of primary sources. National Security Archive electronic Briefing Book,» nº 162 (2005-2007). Universidad George Washington, Washington D.C (Clic para ampliar)

También se evidencia que conocen sobradamente los efectos perniciosos de la radiactividad:

9. Efecto radiológico.

A. El Dr. Oppenheimer presentó un memorándum que había preparado sobre los efectos radiológicos del dispositivo. Este memorándum no se reproducirá en este resumen pero se le envía al general Groves como un documento separado. Sus recomendaciones básicas son:

1. Por razones radiológicas, ninguna aeronave debe hallarse a menos de 2,5 millas del punto de detonación (por la explosión, esta distancia debería ser mayor) y
2. Las aeronaves deben evitar la nube de materiales radiactivos. Si otras aeronaves realizan misiones poco después de la detonación, un avión de monitorización debería determinar las áreas a evitar.

10. Operaciones aéreas coordinadas.

A. Se discutió la posibilidad de proseguir el ataque con una misión de bombardeo incendiario. Esto presenta la gran ventaja de que la capacidad de lucha contra incendios del enemigo habrá sido probablemente paralizada por el dispositivo, de tal modo que podría producirse una conflagración muy severa. No obstante, hasta que se sepa más sobre los fenómenos asociados a la detonación del dispositivo, como hasta qué punto habrá nubes radiactivas, debe evitarse ninguna misión de bombardeo incendiario inmediatamente [posterior.] (…)

–Del memorando de la segunda reunión del Comité de Objetivos,
Archivo de Seguridad Nacional de los EEUU.

Finalmente, en este segundo encuentro la anterior lista de 17 objetivos queda reducida al estudio de 6, de los que al final recomiendan 4:

6. Estado de los objetivos.

El Dr. Stearns describe el trabajo que ha realizado sobre la selección de objetivos. Ha estudiado posibles blancos con las siguientes características: (1) Son objetivos importantes en una gran área urbana con más de 3 millas de diámetro; (2) Pueden ser dañados efectivamente por una detonación; y (3), es improbable que sean atacados antes del proximo agosto. El Dr. Stearns tenía una lista de 5 blancos que la Fuerza Aérea podría reservar para nuestro uso a menos que aparezcan circunstancias imprevistas. Son los siguientes:

  1. Kioto – Este objetivo es un área urbana industrial con un millón de habitantes. Es la antigua capital de Japón y mucha gente e industrias se están trasladando ahí ahora tras la destrucción de otras áreas. Desde el punto de vista psicológico tiene la ventaja de que Kioto es un centro intelectual de Japón y su población es más capaz de apreciar el significado de un arma como el dispositivo. (Calificado como objetivo AA.)
  2. Hiroshima – Este es un importante almacén del ejército con un puerto de embarque en medio de un área urbana industrial. Constituye un buen objetivo por radar y tiene unas dimensiones que podrían hacer que una gran parte de la ciudad resulte extensamente dañada. Hay unas colinas adyacentes que probablemente producirán un efecto de focalización que puede incrementar de modo significativo los daños causados por la explosión. Debido a sus ríos no es un buen objetivo incendiario. (Calificado como un objetivo AA.)
  3. Yokohama – Este objetivo es una importante área urbana industrial que hasta ahora no ha sido atacada. Sus actividades industriales incluyen la fabricación de aviones, máquinas herramienta, puertos, equipo eléctrico y refinerías de petróleo. Conforme los daños a Tokio han aumentado, más industrias se han mudado a Yokohama. Tiene la desventaja de que las áreas más importantes están separadas por una gran extensión de agua y ahí se encuentra la mayor concentración de fuerzas antiaéreas de Japón. Para nosotros tiene ventajas como un blanco alternativo para uso en caso de mal tiempo, dado que se encuentra bastante lejos de los otros objetivos considerados. (Calificado como un objetivo A.)
  4. Arsenal de Kokura – Este es uno de los mayores arsenales de Japón y está rodeado por estructuras urbanas industriales. El arsenal es importante por [contener] artillería ligera, armamento antiaéreo y materiales defensivos para cabezas de playa. Sus dimensiones son 4.100 x 2.000 pies [1.250 x 610 metros.] Debido a sus dimensiones, si la bomba fuese correctamente lanzada se obtendría la máxima ventaja de las altas presiones inmediatamente debajo para destruir las estructuras más sólidas y al mismo tiempo habría daños considerables a las estructuras más débiles situadas a mayor distancia. (Clasificado como un objetivo A.)
  5. Niigata – Este es un puerto de embarque en la costa Noroeste de Honshu. Su importancia está creciendo conforme otros puertos resultan dañados. Cuenta con industria de máquinas herramienta y es un centro potencial de dispersión industrial. Tiene refinerías de petróleo y almacenes. (Calificado como un objetivo B.)
  6. Se debatió la posibilidad de bombardear el Palacio Imperial. Hubo acuerdo en que no debíamos recomendarlo, sino que cualquier acción para este bombardeo debe proceder de las autoridades que hacen la política militar. Acordamos que deberíamos obtener información para determinar la efectividad de nuestra arma contra este objetivo.

B. Los presentes en la reunión recomendaron que la primera elección de objetivos para nuestra arma debería ser la siguiente:

a. Kioto.
b. Hiroshima.
c. Yokohama.
d. Arsenal de Kokura.

–Del memorando de la segunda reunión del Comité de Objetivos,
Archivo de Seguridad Nacional de los EEUU.

Blancos primarios iniciales para la bomba atómica establecidos por la 2ª reunión del Comité de Objetivos.

Blancos primarios iniciales establecidos por la 2ª reunión del Comité de Objetivos (pág. 5 del acta.) De izquierda a derecha: arsenal de Kokura, en la periferia Este de Kitakyushu (calificado «A»); Hiroshima («AA»); Kioto («AA») y Yokohama («A»). Puede observarse la posición de Tokio en el extremo superior derecho. Otras 67 ciudades, incluyendo Tokio, habían quedado excluidas porque ya estaban demasiado arrasadas por los grandes bombardeos incendiarios de los meses anteriores. Mapa base: © Google Maps. (Clic para ampliar)

Podemos observar así que Nagasaki ha salido de la lista primaria de blancos y ahora está encabezada por Kioto, seguida de Hiroshima (ambas con la máxima calificación: «AA.») Un enorme punto de mira acababa de aparecer sobre la milenaria capital imperial construida en el año 793 CE, con su millón de habitantes, su centralidad cultural y su relevancia simbólica y religiosa en el sistema tradicional de creencias japonesas. Un punto de mira situado exactamente sobre su playa ferroviaria principal, justo encima de donde hoy en día se encuentra el Museo de Locomotoras de Vapor. Durante las siguientes semanas, esta fue la zona cero para el primer ataque nuclear de la historia de la humanidad:

La "zona cero" del ataque nuclear contra Kioto que nunca llegó a producirse, según un mapa de la USAAF de junio de 1945.

La «zona cero» del ataque nuclear contra Kioto que nunca llegó a producirse, según un mapa de la USAAF de junio de 1945. Puede observarse que en este caso no apuntaban directamente al centro urbano como sucedería con Hiroshima y Nagasaki, sino al nudo ferroviario principal situado en los barrios del Sur. No obstante, gran parte de la ciudad habría resultado incendiada y destruida. En todo caso, a partir de la tercera reunión se decidió abandonar esta política de apuntar a zonas específicas para dirigir el ataque directamente contra el centro urbano, con lo que las áreas históricas y de importancia religiosa y cultural de Kioto habrían sido muy probablemente aniquiladas. Imagen: Archivo de Seguridad Nacional de los EEUU. (Clic para ampliar.)

Salvando a Kioto, condenando a Hiroshima.

Henry L. Stimson

El Secretario (Ministro) de la Guerra Henry L. Stimson (1867-1950), que se emperró en que Kioto no fuese bombardeada, condenando así a Hiroshima. Imagen: Wikimedia Commons.

Entonces ocurrió algo singular: el Secretario (Ministro) de la Guerra Henry L. Stimson dijo que ni en broma. Que Kioto tenía que salir de la lista del Comité de Objetivos. Sus razones nunca han quedado claras. Suele contarse que cuando era embajador en las Filipinas, se casó y pasó la luna de miel en esta ciudad, con lo que le tenía un cariño especial; a veces la historia se escribe con letra pequeña. Obviamente sus argumentos, con los que presionó al presidente Truman una y otra vez, no fueron esos. Afirmó que un ataque nuclear contra la emblemática Kioto, en vez de empujar a los japoneses a la rendición, los electrizaría para seguir peleando hasta el fin o al menos buscar una paz separada con los soviéticos. Que en realidad no constituía un blanco estratégico tan importante. Y de hecho, llegó a convencer a Truman de que constituía un blanco «civil» por oposición a Hiroshima, que le vendió como un blanco «militar.» Incluso se negó a que entrara en la lista para los bombardeos convencionales. Puede que también pesara el precedente de Dresde, pues ya en aquellos tiempos había levantado publicidad negativa para la causa aliada como una atrocidad sin sentido. El caso es que se abrió una batalla interna entre el general Groves, partidario de mantener a Kioto como objetivo nº 1, y Stimson, decidido a sacarla por completo de la lista.

Como hemos visto en la imagen de más arriba, Kioto seguía siendo un objetivo durante el mes de junio, con los militares determinando el mejor punto para arrojarle la bomba atómica. Aunque éste quedara establecido sobre las playas ferroviarias de los distritos industriales del Sur, probablemente la ciudad entera habría quedado arrasada por una tormenta ígnea debido a los materiales de construcción típicos en el Japón del período, la cercanía de varias fábricas con abundantes materiales inflamables y los extensos parques y bosquecillos que la caracterizan (como ocurriría en amplias zonas de Hiroshima.) No obstante, el acta de la tercera reunión del Comité de Objetivos (30 de mayo) se centra en Kioto, Hiroshima y Niigata como objetivos primarios, y recomendaba un punto de mira menos selectivo:

  1. No especificar lugares [precisos] para hacer puntería; esto se determinará posteriormente en la base [de los bombarderos] cuando se conozcan las condiciones meteorológicas.
  2. Ignorar la ubicación de las áreas industriales como un blanco preciso, dado que en estos tres objetivos tales áreas son pequeñas, extendidas por los límites de las ciudades y bastante dispersas.
  3. Intentar ubicar el primer dispositivo en el centro de la ciudad seleccionada; esto es, que no sea necesario [utilizar] los siguientes 1 o 2 dispositivos para destruirla completamente. (…)

–Del memorando de la tercera reunión del Comité de Objetivos (pág. 3),
Archivo de Seguridad Nacional de los EEUU.

Fragmento del memorando de la 3ª reunión del Comité de Objetivos para la bomba atómica, donde ya se recomienda apuntar directamente a los centros urbanos.

Fragmento del memorando de la 3ª reunión del Comité de Objetivos (pág. 3), donde ya se recomienda ignorar blancos precisos de interés industrial o militar y apuntar directamente a los centros urbanos. Imagen: «The atomic bomb and the end of World War II: a collection of primary sources. National Security Archive electronic Briefing Book,» nº 162 (2005-2007). Universidad George Washington, Washington D.C.

Observamos así que, como te conté al principio, la idea de lanzar las armas nucleares contra objetivos militares o estratégicos exactos (típicamente situados en áreas más periféricas) va perdiendo fuerza en favor de aniquilar la ciudad entera atacando directamente el centro urbano; como al final se hizo en Hiroshima y se intentó en Nagasaki. En este caso, Kioto no habría recibido el bombazo en los barrios industriales y ferroviarios del Sur, sino sobre el área del antiguo palacio imperial, con el grueso de la población de un millón de habitantes concentrada alrededor. El 27 de junio, todavía aparece en la lista de ciudades que no deben ser bombardeadas por medios convencionales para que estén prístinas cuando llegue la bomba nuclear y poder así estudiar sus efectos con todo detalle.

La prueba Trinity, 16 milisegundos después de la detonación.

La prueba Trinity, 16 milisegundos después de la detonación. En ese instante, la «cúpula» tiene unos 200 metros de altura. Esta bomba, muy parecida a la utilizada después en Nagasaki, estalló a las 05:29:21 hora local del 16 de julio de 1945 en el Desierto Jornada del Muerto de Nuevo México (EEUU), con una potencia de unos 20 kilotones. Fue la primera explosión nuclear producida por el ser humano y su éxito abrió paso inmediatamente a los bombardeos atómicos contra Japón. Imagen: Gobierno de los EEUU / Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Pero al final se impuso el criterio de Stimson, un político poderoso y bastante próximo al presidente Truman: Kioto salió de la lista, tanto para bombardeos nucleares como convencionales. El nombre de la antigua capital imperial va desapareciendo a lo largo de los siguientes documentos para no volver a mencionarse desde mediados de julio. Así, Kioto fue la primera ciudad que se salvó. Pero, automáticamente, el otro objetivo clasificado como «AA» pasó a ocupar la pole position para la aniquilación nuclear: Hiroshima. Población: 350.000 personas, parecida a la de las actuales Bilbao o Alicante, y civiles en su inmensa mayoría. Sobre todo, en torno al centro urbano. Y Nagasaki, con su cuarto de millón de habitantes (como Coruña o Vitoria), regresó a la lista extendida de blancos alternativos para el caso de que la meteorología impidiese bombardear los objetivos ahora primarios: Hiroshima, Kokura, Niigata.

La siguiente parte de la historia es bastante conocida, al menos a grandes rasgos, así que no nos extenderemos demasiado. Mientras Leó Szilárd y otros científicos atómicos intentan desesperadamente que la nueva arma no se use contra lugares habitados(1, 2, 3, 4, 5, 6, 7…), la dirigencia política y militar de los Estados Unidos, junto a otro buen número de científicos e ingenieros atómicos, deciden que conviene emplearla en cuanto esté disponible del modo más destructivo posible, causando así el máximo impacto sobre Japón y el mundo entero. De hecho ya un mes antes, el 15 de junio, una carta firmada por Oppenheimer, Fermi, Compton y Lawrence recomendaba su «empleo inmediato», afirmando que «no podían proponer ninguna demostración técnica que pudiera terminar la guerra y no veían ninguna alternativa a su uso militar directo.» El impresionante éxito de la Prueba Trinity del 16 de julio –la primera detonación nuclear de la historia de la humanidad– probablemente terminó de firmar la sentencia de muerte para los blancos del Comité de Objetivos.

Iósif Stalin, Harry Truman y Winston Churchill en la Conferencia de Potsdam, 17 de julio de 1945.

Iósif Stalin, Harry Truman y Winston Churchill al inicio de la Conferencia de Potsdam, 17 de julio de 1945. Fue ahí donde el día 24 Truman comunicó a Stalin, de modo algo ambiguo, que los EEUU habían desarrollado «una nueva arma con una potencia destructiva inusual.» Stalin no mostró ninguna reacción en particular y tan solo contestó que «esperaba que hicieran buen uso de ella contra los japoneses.» Resultó que estaba totalmente al tanto del Proyecto Manhattan desde sus orígenes gracias a su extensa red de espionaje y la URSS ya había comenzado su propio programa nuclear en 1943, tras la filtración del Informe MAUD británico al NKVD. Foto: United States Army Signal Corps, Harry S. Truman Library & Museum, Administración Nacional de Archivos y Registros de los EEUU. (Clic para ampliar)

El día 24, en Potsdam, Truman comunica oblicuamente a Stalin que los Estados Unidos disponen ahora de «una nueva arma con una potencia destructiva inusual.» Según el propio Truman, Stalin no se muestra ni impresionado (ni intimidado) en absoluto, y sólo contesta que «espera que hagan buen uso de ella contra los japoneses.» En aquel momento Churchill, Truman y otros presentes se limitaron a pensar que Stalin ignoraba el verdadero poder de esa nueva arma. El hecho es que Stalin estaba perfectamente al tanto del Proyecto Manhattan, por duplicado, o más. Mucho más. Su nombre en clave para los servicios de inteligencia soviéticos fue ENORMOZ (ЭНОРМОЗ, «enorme») desde al menos finales de 1941 o principios de 1942, cuando todavía era un estudio británico. El programa soviético para hacer su propia bomba atómica se había originado en 1940 y arrancó como muy tarde en 1943, tras obtener una copia del Informe MAUD, al amparo del laboratorio nº2 de la Academia de Ciencias de la URSS (ahora conocido como el Instituto Kurchátov). Sólo había quedado ralentizado por las brutales exigencias de la guerra en Europa y sobre todo por la ausencia de minas de uranio conocidas en la Unión Soviética (luego, cuando se pusieron a ello, encontraron un montón.) Y para cuando Truman le contó el secretito a Stalin, muy posiblemente la inteligencia soviética ya tenía en su poder los planos básicos de la bomba por implosión de plutonio utilizada en Trinity y Nagasaki, así como de los reactores para producir plutonio en Hanford y la tecnología de enriquecimiento del uranio por difusión gaseosa empleada en Oak Ridge, junto a incontables detalles científico-técnicos más.

El Proyecto Manhattan y sus trabajos precedentes estuvieron plagados de espías soviéticos desde el primer momento; incluso se cree que algunos de ellos jamás fueron descubiertos y, a estas alturas, seguramente permanecerán en la oscuridad para los restos. Así que Stalin, sus servicios secretos y sus científicos atómicos no tenían ningún motivo para impresionarse. De hecho, estaban ya construyendo lo suyo y en cuanto Stalin comentó el asunto con sus asistentes en privado, el Ministro de Asuntos Exteriores soviético Mólotov (según Zhukov) propuso: «Dejémosles. Pero hay que hablar con Kurchátov y decirle que acelere las cosas.»

El coronel Paul W. Tibbets saluda desde su bombardero B-29 "Enola Gay"  poco antes de despegar de Tinian-Norte con la bomba atómica "Little Boy" hacia Hiroshima.

El entonces coronel Paul W. Tibbets (1915-2007) saluda desde su bombardero B-29 «Enola Gay» (llamado así por el nombre de su madre), poco antes de despegar de Tinian-Norte con la bomba por disparo de uranio «Little Boy» en dirección a Hiroshima. Foto: Gobierno de los EEUU / Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

El caso es que los Estados Unidos, tal como sugería la carta de Oppenheimer, Fermi, Compton y Lawrence mencionada antes, no tardaron ni tres semanas en emplear esta nueva arma. Inmediatamente tras la Prueba Trinity, los componentes para montar las dos primeras bombas salieron hacia la Base Aérea de Tinian: una por disparo de uranio altamente enriquecido llamada Little Boy, y otra por implosión de plutonio que bautizaron como Fat Man, muy parecida a la de Trinity. Allí ya esperaban los técnicos, ingenieros y aviadores del Grupo Combinado 509º, comandado por el entonces coronel Paul W. Tibbets Jr., para ensamblarlas y cargarlas en los bombarderos B-29. Fue este mismo coronel Paul Tibbets quien despegó muy de madrugada el 6 de agosto de 1945 en su bombardero Enola Gay, con once tripulantes más y la bomba Little Boy a bordo en dirección a Hiroshima, según lo indicado en la orden operacional nº 35 del día anterior. Les acompañaban otros dos B-29, uno con instrumentación para tomar mediciones y otro con cámaras para grabar el ataque para la posteridad. Sus blancos alternativos eran Kokura y Nagasaki.

Pero salió una mañana muy buena y los tres aviones alcanzaron Hiroshima poco después de las ocho, tal como estaba previsto, con la ciudad perfectamente visible bajo el sol matutino. Unas condiciones ideales, porque debido a las limitaciones tecnológicas de la época preferían evitar el bombardeo por radar, optando por el visual. A sus pies, 350.000 personas terminaban de desayunar o se dirigían ya a sus escuelas y trabajos, si es que no habían llegado y se disponían a comenzar el lunes (luego veremos por qué los niños seguían yendo a clase durante las vacaciones veraniegas.) Sobre las 08:09, Tibbets inició el ataque y su especialista en bombardeo Thomas Ferebee lanzó a Little Boy a las 08:15, apuntando al Puente de Aioi, justo en el centro urbano y fácil de reconocer desde sus 9.470 metros de altitud. A continuación echaron a correr a toda velocidad, para alejarse tanto como fuera posible. Un suave viento cruzado desvió la bomba unos 240 metros hasta que estalló 44,4 segundos después, a 580 metros sobre el Hospital Shima. La potencia calculada fueron unos 15 o 16 kilotones.

El centro urbano de Hiroshima aniquilado tras el ataque nuclear.

El centro urbano de Hiroshima aniquilado tras el ataque nuclear. El «Enola Gay» apuntó al puente de Aioi con su característica forma de T (en el recuadro amarillo), pero el viento desvió la bomba atómica hasta la vertical del Hospital Shima (en la cruz central.) Cada círculo tiene un radio de 1.000 pies (aprox. 305 metros.) Foto: Gobierno del Japón / Wikimedia Commons.

Fuera de Hiroshima, el primero en darse cuenta de que algo malo pasaba fue el controlador en Tokio de la radio pública japonesa NHK al constatar que la conexión con esta ciudad se había cortado súbitamente. Intentó comunicar por otra línea, pero tampoco hubo manera: la central telefónica de Hiroshima estaba totalmente offline. Unos minutos después, los servicios telegráficos ferroviarios constataron igualmente que sus líneas se habían cortado en algún punto al Norte de la ciudad. Pero desde algunas estaciones y apeaderos situadas a más distancia comenzaron a llegar informes histéricos de que había ocurrido alguna clase de enorme explosión. Entonces el Ejército intentó ponerse en contacto con su cuartel en Hiroshima, sin obtener más que el silencio por respuesta. Esto les extrañó mucho, porque todavía no les constaba que se hubiese producido ningún bombardeo importante en el sector y tampoco había ninguna gran cantidad de explosivos almacenada en la ciudad o sus cercanías. Un buen rato después mandaron un avión de reconocimiento desde Tokio para ver qué había pasado, pensando todavía que se trataba de algún tipo de accidente envuelto en los rumores habituales de los tiempos de guerra.

Cuando el avión llegó a 160 km de Hiroshima, su piloto apenas pudo dar crédito a sus ojos. Desde esa distancia podía ver perfectamente la enorme nube de humo que se alzaba de la ciudad incinerada. Al acercarse más, observó que todo el centro urbano había resultado aniquilado y numerosas áreas periféricas ardían como teas. Los supervivientes se arrastraban como podían hacia las colinas circundantes, heridos, quemados y enfermos de síndrome radiactivo agudo, en busca de precaria ayuda; la mayoría de hospitales y personal médico se encontraban en el centro o cerca del centro y habían desaparecido igualmente con la explosión (más del 90% de los médicos y el 93% del personal de enfermería perecieron o sufrieron graves lesiones.) Luego se supo que entre 60.000 y 80.000 personas murieron al momento, y al menos otras tantas durante los siguientes meses debido a sus heridas y a las enfermedades asociadas a la radiación. La dificultad para establecer la cifra inicial de víctimas con mayor precisión es que muchas, incluyendo a familias enteras, simplemente desaparecieron y no quedó nadie para preguntar por ellas.

Dieciséis horas más tarde, sobre el mediodía hora de Washington D.C., el presidente Truman informaba a los Estados Unidos y al mundo de que «una bomba atómica» «con más potencia que 20.000 toneladas de TNT» había sido lanzada sobre Hiroshima, «destruyendo su utilidad para el enemigo.» Añadió: «es un uso de la fuerza básica del universo; la misma fuerza de la que el sol obtiene su poder ha sido liberada contra quienes empezaron la guerra» (en realidad no lo era; para eso habría que esperar a las armas termonucleares.) Advirtió que «estas bombas están ahora en producción y otras más poderosas, en desarrollo.» Y amenazó: «Si [la dirigencia japonesa] no acepta ahora nuestros términos, deben esperar una lluvia de ruina (rain of ruin) desde el aire como jamás ha visto esta Tierra.»

Korechika Anami

El Ministro de la Guerra japonés y general Korechika Anami (1887-1945) fue uno de los más firmes oponentes a la rendición incondicional exigida por los aliados de Potsdam, bloqueando así durante varios días la capitulación. Sólo la aceptó cuando el emperador se la ordenó formalmente; el mismo día 15, cometió suicidio mediante seppuku («harakiri».) Foto: Gobierno del Japón / Wikimedia Commons.

Sin embargo, desde Japón sólo contestaron con el silencio. La razón fundamental fue que ya desde algún tiempo atrás, había en el Gobierno una lucha más o menos abierta entre partidarios de buscar la paz en distintos términos y partidarios de seguir peleando hasta el final. La aniquilación de Hiroshima no hizo más que recrudecer esta pelea, provocando un bloqueo político, con el emperador Shōwa (Hirohito) inclinado hacia el bando de la paz pero de forma un tanto dubitativa, dado que una rendición incondicional podía suponer el final del kokutai (incluyendo a la dinastía imperial.) Los científicos atómicos japoneses, que no ignoraban la posibilidad de construir armas nucleares e incluso tuvieron algún pequeño proyecto, sabían de su enorme coste y dificultad hasta el punto de que algunos dijeron que los Estados Unidos no podían tener más bombas que la ya utilizada contra Hiroshima. Esto dio argumentos al almirante Soemo Toyoda, que se radicalizó junto al duro jefe del Estado Mayor Yoshijirō Umezu y el Ministro de Defensa Korechika Anami para rechazar la rendición exigida desde la Conferencia de Potsdam. Ni siquiera la notificación soviética de que la URSS se disponía a denunciar el Pacto de Neutralidad de 1941 y declararles la guerra, tal como se habían comprometido con Estados Unidos y el Reino Unido, les hizo cambiar de opinión.

Unos por otros, no lograron alcanzar ningún acuerdo y por tanto no pudieron emitir ningún comunicado. Mientras, en Tinian, el 509º Grupo Combinado terminaba de ensamblar una segunda bomba, esta vez por implosión de plutonio, similar a la de la Prueba Trinity. Por su forma regordeta, se llamaba Fat Man.

Fat Man despegó a las 03:47 del 9 de agosto de 1945 en el bombardero Bockscar comandado por el mayor Charles W. Sweeney con Kokura como blanco primario. Si recuerdas, Kokura ocupaba el tercer lugar en la lista de blancos del Comité de Objetivos, detrás de la excluida Kioto y la devastada Hiroshima. Pero a diferencia de lo ocurrido el lunes, este jueves la meteorología no acompañó. Cuando llegaron, se la encontraron cubierta de nubes y de humo procedente del bombardeo incendiario de Yawata, atacada la noche anterior por 224 B-29. Como ya te dije, no se fiaban mucho del bombardeo por radar y las condiciones en Kokura les impidieron localizar visualmente el área del blanco. Tras varias pasadas, con la defensa antiaérea japonesa activándose y empezando a hacer cortos de combustible, decidieron alejarse hacia el blanco secundario: Nagasaki. De este modo Kokura, que había sido blanco nuclear dos veces (como objetivo secundario en el ataque del 6 de agosto y primario en este del día 9) fue la segunda ciudad condenada en salvarse.

Nagasaki también estuvo a punto de salvarse, pero al final no tuvo tanta suerte. Al llegar los bombarderos, había igualmente mucha nubosidad, tanto que tuvieron que hacer la aproximación final orientados por radar. Estaban a punto de intentar también el bombardeo por radar, del que como te dije no se fiaban mucho, cuando el capitán Kermit K. Beahan divisó Nagasaki a través de un hueco en las nubes. Pero sin poder avistar los puntos característicos del centro urbano, lanzaron al bulto, en la dirección general de la ciudad, a las 10:58 AM. Así pues, la bomba estalló con 21 kilotones de potencia a unos 2,5 kilómetros del centro, sobre el valle y distrito industrial de Urakami, cerca de la mayor catedral católica de Asia Oriental, donde se realizaba una celebración multitudinaria en ese momento por la proximidad de la Virgen de Agosto. Murieron todos los presentes junto a otras 39.000 personas en el momento, en su mayoría obreros industriales con sus familias, y 40.000 más durante los siguientes meses. No obstante, las colinas que rodeaban el valle del Urakami desviaron una parte significativa de la energía de la explosión, con lo que «sólo» resultó destruido el 44% de la ciudad. Algunas zonas situadas «a espaldas» de las colinas salieron casi intactas pese a su proximidad a la vertical de la detonación. Eso sí, donde dio, no quedó mucho que ver:

Nagasaki a la mañana siguiente del bombardeo atómico

Nagasaki a la mañana siguiente del bombardeo atómico, aproximadamente a 800 metros de la vertical de la detonación. Pueden distinguirse cadáveres calcinados entre los restos de las casas. Foto: Yosuke Yamahata vía Universidad de California en Los Angeles.

El tercer objetivo.

Ofensiva soviética a través la Manchuria ocupada por los japoneses entre el 9 y el 20 de agosto de 1945

Ofensiva soviética a través la Manchuria ocupada por los japoneses entre el 9 y el 20 de agosto de 1945, tal como habían pactado con los Estados Unidos y el Reino Unido. En menos de 3 semanas, ocuparon un área mayor que Europa Occidental donde se concentraba la mayor parte de la industria japonesa que no estaba en el propio Japón, llegando a avanzar 150 km en algunos puntos durante el primer día. Se discute si la «puntilla final» para la rendición nipona fueron las bombas de Hiroshima y Nagasaki o este desastre militar que les dejaba definitivamente aislados internacionalmente y sin recursos exteriores. Imagen: Archivos de la Federación Rusa. (Clic para ampliar)

Para acabar de estropearle el día a los japoneses, esa misma madrugada, un minuto después de medianoche, la URSS había cumplido su promesa a Estados Unidos y el Reino Unido: cuando estalló la bomba de Nagasaki, el Ejército Rojo ya estaba atacando la Manchuria japonesa por tres frentes distintos (donde, por su parte, las fuerzas japonesas habían hecho una especie de maratón para cometer tantos crímenes de guerra y contra la humanidad como fuese posible.) Calentitos y bien entrenados y equipados como venían después de ganar la guerra en Europa, los soviéticos arrasaron velozmente a las fuerzas japonesas en el continente, llegando a avanzar hasta 150 km en un solo día. El antes prestigiosísimo Ejército de Kwantung, donde se habían labrado la carrera militares del calibre del general Tōjō, se derrumbaba por horas ante las 80 divisiones del mariscal Vasilevsky. Comenzaron a correr rumores (posiblemente falsos) de que la URSS incluso pretendía desembarcar en Japón por Hokkaido, adelantándose así a la planeada Operación Downfall de los aliados occidentales.

Todo esto comenzó a poner nerviosos a los estadounidenses: el avasallador éxito de las fuerzas soviéticas en el continente (que terminarían ocupando un territorio mayor que Europa Occidental entre el 9 y el 20 de agosto), el rumor sobre su posible desembarco en Hokkaido y el hecho de que el Gobierno japonés continuara sin decir ni mú a pesar de estas rápidas derrotas y los dos bombazos atómicos empezaba a sugerir un desenlace imprevisto para la Guerra en el Pacífico. Entonces el general Curtis LeMay llamó por teléfono al coronel Paul Tibbets, el comandante del 509º Grupo Combinado que había lanzado la bomba sobre Hiroshima, para preguntarle:

Curtis LeMay

El general Curtis LeMay (1906-1990), comandante de la campaña de bombardeos estratégicos sobre Japón, incluyendo Hiroshima y Nagasaki. Posteriormente, durante la Guerra Fría, dirigiría el Mando Aéreo Estratégico de los EEUU. Imagen: Fuerza Aérea de los EEUU / Wikimedia Commons.

–¿Tienen otra de esas malditas cosas?
–Sí, señor –contestó Tibbets.
–¿Dónde está?
–Ahí en Utah.
–Tráigala aquí. Usted y su tripulación van a lanzarla.
–Sí, señor.

En efecto, los Estados Unidos contaban ya con un tercer núcleo de plutonio para ensamblar otra bomba como la de Nagasaki con los componentes disponibles en Tinian. Bueno, lo cierto es que tenían la capacidad de producir 3 núcleos al mes con los reactores de Hanford, o incluso 4 si forzaban la máquina. Estados Unidos no había desarrollado un programita experimental de armas nucleares como el que manejó sin éxito la Alemania Nazi, sino un auténtico programa industrial-militar para producirlas en serie, análogo al que después montaría también la URSS. Durante una conversación secreta entre el general Hull y el coronel Seeman (asistente del director del Proyecto Manhattan Leslie Groves) del día 13 de agosto, este último dice a Hull que puede disponer de otras siete bombas para usarlas antes del 31 de octubre, y una cada 10 días a partir de noviembre. El arma nuclear había dejado de ser un experimento de científicos. Ahora ya era un producto industrial a gran escala.

Cumpliendo las órdenes del general LeMay, el coronel Tibbets viaja a Utah en avión para recoger el tercer núcleo ya listo. Pero cuando llega a California con él dispuesto a salir hacia Tinian, el día 15, Japón anuncia que ha decidido rendirse tras un intento de golpe de estado fallido por parte de los partidarios de seguir peleando hasta el final. Así, este tercer núcleo no llegó a abandonar los Estados Unidos y nunca ha quedado claro cuál era la siguiente ciudad en la lista. Unos dicen que habrían vuelto a intentarlo contra Kokura, o quizá Yokohama. Pero el historiador Richard B. Frank, en su reconocida obra Downfall: The end of the Imperial Japanese Empire (pág. 303), menciona que los blancos originales del Comité de Objetivos habían quedado ya desfasados y habla de una nueva lista elaborada bajo el mando del general Twining, dado que «los resultados habían superado las expectativas más optimistas»:

Los siguientes 6 blancos para los bombardeos atómicos entre mediados de agosto y finales de octubre de 1945 si Japón no se hubiese rendido

Los siguientes 6 blancos para los bombardeos atómicos entre mediados de agosto y finales de octubre de 1945 si Japón no se hubiese rendido, según Richard B. Frank (1999): «Downfall: The end of the Imperial Japanese Empire.» Hiroshima y Nagasaki, ya destruidas, están marcadas con una «X». Mapa base: © Google Maps.

  1. Sapporo.
  2. Hakodate.
  3. Oyabu (?) [posiblemente en la Prefectura de Kagawa.]
  4. Yokosuka.
  5. Osaka.
  6. Nagoya.

Llaman la atención Sapporo y Hakodate, situadas en la isla norteña de Hokkaido, porque están fuera del alcance de 1.500 millas náuticas (2.778 km) establecido en documentos previos para que el B-29 pudiese ir cargando una bomba atómica y regresar con un margen de seguridad. O bien estaban ya tan confiados como para forzar un poco las cosas (son unas 200 millas más), o consideraban la posibilidad de que los aviones, después de lanzar la bomba (y por tanto sin nada especialmente secreto a bordo), aterrizasen a repostar en territorio soviético como hicieron durante la Operación Frantic de 1944. En todo caso estás seis ciudades, más quizás Kokura, fueron las que se salvaron de las siete bombas que los Estados Unidos habrían podido producir entre mediados de agosto y finales de octubre si la guerra no hubiese terminado y hubieran tenido que desembarcar en noviembre como estaba planeado. (Otra posibilidad que se contempló fue fabricar 20 y reservarlas para abrirse paso a lo largo de la invasión, como armas tácticas en vez de estratégicas, pero esto no pasó del nivel de conversaciones privadas.)

Efectos.

Una niña de Nagasaki que perdió el cabello a causa de la radiactividad.

Una niña de Nagasaki que perdió el cabello a causa de la radiactividad. Muchas personas enfermaron y murieron durante las dos décadas siguientes debido a la radiación; no obstante, estos males no pasaron a las siguientes generaciones como se temía. Esta foto estuvo censurada hasta 1952. Imagen: Gobierno del Japón.

Tan pronto como los Estados Unidos ocuparon Japón, empezaron a realizar esos estudios sobre los efectos de la nueva arma. Serían secretos durante muchos años, pero actualmente está casi todo desclasificado. Uno de los primeros hechos que pudieron observarse claramente tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki fue la enorme eficacia de las armas nucleares para causar la máxima muerte y destrucción en áreas urbanas, comparadas con los bombardeos convencionales realizados hasta entonces. Por ejemplo, los grandes bombardeos convencionales de Dresde mataron a unas 25.000 personas de 350.000 habitantes más un número indeterminado de refugiados, que podrían elevar la cifra a medio millón de personas presentes en el área; es decir, un 5% – 7% de mortalidad. La Operación Gomorra que incineró Hamburgo exigió 3.000 aviones y 9.000 toneladas de bombas para matar a unas 43.000 personas de aproximadamente 1.700.000 habitantes (según el censo de 1939): poco más del 2,5% de mortalidad. Y los apoteósicos bombardeos incendiarios de Tokio mataron a entre 75.000 y 200.000 personas del millón y medio que se encontraban en las zonas afectadas: del 5% al 13% de mortalidad, una exageración.

Por el contrario, la única bomba de Hiroshima mató instantáneamente a 60.000 – 80.000 personas de 350.000: una mortalidad del 17% – 23% y pocos meses después habían fallecido unas 166.000, elevándola al 47%. En cuanto a Nagasaki, pese a marrar el centro urbano por dos kilómetros y medio y estallar entre las colinas de Urakami que protegieron al resto de la ciudad, murieron 39.000 personas de 250.000 habitantes totales en los primeros momentos (el 15,6%) y unas 80.000 para finales de año, sumando el 32%. Esto es: incluso aquellas bombas primitivas de potencia ridícula en comparación con lo que vendría después duplicaron e incluso triplicaron las tasas de mortalidad ocasionadas por los peores bombardeos convencionales urbanos de la historia de la humanidad.

Niña cegada en Hiroshima

Esta otra niña, de Hiroshima, llegó a ver «la luz que brilla como mil soles»… y después ya no volvió a ver nada más, nunca jamás. Imagen: Gobierno del Japón.

Uno de los estudios más escalofriantes que hicieron –lógico, pero escalofriante– analizó la mortalidad entre escolares en colegios a distintas distancias del punto de detonación. Aunque en principio estaban de vacaciones veraniegas, en tiempos de guerra, y con la miseria y rápida pérdida de recursos humanos a que se enfrentaba Japón, eso de las vacaciones era muy relativo. Numerosas escuelas permanecían abiertas. El alumnado de primaria o estaba en sus casas –típicamente próximas al cole– o acudía al centro para recuperar clases perdidas durante el año. El de secundaria, a partir de los 12 o 13 años, participaba en «tareas patrióticas» relacionadas con el esfuerzo de guerra (gakuto giyutai) como abrir cortafuegos (al aire libre) o trabajar en industrias (a cubierto), todo ello cerca de sus colegios o en lugares conocidos por los profesores y directivos de los centros, que lo llevaban muy controlado. Tras los bombardeos, muchos de los profesores y directivos que habían sobrevivido hicieron grandes esfuerzos por localizar a sus alumnos o al menos, sus familias. Así que existía un registro exhaustivo de la posición de toda esta chavalería cuando estallaron las bombas, y lo que les pasó.

Como consecuencia, el volumen 6 del informe de la Comisión Conjunta para el estudio de los efectos de la bomba atómica en Japón («efectos médicos»), elaborado por el Ejército y la Comisión de Energía Atómica de los EEUU, dedica al menos 32 de sus 256 páginas a investigar el destino del alumnado de las escuelas de Hiroshima (donde, al estallar la bomba tan cerca del centro urbano, había muchas.)  En un radio de 900 metros alrededor del eje del ataque, sólo hay supervivientes entre quienes se hallaban fuera de ese radio de 900 metros dedicándose a estas «tareas patrióticas.» Por ejemplo, en el colegio de primaria Motokawa (a 500 metros), sus 192 alumnos «en la escuela o en casa» resultaron muertos. En la 1ª Escuela Prefectural para Niñas (a 800 metros), las 174 que había dentro perecieron también. Sin embargo, entre el 1º y 2º cursos del instituto de secundaria de Koamicho, que estaban abriendo cortafuegos a distancias de entre 800 y 1.100 metros de la explosión, sobrevivieron 174 de sus 497 alumnos (es de suponer que quienes estaban a mayor distancia y «a la sombra» de edificios resistentes.) Con estos y otros datos, el área de aniquilación para esta bomba primitiva de 15 kilotones escasos quedó establecida en un radio de un kilómetro alrededor del eje del ataque.

Fragmento del listado de los colegios de Hiroshima indicando la distancia a la vertical de la detonación, la ubicación de su alumnado y el número de víctimas.

Fragmento del listado de los colegios de Hiroshima indicando la distancia a la vertical de la detonación, la ubicación de su alumnado y el número de víctimas. Imagen: U.S. Army Institute of Pathology (6 de julio de 1951): «The Report of the Joint Commission for the Investigation of the Effects of the Atomic Bomb in Japan, vol. 6. – Medical effects of atomic bombs», pág. 26. United States Atomic Energy Commission, Technical Information Service, Oak Ridge, Tennessee.

Los investigadores estadounidenses prestaron particular atención a las alumnas del instituto femenino privado de Yasuda, porque se encontraban repartidas entre el colegio (a 1.200 metros de la explosión) y distintas «tareas patrióticas» que se extendían desde abrir cortafuegos cerca del edificio prefectural (a 900 metros) hasta trabajar en varias fábricas situadas a una distancia de entre 1.400 y 2.000 metros. O sea, dispuestas a lo largo de las zonas límite. Entre las 300 alumnas que hacían cortafuegos a la intemperie a menos de 1 km de la detonación, sólo hubo 8 supervivientes confirmadas (5 heridas graves.) En el propio instituto (1,2 km) se salvaron 30 de 75 (con 14 de ellas gravemente heridas.) Pero de las 9 que había en el dormitorio (1,6 km), sobrevivieron todas (2 heridas graves.) Y en las fábricas (1,4 a 2 km y además protegidas por la estructura de los edificios) salieron con vida 515 de las 555 que trabajaban en ellas (con 30 heridas graves y 4 sufriendo radiotoxicidad.)

Gráfica general de bajas totales y mortalidad para Hiroshima, en función de la distancia a la vertical de la detonación.

Gráfica general de bajas totales y mortalidad para Hiroshima, en función de la distancia a la vertical de la detonación. Recordemos que se trataba de una bomba primitiva de escasamente 15 o 16 kilotones. Imagen: U.S. Army Institute of Pathology (6 de julio de 1951): «The Report of the Joint Commission for the Investigation of the Effects of the Atomic Bomb in Japan, vol. 6. – Medical effects of atomic bombs», pág. 70. United States Atomic Energy Commission, Technical Information Service, Oak Ridge, Tennessee. (Clic para ampliar)

Lógicamente, la resistencia de los edificios y la situación de las personas dentro de los mismos jugó un papel relevante para la supervivencia. Hubo un puñado de supervivientes incluso bien dentro del área de aniquilación. El caso más extremo es el de Eizo Nomura, a apenas 170 metros de la vertical de la detonación. Eizo, de 47 años, trabajaba en la unidad de racionamiento de combustibles, situada en un edificio de hormigón armado; y él, personalmente, se encontraba en el sótano buscando unos documentos. Ni en el edificio ni en sus alrededores sobrevivió nadie, pero Eizo salió básicamente ileso. Las múltiples paredes y suelos de hormigón y la tierra a su alrededor le protegieron como si fuesen una especie de refugio antiatómico casual. En sus memorias relataba cómo al escapar del edificio entre las llamas, el humo y un paraje de absoluta devastación, pudo oír el llanto de un bebé que «calló poco después.» Eizo sufrió síndrome radiactivo agudo durante los días siguientes, pero se recuperó y vivió hasta los 84 años, muriendo en 1982.

Hablando de radiación, como ya te supondrás, ha habido un intenso debate sobre los efectos a medio y largo plazo de la radiactividad sobre las poblaciones afectadas. Hiroshima y Nagasaki son los casos en los que más gente quedó expuesta a mayores cantidades de irradiación directa, de forma incontrolada y brutal, a lo largo de toda la historia (en Chernóbil, por ejemplo, las personas que absorbieron grandes dosis fueron muchas menos y todas ellas en la central accidentada o sus inmediaciones más próximas; a cambio, la cantidad de deposición secundaria fue mayor.) Como consecuencia, se han hecho cientos de estudios sobre la salud de quienes sobrevivieron a las heridas y quemaduras ocasionadas por las bombas y a la radiotoxemia aguda subsiguiente.

Exceso de muertes por leucemia atribuíbles a las dosis de radiación recibidas para supervivientes de Hiroshima y Nagasaki con respecto a la población general, 1950-2002

Exceso de muertes por leucemia atribuibles a las dosis de radiación recibidas para supervivientes de Hiroshima y Nagasaki con respecto a la población general, 1950-2002 (indicado en tono violeta más claro.) Sin embargo, teniendo en cuenta que la cohorte total de individuos estudiados ascendió a 120.000 personas situadas en áreas próximas a las explosiones (y en otros estudios llega a 200.000 personas), puede observarse que el número de muertes por esta causa es relativamente bajo (219 fallecimientos.) Gráfica: Douple, Evan B. et al (2011): «Long-term radiation-related health effects in a unique human population: Lessons learned from the atomic bomb survivors of Hiroshima and Nagasaki.» Disaster Med Public Health Prep. Marzo 2011; 5(0 1): S122–S133. DOI: 10.1001/dmp.2011.21 (Clic para ampliar)

Los resultados, aunque relevantes, no son tan catastróficos como muchos temen. Hubo un claro incremento de los casos de leucemia unos 6-8 años después de los ataques, y de cataratas y tumores sólidos durante las dos a tres décadas siguientes (incluso entre quienes habían recibido dosis muy bajas), pero no tanto como para meterle una dentellada importante a la población. No se produjo un aumento de las malformaciones congénitas ni del riesgo de sufrir cánceres entre la descendencia de los supervivientes, salvo en el caso de las embarazadas de 8 a 15 semanas en el momento de los ataques que recibieron altas dosis de irradiación directa. Puede que influyera el hecho de que ambas explosiones fueran aéreas, para aumentar el área de destrucción, pero generando por tanto mucha menos contaminación secundaria que las detonaciones en superficie (las cuales proyectan grandes cantidades de material activado a la atmósfera.) Hoy en día Hiroshima y Nagasaki, lejos de ser eriales radiactivos, son dos ciudades perfectamente habitables donde los niveles de radiación apenas se distinguen de la radiactividad natural y sus habitantes presentan un estado de salud similar al del resto de Japón. Por fortuna, los peores temores no se cumplieron, al menos en el largo plazo.

Una coletilla poco conocida es que la Academia de Ciencias de la URSS desplegó un equipo en el área de Vladivostok, a unos mil kilómetros de distancia, para tomar mediciones radioisotópicas del aire que llegaba desde las ciudades japonesas bombardeadas. Aunque registraron unas cifras muy bajas, al analizar su composición, pudieron confirmar que las bombas reales coincidían con los datos de inteligencia que habían ido recibiendo durante todos esos años. Así, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, en vez de intimidar a la URSS, terminaron de afianzarla en el camino para crear sus propias armas nucleares apenas cuatro años después. A insistencia de Lavrenti Beria, priorizaron una bomba que era prácticamente una copia de la de Nagasaki (llamada RDS-1) pese a que tenían en marcha diseños autóctonos más avanzados (RDS-2 y RDS-3); Beria quería confirmar que toda la información que habían recibido era correcta, que podían desarrollar una copia casi idéntica de la bomba americana (y estudiar sus efectos con todo detalle) y, de paso, lograrlo lo antes posible, convirtiendo así rápidamente a la URSS en la otra superpotencia nuclear.

La «maldición» del tercer núcleo (y del USS Indianapolis).

USS Indianapolis

El crucero pesado USS Indianapolis frente a Mare Island, California, el 10 de julio de 1945. A partir del día 16, sería utilizado para trasladar los componentes de la bomba de Hiroshima a la base de Tinian. Y el 30 de julio fue torpedeado por el submarino japonés I-58, con gran parte de su tripulación pereciendo de modo bastante atroz. Imagen: Armada de los Estados Unidos / Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Tres incidentes casuales contribuyeron a incrementar el «aura maldita» que rodeó a todo este asunto de lo nuclear desde el principio (como si la aniquilación de dos ciudades en plan «presentación en sociedad» no fuese suficiente…) El primero fue lo sucedido al crucero pesado USS Indianapolis, encargado de transportar los componentes para ensamblar la bomba de Hiroshima en Tinian. Tras entregar el material, el día 26 de julio, se hizo de nuevo a la mar con rumbo a Leyte.

A las 00:14 del día 30, fue avistado y torpedeado por el submarino japonés I-58. El Indianapolis se hundió en apenas 12 minutos, dando la vuelta de campana por completo antes de sumergirse en unas aguas plagadas de tiburones y sin tiempo para agarrar muchos chalecos ni botes salvavidas. Trescientos de sus 1.196 tripulantes se fueron a fondo con el buque, pero la pesadilla sólo acababa de comenzar. Al Indianapolis no le había dado tiempo de transmitir nada antes de hundirse y el Alto Mando estadounidense no pensó que pasara nada de particular. Sólo cuando un avión de reconocimiento avistó casualmente a algunos náufragos tres días y medio después se percataron de lo sucedido. Para entonces sólo quedaban 321 supervivientes, de los que se salvaron 317. El resto habían muerto de sed, envenenados por beber agua del mar, comidos por los tiburones o simplemente ahogados. Fue la última pérdida de un gran buque de superficie estadounidense en la II Guerra Mundial y, como puede verse, de manera especialmente desagradable. (El último de todos fue el submarino USS Bullhead, hundido por aviones japoneses el mismo día del bombardeo de Hiroshima.)

Haroutune Krikor Daghlian, Jr.

El físico Harry K. Daghlian Jr. (1921-1945), primera persona muerta en un accidente de criticidad, mientras trabajaba con el «tercer núcleo» que estuvo a punto de ser utilizado contra Japón. Imagen: Wikimedia Commons.

Por su parte, el tercer núcleo también hizo de las suyas. Dos veces, hasta tal punto que llegaron a apodarlo el núcleo del demonio. Como te conté antes, al rendirse Japón, este núcleo se encontraba en California de camino a Tinian y no llegó a abandonar los Estados Unidos. En vez de eso, lo llevaron a Los Alamos para experimentar con él. Y el primer accidente ocurrió menos de una semana más tarde. El físico Harry Daghlian, de 24 años de edad, estaba trabajando en reflectores neutrónicos con el propósito de reducir la masa crítica necesaria para hacer una bomba atómica (una característica de todas las armas nucleares modernas.) Así pues, empezó a envolverlo con bloques de carburo de wolframio, uno de estos reflectores neutrónicos, para ir tomando medidas de criticidad. A mano, como se hacían las cosas en la época. Richard Feynman dijo de estos experimentos que eran como «hacerle cosquillas a la cola de un dragón dormido» por su extremo peligro, dado que cualquier error podía provocar un grave accidente de criticidad.

Cuando Daghlian iba a tapar el conjunto con el último bloque, los detectores neutrónicos le indicaron que aquello estaba a punto de tornarse supercrítico. Vamos, que iba a empezar la reacción en cadena. Fue a apartarlo… y se le resbaló de la mano, cayendo directamente sobre el núcleo. Al instante, éste se volvió casi-crítico, iniciando así un accidente de criticidad con fuerte emisión de radiación neutrónica. En vez de echar a correr, Daghlian intentó quitar el bloque de un manotazo, pero no pudo y se puso a desensamblar el montaje hasta que consiguió detener la reacción. Para entonces, había absorbido varios sieverts de radiación gamma y neutrónica, además de sufrir quemaduras beta. Murió el 15 de septiembre, 25 días después, víctima del síndrome radiactivo agudo. Un vigilante del laboratorio recibió también su dosis, mucho más baja, y pereció 33 años después (a los 62) de leucemia mieloide aguda. Esta es una enfermedad asociada a la radiación, que también sufrieron no pocos supervivientes de Hiroshima y Nagasaki; pero con 33 años por medio, vaya usted a saber si fue a consecuencia del accidente o porque le tocaba.

Accidente de Louis Slotin

A la izquierda, el físico Louis Slotin (1910-1946), segunda víctima de un accidente de criticidad trabajando con el «tercer núcleo.» A la derecha, reconstrucción de cómo «le hacía cosquillas a la cola del dragón dormido» cuando se le resbaló el destornillador y el dragón tosió. Imágenes: Gobierno de los EEUU / Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Tras este suceso se establecieron numerosos protocolos de seguridad para trabajar con estos primitivos núcleos apenas subcríticos (tan solo «5 centavos» por debajo del punto de criticidad.) Sin embargo, había otro físico más conocido, llamado Louis Slotin, que era muy bueno en lo suyo pero tenía sus peculiaridades, el hombre. Por un lado parece ser que era pelín chulo y vacilón, con cierto gusto por epatar a quien se le pusiera por medio. Un poco notas, vamos. Por otro lado, una vez terminada la guerra, estaba hasta los mismísimos del Proyecto Manhattan (como muchos otros de sus científicos) y quería volverse a sus estudios en Biofísica. Según sus propias palabras, seguía en el tajo porque «soy uno de los pocos que quedan aquí con experiencia en ensamblar bombas.» Y lo cierto es que había ensamblado Trinity y se le conocía como «el Armero en Jefe de los Estados Unidos»; el tipo tenía su valía y su prestigio. Así que estaba enseñando a otros a montar las bombas atómicas antes de largarse, si bien, por lo visto, con una cierta actitud de «para lo que me queda en el convento…»

Y así estaban las cosas el 21 de mayo de 1946, cuando Slotin estaba explicando el tema a otros siete técnicos y científicos… utilizando el mismo núcleo del demonio que nunca llegó a salir hacia Japón pero ya había matado a un hombre. Y estaba también contándoles lo de la criticidad, ahora ya con dos semiesferas de berilio (que fue el reflector neutrónico definitivo para las siguientes generaciones de armas nucleares.) Sólo que Slotin, con ese carácter y esa actitud, les hizo la demo manteniendo separadas las semiesferas de berilio… a mano, con la punta de un destornillador de cabeza plana, en contra de las nuevas normativas de seguridad y de la sensatez en general. Según dicen, no era la primera vez que le hacía cosquillas a la cola del dragón con el destornillador de marras. Ya te digo que iba un poco de sobrado.

Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe y aquel día a Slotin se le resbaló el destornillador, siendo las 15:20. Las dos semiesferas de berilio se unieron y el núcleo del demonio se volvió supercrítico instantáneamente por segunda vez. Hubo un fuerte destello de luz azul, seguramente debido a la ionización del aire al recibir el violento golpe neutrónico. Slotin notó un sabor agrio en la boca y una intensa quemazón en su mano izquierda. Aún así, de un tirón, lanzó al suelo la semiesfera superior de berilio, deteniendo la reacción casi al momento. Pero era demasiado tarde. En cuanto escaparon del edificio Slotin ya estaba comenzando a vomitar, puede que por los nervios o por el síndrome radiactivo agudo de los 12 grays de radiación gamma y neutrónica que acababa de comerse en seco. O las dos cosas.

Posición de las personas que se encontraban alrededor de Louis Slotin  cuando sufrió el accidente de criticidad.

Posición de las personas que se encontraban alrededor de Louis Slotin (marcado con el cuadrado amarillo) cuando sufrió el accidente de criticidad. Curiosamente, aunque Slotin murió a los pocos días de radiotoxemia aguda, el resto de los presentes vivieron muchos años y algunos llegaron a avanzada edad. Imagen: Gobierno de los EEUU / Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Louis Slotin murió muy malamente 9 días después, el 30 de mayo de 1946. Sin embargo, el resto de los presentes (con tres de ellos a menos de 2,5 metros de distancia) no sufrió más que episodios de debilidad o ningún síntoma en absoluto. El único que murió joven fue el guardia al otro lado de la puerta… porque era un soldado y lo mataron en la Guerra de Corea, a los 27 años de edad. El siguiente falleció 19 años más tarde, de un infarto (los problemas coronarios han sido vinculados a la radiación, pero durante los 18 años anteriores esta persona había presentado una salud excelente, o sea que pudo deberse a ese o cualquier otro motivo.) En general, el resto de los presentes en el accidente Slotin fueron muriéndose un poco cuando les tocaba; sí, típicamente con enfermedades asociadas a la radiación, pero al menos un par de ellos con más de ochenta años de edad (entre ellos, uno de los que estaban más próximos al núcleo, detrás de Slotin; parece que su cuerpo le protegió.)

De estos y otros hechos por el estilo emana parte del interminable debate de los efectos de la radiactividad sobre la salud humana: está claro que si absorbes una dosis muy alta en un plazo breve va a «freírte» y te morirás de tu síndrome radiactivo agudo, o como mínimo sufrirás lesiones y posiblemente secuelas (los llamados efectos no-estocásticos); pero si absorbes dosis menores o en plazos más prolongados, las consecuencias son mucho más ambiguas y retardadas (los llamados efectos estocásticos.) Si te mueres de una leucemia borde 25 años después de sufrir un accidente radiactivo, ¿es a consecuencia del accidente radiactivo o simplemente porque te dio una leucemia borde como a cualquier otro hijo de vecina? En estos casos, donde la irradiación del personal procede de una emisión primaria con poca o nula contaminación secundaria (fallout) que pueda permanecer en el ambiente y el organismo, el asunto es más confuso todavía. El caso es que el tercer núcleo acabó matando gente. Ya no hicieron más experimentos con él y finalmente lo usaron en la prueba Able, cinco semanas después, donde desapareció liberando 21 kilotones de potencia.

Como comprenderás, me he tenido que saltar un montón de cosas para que esta entrada no se me alargase hasta el infinito… más aún. ;-) Pero a grandes rasgos, esta es la historia de las ciudades que se salvaron y las gentes que no durante la única campaña de bombardeos atómicos que ha presenciado la humanidad, comenzando hace justo ahora 70 años (día 6 de agosto a las 01:15 hora peninsular CEST, 08:15 hora de Japón.) Ojalá nunca volvamos a ver nada igual. O, más probablemente, si llegara a suceder, mucho peor.

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Bibliografía:

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De amigos derribados

Por desgracia, ni es el primero ni será el último.

In memoriam vuelo 17 de Malaysian Airlines, derribado el 17 de julio de 2014 sobre la Cuenca del Don.

In memoriam vuelo 17 de Malaysian Airlines, derribado el 17 de julio de 2014 sobre la Cuenca del Donets, con 298 personas a bordo. Foto: © M. Zafriz, planespotters.net (Clic para ampliar)

Una vez más, nos han abatido a un amigo. Bueno, en esta ocasión, a 298 amigos. Eso lo convierte en el peor derribo de la historia, superando en ocho al que hasta ahora encabezaba tan infame lista: el Iran Air 655, destruido por el crucero USS Vincennes de la Armada de los Estados Unidos el 3 de julio de 1988, con 290 ocupantes. En esta ocasión la tragedia se ha cernido otra vez sobre Malaysia Airlines, que menudo añito lleva; como ya sabrás, a menos que hayas andado por la nube de Oort estos últimos días, el vuelo Malaysian 17 de Amsterdam a Kuala Lumpur cayó sobre la disputada cuenca del río Donets sobre las 16:20 (hora local) del pasado jueves. Según todos los indicios, reventado por un misil.

Como te digo, no es el primero, ni mucho menos. Viene ocurriendo desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando los aviones civiles y militares empezaron a compartir el cielo a menudo. Los primeros fueron dos Junkers Ju-52 de fabricación alemana, el 14 de junio y 26 de octubre de 1940, uno a manos de la Fuerza Aérea Soviética y otro de la Japonesa. Fue bastante lógico –que no bueno– porque los Ju-52 civiles se parecían mucho a sus versiones militares, tanto para transporte como los bombarderos que se estrenaron en la Guerra Civil Española, dando lugar a la expresión armas de destrucción masiva. De hecho, poco antes, el 30 de mayo y el 2 de junio de 1940 los cazas británicos y la defensa antiaérea sueca ya se habían cepillado sendos transportes militares nazis de este mismo modelo. Con una guerra de alcance planetario en marcha nadie miraba mucho el pelo de un Ju-52, a ver si era civil, militar o militarizable, y así comenzó la cosa.

Desde entonces, entre vuelos civiles y aviones de tipo comercial realizando misiones militares, ha ocurrido al menos 325 veces tanto en tiempos de paz, como de guerra, como cualquiera de los tonos de gris que hay en medio. El primero así gordo para los criterios de su época fue el vuelo regular británico BOAC 777-A de Lisboa a Bristol, un DC-3 abatido en el Golfo de Vizcaya por ocho cazabombarderos nazis Junkers Ju-88 el 1 de junio de 1943. Perecieron sus 17 ocupantes, entre ellos el actor Leslie Howard, el destacado sionista Wilfrid B. Israel,  un presunto agente especial inglés y dos niñas de 11 años y 18 meses. Hubo muchas conjeturas sobre los motivos de este derribo, pero los pilotos alemanes que lo ejecutaron declararían después que simplemente nadie les informó de que había un vuelo civil programado en el sector y lo tomaron por un transporte militar. Al igual que ocurriera con los Ju-52, a los DC-3 también se les daba un uso bélico extensivo, por lo que la confusión estaba de nuevo asegurada.

Tupolev Tu-104A

Probablemente, el primer avión de pasajeros derribado por un misil fue un Tupolev 104A como este: el vuelo Aeroflot 902 de Jabárovsk a Moscú con escalas en Irkutsk y Omsk. Según reconocieron bastante más tarde las autoridades soviéticas, fue abatido accidentalmente durante unas maniobras militares en la Marca de Krasnoyark, el 30 de junio de 1962. Murieron sus 84 ocupantes. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

El primero que cayó al sobrevolar una zona conflictiva sin tener nada que ver con el asunto fue un vuelo checo de Praga a Israel vía Roma y Atenas. Aproximándose a Atenas, se perdió en las nubes y lanzó una bengala para dejarse ver. Los griegos, que andaban de guerra civil, lo tomaron por una amenaza y le zumbaron con artillería antiaérea. Perecieron las 24 personas que iban a bordo. Otro muy destacado fue el vuelo israelí El Al 402 de Londres a Tel Aviv con escalas en Viena y Estambul. Se trataba de un Lockheed L-049 Constellation, la versión civil del transporte militar C-69, con 51 pasajeros y 7 tripulantes. Debido a un error de navegación se metió en espacio aéreo búlgaro el 27 de julio de 1955, al otro lado del Telón de Acero, en plena Guerra Fría. Un par de cazas MiG-15 subieron a por él. Como suele suceder en estos casos, hay dos versiones de lo que ocurrió a continuación; pero parece ser que el Constellation no obedeció las órdenes de los cazas, o no lo hizo a plena satisfacción de sus pilotos, y al final acabó derribado con fuego de ametralladora. También fallecieron todos sus ocupantes.

Misiles contra civiles.

Con la aparición de los misiles comenzaron los derribos de aviones comerciales sin comerlo ni beberlo. Los misiles es que son un poco bordes. No les mola eso de suicidarse sin llevarse a alguien por delante. Mientras puedan localizar un blanco, intentarán ir a por su gaznate. Y esto fue lo que le pasó el 30 de junio de 1962 al Aeroflot 902 de Jabárovsk a Moscú (URSS), un Tupolev Tu-104A inconfundiblemente civil. Se estrelló al Este de Krasnoyarsk con 84 personas a bordo, entre ellas 14 menores; no hubo supervivientes. Las Fuerzas Armadas Soviéticas reconocieron después con la boca chiquitina, chiquitina, que ignoraban dónde fue a parar un misil tierra-aire de largo alcance lanzado durante unas maniobras militares en el área.

Cosa parecida se rumorea que le ocurrió el 11 de septiembre de 1968 al vuelo 1611 de Air France, un Caravelle III que cayó al Mediterráneo mientras viajaba de Córcega a Niza. A bordo iba todo un general y héroe de guerra, René Cogny, junto a 94 personas más. Las 95 murieron. El informe final achacó la catástrofe a un incendio de origen desconocido. Sin embargo, a principios de esta década comenzaron a salir informaciones de que pudo ser derribado accidentalmente por un misil en pruebas de las Fuerzas Armadas Francesas. Con gran renuencia París reabrió el caso en 2012, pero sigue en un limbo judicial. No obstante, hoy en día todas las bases de datos de seguridad aérea lo consideran efectivamente abatido por un misil.

Por no extenderme hasta el agobio, nos limitaremos a comentar los derribos estrictamente civiles de los últimos cincuenta años con más de cincuenta ocupantes y una mayoría de ellos muertos. O sea, los gordos. Son los siguientes:

Libyan Arab Airlines 114, derribado por la Fuerza Aérea Israelí en territorio ocupado por Israel.

F-4 Phantom II israelí

El Libyan Arab Airlines 114 fue abatido por cazabombarderos israelíes F-4 Phantom II como el de la foto, actualmente convertido en monumento a la salida de la Escuela de Aviación Militar de Naot Lon, en Beerseba. Debido a la tensa relación entre Israel y los países árabes, sus pilotos decidieron desobedecer a los cazas Phantom, por lo que fueron derribados. Dieciocho años antes el avión de pasajeros israelí El Al 402 había hecho lo mismo sobre Bulgaria y resultó igualmente destruido por cazas MiG-15. Sin embargo, el Libyan 114 fue el último avión comercial derribado «a la antigua», con fuego de cañón ametrallador. Llegaba la era de los misiles. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Península del Sinaí (conquistada por Israel en aquellas fechas.)
  • Fecha/hora: 21 de febrero de 1973, poco después de las 14:00 hora local.
  • Aeronave: Boeing 727-224, matrícula 5A-DAH (Libia).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: TrípoliCairo vía Bengasi.
  • Contexto: Entre la Guerra de los Seis Días y la Guerra del Yom Kippur, con Israel y Egipto técnicamente en guerra; sin combates en ese momento, pero en alto estado de alerta.
  • Derribado por: 2 cazabombarderos F-4 Phantom II de fabricación estadounidense con sus cañones ametralladores, autorizados por David Elazar, comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel.
  • Detalles: Debido a una fuerte tormenta de arena que les dejó sin visibilidad y un error de navegación, el vuelo 114 de Libyan Arab Airlines penetró en espacio aéreo israelí desde Egipto sobre las 13:54 hora local. Sin saberlo, se dirigió además hacia la Central Nuclear de Dimona, el centro de producción de los materiales especiales para las armas atómicas israelís. Dos cazabombarderos F-4 Phantom II salieron a interceptarlo. Al igual que hiciera el El Al 402 de 1955 en Bulgaria, los pilotos del Libyan 114 decidieron ignorar sus instrucciones e intentar el regreso a Egipto. Los cazabombarderos israelís lo derribaron con fuego de cañón ametrallador. Gracias a un aterrizaje de emergencia in extremis hubo 5 supervivientes, incluyendo al copiloto, quien declaró que no habían obedecido las órdenes debido a la mala relación entre los países árabes e Israel. Fue el último gran derribo civil a la antigua, a balazos.
  • Resultado: Avión destruido, 108 personas muertas, 5 supervivientes. Sin consecuencias negativas para los autores. Finalmente, Israel indemnizó a las familias de las víctimas y Moshé Dayan calificó lo sucedido como «un error de juicio.»

Air Rhodesia 825, derribado por la guerrilla ZIPRA en Rodesia, hoy Zimbabue.

  • Lugar: Al Oeste de Karoi (entonces Rodesia, ahora Zimbabue)
  • Fecha/hora: 3 de septiembre de 1978, sobre las 17:00 hora local.
  • Aeronave: Vickers Viscount 782D, matrícula VP-WAS (colonias del Reino Unido).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: Victoria FallsSalisbury (hoy Harare) vía Kariba.
  • Contexto: Guerra del Matorral, un conflicto extremadamente brutal entre las mayorías negras y el gobierno y colonos blancos de Rodesia. La aerolínea de bandera Air Rhodesia estaba fuertemente identificada con el estado y la élite blanca.
  • Derribado por: Guerrilleros del ZIPRA con un misil antiaéreo portátil modelo Strela-2 (SA-7), de fabricación soviética.
  • Detalles: Cinco minutos después de despegar de Kariba, durante el ascenso, guerrilleros emboscados en el matorral dispararon un misil portátil de guía infrarroja Strela-2 contra el vuelo 825. Le alcanzó en el ala de estribor, causándole gravísimos daños y obligándole a realizar un aterrizaje forzoso en el que murieron 38 de los 56 ocupantes. Los guerrilleros mataron con armas automáticas a los 10 supervivientes que encontraron al llegar al lugar del impacto. Otros 8 lograron ocultarse o escapar. Fue el primer avión comercial derribado por un misil lanzado desde el hombro (MANPADS.)
  • Resultado: Avión destruido, 48 personas muertas, 8 supervivientes. El gobierno tomó represalias igualmente sangrientas, que condujeron, entre otras consecuencias, al siguiente caso:

Air Rhodesia 827, derribado por la guerrilla ZIPRA en Rodesia, hoy Zimbabue.

9K32 Strela-2 (SA-7) MANPADS

Aunque actualmente obsoleto para la mayoría de situaciones, el MANPADS soviético 9K32 «Strela-2» (en la imagen) ha sido «el Kalashnikov de los antiaéreos» en numerosos conflictos del mundo. Pertenece a la misma generación que los FIM-92 «Stinger» estadounidenses originales. Actualmente existen armas de este tipo mucho más modernas, como la Igla-S rusa, el Starstreak británico, las últimas versiones del Stinger o los nuevos modelos chinos. Todas estas armas se conocen genéricamente como MANPADS («man-portable air defense systems»). Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Área de Vuti (entonces Rodesia, ahora Zimbabue)
  • Fecha/hora: 12 de febrero de 1979, sobre las 17:00 hora local.
  • Aeronave: Vickers Viscount 748D, matrícula VP-YND (colonias del Reino Unido).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: KaribaSalisbury (hoy Harare.)
  • Contexto: Guerra del Matorral, tras feroces represalias a consecuencia del derribo anterior.
  • Derribado por: Guerrilleros del ZIPRA con otro misil antiaéreo portátil modelo Strela-2, de fabricación soviética.
  • Detalles: Era, básicamente, el mismo vuelo con otro avión. Mientras despegaba de Kariba, durante el ascenso, los guerrilleros le lanzaron un segundo misil portátil de guía infrarroja Strela-2. Esta vez, el avión atacado sufrió daños fatales y se estrelló sin más.
  • Resultado: Avión destruido, 59 personas muertas, sin supervivientes. Las guerrillas terminaron ganando el conflicto, así que los autores no sufrieron consecuencias por estos hechos.

Itavia 870, derribado por la OTAN en el Mar Tirreno, Mediterráneo.

  • Lugar: Mar Tirreno, frente a las costas italianas, cerca de Ustica.
  • Fecha/hora: 27 de junio de 1980, sobre las 21:00 hora local.
  • Aeronave: DC-9-15, matrícula I-TIGI (Italia).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: BoloniaPalermo.
  • Contexto: Unas oscuras operaciones de la OTAN en el Mar Mediterráneo, probablemente relacionadas con Libia.
  • Derribado por: La Armada Francesa, parte del componente naval de la OTAN en el sector, con un misil tiera-aire.
  • Detalles: Los detalles de este caso, cuidadosamente encubiertos durante décadas, son todavía muy turbios. El ex Presidente de Italia Francesco Cossiga (Democracia Cristiana, derecha) ha reconocido que el Itavia 870 fue destruido accidentalmente por un misil lanzado desde un buque de la Armada Francesa en el contexto de una operación de la OTAN destinada a asesinar al coronel Gadaffi (palabras textuales del ex Presidente Cossiga, citado por el Corriere della Sera.) Los tribunales italianos han condenado al estado a indemnizar a las familias por «no garantizar la seguridad del vuelo», a cargo del contribuyente. El derribo del Itavia 870 se considera relacionado con el incidente del MiG-23 de Castelsilano y con aspectos todavía secretos de la Operación Gladio.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 81 personas muertas, sin supervivientes. Jamás se ha establecido ninguna responsabilidad particular ni ha habido consecuencias para ninguna persona o entidad específica. El estado italiano terminó indemnizando a las familias de las víctimas décadas después.
Itavia 870.

Lo ocurrido al Itavia 870 fue uno de los grandes misterios de los «años del plomo» de la guerra sucia en Europa. Se estrelló en el Mar Mediterráneo el 27 de junio de 1980, con 81 personas a bordo. No fue hasta bien entrado el siglo XXI que las autoridades y la judicatura italianas reconocieron que había sido derribado por un misil de la Armada Francesa durante unas oscuras operaciones de la OTAN, probablemente contra Libia. El estado italiano terminó asumiendo las indemnizaciones. Nadie ha sido procesado por estos hechos. Imagen: W. Fischdick vía Wikimedia Commons.

Korean Air Lines 007, derribado por la Fuerza Aérea Soviética en aguas probablemente soviéticas.

Derribo soviético del Jumbo sudcoreano KAL 007.

Arriba a la izda.: muchos años después, el teniente coronel (ya retirado) de la Fuerza Aérea Soviética Gennady Osipovich explica cómo derribó al vuelo KAL007 en la madrugada del 1 de septiembre de 1983. En entrevistas posteriores ha afirmado «tener pesadillas» por lo sucedido, pero al mismo tiempo sigue convencido de que el Jumbo surcoreano había sido modificado para actuar como avión espía. Arriba a la dcha.: Un Boeing 747 Jumbo de Korean Air Lines similar al abatido. Abajo: Mapa del sector el 1 de septiembre de 1983. Pueden observarse las zonas sumamente críticas que había sobrevolado y se disponía a sobrevolar. Imágenes: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Cerca de la Isla Moneron, frente a las costas de Sajalín, URSS (actualmente Rusia.) Se discute si ocurrió exactamente dentro o fuera del espacio aeronaval soviético.
  • Fecha/hora: 1 de septiembre de 1983, 05:26 hora local.
  • Aeronave: Boeing 747-230B Jumbo, matrícula HL7442 (Corea del Sur).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: Nueva YorkSeúl vía Anchorage (Alaska.)
  • Contexto: Momento extremadamente tenso de la Guerra Fría, que llegó a estar muy cerca de la guerra nuclear.
  • Derribado por: Grupo de cazas de combate de la Fuerza Aérea Soviética, y específicamente por un interceptor Sukhoi Su-15, con misiles aire-aire Kaliningrad K-8 (AA-3). El Su-15 estaba pilotado por el mayor (después teniente coronel) Gennady Osipovich, a las órdenes del general Anatoli Korkunov (báse aérea de Sokol), a su vez a las órdenes del general Valeri Kamensky (comandante de la defensa aérea del Distrito Militar del Lejano Este), bajo el mando de los generales Ivan Moiseevich Tretyak (comandante del Distrito Militar del Lejano Este) y Vladimir L. Grovov (comandante del Teatro de Operaciones del Lejano Este.)
  • Detalles: Al partir de Alaska, los pilotos del Jumbo sudcoreano configuraron erróneamente el modo de navegación del autopiloto. Por ello, volando de noche, el avión se desvió más de 300 km de su ruta sin que se diesen cuenta. Desafortunadamente, penetró en la Unión Soviética por un punto muy cercano a una de las dos bases principales de submarinos atómicos SSBN/PLARB. A continuación siguió avanzando hacia la región estratégica de Vladivostok, sede de la Flota del Pacífico. En el contexto de extrema tensión indicado anteriormente, la respuesta de la cadena de mando soviética ante esta «doble penetración» puede calificarse de histérica o cuanto menos paranoica, tremendamente agresiva. Aunque realizaron algunos intentos para identificar al intruso, y el mayor Osipovich asegura haberle hecho al menos dos advertencias distintas (en condiciones de muy mala visibilidad), el estado mental de todos los implicados evolucionó rápidamente hacia la decisión de abrir fuego antes de que abandonara el espacio aéreo de la URSS. Posteriormente, las autoridades soviéticas ocultaron diversos aspectos del derribo, hasta que Yeltsin abrió los archivos en 1993. De la grabación de la caja negra se deduce que los pilotos surcoreanos, entretenidos con una conversación privada, nunca fueron conscientes de nada de lo que ocurría a su alrededor y quedaron totalmente sorprendidos al constatar cómo perdían el control del avión debido al impacto de los misiles.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 269 personas muertas, sin supervivientes. Tanto el mayor Osipovich como sus superiores fueron premiados por sus acciones y el general Korkunov, en particular, terminaría siendo comandante de la Fuerza Aérea Rusa; falleció el pasado 1 de julio a los 72 años de edad. Korean Air Lines pagó la indemnización a las familias de las víctimas.

Tres derribos con misiles portátiles (1985-1987):

Iran Air 655, derribado por la Armada de los Estados Unidos en aguas iranís.

Centro de Información de Combate (Aegis) del USS Vincennes (CG-49).

El Centro de Información de Combate (Aegis) del USS Vincennes (CG-49), de la clase Ticonderoga, en 1988. Este fue el lugar exacto desde donde se derribó al vuelo Iran Air 655, que con 290 personas muertas fue el peor de la historia hasta el Malaysian 17 de esta semana pasada. Imagen: Armada de los Estados Unidos. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Estrecho de Ormuz, Golfo Pérsico, frente a la Isla de Queshm (Irán.)
  • Fecha/hora: 3 de julio de 1988, 10:24 hora local.
  • Aeronave: Airbus A300B2-203, matrícula EP-IBU (Irán).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: Bandar AbbásDubai.
  • Contexto: Guerra Irán-Iraq, inmediatamente después de la Operación Praying Mantis, con Estados Unidos apoyando poco disimuladamente a Sadam Husein contra el Ayatolá Jomeini. Las fragatas norteamericanas USS Sides y USS Elmer Montgomery se encontraban en la zona, a poca distancia del crucero de misiles USS Vincennes de la clase Ticonderoga (con Aegis). Al menos el USS Vincennes había penetrado ilegalmente en aguas iraníes y acababa de librar un combate a tiros contra lanchas de este país. Por tanto, el estado de ánimo a bordo era de extrema alerta y agresividad.
  • Derribado por: 2 misiles superficie-aire SM-2MR disparados desde el crucero USS Vincennes de la Armada Estadounidense, siguiendo órdenes de su capitán William C. Rogers III, conocido por su elevada belicosidad personal (hasta el punto de que este buque sería luego apodado el Robocrucero, por Robocop.)
  • Detalles: Mientras el Iran Air 655 ascendía normalmente desde Bandar Abbás, fue detectado por el USS Vincennes, que acababa de entrar en combate contra lanchas iraníes. Pese a que el Airbus circulaba por una aerovía internacional establecida (Amber 59) e iba transmitiendo su squawk en modo III como de costumbre, el Centro de Información de Combate del buque lo catalogó como un F-14 Tomcat iraní disponiéndose a atacar. Intentaron ponerse en contacto varias veces con él, pero debido a diferencias en la lecturas de posición y velocidad, a los pilotos del Airbus no les pareció que se dirigieran a ellos y no contestaron. Inmediatamente, y pese a que el Airbus continuaba ascendiendo en línea recta (y no estabilizándose o descendiendo para atacar, ni intentando pasar desapercibido, que sería lo lógico) el capitán Rogers ordenó abatirlo.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 290 personas muertas, sin supervivientes. Los autores fueron condecorados y ascendidos con posterioridad. Estados Unidos pagó indemnizaciones a las familias de las víctimas, pero sin disculparse. Fue el peor caso de todos, por número de fallecidos, hasta esta semana pasada.

(Omito aquí el derribo del Tu-154 de Orbi Georgian en Abjasia, el 22 de septiembre de 1993, por tratarse en realidad de un transporte de tropas georgianas en avión comercial para la Guerra de Abjasia que se libraba en la región; estamos hablando de derribos de aeronaves estrictamente civiles desempeñando funciones estrictamente civiles. Pero cayeron los 132 que iban a bordo. Dado que la guerrilla abjasia ganó el conflicto, tampoco hubo persecución de los autores.)

Lionair 602, derribado por los Tigres de Liberación del Eelam Tamil en Sri Lanka (dudoso.)

  • Lugar: Frente a las Islas de Iranativu (Sri Lanka.)
  • Fecha: 29 de septiembre de 1998.
  • Aeronave: Antonov An-24RV, matrícula EW-46465 (Bielorrusia, en leasing).
  • Tipo: Vuelo regular nacional de pasajeros.
  • Ruta: JaffnaColombo.
  • Contexto: Guerra civil de Sri Lanka. La guerrilla tamil acusaba a Lionair de cooperar extensivamente con las fuerzas armadas gubernamentales.
  • Derribado por: Dudoso. Probablemente, misiles ligeros de infantería (MANPADS) disparados por los Tigres de Liberación del Eelam Tamil.
  • Detalles: El avión se perdió en el mar diez minutos después de despegar de Jaffna. Los restos no aparecieron hasta 2012. Aparece en las bases de datos de seguridad aérea como abatido con misiles tierra-aire.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 55 personas muertas, sin supervivientes. Se desconoce la identidad exacta de los autores materiales.

Siberia Airlines 1812, derribado por la Defensa Aérea de Ucrania en el Mar Negro.

Misil de un sistema antiaéreo de largo alcance S-200 Vega, en Chequia.

Misil de un sistema antiaéreo de largo alcance S-200 Vega como el que derribó al Siberian 1812, en el Museo Técnico Militar Lešany (Chequia.) Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

  • Lugar: Mar Negro, ZEE de Rusia, 190 km al OSO de Sochi.
  • Fecha/hora: 4 de octubre de 2001, sobre las 13:45 hora local.
  • Aeronave: Tupolev Tu-154M, matrícula RA-85693 (Rusia).
  • Tipo: Vuelo regular internacional de pasajeros.
  • Ruta: Tel AvivNovosibirsk.
  • Contexto: Menos de 1 mes después de los atentados del 11-S. La Defensa Aérea de Ucrania estaba realizando maniobras militares con misiles tierra-aire de medio y largo alcance.
  • Derribado por: Misil de un sistema S-200 de la Defensa Aérea de Ucrania.
  • Detalles: La Defensa Aérea de Ucrania disparó un misil del sistema S-200 contra un blanco de maniobras desde el Cabo Onuk, Crimea. Sin embargo, este blanco había sido previamente abatido por un S-300 de la misma nacionalidad. Al no encontrar un objetivo, en vez de autodestruir el misil, el S-200 se reblocó automáticamente contra lo «siguiente que vio»: el Siberian 1812, alcanzándolo poco después.
  • Resultado: Avión destruido y sumergido, 78 personas muertas, sin supervivientes. Al principio Ucrania negó los hechos y sólo pagó indemnizaciones ex gratia a los familiares. Finalmente lo reconoció, abonando indemnizaciones adicionales. No obstante, los tribunales ucranios siguen negándose a dar la razón a las familias y entidades demandantes. Se ignora si algún militar ucranio tuvo problemas a consecuencia de este suceso.

Entre estos, que son los gordos, ha habido una constante llovizna de otros más pequeños o de «civilidad» dudosa con los que no te voy a saturar, hasta sumar casi 2.000 muertos. Como puede verse, la práctica de derribar aviones de pasajeros cargados de civiles inocentes sin que haya consecuencias negativas para los autores, sino más bien todo lo contrario, está bien extendida y establecida desde mediados del siglo pasado. Y ahora, otro. :-( Que, si tiene alguna consecuencia, sólo será porque esta vez los autores podrían ser unos muertos de hambre.

Me gustaría agrupar todos estos casos en un pequeño esquema sistemático, para aclararnos un poco:

  • Derribos deliberados:
  1. Por voluntad expresa, al considerar a la aerolínea o sus ocupantes parte del enemigo o combatiente de facto: Air Rhodesia 825 (ZIPRA, 1978) y 827 (ZIPRA, 1979); los dos An-26 de Bakhtar Afghan (islamistas antisoviéticos, 1985 y 1987); el Fokker F-27 de Sudan Airways (ELPS, 1986); Lionair 602 (tamiles, 1998).
  2. Por voluntad expresa, al negarse la aeronave civil a obedecer órdenes: El Al 402 (Bulgaria, 1955); Libyan Arab Airlines 114 (Israel, 1973).
  3. Por confusión en la toma de decisiones y/o amenaza percibida del blanco, en un contexto de elevada tensión y hostilidad: Korean Air Lines 007 (URSS, 1983); Iran Air 655 (EEUU, 1988).
  4. Por causas aún secretas o no lo bastante conocidas: en parte, Itavia 870 (OTAN, 1980, en lo que hace a los motivos exactos de que hubiera misiles volando en el área.) Y aparte, está el extraño caso del Malév 240 (1975), que permanece bajo secreto de estado tanto de Hungría como de cualquier otro actor implicado (ver preguntas del eurodiputado Erik Meijer a la Comisión Europea sobre este suceso.)
  • Derribos por error:
  1. Por misiles perdidos que se blocaron o reblocaron contra el avión comercial: Aeroflot 902 (URSS, 1962); Air France 1611 (Francia, 1968); Itavia 870 (OTAN, 1980, en lo que respecta a la causa inmediata del derribo); Siberia Airlines 1812 (Ucrania, 2001).
  2. Por error simple de identificación, confundiéndolo con una aeronave enemiga:  Vuelo checo a Atenas (Grecia, 1948);

Bueno, y este rollo que te acabo de meter, ¿a qué viene? Pues viene a que estoy intentando encontrar algo de racionalidad a través de la asfixiante humareda de propaganda que venimos padeciendo desde que el Malaysian 17 se desplomó de los cielos; y ya que estoy, pues te lo ofrezco a ti también por si te sirve de algo.

Veamos: como es obvio, nadie derriba deliberadamente grandes aviones de pasajeros contra los que no tiene nada en particular por mera maldad o porque se le pone en la horcajadura. Incluso aunque seas muy, muy malo y muy, muy chulo, no lo haces sin un motivo mínimamente racional. La única alternativa es que estés francamente colocado, como la gente sin duda se suele colocar en las guerras, pero eso sólo funciona bien para violar y degollar, no para manejar equipo antiaéreo con éxito. De hecho, ya lo ves: no hemos encontrado ni un solo caso de alguien que abatió un avión comercial simplemente porque le salió de la anatomía habitual. Siempre hay un motivo, una razón, o al menos un método en la locura. En el caso del Malaysian 17, no hay ningún motivo obvio por el que Ucrania, Rusia o los rebeldes del Donetsk quisieran tumbar un avión de la otra punta del mundo, sin nada que ver en sus asuntos.

TELAR Buk M-1 capturado en el Donbass.

Una de las fotos que han circulado de TELAR («transporter-erector-launcher-radar») Buk-M1 en manos de las guerrillas de la Cuenca del Donets. Según algunas fuentes, podrían haber sido capturados en la base A1402 del 156º Regimiento de la Defensa Aérea Ucrania, sita junto al aeropuerto de Donetsk. En ausencia del resto de componentes del sistema Buk, un TELAR puede abrir fuego contra aeronaves en vuelo, pero con capacidades muy limitadas de discriminación, identificación y seguimiento. Imagen: supuestamente originada en cuentas de las redes sociales de Internet de los gerrilleros del Donbass.

Lo que nos conduce al derribo por error. Y, en este caso, aquí sí que hay mucho margen. Las armas que son capaces de atacar blancos más allá de lo que ve el ojo humano –eso que los anglos llaman beyond visual range (BVR)– son especialmente proclives a provocar este tipo de tragedias. Porque tú, el humano que tomas las decisiones, no ves realmente, no sabes realmente lo que estás atacando. Dependes de unos medios técnicos que pueden funcionar mejor o peor, que puedes dominar mejor o peor, que puedes interpretar mejor o peor. Y una vez le sueltas el bozal al misil, allá va.

Como consecuencia, los casos de fuego amigo se suceden sin parar. Esto del fuego amigo es como los goles en propia puerta, y viene ocurriendo desde que hay armas lanzables. Pero con la llegada de la artillería, de la aviación y de las armas BVR, se multiplicó hasta extremos de humor negro. En guerras recientes, las fuerzas occidentales –que tiran a saco de beyond visual range en todas sus formas– han tenido muchas más bajas por fuego amigo que por fuego enemigo. Me vienen ahora a la memoria varios casos, pero sobre todo dos que me llamaron especialmente la atención:

  1. El derribo de dos helicópteros Black Hawk sobre Iraq en 1994. Ni identificación amigo-enemigo ni leches en vinagre. Dos F-15 americanos tomaron a esos Black Hawks americanos cargados de tropas y personal por Hinds iraquíes, y les clavaron sendos misiles americanos AMRAAM y Sidewinder bajo la atenta –y lejana– mirada de un AWACS igualmente americano. Fue un día de esos en los que todo sale mal, con numerosas descoordinaciones y confusiones. No hubo un solo superviviente.
  2. Veinte años después, el pasado 9 de junio, un comando de fuerzas especiales estadounidenses pidió cobertura aérea contra unos talibanes que les estaban dando caña. Vino un bombardero supersónico pesado B-1B Lancer y voló estupendamente… al comando americano, pese a que contaban con toda clase de medios avanzados para comunicar su posición y la del enemigo. Me imagino la cara de los talibanes ante semejante espectáculo.

No son, ni muy de lejos, los dos únicos Hay decenas, cientos. Cuando no puedo ver lo que mato, es fácil que me cargue a alguien que no me quiero cargar. Si además hay civiles alrededor, jugando a la pelota en un callejón tercermundista o viendo pelis en sus sistemas de entretenimiento personal a bordo de un avión, es seguro que van a ocurrir tragedias. Ahora imagínate eso mismo en un confuso entorno de guerra irregular, con tropas irregulares de cualificación desconocida, medios técnicos limitados e incluso incompatibles, y ciegos de adrenalina como mínimo. Bueno, no, no necesitas imaginártelo. Es, en mi opinión, lo que acabamos de ver en el Donbass. Creo que, en esencia, estamos ante otro desastre de la guerra como este que ya te conté. Por lo demás, lo de siempre: el miedo, el odio, la codicia, la estupidez. Y sus mercaderes, los que se hacen de oro vendiendo todo eso. >:-(

Ah, sí, otra cosita: por supuesto, quien tiene que saber lo que ha pasado con el Malaysian 17 ya lo sabe. Las señales de estos sistemas se captan desde muy, muy lejos, sobre todo en una región tan exhaustivamente monitorizada por diversas potencias como es ahora esa. Si hoy en día quieres operar lanzamisiles guiados por radar sin que te tomen la matrícula y la talla del cuello, siempre puedes intentarlo por donde se perdió el otro Malaysian, a ver si hay suerte y no te pilla ningún satélite SIGINT. Otra cosa es lo que ya cada órbita de propaganda le quiera contar a su plebe, o sea tú y yo. O, al menos, yo.

Y… ¿se puede impedir?

Northrop Grumman Guardian

Componente del sistema de defensa Guardian contra misiles ligeros para aviones civiles, montado experimentalmente bajo un MD-11. Algunas aerolíneas de alto riesgo y aeronaves VIP utilizan esta clase de equipos, pero tienen muchas limitaciones (ver texto.) Imagen: Wikimedia Commons.

Poderse, se puede… un poco. Existen sistemas de contramedidas para aviones civiles como el Guardian, el CAMPS o el Flight Guard. Algunas VIPs de esas los llevan instalados en sus aviones particulares, así como ciertas compañías de riesgo particularmente alto, como las israelíes. Sin embargo, la mayor parte de estos equipos sólo te defienden de los misiles portátiles con guía infrarroja más básicos. Existen otras cosas de alta gama para auténticas VVIPs que, con suerte, podrían protegerte de algo como un Buk. Pero como tu incidente se parezca al del Iran Air 655, con una superpotencia lanzándote misiles pesados de alta tecnología, o te encuentres con cazas de combate modernos dispuestos a borrarte, todas estas contramedidas civiles hacen un escudo tan bueno como la tapa del retrete frente a una ametralladora.

Los grandes aviones de pasajeros tampoco pueden maniobrar como un caza de combate mientras aplican toda clase de contramedidas pasivas y activas. Ni volar siempre bajo la protección de una cúpula C4ISR, como sí hacen normalmente las fuerzas militares serias. Y resulta que los misiles modernos están concebidos para pelear contra fuerzas militares serias, con sus contramedidas, sus redes C4ISR, su supresión de defensas antiaéreas y demás. Los aviones civiles son eso, civiles, con medios civiles. Enfrentados a esta clase de misiles, es como si un civil cualquiera se ve metido en una pelea callejera con un comando spetsnaz listo para el combate. Las contramedidas diseñadas para aeronaves civiles mejoran tanto la situación como si en la susodicha bronca callejera fueses cinturón negro de algo, frente al mismo grupo spetsnaz con todo su arsenal. O sea, que estás frito igual.

Además son caras, y luego sale más caro aún mantenerlas actualizadas, porque constantemente salen sistemas antiaéreos nuevos, con guías mejores, capacidades distintas y mayor resistencia a las contramedidas. Exigiría que los fabricantes de aviones comerciales y las compañías aéreas se lanzasen a una carrera armamentística análoga a la de los militares, con costes parecidos. Costes que, por supuesto, repercutirían al instante en el precio de los pasajes. Y la aviación comercial, en estos momentos, no está para semejantes trotes.

En realidad, lo que pasa es eso, que somos civiles. Enfrentados a una fuerza militar que se dispone a matarnos, deliberadamente o por error, no tenemos ninguna oportunidad. Como suele decirse, en toda guerra están los buenos, los malos y el paisaje, y el que sale siempre peor parado es el paisaje. Los buenos y los malos son, por supuesto, los que decida tu Ministerio de la Verdad correspondiente y sus medios de comunicación: Eurasia, Eastasia, Oceanía, quien sea. El paisaje somos tú, yo y gente como la que viajaba en el Malaysian 17. O los otros inocentes que estaban/están debajo y que siguen muriendo hoy.

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BIG’95: El gran tsunami del Mediterráneo español

Hola, ola. :-|

Maremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755.

El maremoto del 1 de noviembre de 1755 llega a la ciudad de Lisboa, ya gravemente dañada e incendiada por el terremoto precedente. Grabado: G. Hartwig, «Volcanoes and earthquakes», Longmans, Green & Co., 1887. (En la colección de la Universidad de Wisconsin – Madison)

Tsunami de 2004 en Banda Aceh, Indonesia.

Banda Aceh, Indonesia, después del tsunami de 2004. Indonesia sufrió unos 175.000 muertos sin que el nivel del mar subiera más de diez metros en la práctica totalidad del país. La gran cantidad de población costera viviendo en casitas bajas de poca resistencia situadas en llanuras contribuyó significativamente a la catástrofe. Imagen: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Cuando oímos hablar de tsunamis, solemos pensar en Asia, y muy especialmente en el país que nos dio la palabra: Japón. Ciertamente, los maremotos que se dan en algunas costas asiáticas son terribles, debido a una mezcla de factores geológicos, geográficos y superpoblación (y, últimamente, añadiría yo que por ciertas centrales nucleares cuyas defensas contra los mismos resultaron ser ridículas.) Pero no son los únicos. Se da la circunstancia de que la Península Ibérica es otra de las regiones con riesgo maremotriz. Engaña, porque por estos lares no son tan frecuentes y tampoco suelen ser tan intensos. Pero el riesgo existe.

No otra cosa fue el gran terremoto y tsunami de Lisboa del día de Todos los Santos de 1755, que ya te comenté en este blog. Se le suele llamar «de Lisboa» y «de Todos los Santos» porque prácticamente aniquiló la capital portuguesa, matando (entre muchas otras personas) a una montaña de gente que se encontraba en las iglesias celebrando esa festividad, o buscó refugio en ellas. Se calcula que hubo unos 40.000 – 60.000 muertos, sobre una población en la época de 275.000 habitantes. Semejante tragedia alentó notables dudas sobre la divinidad, sus atributos, su bondad y su poder protector, alejando a muchos pensadores influyentes de la teodicea de Leibniz, contribuyendo significativamente a la difusión del racionalismo ilustrado y, de paso, creando la sismología moderna. Fue tan gordo que hubo un antes y un después de la catástrofe «de Lisboa» en la cultura occidental.

Pero yo lo entrecomillo porque no fue sólo Lisboa. El maremoto, originado en la falla Azores-Gibraltar, golpeó con fuerza desde Irlanda al Senegal. Al Sur de la Península Ibérica, causó devastación y mortandad entre el Algarve portugués y la provincia de Cádiz, con olas a las que se les han estimado hasta quince metros de altura. Se llevó por medio Ayamonte, matando a unas mil personas, más un número indeterminado de pequeñas comunidades costeras. Por su parte, el terremoto, estimado en una magnitud de 8,5, causó daños importantes en lugares tan lejanos como Valladolid o Ciudad Real. Algunas fuentes afirman que las víctimas totales rondaron las 90.000.

Animación del tsunami del Atlántico de 1755, según el modelo computacional RIFT.
Puede observarse cómo en media hora ya estaba barriendo todo el Golfo de Cádiz.
Estudio realizado por la NOAA / NWS / Pacific Tsunami Warning Center.

Terremoto y tsunami de Mesina de 1908.

El terremoto y tsunami de Italia del 28 de diciembre de 1908 mató a 123.000 personas y destruyó las ciudades de Mesina y Reggio Calabria en su práctica totalidad. Foto: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

El Mar Mediterráneo tampoco es inmune a los tsunamis, sobre todo en su parte central y oriental, con fuerte actividad sísmica. El historiador griego Heródoto de Helicarnaso ya nos cuenta que, en el año 479 aEC, durante un asedio a la ciudad de Potidea, los atacantes persas que aprovechaban un repentino y sorprendente descenso del nivel del mar para atravesar el istmo fueron sorprendidos por una gran ola como nunca se había visto antes y perecieron ahogados. Aunque Heródoto era un liante, habitualmente considerado al mismo tiempo el padre de la historia y el padre de la mentira, esto describe el comportamiento de ciertos tsunamis bastante bien y puede que el relato se sustente en un hecho real. Heródoto achacó este maremoto a la ira de Poseidón.

El primero que estableció un vínculo directo entre terremoto y maremoto fue otro historiador griego, Tucídides, cuando nos cuenta de uno sucedido en el Golfo Malíaco durante el verano del año 426 aEC. Al parecer, se llevó por medio a todas las poblaciones costeras. Desde entonces, ha habido muchos más. Quizá el más conocido de todos sea el que ocurrió a primera hora de la mañana del 21 de julio de 365 EC. Un fuerte terremoto submarino con epicentro cerca de Creta arrasó Libia y Egipto, y notablemente las ciudades de Apolonia y Alejandría, matando a mucha gente. Aparecieron barcos tres kilómetros tierra adentro. El fenómeno se repitió menos de un milenio después, en el año 1303. Mucho más recientemente, durante la madrugada del 28 de diciembre de 1908, el terremoto y tsunami de Mesina, al Sur de Italia, se llevó por delante a entre cien y doscientas mil personas.

¿Y en el Mediterráneo Occidental, o sea, más o menos las costas españolas y parte del extranjero? Bien, la actividad sísmica en el Mediterráneo Occidental no es tan intensa, pero también suceden. El más reciente así digno de mención fue el 21 de mayo de 2003, a consecuencia del terremoto de Bumerdés, Argelia. Este seísmo les hizo dos mil y pico muertos en tierra a nuestros queridos proveedores de gas natural, pero también inició un pequeño maremoto que, aunque sin causar otras víctimas, provocó bastantes daños en los puertos baleares. Destrozó numerosos pantalanes y hundió más de cien barcos pequeños, recordándonos así su poder.

Pese a ello, hay quien asegura que en el Mediterráneo Occidental no pueden producirse grandes tsunamis (y aquí). Otros, en cambio, dicen que eso no está claro. De hecho, probablemente ya ocurrió al menos una vez, que sepamos. En términos humanos, fue hace mucho tiempo: unos 11.500 años, allá por el Epipaleolítico. Pero en términos geológicos, eso es nada, hace un momentín. Pudo barrer las costas de Castellón, el Sur de Tarragona y las Islas Baleares con olas de hasta unos nueve metros, puede que algo más. Hoy en día lo llamamos el tsunami del BIG’95.

Deslizamiento de tierras BIG'95 y áreas primarias de impacto del tsunami (año 11.500 BP)

Ubicación aproximada del deslizamiento de tierras BIG’95 (Epipaleolítico, año 11.500 BP) y, si se hubiera producido hoy en día, de las áreas primarias de impacto del tsunami que generó. En aquella época la costa estaba más mar adentro y, por tanto, golpeó en regiones actualmente sumergidas. Mejor versión y explicación en la fuente original: Iglesias, O.; Lastras, G. et al. (2012): The BIG’95 submarine landslide-generated tsunami: a numerical simulation. The Journal of Geology, vol. 120, nº 1 (enero 2012.) ISSN: 0022-1376. Mapa: © Google Maps. (Clic para ampliar)

BIG’95.

Frente a las costas de Castellón y Tarragona se extiende una plataforma continental llamada la plataforma del Ebro, al estar básicamente constituida por sedimentos que aportaron este río y sus antecesores al menos desde el Aquitaniense (Mioceno inferior, hace aproximadamente 23 millones de años.) Es muy suave; en algunos puntos, por ejemplo frente a la ciudad de Castellón, hay que alejarse de la orilla más de sesenta kilómetros para que supere los cien metros de profundidad, con lo que gran parte de ella debió estar emergida durante el Último Máximo Glacial. Hace 11.500 años, la línea costera debía estar todavía unos 40-50 metros más baja que ahora, y por tanto 15-20 km mar adentro con respecto a su posición actual.

Sin embargo, esta suave plataforma termina abruptamente. En la zona que nos ocupa, por las Islas Columbretes, la profundidad aumenta deprisa hacia los dos mil metros: la llamada Depresión de Valencia. [Aquí tienes un fichero KMZ del Instituto de Ciencias del Mar (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) para ver toda esta zona con detalle en Google Earth.] Se comprende fácilmente que los bordes de una suave ladera sedimentaria seguida por un desnivel de casi dos kilómetros están pidiendo a gritos un deslizamiento de tierras. Y esto fue lo que ocurrió, hace ahora once milenios y medio: 26 kilómetros cúbicos de sedimentos se desprendieron del borde de la plataforma del Ebro por la parte de las Columbretes para precipitarse hacia la Depresión de Valencia. No fue, ni con mucho, uno de los deslizamientos más grandes que se conocen. Nada que ver con los de Storegga (3.500 km3), en el Mar del Noruega, tres milenios y medio después, cuyo gigantesco tsunami separó definitivamente Gran Bretaña de la Europa Continental. Incluso mucho menos que el de 1929 frente a Terranova (Canadá), con sus 200 km3.

No obstante, debido al acusado desnivel, BIG’95 descendió rapidito, llegando a superar en algún punto los 150 km/h (> 40 m/s.) El conjunto del deslizamiento recorrió más de 110 km depresión abajo en menos de 73 minutos, cubriendo 2.200 km2 de fondo marino. Una masa de más de 50.000 millones de toneladas desplomándose a velocidades que rondan los cien kilómetros por hora (entre 70 y 150) tiene una cantidad notable de energía, y puede transferírsela al medio circundante. En este caso, el agua del mar.

Probablemente, el tsunami se formó durante los primeros minutos del colapso. Lo hizo en dos frentes, uno más rápido que avanzaba hacia las Islas Baleares y otro más lento que retrocedía hacia la costa de Castellón. El frente rápido golpeó la costa Noreste de Ibiza en primer lugar, 18 minutos después, con una ola inicial de hasta ocho metros que llegó sin previo aviso. La siguió una retirada del mar y al menos otra de unos siete que llegó pocos minutos después, y luego otras más pequeñas. Para entonces, el tsunami ya golpeaba Mallorca (en el minuto 27) aunque con olas de menor altura, entre 2 y 4 metros. Sin embargo, un fenómeno de resonancia en el sector de la Bahía de Palma pudo elevar la ola inicial hasta los diez metros por la parte de Santa Ponça. Por suerte, parece ser que las Baleares carecían de población humana en aquellos tiempos.

Animación de la llegada de un tsunami

Cuando un maremoto llega a aguas someras, la amplitud y velocidad de las olas se reducen, pero a cambio su altura aumenta. Imagen: R. Lachaume vía Wikimedia Commons.

Lamentablemente en el minuto 54 el frente lento, más energético, alcanzó la costa peninsular frente a lo que hoy en día sería casi todo Castellón y el Sur de Tarragona, más o menos. Y ahí, con toda probabilidad, había gente. No tanta como hoy en día, desde luego, y menos si pensamos en la temporada alta del turismo. Pero sí personas como los magdalenienses que ocupaban la cueva Matutano, situada en las proximidades. Esos eran homo sapiens, gente de los nuestros y todo ese rollo. Puede que familias, clanes o tribus de pescadores epipaleolíticos. Las costas y su pesca siempre han atraído a la humanidad.

Primero, se fue el mar. A continuación, regresó. El intenso efecto de asomeramiento producido por la propia plataforma del Ebro elevó las olas, puede que hasta los nueve metros. Quizá esto te parezca poco, acostumbrados como ya estamos a oír de tsunamis de cuarenta metros en el Japón, pero créeme, tú no quieres estar en el camino de un maremoto de nueve metros. Nueve metros son tres plantas de un edificio. La mayoría de las víctimas que causan los grandes tsunamis se dan en zonas donde el agua llega con menos de diez metros de altura; los puntos donde realmente superan los treinta son raros, «el máximo.» Durante el maremoto del Océano Índico de 2004, la inmensa mayor parte de los 175.000 muertos que ocasionó en Indonesia estaban en lugares donde la elevación del mar no superó los diez metros y a menudo ni siquiera los cinco. El de 2011 alcanzó la central nuclear de Fukushima con una altura máxima de 14-15 metros y ya sabes la que armó. En la práctica, medio metro basta para arrastrarte. El agua engaña mucho. Cuando llega con semejante fuerza, incluso inundaciones aparentemente pequeñas tienen un poder pavoroso. Y una vez te ha arrastrado, vete a saber dónde acabas, y cómo. De dos a tres metros ahogarán a todo el que no logre subirse a algo o sepa nadar muy bien (y tenga su día de suerte.)

El maremoto de 2004 llega a Banda Aceh, Indonesia.
Obsérvese que no es realmente muy alto, pero sólo en ese sector causó más de 31.000 muertes.

Área a menos de 9 msnm en el sector Burriana - Alcocéber

Cubierta en azul, el área que actualmente se encuentra a menos de 9 metros sobre el nivel del mar en el sector Burriana – Alcocéber. No obstante, cuando el tsunami alcanzó la antigua costa, varios kilómetros mar adentro, tuvo que inundar un área bastante superior debido a la suave inclinación de la plataforma continental del Ebro. Imagen: Google Maps / flood.firetree.net (Clic para ampliar)

El caso es que el tsunami de hace 11.500 años barrió esta costa hoy desaparecida unos kilómetros frente a lo que ahora son Burriana, Almazora, el Grao de Castellón, Benicasim, Oropesa del Mar, Torreblanca, Alcocéber, Peñíscola, Benicarló, Vinaroz, Alcanar, San Carlos de la Rápita y posiblemente hasta el Delta del Ebro (cuya formación es muy posterior, incluso posterior a la época romana.) Es imposible saber cuánta gente vivía ahí en aquellos tiempos. Si hubiese sido en nuestra época, especialmente durante la temporada turística, puede uno imaginarse lo que ocurriría.

Y… ¿puede volver a ocurrir hoy en día? Pues lo cierto es que no se sabe muy bien. Los mismos investigadores que han estudiado el BIG’95 creen que el punto donde se produjo es ahora estable a menos que hubiera un terremoto de bastante envergadura. Reconozco que un servidor se puso algo nerviosito con los terremotos vinculados al Proyecto Castor de Florentino que se produjeron durante el otoño pasado, justamente en esa zona. La presencia de la central nuclear de Vandellós algo más al Norte tampoco resultaba muy tranquilizadora. No obstante, con respecto a esto último, el Consejo de Seguridad Nuclear asegura que desde 2007 ésta dispone de «un nuevo sistema de refrigeración esencial» situado a más de 23 metros sobre el nivel del mar. Además, a raíz de lo de Fukushima, están realizando inversiones para incrementar la seguridad frente a estos fenómenos.

Sin embargo, como yo tengo mi puntito paranoico, nada, poca cosa, lo de los terremotos en una zona que ya pudo provocar un tsunami importante seguía teniéndome mosca. Así que he decidido ponerme en contacto con uno de los autores de la investigación: Galderic Lastras, profesor titular de Geología Marina de la Universidad de Barcelona. El doctor Lastras, por cierto muy gentilmente, me serena: haría falta uno bastante más intenso y cercano al talud continental que los de 2013 para iniciar, por sí solo, un deslizamiento de tierras de este calibre. No obstante, tales deslizamientos ocurren a veces porque sí; es decir, porque la ladera es o se vuelve inestable y simplemente colapsa. Pero por otra parte, el periodo de retorno (el tiempo medio que tarda en volver a ocurrir) es, obviamente, muy largo: este de hace 11.500 años fue el último que ocurrió en el sector. Decía antes que 11.500 años es un tiempo muy breve en términos geológicos, pero muy largo en términos humanos. Las probabilidades de que vuelva a ocurrir durante nuestro tiempo de vida, o el de nuestros hijos y nietos, son francamente bajas. No es imposible, por supuesto. Pero la probabilidad es muy pequeña.

No obstante, quise saber también si estamos muy en bragas o no en el caso de que esta probabilidad tan pequeña llegara a hacerse efectiva. Como ya te digo que yo soy apenas nada paranoico, molesté a Elena Tel (del Instituto Español de Oceanografía), Emilio Carreño (director de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional) y Gregorio Pascual (jefe del área de desastres naturales de la Dirección General de Protección Civil), todos los cuales tuvieron la santa paciencia de seguirme la corriente con gran amabilidad.

Vinieron a explicarme que, a pesar de los recortes, se está desarrollando un sistema de alerta contra maremotos en las costas españolas, en su mayor parte utilizando equipos ya existentes y cooperación internacional. Pero que, por su propia naturaleza, alertar de fenómenos cuya llegada se mide en decenas de minutos es complicado. Que ni esto es el Océano Pacífico, donde pueden transcurrir horas desde que se produce el terremoto hasta que llega el maremoto, ni nosotros somos los japoneses, que llevan décadas perfeccionando sus sistemas de la más alta tecnología hasta ser capaces de alertar a la población en cuestión de minutos. Y que en el caso de los tsunamis causados por deslizamientos de tierras, sin un claro terremoto que los genere, puede pasar un buen rato antes de que las boyas marítimas comiencen a indicar que ocurre algo raro. Es la detección del terremoto y sus características lo que nos permite deducir que viene la ola. Los deslizamientos de tierras se pueden captar, pero resultan mucho más ambiguos.

Sobreviviendo al maremoto.

Tilly Smith

Tilly Smith (izda.), de 10 años de edad, había prestado atención a su profe en clase. Así sabía que cuando el mar se va, es para volver con muy mal genio. Gracias a eso y a su entereza, salvó la vida de numerosas personas en una playa de Phuket (Tailandia) cuando llegó el maremoto de 2004, al dar la alerta que nadie más supo dar. Foto: © The Nation, Tailandia.

Me insisten en que la educación es importante. Durante el maremoto del Índico de 2004, una jovencita británica de diez años llamada Tilly Smith salvó a decenas de personas en una playa de Tailandia al recordar lo que les había contado en clase su profesor Andrew Kearney sobre lo que podía pasar cuando el mar se va. Tilly vio que el mar se iba y se lo explicó a sus padres. Su madre no la creía, pero su padre percibió tanta firmeza en sus palabras que avisó a otros bañistas y al personal del hotel donde se alojaban, activando así una evacuación improvisada. Cuando el mar regresó con todo su poder, fue una de las pocas playas del sector donde no hubo ni un solo muerto.

En realidad, la manera más eficaz de salvarse de un maremoto es relativamente sencilla: al primer indicio, corre. No te quedes a mirar. No pases de todo. No comentes la jugada. No intentes recoger tus posesiones ni ir a buscar el coche ni nada por el estilo. Alerta a los demás, intenta ayudar a quienes no puedan valerse por sí mismos y corre como si te fuera la vida en ello, porque te va. Aléjate del agua hacia el lugar más alto posible: montes, lomas, las plantas superiores de edificios resistentes. Si no hay otra cosa, incluso las copas de árboles grandes, difíciles de desarraigar. Lo que puedas. Una diferencia de pocos metros de altura representa la diferencia entre la vida y la muerte. Y si no hay absolutamente nada sólido a lo que subirse, simplemente corre tierra adentro. El maremoto perderá fuerza conforme avance hacia el interior. Si te pilla, intenta agarrarte a algo que flote. Hay gente que ha sobrevivido así.

¿Y cuáles son esos indicios de que viene un maremoto? Pues el primero de todos es un terremoto percibido en una zona costera. Si estás cerca de la orilla (incluyendo la de los ríos y canalizaciones próximos al mar) y notas un terremoto, ponte en alerta. A lo mejor no pasa nada, la mayoría de veces no pasará nada, pero tú presta atención. Por desgracia, este indicio no es de fiar: a menudo el terremoto se produce lejos, muy mar adentro, y no se percibe en tierra. Entonces sólo te queda lo mismo que alertó a Tilly Smith: que el mar se retire, como si de repente la marea hubiese bajado mucho. Lamentablemente, esto tampoco ocurre siempre, sino sólo cuando llega el vano de la ola en primer lugar. Otras veces, la cresta viene por delante. Entonces, la cosa se complica. Los tsunamis de verdad no son como las olas esas de hacer surf que salen en las pelis. Es más como una inundación rápida que crece y crece y crece sin parar. Si lo ves venir, ya lo tienes encima.

En este caso, bien, tenemos un problema. Cuentas con muy poco tiempo. Correr ya no vale porque, así seas Usain Bolt, el agua es más rápida que tú. Lo primero, intenta agarrarte con fuerza a algo que flote, lo que sea. No permitas que te atrape dentro de un vehículo: los vehículos vuelcan enseguida y te ahogas, además de que las carreteras y caminos se colapsan en un plis. Ni tampoco en un edificio bajo (como un bungaló, caseta, chiringuito, chalecito, nave o demás): si te quedas ahí dentro, el agua simplemente seguirá subiendo hasta llegar al techo y ahogarte. Sal como puedas. Si puedes encaramarte a algo alto, cualquier cosa, pues arriba. Una vez te veas en el agua, no intentes pelear contra ella. No puedes ganar: el mar es infinitamente más fuerte que tú y sólo lograrás agotarte enseguida. Déjate llevar, intentando mantener la cabeza fuera del agua (obvio) y evitar los golpes contra otros objetos que pueda estar arrastrando. No sueltes tu salvavidas, por precario que sea. Si no te engancha nada, lo más probable es que la ola al retroceder se te lleve mar adentro. Calma, hay personas que han sido rescatadas después de varios días en el mar, aferradas a su trozo de madera. Es normal tener miedo, mucho miedo, pero no permitas que te venza el pánico. Si se nos apodera el pánico cometeremos estupideces, y si cometemos estupideces en una situación así, se acabó la partida. Jaque mate.

Cartel de información para tsunamis en Puerto Rico

Cartel de información para tsunamis en el bosque estatal de Guánica, Puerto Rico. Las instrucciones básicas son sencillas: corre todo lo que puedas, lo más alto que puedas, y si no puede ser, lo más lejos de la orilla que puedas. Foto: G. Gallice vía Wikimedia Commons.

Otra causa de mortandad es que el maremoto puede comportarse de manera distinta en diferentes lugares de la costa. Hay gente que lo ve subir poco en otro punto de la orilla y se piensa que está segura. Tú, ni caso: a correr hacia lo alto. El comportamiento de un tsunami depende de numerosos factores muy complejos, y a lo mejor en la otra punta de la playa sube sólo unos centímetros, pero donde estás tú te mete cinco metros. Así que ojito.

Jamás hay que olvidar que un maremoto puede componerse de múltiples olas y durar varias horas. La primera ola tampoco tiene por qué ser la peor de todas, y de hecho muchas veces no lo es. Hay gente que ha muerto porque creía que, al haber escapado de la primera, estaba a salvo de la segunda y sucesivas. Tampoco faltan las personas que perecieron al acudir o regresar al área devastada tras el primer impacto, para prestar auxilio o en busca de familiares, amigos, mascotas o bienes; al hacerlo, se encontraron de bruces con el segundo golpe o los siguientes. La zona afectada por un tsunami no es segura hasta que las autoridades científicas pertinentes no digan que es segura; y aún así, con cuidadín.

Lisboa reloaded.

En general, los especialistas con los que he consultado consideran mucho más plausible (y temible) una repetición del tsunami de Lisboa que del ocasionado por el deslizamiento BIG’95. La repetición del BIG’95 es sumamente improbable; no ha vuelto a haber otro en estos últimos once milenios y medio. Pero algo como lo del día de Todos los Santos de 1755 no sería tan raro. Fuertes terremotos en la falla de Azores-Gibraltar, con maremotos que alcanzaron las costas circundantes, ha habido unos cuantos más.

Para acabar de arreglarlo, en 1755 la zona de la Bahía de Cádiz estaba relativamente poco poblada y menos urbanizada. Ahora es todo lo contrario, con el Polo Químico de Huelva –prácticamente a nivel del mar– como guinda del pastel. La base naval de Rota, donde a menudo atracan buques a propulsión nuclear, tampoco es moco de pavo. Teniendo en cuenta que un submarino de la clase Los Angeles tiene un calado de 9,5 metros cuando está en superficie y el tsunami en esa zona podría andar por los 12 – 15, no sería nada extraño que lo sacara del puerto y lo plantase, pongamos, en medio del Arroyo del Salado. En este plan. Aunque el reactor estuviera asegurado y no hubiese sufrido daños, ya puedes imaginarte las carreras hasta cerciorarse, en un momento en el que harían falta recursos por todas partes.

Con submarino o sin él, el desastre sería mayúsculo en todo el sector. Uno de los problemas de estas catástrofes es que son a la vez improbables, impredecibles y veloces. Esto no es Japón, donde está claro que vas a tener un maremoto gordo de vez en cuando (aunque aparentemente los directivos de TEPCO no se habían enterado, o querido enterar…) En España, son tan improbables como para que asignar grandes recursos a prevenirlas se perciba como un despilfarro, sobre todo en una época donde hace falta tanto en tantas partes. Al mismo tiempo, su impredecibilidad y rapidez hacen que, cuando se producen, o lo tienes ya todo listo en el sitio o apenas da tiempo para nada y nos las comemos con patatas. Y luego todo el mundo chilla que cómo es que no se habían tomado medidas y tal.


Bibliografía:

  • Bernet, S.; Canals, M.; Alonso, B.; Loubrieu, B.; Cochonat, P.: The BIG-95 and CALMAR 97 shipboard parties, 1999. Recent slope failures and mass-movements in the NW Mediterranean Sea. En: Ollier, G.; Cochonat, P.; Mendes, L. (Eds.), Seafloor Characterization/Mapping Including Swath Bathymetry, Side-Scan Sonar And Geophysical Surveys. Third Eurpean Marine Science and Technology Conference. Session Report. EU, Lisboa, págs. 111-126.
  • Lastras, G.; Canals, M.; Hughes-Clarke; J. E.; Moreno, A.; De Batist, M.; Masson, D. G; Cochonat, P. (2002): Seafloor imagery from the BIG’95 debris flow, Western Mediterranean. Geology, 30, (10), 871-874. DOI: 10.1130 / 0091-7613 (2002)030<0871 : SIFTBD>2.0.CO;2.
  • Urgeles, R.; Lastras, G.; Canals, M.; Willmott, V.; Moreno, A.; Casas, D.; Baraza, J.; Bernè, S. (2003): The Big’95 debris flow and adjacent unfailed sediments in the NW Mediterranean Sea: Geotechnical-sedimentological properties and dating. Advances in Natural and Technological Hazards Research, vol. 19 (2003), págs. 479-487.
  • Canals, M.; Lastras, G., Urgeles, R; De Batist, M.; Calafata, A. M.; Casamora, J.L. (2004): Characterisation of the recent BIG’95 debris flow deposit on the Ebro margin, Western Mediterranean Sea, after a variety of seismic reflection data. Marine Geology, vol. 213, nos. 1–4, 15 de diciembre de 2004, págs. 235–255.
  • Atwater, B. F. et al: Surviving a Tsunami — Lessons from Chile, Hawaii, and Japan. United States Geological Survey, circular 1187, versión 1.1, 1999-2005.
  • Lastras, G.; Vittorio, F.; Canals, M.; Elverhøi, A. (2005): Conceptual and numerical modeling of the BIG’95 debris flow, Western Mediterranean Sea. Journal of Sedimentary Research, 2005, v. 75, 784–797. DOI: 10.2110 / jsr.2005.063.
  • Iglesias, O.; Lastras, G.; Canals, M.; Olabarrieta, M.; González Rodríguez, E. M.; Aniel-Quiroga, Í.; Otero, L.; Durán, R.; Amblàs, D.; Casamor, J. L.; Tahchi, E.; Tinti, S.; De Mol, B. (2012): The BIG’95 submarine landslide-generated tsunami: a numerical simulation. The Journal of Geology, vol. 120, nº 1 (enero 2012.) ISSN: 0022-1376.
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Resultados encuesta: Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿a dónde preferirías viajar?

Resultados encuesta julio 2011.

Anterior: El ser humano, ¿ha detenido su evolución biológica?

 

Resultados encuesta La Pizarra de Yuri julio 2011: Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿a dónde preferirías viajar?

Resultados encuesta La Pizarra de Yuri julio 2011: Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿a dónde preferirías viajar?

Una vez cerrada la undécima encuesta, realizada entre el 1 y el 31 de julio de 2011 (inclusives), los 1.896 votos emitidos han dado lugar a los siguientes resultados en detalle:

Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿a dónde preferirías viajar?

  1. Al futuro: 895 (47,2%).
  2. A otro tiempolugar (no indicado aquí): 160 (8,44%). Si te apetece, indícalo en los comentarios.
  3. A la Grecia clásica: 136 (7,17%).
  4. A la Roma clásica: 123 (6,49%).
  5. Al Egipto faraónico: 109 (5,75%).
  6. Al periodo 1930-1945: 105 (5,54%).
  7. A la Europa medieval: 79 (4,17%).
  8. A la Judea de Jesús: 76 (4,01%).
  9. Al Renacimiento: 67 (3,53%).
  10. A Al-Andalus: 66 (3,48%).
  11. A  la Conquista de América: 57 (3,01%).
  12. Al Romanticismo: 23 (1,21%).

Los porcentajes pueden no totalizar el 100% debido a los redondeos decimales.

Esta encuesta no es científica. Sólo refleja la opinión de aquellas personas que eligieron participar.
Los resultados no representan necesariamente la opinión del público, de los usuarios de Internet en general o de los lectores de La Pizarra de Yuri en su totalidad.

En curso la encuesta de agosto:

Tras la retirada del transbordador norteamericano, ¿cuál es el futuro próximo de la exploración espacial tripulada?

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Mi caso OVNI favorito

Uno tiene sus debilidades. :-D

Portada de uno de los comics basados en los libros de Von Däniken

¡Pues anda que no machacaría yo estos tebeos cuando sólo tenía pelo en la cabeza...! :-D

Lo confieso: de muy jovencito, un servidor de ustedes hacía polvo los tebeos, libros y apariciones televisivas de Erich von Däniken, Charles Berlitz y Jiménez del Oso. Pasé de creer en los Reyes Magos y los cuatro angelitos en las cuatro esquinitas a los arqueoastronautas y los visitantes extraterrestres sin solución de continuidad. (Bueno, sonaba bastante más lógico, ¿no?). Sólo después vinieron Isaac Asimov, Iván Yefrémov, Yaroslav Golovanov y Carl Sagan. Fue a través de estos últimos que, finalmente, llegué a adquirir algún aprecio por los rancios libros de texto, los papers formales y el siempre inquietante método científico, con su desagradable costumbre de llevarte la contraria en tus credulidades más íntimas. Nadie nace enseñado, oiga.

Con semejante historial, no te extrañará que me queden algunas secuelas. Una de ellas es que siempre estoy dispuesto a escuchar una buena historia de OVNIs.  Pero una chula, tú. No me fastidies con que una vez viste unas lucecitas en el cielo, porque yo también y algunas sé lo que eran y otras no. Como tú, o cualquier otro. El cielo está lleno de cosas que hacen cosas. Tampoco pretendas convencerme sin pruebas muy fehacientes de que unos hombrecillos verdes o grises se pusieron en contacto contigo, especialmente si aprovecharon la ocasión para transmitirte un mensaje beatífico dirigido a la humanidad pero a ti personalmente, en vez de a la Asamblea General de las Naciones Unidas: casos de apariciones marianas y de esquizos en estado delirante también conozco un montón. Y si vas a contarme que los verdes, los grises, los marrones o los azules te metieron no sé qué por no sé dónde, opino que cada cual es muy libre de calentarse con la fantasía erótica que más le plazca, pero es que a mí el fetish policial no me acaba de poner. O sea que gracias, pero no, gracias.

(Nota al margen: Me pregunto –es un decir– por qué estos contactos suelen ser tan antropocéntricos, dándonos la brasa con iluminaciones para la humanidad y demás, en vez de ser un poco más xenocéntricos y aportar algún detalle sobre su ciencia y tecnología; lo que nos sería mucho más útil, además de una buena demostración de su veracidad.)

Nube lenticular

Una bonita nube lenticular. Imagina lo que puede llegar a parecer en condiciones atmosféricas distintas, sobre todo si está reflejando alguna luz o hay algún otro fenómeno luminoso en el aire. Existen muchas más cosas en el cielo capaces de provocar fenómenos del tipo de los OVNIs.

Entonces, ¿qué es para mí una buena historia de OVNIs? Bueno, pues para empezar, una que esté bien documentada. Me parece de coña que, en un mundo plagado de cámaras de altas prestaciones por todas partes, con tanto millón de avistamientos, contactos y penetraciones sólo se nos ofrezcan como prueba imágenes y testimonios que no valdrían ni para demostrar la existencia de la Luna. También es importante que haya un registro instrumental; a poder ser, de distintos instrumentos. Los ojos humanos son muy dados a ver caras en las nubes, por no mencionar nuestra considerable capacidad para autosugestionarnos y convencernos de cualquier cosa mediante una infinidad de sesgos cognitivos. A los instrumentos les cuesta más seguirnos la broma, pero cuando están manejados por un humano decidido a demostrar lo que ve, lo que cree, pueden llegar a hacer cosas asombrosas. Por eso es bueno que haya un registro instrumental variado, a poder ser con sistemas lo más automáticos posible.

Por otra parte, la historia no tiene que presentar indicios obvios de mala fe. Es decir, de ser un montaje más o menos hábilmente orquestado para ganar dinero, promover objetivos políticos o montar una sectita (sin tampoco caer en la conspiranoia). Y si además es interesante y se lee como un buen relato, miel sobre hojuelas. Que al menos se pueda decir aquello de se non é vero, é ben trovato, demonios.

Hay muy pocas historias de OVNIs que reúnan todas estas cualidades, pero según mi opinión una de ellas destaca sobre todas las demás: el incidente de Teherán de 1976. Si no es auténtico, es lo que más se le parece y además la leche en bote, con radares e instrumentos detectando anomalías coherentes, cazas de combate enzarzándose con objetos luminosos que les lanzan cosas y numerosos testigos expertos en el cielo y en la tierra, incluyendo a pilotos y generales de la fuerza aérea. De todas las historias de OVNIs que en el mundo son, no hay ninguna que me sugiera más presunción de veracidad. Y te lo dice uno de Valencia, donde el caso Manises. A decir verdad, parece una versión corregida y mejorada del caso Manises, sólo que ocurrida tres años y pico antes: poco después de la medianoche del 19 de septiembre de 1976.

Mapa de la región en 1976.

Mapa de la región en 1976.

Teherán, 1976.

Mohammad Reza Pahlevi, último shá de Irán

Mohammad Reza Pahlevi, último shá de Irán: un tiranuelo pro-occidental armado hasta los dientes por los Estados Unidos.

Lo primero, el contexto. El contexto es la Guerra Fría, en una dictadura pro-occidental fronteriza con la URSS: la Persia del Shá, o sea Irán, con la que luego se harían los barbudos de ojos saltones. Este Shá (o Sah, o Shah) Mohammed Reza Palevi era el rey de una monarquía en decadencia reactivado como déspota poderoso mediante un golpe de estado promovido por los Estados Unidos y el Reino Unido, derrocando así al Dr. Mohammad Mosaddeq, el Primer Ministro elegido democráticamente pero que tuvo la mala idea de nacionalizar el petróleo iraní. Ya sabes, somos los defensores de la libertad y la democracia mientras no votes cosas raras y todo ese rollo.

El Irán del Shá fue una tiranía infame, al menos tan chunga como la de los ayatolás que vendrían después, con una policía política temible llamada SAVAK –totalmente indistinguible de la estación local de la CIA–, exterminio de la oposición y toda clase de torturas y crímenes. Probablemente no era tan mala como la Arabia Saudí de hoy en día, otro lugar sobre el que todos los defensores de la democracia pasan de puntillas, pero en materia represiva no tenía nada que envidiar a –por ejemplo– el Chile o la Rumania del mismo periodo.

Sin embargo, cabe romper una lanza en su favor: mediante un programa político denominado la Revolución Blanca, trató de modernizar el país e introducir un grado de justicia social. Para los criterios de su época, el Irán del Shá era un país moderadamente secular, moderno y tecnificado. En cierta manera, parecido a la España del franquismo tardío, y de hecho hubo una relación bastante buena entre ambas dictaduras. El Shá y su esposa Farah Diba, que hacía las delicias de la prensa del corazón cañí y llegó a convertirse en un icono popular, se contaron entre los pocos dirigentes extranjeros que visitaban la España de Franco. Salvando las distancias culturales, la Teherán del Shá no era tan distinta del Madrid de la misma época. Y en Teherán había mucha más pasta, por el petróleo, aunque la Revolución Blanca fracasó en el reparto de la riqueza (o quiso fracasar) y se encontraba concentrada en unas pocas manos.

Farah Diba, esposa del Shá de Irán, se convirtió en un icono pop a través de la prensa del corazón. En la imagen, el Hola nº 1100.

Farah Diba, esposa del Shá de Irán, se convirtió en un icono popular a través de la prensa del corazón. En la imagen, el Hola nº 1100.

Basta con mirar el mapa de más arriba para comprender el interés de los Estados Unidos por Irán, y no sólo debido al petróleo. Turquía e Irán estaban situados junto al vientre blando de la URSS, sin ningún colchón ni estado satélite de por medio, así que en términos geoestratégicos tenían una relevancia extraordinaria. Aunque Churchill y Stalin se agarraron de la manita para invadir Irán y derrocar al padre del Shá durante la Segunda Guerra Mundial, porque parecía inclinarse hacia el Eje, ahora las cosas habían cambiado y la dinastía Pahlevi era la mejor garantía de estabilidad, etcétera. Así que ambos primos anglosajones invistieron de poder al Shá y los suyos, los armaron, los formaron, los equiparon con todo y se olvidaron de buenismos políticamente correctos como los derechos humanos, el imperio de la ley o las libertades democráticas, qué vulgaridad.

Un F-14 Tomcat de la Fuerza Áerea Iraní dispara un misil Phoenix. Foto: Northrop Grumman / AP

Un F-14 Tomcat de la Fuerza Áerea Iraní dispara un misil AIM-54 Phoenix. Este tipo de cazas y misiles, extremadamente avanzados en su época, sólo se exportaron al Irán del Shá y después fueron heredados por los ayatolás. Foto: Northrop Grumman / AP

Fuera de Estados Unidos, Irán fue el único país que recibió interceptores F-14 Tomcat (79 unidades), que por aquel entonces eran lo último y lo más plus, un supercaza sólo comparable en aquel mundo con el MiG-25. También recibió 225 cazabombarderos F-4 Phantom II y fue el segundo país al que llegaron (después del Reino Unido). También les suministraron cientos de tanques Chieftain y helicópteros, miles de blindados y decenas de miles de misiles TOW, Dragon, Sidewinder, Sparrow, Harpoon, Standard o Hawk, en sus variantes más sofisticadas, así como el supermisil aire-aire Phoenix. Y aviones Boeing-747 Jumbo para transportar todo eso, uno de los cuales se estrelló haciendo escala en Madrid poco antes del suceso. Cualquiera que recuerde cómo era (por ejemplo) el Ejército Español por aquel entonces comprenderá fácilmente la enormidad de lo que estamos hablando. El Irán del Shá se convirtió en uno de los países mejor armados del mundo, incluso por encima de muchos miembros de la OTAN o el Pacto de Varsovia.

Los estadounidenses y británicos les suministraron también diversos radares de gran capacidad para el periodo. Entre ellos se contaban cinco Marconi S-330/S-404 Green Ginger, con casi 400 km de alcance, tan potentes que a veces saturaban la red eléctrica iraní y producían apagones. Junto a estos, operaban decenas de (entonces) modernos radares como los tridimensionales AN/TPS-43 (450 km de alcance) o los AN/FPS-88, entre otros. Vamos, que los iraníes no estaban exactamente ciegos.  Y puesto que todo este material no sirve de nada si no sabes usarlo, los Estados Unidos dedicaron decenas de millones de dólares e incontables horas-hombre a formar y entrenar miles de especialistas militares. O sea, que los iraníes tampoco eran exactamente una pandilla de moros ignorantes, como diría alguno que yo me sé. Junto a ellos, trabajaba también un cierto número de asesores militares norteamericanos.

Y fue exactamente en la zona más vigilada y equipada, Teherán, donde ocurrió el incidente de septiembre de 1976. Para no caer en el sensacionalismo, me limitaré a traducir el informe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos, que se tomó mucho interés en el asunto:

Luces en la madrugada.

[Directivas, fechas, destinatarios, confidencialidad – desclasificado con posterioridad. El relato de los hechos se inicia en las dos últimas líneas de la primera página]

En torno a las 12:30 AM [00:30], [clasificado] recibió cuatro llamadas telefónicas de ciudadanos residentes en el área de Shemiran de Teherán, diciendo que habían visto objetos extraños en el cielo. Algunos informaron de un objeto con aspecto de pájaro mientras que otros notificaron la presencia de un helicóptero con una luz encendida. No había helicópteros volando en ese momento.

F-4 Phantom II iraní en 1974.

Un F-4 Phantom II iraní como los que se vieron implicados en el incidente OVNI de Teherán. Foto de 1974.

[Clasificado], después de decir al ciudadano que era sólo [el planeta] Marte y que había hablado con la torre [de control] de Mehrabad, decidió mirar por sí mismo. Observó un objeto en el cielo similar a una estrella pero más grande y brillante. Decidió enviar un F-4 [Phantom II] de la báse aérea de Shahrokhi para investigar.

A las 01:30 horas del día 19 el [Phantom] despegó y se dirigió hacia un punto unas 40 millas náuticas al norte de Teherán. Debido a su brillo, el objeto era visible rápidamente desde 70 millas de distancia. Conforme el [Phantom] se aproximó a una distancia de 25 millas, perdió toda la instrumentación y las comunicaciones (UHF e interfono). Rompió el contacto y se dirigió de vuelta a Shahrokhi. Cuando el [Phantom] viró alejándose del objeto y aparentemente ya no constituía una amenaza para el mismo, la aeronave recuperó toda la instrumentación y las comunicaciones.

A las 01:40 se despachó un segundo [Phantom]. El [oficial de armas a bordo] adquirió un blocaje radar a 27 millas náuticas, en la posición 12 en punto, arriba, [aproximándose a una velocidad relativa de] 150 millas náuticas por hora. Cuando la distancia descendió a 25 millas náuticas, el objeto se alejó a una velocidad que era visible en la pantalla del radar y se mantuvo a 25 millas náuticas. El tamaño [del objeto en el radar] era comparable al de un avión de reaprovisionamiento en vuelo Boeing-707 [un KC-135].

El tamaño visual del objeto fue difícil de discernir debido a su brillo. La luz que despedía era [similar a] la de lámparas estroboscópicas intermitentes dispuestas en un patrón rectangular y de colores alternantes azul, verde, rojo y naranja. La secuencia de luces era tan rápida que podían verse todos los colores a la vez.

Parviz Jafari, el piloto de la Fuerza Aérea Iraní que intentó entrar en combate con un objeto no identificado, junto a su avión.

Parviz Jafari, el piloto de la Fuerza Aérea Iraní que intentó entrar en combate con el objeto no identificado, junto a su avión.

El objeto y el [Phantom] que le perseguía continuaron con curso al sur de Teherán cuando otro objeto brillantemente iluminado, de un tamaño estimado como un tercio del tamaño aparente de la luna, se desprendió del objeto original. Este segundo objeto se dirigió directamente hacia el [Phantom] con una velocidad muy elevada.

El piloto intentó disparar un misil AIM-9 [Sidewinder] al objeto pero en ese instante su panel de control de armamento se desactivó y perdió todas las comunicaciones (UHF e interfono). En este punto, el piloto inició un un viraje y un descenso con g negativa para apartarse. Mientras viraba el objeto le siguió en su estela a lo que parecían ser unas 4 millas náuticas.

Mientras [el piloto del Phantom] continuaba virando para apartarse del objeto primario, el segundo objeto se desplazó por el interior de su viraje y volvió al objeto primario para reunirse perfectamente con él.

Poco después de que el segundo objeto se reuniese con el primario, otro objeto pareció salir del lado opuesto del primario, dirigiéndose directamente hacia abajo. La tripulación del [Phantom] había recuperado las comunicaciones, así como el panel de control de armamento, y observó cómo el objeto se aproximaba al suelo anticipando [que se produciría] una gran explosión. Este objeto pareció posarse suavemente sobre el suelo y proyectar una luz muy brillante sobre un área de 2-3 km. La tripulación [del Phantom] descendió desde su altitud de [26.000 pies] a [15.000 pies] y prosiguió observando y marcando la posición del objeto.

Tuvieron algunos problemas para ajustar su visión nocturna [debido al efecto del brillo del objeto en sus ojos], así que tras orbitar Mehrabad varias veces procedieron a un aterrizaje directo. Había muchas interferencias en la banda de UHF y cada vez que pasaban por el rumbo magnético 150º desde Mehrabad perdían sus comunicaciones (UHF e interfono) y el INS [sistema de navegación inercial] fluctuaba entre 30 y 50º. El único avión civil de pasajeros que se aproximaba a Mehrabad en los mismos momentos sufrió fallos de comunicaciones en la misma zona (KZ) pero no informó que avistara nada.

La torre de control del aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad en 1958.

La torre de control del aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad en 1958.

Cuando el [Phantom] se encontraba en larga final [aproximación a pista], su tripulación observó otro objeto de forma cilíndrica (con el tamaño aproximado de un T-bird a 10 millas náuticas de distancia) con luces brillantes estáticas a cada extremo y una destelleante en el centro. Al preguntar a [la torre de control], les comunicaron que no había ningún otro tráfico conocido en el área. Cuando el objeto pasó sobre el [Phantom], torre no podía verlo, pero lo captaron después de que el piloto les dijera que mirasen entre las montañas y la refinería.

Al hacerse de día, la tripulación del [Phantom] fue transportada al área donde el objeto había aterrizado aparentemente. No se observó nada en el punto donde pensaban que se posó (un lago seco), pero al dirigirse al oeste del área captaron una señal de localizador muy notoria. En el punto donde la señal era más fuerte había una casa pequeña con jardín. Aterrizaron y preguntaron a sus ocupantes si habían notado algo extraño la noche anterior. Aquellas personas hablaron de un ruido fuerte y una luz muy brillante, como la del relámpago. El avión y el área donde se cree que aterrizó el objeto están siendo comprobadas en busca de posible radiación.

Se remitirá más información cuando esté disponible.

El tiempo en Teherán-Mehrabad el día 19 de septiembre de 1976 era: temperatura = 25,4 ºC (mín 17 ºC, máx 31 ºC); visibilidad = 6,7 millas; viento = 3,2 nudos; precipitación = 0 mm. Al otro lado de la frontera soviética, en Astara (Azerbaiyán), las condiciones atmosféricas fueron al día siguiente: temperatura = 22,5 ºC (mín 18 ºC, máx 27 ºC); punto de rocío = 19,7 ºC; presión atmosférica = 1007,8 mb; viento = 2,5 nudos (máx 3,9 nudos); precipitación = 0 mm.

Existe otro documento muy parecido, redactado para la DIA por un capitán del Cuartel General de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Europa, con un estilo un poquito más «literario» pero que esencialmente reproduce punto por punto el informe que te he traducido aquí. Al principio de este otro documento, el oficial en cuestión temía que el incidente fuese «archivado y probablemente olvidado». No obstante, quizá debido a su excepcionalidad, parece que el asunto tuvo algún seguimiento posterior.

Dibujo realizado por el piloto militar Parviz Jafari de su encuentro con el OVNI sobre Teherán, pasada la medianoche del 19 de septiembre de 1976.

Dibujo realizado por el piloto militar Parviz Jafari de su encuentro con el OVNI sobre Teherán, pasada la medianoche del 19 de septiembre de 1976.

Este caso llama poderosamente la atención por varios elementos que ya identificó la DIA en su época. Por un lado, hay numerosos testigos, en varios lugares y de varios tipos distintos: civiles en tierra, personal aeroportuario, pilotos militares, etc. Algunos de ellos entran perfectamente en la categoría de «personal cualificado». Por otra parte, hubo detección visual e instrumental. Los instrumentos, además, son de varios tipos y en distintas circunstancias: hay una «detección activa» por parte de los radares de los cazas, y una «detección pasiva» por la vía del fallo instrumental al aproximarse al objeto, pero también al sufrir perturbaciones a mayor distancia (desde Mehrabad). Estas perturbaciones a mayor distancia resultan especialmente interesantes, dado que fueron registradas por los instrumentos a bordo de dos tipos distintos de aeronaves (los cazas y el avión de pasajeros) en una misma posición coherente (rumbo 150º desde Mehrabad). Esa es la clase de cosas que hacen los objetos reales.

Los protagonistas terrestres del incidente están identificados. El controlador de torre que recibió los avisos de los ciudadanos y vio el objeto con unos prismáticos se llamaba Hussain Perouzi. La persona que dio las órdenes para que despegaran los Phantom fue el brigadier-general Nader Yousefi, que también lo había visto desde tierra. El piloto del primer Phantom era el capitán Mohammad Reza Azizkhani y el del segundo, el teniente Parviz Jafari. Muchas de estas personas han sido localizadas por distintos autores y programas de televisión, y se han ratificado repetidamente en sus declaraciones. Algunos han dado conferencias en el extranjero.


El teniente (ahora general retirado) Parviz Jafari explica su encuentro con el OVNI de 1976.

El aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad, en la actualidad.

El aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad, en la actualidad.

Se ha dicho que un satélite DSP, cuyo propósito es detectar los lanzamientos de misiles y las explosiones nucleares, detectó una anomalía infrarroja en el sector durante una hora. No he podido confirmar este dato y muchos autores dudan de que sea real. Tampoco existe ninguna información relativa a posibles observaciones desde la Unión Soviética, justo enfrente del lugar de los hechos. Si detectaron algo, se ha mantenido oculto hasta la actualidad.

No parece existir una explicación convencional del incidente que sea evidente por sí misma. A lo más que se ha llegado es a relacionar vagamente el suceso con la identificación errónea de los planetas Marte o Júpiter. Esto no es descabellado: en todas las guerras, todas las fuerzas aéreas han realizado centenares de salidas contra la luna y otros astros, que parecen otras cosas al observarlos en condiciones anómalas. Sin embargo, las identificaciones erróneas de un astro no producen imágenes en el radar ni interferencias electrónicas.

Este incidente en Irán presenta analogías notables con el caso Manises. Tantas, que uno se pregunta si no estarán íntimamente relacionados. Sin embargo, en el caso iraní las observaciones instrumentales directas (radar) parecen más variadas y sólidas, hay dos cazas interviniendo en vez de uno (y ambos notifican una experiencia similar), hay testigos más variados en más puntos diferentes, hay una interacción más directa con el objeto, el objeto reacciona de manera más sofisticada y la naturaleza del mismo parece más coherente, menos dispersa.


Entrevista en Cuarto Milenio con el piloto de la Fuerza Aérea española Fernando Cámara, que se las vio con el objeto del «caso Manises». Lo interesante (o menos conocido) comienza a partir del minuto 07:35 de este primer video, en el segundo video y a partir del 2:30 del tercer video.

Cabina del piloto (arriba) y el operador de armas (abajo) de un cazabombardero F-4 Phantom II.

Cabina del piloto (arriba) y el operador de armas (abajo) de un cazabombardero F-4 Phantom II.

En ambos casos, se han vinculado las anomalías electrónicas observadas con la presencia en el área de fuerzas más avanzadas tecnológicamente. En el caso valenciano, con la Sexta Flota norteamericana en el Mediterráneo. En el caso iraní, también con los estadounidenses que abundaban por allí o con equipos soviéticos análogos operando desde el otro lado de la frontera. No obstante, esto no pasa de ser una afirmación tan falta de pruebas como la que supone sin duda que estamos ante naves extraterrestres haciendo sun, sea, sex por la Tierra.

Existen muchos avistamientos OVNI, incluso algunos muy famosos, que uno puede descartar tranquilamente sin miedo de estar perdiéndose nada. Sin embargo, hay un minúsculo número de casos que invitan a la reflexión. El caso de Teherán de 1976 (y con él, el de Manises de 1979) pertenece, sin duda, a este último grupo. ¿Significa esto que los extraterrestres o los intraterrestres o los viajeros del tiempo o los atlantes o los seres de luz nos están visitando? No. Lo más normal, lo más probable, es que tuvieran una explicación convencional que simplemente no pudo establecerse en su momento y a estas alturas ya no se puede establecer. Con muchísima probabilidad, hasta el mejor de estos casos –según mi parecer, este que te estoy contando– tuvo una razón de ser convencional. Y si fue algo distinto, nadie lo sabe. Ni tú, ni yo ni el gurú de turno.

¿Que me moje un poco más, dices? :-D Bueno, veamos. Para empezar, dejémonos de jueguecitos verbales: objetos volantes no identificados los hay todos los días, hasta que alguien les pone un helicóptero de la Guardia Civil encima y resulta que son dos payos en avioneta subiéndose del moro un cargamento de polen. De hecho, los másmejores casos OVNI serían aquellos en los que el objeto llega a ser identificado… y entonces, siempre, siempre resulta ser un objeto de naturaleza convencional, con lo que no entra en los registros ufológicos. Pero cuando hablamos de OVNIs, lo que a todos nos evoca instantáneamente no es un mero objeto-volante-no-identificado-ñá-ñá-ñá, sino presencias de naturaleza extraordinaria en la atmósfera terrestre o sus aledaños. O sea: extraterrestres o cosa parecida. Hay otras posibilidades (armas o aeronaves terrestres anómalas, experimentos sofisticados deliberadamente diseñados para confundir, etc), pero esto es a lo que nos referimos normalmente. No mareemos la perdiz.

En 2009 despertó gran interés esta luz espiral avistada sobre Noruega. Resultó ser una prueba fallida de un SLBM ruso RSM-56 Bulava.

En diciembre de 2009 despertó gran interés esta luz espiral avistada sobre Noruega. Resultó ser una prueba fallida de un SLBM ruso RSM-56 Bulava. La tercera etapa fracasó, imprimiendo al misil un movimiento rotacional incontrolado que fue dejando una estela de gases incandescentes con forma de espiral. Si la prueba no se hubiera dado a conocer, este avistamiento continuaría siendo un "objeto volante no identificado".

Según mi particular opinión, no es totalmente imposible que alguno de estos casos pudiera corresponderse con una visita extraterrestre. Pero no es totalmente imposible sólo por la sencilla razón de que es posible que existan civilizaciones extraterrestres y es posible que se puedan realizar viajes interestelares prácticos por medios que a nosotros aún se nos escapan. En ese caso, algún avistamiento podría ser alguna de estas visitas (y algo me dice que se parecería muy poco a lo que estamos acostumbrados a pensar). Eso es todo.

Como dije al principio, el cielo está lleno de cosas naturales y artificiales que hacen un montón de cosas. Y la atmósfera terrestre no es un cristal perfecto, sino un lugar bastante turbulento capaz de provocar fenómenos ópticos espectaculares a poco que las condiciones meteorológicas sean un poquito bordes (los espejismos superiores son especialmente interesantes al respecto del tema que nos ocupa, entre ellos el Fata Morgana… pero, de nuevo, esto no produce efectos electromagnéticos). En general, la probabilidad de que todos los casos OVNI constituyan fenómenos convencionales que no se pudieron identificar en su momento es altísima.

El hecho de que, después de tantos años de ufología, nadie haya sido capaz de aportar ni la más mínima prueba fehaciente de que alguno de ellos sea de naturaleza más extraordinaria constituye en sí mismo un argumento poderoso a favor del escepticismo, incluso del escepticismo radical. Algunos optan por explicar esta falta de pruebas mediante conspiranoias varias como los hombres de negro y demás (es increíble, tú, siempre eficaces al 100% hasta en el más inhóspito rincón del mundo, con la cantidad de patanes y metepatas que suele haber en esta clase de servicios). Por otra parte, la presencia de tanto estafador y espabilado en el mundillo obliga a exigir pruebas contundentes de cualquier afirmación. Y en general, afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Pero, a diferencia de otras creencias, no es imposible por completo. No, no lo es. Sólo altamente improbable. Y nadie tiene la respuesta: sólo el tiempo lo dirá. Eso sí, hace tiempo que albergo una opinión, y es que un contacto auténtico sería el fin de la ufología. Más que nada, porque la realidad siempre termina superando al más descabellado ejercicio de imaginación.

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La computadora de Anticitera

Hace más de dos mil años, alguien creó un objeto absolutamente extraordinario.
Pasarían catorce siglos de oscuridad hasta que volviera a verse algo parecido sobre la faz de la Tierra.

La costa frente a la que se produjo el naufragio de Antikitera.

La costa frente a la que se produjo el naufragio de Anticitera hace unos 2.100 años, en la actualidad. Foto: Mellis (Clic para ampliar)

Agradecimiento: Escrito con la inestimable cooperación del Dr. Tony Freeth,
secretario del Antikythera Mechanism Research Project.
Donde se indique, las imágenes son propiedad del AMRP o de Images First.
Thank you very much again, Dr. Freeth!

Faltaban unas seis u ocho décadas para el año cero que no fue cuando un buque de tecnología romana y unas trescientas toneladas de desplazamiento se hizo a la mar en el Mediterráneo Oriental. No sabemos realmente quién era su armador, ni el puerto de donde partió, ni a dónde se dirigía, ni en qué fecha exacta lo hizo, ni quiénes navegaban en él. Pero se hundió en la posición 35° 53′ norte 23° 18′ este, a poca distancia de un cabo septentrional de la isla de Anticitera (o Antiquitera), entonces llamada Aigilia u Ogylos y hoy en día parte de la Grecia contemporánea. Esta isla, donde se encuentra el antiguo puerto de Pótamos Aigilii, era por aquel entonces un refugio de piratas a quienes hacía la guerra la Rodas aliada de Roma; quizá el mercante había sido capturado. Otra posibilidad es que simplemente, sobrecargado como iba, se hundiera de viejo: la madera de olmo con que fue construido ha sido datada mediante radiocarbono entre el 177 y el 263 aC, o sea que el barco (o su maderamen, que se solía reutilizar) contaba al menos noventa años de antigüedad y puede que hasta dos siglos. O cualquier otra cosa. Han pasado dos mil y pico años; vete tú a saber qué viento se lo llevó.

Restos del naufragio de Anticitera.

Restos del naufragio de Anticitera: un fragmento del casco, construido en madera de olmo con tecnología romana, y diversos trozos de cerámica entre los que se distingue el cuello de un ánfora del siglo I a.C. Imagen obtenida a 52 m. de profundidad por miembros del Instituto Egeo, operando desde el barco Calypso del comandante Cousteau, en 1975. Foto: Aegean Institute (Clic para ampliar)

En octubre de 1900, casi veinte siglos después, un grupo de recolectores de esponjas al mando del capitán Dimitrios Kondos andaba faenando en el lugar mientras esperaban a que se disipara una fuerte tormenta que se interponía en su regreso a casa. Uno de los buceadores, Elías Stadiatos, regresó de su inmersión hablando despavorido sobre cuerpos de hombres y animales pudriéndose en el fondo. Pensando que Elías deliraba por sufrir borrachera de las profundidades, el capitán Kondos bajó a comprobarlo. Así hallaron el pecio, o lo que quedaba de él, a unos sesenta metros de profundidad. Contenía ánforas, estatuas de mármol y cobre, cerámica grecorromana y una diversidad de utensilios corrientes en los buques del último siglo antes de nuestra era. Basándose en los restos encontrados, incluyendo algunas monedas pergamenses del 86 – 67 y efesias atribuidas al periodo 70 – 60, los arqueólogos concluyen que el naufragio tuvo que suceder entre el 85 y el 60 aC. Si fuera anterior, estas monedas no deberían estar presentes; si fuera posterior, habría objetos más tardíos con toda probabilidad.

Algunos historiadores creen que pudo tratarse de uno de los barcos que transportaban a Roma el botín obtenido por Sila durante la Primera Guerra Mitridática; al parecer hay un texto de Luciano de Samosata, dos siglos y medio posterior, que menciona la pérdida de uno de estos navíos. Obviamente, esto no pasa de ser un tiro lejano. No es sólo el tiempo transcurrido entre el suceso y el comentario de Luciano: es que el Mediterráneo Oriental es uno de los primeros mares de la civilización y el paso entre Citera, Anticitera y Creta ha sido surcado por incontables navíos desde tiempos muy antiguos. Antes de que llegaran las tecnologías de navegación modernas, muchos de ellos naufragaban por mil motivos diferentes; aún sigue ocurriendo de vez en cuando, aunque muchísimo menos. Pero durante milenios, las costas mediterráneas han estado plagadas de viudas espectrales mirando eternamente al mar, a la espera de sus incontables esposos e hijos perdidos que no volvieron jamás.

El extraño cargamento.

Mapa del naufragio de Anticitera.

Mapa clásico del naufragio de Anticitera, sucedido alrededor del 85 - 60 aC en los pasos entre el mar Crético y el Jónico. Se encuentra en el corazón de las rutas marítimas entre el mundo griego y el romano, muy frecuentadas entonces y ahora. Se supone que el buque, viejo y sobrecargado, podría haber estado haciendo el recorrido de Atenas o Pérgamo a Roma; en realidad, no se sabe a ciencia cierta. (Clic para ampliar)

La carga del barco hundido estaba fundamentalmente compuesta por copias de estatuas y otras que parecen ser más originales, entre las que se encuentra la cabeza del filósofo, la representación de un niño, el efebo de Anticitera, un lanzador de disco, un Hércules, un toro de mármol y una lira de bronce. Eran artículos probablemente valiosos (también) en su tiempo, por lo que muchos piensan que se trataba de una especie de barco del tesoro; choca entonces que eligieran un navío tan viejuno para el transporte. Otros sugieren que podía tratarse de una carga comercial relativamente corriente en un periodo de gran esplendor, desplazada en uno más de los barcos que surcaban aquellos mares, aunque la carga parece más importante que eso. E incluso un buque capturado por los piratas donde se hubiese reunido el botín obtenido en varios navíos. De nuevo, todo es posible, o cualquier otra cosa; simplemente hace demasiado tiempo y la memoria se ha perdido.

Sin embargo, entre los restos sumergidos se encontró también algo distinto. Algo francamente extraño. Estaba tan deteriorado por tanto tiempo bajo el mar que al principio no hizo más que levantar alguna ceja, empezando por la de su descubridor, el arqueólogo Valerios Stais (1902). Lo que Valerios recuperó del fondo, murmurando aquello de «¡qué curioso…!», era una especie de mecanismo construido en bronce y compuesto por treinta engranajes. El bronce fue el primer gran metal de la civilización, una aleación de cobre con estaño menos dura pero también menos quebradiza que el hierro; al quedar expuesto a la intemperie sólo se oxida en una capa de su superficie y así es capaz de resistir la corrosión (incluyendo la marina) incluso mejor que los aceros sencillos. Si hubiera sido fabricado con hierro, se habría desvanecido en las sombras del Mediterráneo y de la historia mucho tiempo atrás.

Astrolabio de ocho engranajes de Al-Biruni (996 dC)

Esquema de Al-Biruni para un calendario lunisolar de ocho engranajes (996 dC). El mecanismo de Antiquitera, casi once siglos antes, presenta treinta, contaba con al menos 35 y puede que hasta 72. Imagen: Wikimedia Commons.

Durante las siguientes décadas, se recuperaron un total de ochenta y tres fragmentos correspondientes a este objeto (82 según otras fuentes). Cabe dividirlos en una pieza central o mecanismo principal, cinco o seis secundarias y el resto terciarias, muchas de ellas poco más que esquirlas. Si quisieras verlo en persona, se conserva actualmente en la Colección del Bronce del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. El conjunto mide treinta centímetros de alto, quince de largo y siete y medio de profundidad. Estaba dispuesto originalmente en una caja de madera de unos 34 x 18 x 9 cm, con puertas o tapas delanteras y traseras, así como inscripciones cubriendo la mayor parte del mecanismo. La caja y los paneles anterior y posterior quedaron aplastados por los restos del naufragio que tenían encima, y probablemente el mecanismo en sí se rompió también por este motivo, pero las inserciones calcáreas protegieron los restos durante todo este tiempo.

La pieza que suele concentrar todo el interés, lógicamente, es el mecanismo principal que conserva veintisiete de los treinta engranajes; pero todas resultan esenciales para comprenderlo. De manera muy notable, en algunas de las secundarias se hallan inscritos unos tres mil caracteres griegos habitualmente denominados el manual de instrucciones; se estima que en el objeto completo había de diez a veinte mil.

En otros fragmentos se observan finísimas marcaciones angulares milimétricas correspondientes a alguna clase de instrumento geométrico. Y todas ellas son testigos enigmáticos de un instante asombroso de la Antigüedad en el que alguien fue capaz de crear una sofisticada máquina cuyo grado de complejidad y perfección mecánica no surgiría otra vez hasta el siglo XIV europeo, mil cuatrocientos puñeteros años después. Su grado de miniaturización es aún más asombroso: pocas veces se vuelve a ver hasta la Edad Moderna. Observa esta belleza y recuerda que estamos hablando de un objeto anterior a nuestra era:

Microescalas angulares múltiples en el fragmento C, vista frontal del mecanismo de Anticitera. Imagen: Wikimedia Commons.

Microescalas angulares múltiples en el fragmento C, vista frontal del mecanismo de Anticitera, tal como se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Imagen: Wikimedia Commons.

Así, no es extraño –y hasta se me antoja disculpable, aunque sólo sea por una vez– que los magufillos le añadan su dosis habitual de exageraciones y lo consideren un oopart creado por extraterrestres o atlantes o viajeros en el tiempo o cosas así. Nosotros, en cambio, intentaremos una aproximación más científica e histórica: no es preciso irse al mundillo de los enigmas a saldo para valorar en su justa medida un objeto verdaderamente enigmático, verdaderamente asombroso y verdaderamente extraordinario como el mecanismo de Anticitera. En la opinión de este que te escribe, nos encontramos ante el objeto más portentoso de la Antigüedad, una manifestación suprema del conocimiento perdido con la destrucción de las grandes bibliotecas del pasado. Como, por ejemplo, la Biblioteca de Alejandría.

Mecanismo de Anticitera, fragmento A (mecanismo principal), vista frontal. Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

Mecanismo de Anticitera, fragmento A (mecanismo principal), vista frontal, tal como se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Imagen:. Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)

La verdad es que visto así y después de tirarse dos mil años bajo el agua, no parece gran cosa. Es raro, ¿verdad? Ahora, vamos a hacerle una radiografía para empezar a comprender lo que se oculta en su interior:

Radiografía del fragmento A del mecanismo de Anticitera. © 2005 Antikythera Mechanism Research Project

Radiografía del fragmento A del mecanismo de Anticitera. © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

O mejor aún, un escáner de rayos X:

El interior del mecanismo de Anticitera (fragmento A) por CT de rayos-X.

Cuatro "cortes" o "lonchas" del interior del mecanismo de Anticitera (fragmento A) obtenidos mediante tomografía computerizada de rayos X para el AMRP. © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

Sí. Es lo que parece: un complejo mecanismo de relojería, creado 1.200 años antes de que se desarrollaran los primeros relojes puramente mecánicos en Al-Ándalus. Sólo hay un pequeño problema: el mecanismo de Anticitera es mucho, muchísimo más que un simple reloj. Vamos allá.

El objeto.

Aunque el mecanismo de Anticitera conserva treinta de sus engranajes (27 en el mecanismo principal del fragmento A y tres en los fragmentos B, C y D), los especialistas coinciden en que para tener sentido mecánico debía contar al menos treinta y cuatro y posiblemente treinta y cinco; los últimos cuatro o cinco se habrían perdido a consecuencia del naufragio y el tiempo. Algunos autores elevan la cifra, proponiendo mecanismos más complejos aún, hasta un máximo de setenta y dos. Están dispuestos en trenes compuestos; durante un tiempo se pensó incluso que podía contener engranajes diferenciales (como en los analizadores diferenciales) para calcular las fases de la luna, aunque parece que esta hipótesis ha sido descartada por innecesaria y actualmente se considera incorrecta. Todos los dientes de los engranajes son triángulos equiláteros.

Esquema del mecanismo de Anticitera.

Estructura del mecanismo de Anticitera en vista lateral (sección). Las partes indicadas en color rojo no se han encontrado y son por tanto hipotéticas. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd; traducción de La Pizarra de Yuri.

Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera completo en su caja, sin las puertas que lo cerraban y sólo con los textos recuperados.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera completo en su caja, sin las puertas que lo cerraban y sólo con los textos recuperados.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

Esquema general del mecanismo de Anticitera en vista superior. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

Esquema general del mecanismo de Anticitera en vista superior. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

El propósito primario del mecanismo era mostrar diversos datos de índole astronómica en una serie de diales circulares o esferas (en el sentido relojero) situadas en la cara frontal y posterior, referidos a una fecha. Esta fecha se indicaba haciendo girar una manivela lateral, hoy perdida; la pieza con el orificio para introducirla se conserva. Había una esfera principal en la parte delantera y dos en la trasera, con otras más pequeñas en su interior.

La esfera frontal presenta dos escalas concéntricas. La exterior está indicada con los 365 días del calendario egipcio, basado en el ciclo sótico, que podía moverse para compensar el día bisiesto cada cuatro años. Cabe reseñar que el primer calendario grecorromano con años bisiestos, el juliano, no se instituyó hasta el 46 aC (aunque hubo un intento previo en Egipto, con el Decreto de Canopus, en el 238 aC; pero no tuvo éxito). El mecanismo de Anticitera precedería, pues, a este adelanto en varias décadas y puede que hasta un siglo.

Dentro de esta primera escala en la esfera frontal, hay otra marcada con los signos griegos del zodíaco clásico y dividida en grados. En esta esfera frontal había al menos tres agujas, una para indicar la fecha seleccionada y otra para indicar la posición del Sol y la Luna respecto a los signos zodiacales helénicos. El indicador lunar está compensado para reflejar las irregularidades conocidas de la órbita de nuestro satélite; se supone que el solar tendría algún sistema parecido, pero si existió, ha desaparecido. En esta misma esfera frontal hay un indicador más para mostrar las fases de la Luna.

En las inscripciones en griego se hallan varias referencias sobre Venus y Marte, lo que ha conducido a algunos autores a afirmar que el mecanismo contendría una sección adicional –hoy perdida– para indicar la posición de estos astros e incluso de todos los cinco planetas que conocían los griegos mediante trenes sucesivos hasta un total de 72 engranajes. Conservarse, sólo se conserva un engranaje adicional de utilidad desconocida, desconectado de los demás; por ello, cabe considerar especulativa esta posibilidad.

La esfera frontal contiene también un parapegma, precursor de los almanaques modernos, que indicaba la salida y el ocultamiento de varias estrellas específicas indicadas mediante iniciales en griego. Parece haber referencias cruzadas a este respecto en las inscripciones grabadas por toda la máquina.

Por la cara posterior tenía dos esferas en vez de una, llamadas «alta» y «baja». La alta tiene forma de espiral, con 47 marcas en cada vuelta hasta totalizar los 235 meses del ciclo metónico.  El ciclo metónico de 6.940 días, que se estudió en Babilonia y constituye la base del posterior calendario hebreo, es una aproximación bastante exacta al múltiplo común de los ciclos del sol y de la luna: equivale más o menos a 19 años tropicales y 235 meses sinódicos a la vez. Metón el Ateniense observó este fenómeno ya en el siglo V aC –de ahí su nombre– e incluso describió una fórmula correcta para corregir la pequeña diferencia entre ambos, con lo que el mecanismo de Anticitera permite esta corrección. Sobre esta base, se pueden crear y ajustar calendarios lunisolares con gran facilidad. Dicho de otra manera: en un tiempo en que la mayoría del mundo aún estaba prácticamente en el Neolítico, con un mecanismo de Anticitera tú podías llegar a cualquier sitio y levantar un calendario en cuestión de horas.

Trenes de cálculo lunar de la máquina de Anticitera, vista posterior. Imagen base: © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)

Trenes de cálculo lunar de la máquina de Anticitera, vista posterior. Imagen base: © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd (Clic para ampliar)

La esfera posterior baja está también dispuesta en forma espiral, con 223 divisiones para mostrar los meses del ciclo de Saros, originado en la cultura caldea. El ciclo de Saros es excepcionalmente interesante, pues equivale al tiempo transcurrido entre dos momentos en que el Sol y la Luna se encuentran en parecida posición con respecto a la Tierra, y por tanto entre ocurrencias del mismo eclipse. En combinación con el metónico, permite predecir los eclipses con bastante exactitud. Esta esfera posterior baja contiene además una aguja más pequeña que indica el exeligmos o triple Saros de 54 años, para corregir las imprecisiones del ciclo de Saros, dado que éste no es un número entero exacto sino que consta de 6.585 días y un tercio. Recientemente (2008), se ha descubierto también una esfera menor adicional que parece corresponder al ciclo calípico de 76 años, dividida en cuatro secciones con los nombres de los cuatro juegos panhelénicos (incluida la Olimpiada) más otros dos de menor importancia; uno de ellos permanece sin descifrar.

Así, el mecanismo de Anticitera resulta ser un pasmoso computador analógico, un autómata de la Antigüedad, que suma y aplica los conocimientos de toda la media luna donde se originó la civilización occidental (Grecia, Egipto, Levante, Mesopotamia). Esa es la clase de conocimiento desaparecido que se encontraba en lugares como la Biblioteca de Alejandría. Quien llevara consigo un mecanismo de Anticitera, estaba perfectamente ubicado en el tiempo con respecto al Sol, la Luna y las estrellas. Podía predecir las épocas de siembra y cosecha, los eclipses, las estaciones, practicar las formas de adivinación antigua (sí, lo que quieras, pero en aquella época era muy importante), todo. El mecanismo de Anticitera es un instrumento protocientífico avanzado, la herramienta perfecta para un astrólogo, un astrónomo, un astrofísico de la Antigüedad, como no volvió a ser posible hasta milenio y medio después. Con ese nivel de miniaturización, más aún. Y es único en el mundo: no se conoce ninguno más ni nada siquiera parecido. Ciertamente, no resulta nada raro que algunos lo consideren uno de esos oopart.

El contexto.

Pero el mecanismo de Anticitera no es un oopart, por dos motivos. Primero, porque nadie ha encontrado jamás un oopart verdadero (¡ojalá!), y este no es una excepción. El segundo, y más importante, porque cuadra con la ciencia y la tecnología de más alto nivel disponible en el periodo, y además existen escritos de aquella época que se refieren a esta clase de aparatos. Por ejemplo, el contemporáneo Cicerón (106 – 43 aC) habla en su De re publica sobre dos dispositivos creados por por Arquímedes (287 – 212 aC) que parecen alguna especie de planetario de mesa por engranajes capaz de representar posiciones astronómicas y realizar predicciones en base a las mismas. Las máquinas de Ctesibio de Alejandría (285-222 aC) o Filón de Bizancio (280-220 aC) que culminarían en tiempos de Herón de Alejandría (10-70 dC) nos evocan una memoria casi perdida de objetos alimentados por medios mecánicos, neumáticos, hidráulicos e incluso a vapor; sistemas de cálculo analógico basados en el recuento de pasos de engranajes simples y compuestos; y toda una serie de autómatas elementales, entre muchas cosas más.

El indicador de fechas para las festividades deportivas, entre ellas las Olimpiadas, identificado en el mecanismo de Anticitera por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

El indicador calípico de fechas para las festividades deportivas, entre ellas las Olimpiadas, identificado en el mecanismo de Anticitera por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

Reconstrucción de las inscripciones en el mecanismo de Anticitera, a partir de las imágenes obtenidas por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

Reconstrucción de las inscripciones en el mecanismo de Anticitera, a partir de las imágenes obtenidas por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)

Hizo falta un avanzado nivel teórico para concebir una máquina así. Pero también estaba disponible por aquel entonces, si bien vendría a equivaler al nivel de la física teórica que se encuentra hoy en día detrás de instrumentos como el LHC. Las partes más difíciles y complejas son el ciclo metónico y el calípico que eran bien conocidos en el periodo e incluso antes, procedentes de las culturas mesopotámicas. Se desarrollaron tras los tiempos de Hiparco de Nicea, más de un siglo tras Eratóstenes de Cirene o Aristarco de Samos; y mucho después que Pitágoras y Eudoxo de Cnidos. A principios del siglo I aC, las culturas del Mediterráneo Oriental y la helénica en particular sabían del movimiento cíclico de los astros, incluyendo la precesión de los equinoccios; conocían que era posible calcularlo matemáticamente; y eran capaces de construir mecanismos para hacerlo.

Así pues, el mecanismo de Anticitera está contextualizado en su periodo histórico y no contiene nada ni está sustentado en nada que no supieran los griegos antiguos. Por tanto, no estamos ante el habitual misterio barato de pacotilla, sino ante un instrumento científico de muy alta tecnología y extrema precisión, el equivalente clásico a una nave de espacio profundo en un tiempo donde tales preocupaciones eran aún más raras que en la actualidad. De hecho, por el momento no se ha encontrado ninguno más. Existen indicios muy fuertes para pensar que hubo más, aunque sólo sea porque su grado de desarrollo y acabado hace muy difícil pensar que se tratara del primer intento de construir un dispositivo así. Pero, muy lamentablemente, estos otros objetos se han disuelto en el tiempo. Los tristes restos del mecanismo de Anticitera parecen ser el superviviente único de un tiempo perdido, cuya singularidad va a la par con su sofisticación y extrañeza.

Reloj de De'Dondi (ca 1364 dC)

Parte inferior del reloj-planetario de De'Dondi, en un grabado de la época (ca 1364 dC). Hasta entonces, no había vuelto a aparecer otra máquina computadora tan compleja como el mecanismo de Anticitera. Más de 1.400 años de tinieblas les separan. Imagen: Wikimedia Commons.

Alguien, viéndolo, podría decir: «¡pero si es sólo como un reloj viejo!». Y sí, pero es algo muy parecido a un reloj mecánico moderno creado un milenio y medio antes de que aprendiéramos a hacer relojes mecánicos modernos. Ni el astrolabio mecánico de Al Biruni (aprox. 1000 dC), ni el reloj automático programable de Al Jazarí (también inventor del cigüeñal, aprox. 1200 dC), ni el reloj medieval de Wallingford fueron tan complejos y ni remotamente tan compactos. Hay que irse al reloj de De’Dondi (siglo XIV dC) para encontrar mecanismos tan complejos y prácticamente a la Edad Moderna para que sean al mismo tan pequeños y compactos. Es casi como si detectáramos ahora mismo, en una órbita alrededor del Sol, una nave espacial lanzada por los sinosudistas o alguien así el año en que nació Mahoma.

La interpretación.

La interpretación práctica del mecanismo de Anticitera es extrema, extrema, extremadamente difícil porque, para empezar, ni sabemos de dónde salió, ni quién lo utilizaba, y no existe ninguna otra pieza ni remotamente parecida en el mundo entero para comparar. El hecho de haberlo hallado en un naufragio, perdido en tránsito, complica aún más las cosas porque no permite conocer el lugar en que se usaba habitualmente; a menos que se empleara como parte del equipo de navegación de a bordo (cosa poco probable: difícilmente un marino de su tiempo le habría hallado alguna utilidad inmediata) o fuera transportado por un pasajero en alguna clase de viaje de investigación (ve y pregunta a qué se dedicaban los ocupantes de un oscuro navío hundido dos mil cien años atrás…).

El llamado manual de instrucciones, grabado por todas partes en griego con pintas de koiné, no acaba de aportar luz al respecto. No es un verdadero manual de instrucciones en el sentido actual del término, sino más bien unos apéndices de referencia, dando por sentado que el usuario sabe para qué sirve la máquina y cómo utilizarla. Tiene toda la lógica: este objeto sólo tiene sentido en manos de un científico que lo entendiera o, como rareza, en el tesoro de un rey. El idioma en el que está escrito, más allá de vincularlo genéricamente a la cultura helénica, tampoco proporciona ningún dato en particular: el griego koiné era el «inglés» de su tiempo, una lingua franca de uso en todo el Mediterráneo, que aparece en objetos tan dispares como la piedra de Rosetta (Egipto, 196 aC) o el Nuevo Testamento (Asia Menor, aprox. 125 – 250 dC).

En todo caso, sin duda, se trata de un instumento científico-técnico portátil para la realización de cálculos astronómicos o astrofísicos elementales desarrollado en el contexto de la civilización grecorromana oriental en torno a principios del siglo I aC. Es un autómata, seguramente no-programable de ninguna manera práctica, construido en bronce y madera, con sistemas de cálculo, representación y alimentación basados en la ingeniería mecánica. Incluye tablas de operación y referencia. Entendido como máquina calculadora o computadora, estamos ante un ordenador analógico de la Antigüedad, creado a partir de los conocimientos teóricos más avanzados disponibles en el periodo.

Desde las profundidades del tiempo y el mar, silencioso en sus expositores del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, el mecanismo de Anticitera aún guarda muchos misterios de los de verdad y un mensaje inquietante para nosotros. Contiene una advertencia. Nos dice que el progreso no está garantizado. Nos recuerda que las sociedades pueden retroceder, como sucedió: mil años largos, oiga, hasta que alguien volviera a hacer algo parecido. Las sociedades que dejan de aspirar a la libertad de pensamiento, que renuncian al avance de la ciencia, de las artes y de las ideas, que se acomodan o refugian en sus valores tradicionales (que a menudo no lo son tanto) y en los cantos de sirena de la superstición… se estancan, retroceden y retrocederán. Entre el mecanismo de Anticitera y el reloj de De’Dondi, su inmediato sucesor, hubo 1.400 años de tinieblas. Si el modelo de civilización que creó esta computadora de la Antigüedad hubiera podido seguir adelante, ¿por dónde andaríamos hoy, ya?

PD: Se había comentado que la palabra «ISPANIA» aparecía en el mecanismo de Anticitera. El Dr. Freeth, del Antikythera Mechanism Research Project, me confirma que se trató de un error de interpretación y este nombre no se halla en el dispositivo.

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¡Qué malo!Pschá.No está mal.Es bueno.¡¡¡Magnífico!!! (165 votos, media: 4,90 de 5)
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El error de un Nobel que condenó el proyecto atómico nazi

Una demostración palmaria de lo importante que resulta la verificación independiente en ciencia.

Los documentos secretos del proyecto atómico nazi.

Para este post contamos con los documentos secretos originales del programa nuclear de la Alemania nazi, que no fueron desclasificados por sus posteriores propietarios hasta muchos años después. En el Deutsches Museum, Munich.

Fueron muchas las razones científicas, políticas, materiales y humanas por las que la Alemania nazi no produjo nunca una bomba atómica. Entre ellas, que no creyeron poder alcanzarla antes del fin de la Segunda Guerra Mundial y por tanto dedicaron sus esfuerzos a otras cosas más perentorias. Vamos, que no llegaron a proponérselo en serio y la historia siguió adelante por los caminos que ya conocemos.

Sin embargo, el asunto tiene aguijón: parte de esta dejadez  en materia atómica obedeció a un error científico crucial, pero fácilmente subsanable con una mera verificación independiente. Tal verificación no se produjo y el error, cometido por un futuro premio Nobel, les hizo creer que la energía nuclear estaba mucho más lejos de lo que quizá podría haber estado. ¿Pudo ser diferente? ¿Existió alguna posibilidad de que el Tercer Reich consiguiese la bomba atómica y con ello cambiara el curso de la historia?

El submarino U-202 de la Kriegsmarine.

El submarino U-202 de la Marina de Guerra nazi. El 12 de junio de 1942, este navío desembarcó con éxito a un equipo de saboteadores en Long Island, Nueva York. Seis días después, el U-584 hizo lo propio cerca de Jacksonville, Florida. Aunque los saboteadores fueron traicionados antes de alcanzar sus objetivos, ambos buques habían cumplido su misión y regresaron sin novedad a su base en Brest. Durante 1942 y 1943 hubo más de veinte submarinos alemanes operando en el Golfo de México hasta la misma boca del Mississippi. Y en fecha tan tardía como el 5 de mayo de 1945, dos días antes de la rendición, el U-853 torpedeó aún a un último mercante norteamericano enfrente de Rhode Island antes de ser hundido a su vez. Cualquiera de ellos podría haber transportado a bordo una primitiva bomba atómica con destino a la Costa Este de los Estados Unidos.

El club del uranio.

Werner Heisenberg, permio Nobel de física 1932, en una fotografía de 1933.

Werner Heisenberg, premio Nobel de física 1932, en una fotografía de 1933. Heisenberg, como director del Instituto de Física Kaiser-Wilhelm de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, fue la cabeza más visible de las investigaciones nucleares en la Alemania nazi.

El 3 de julio de 1967, veintidós años después de que terminara la Segunda Guerra Mundial, el físico teórico alemán Werner Heisenberg concedía una entrevista a un profesor de universidad estadounidense en la que hizo varias declaraciones sorprendentes para muchas mentalidades:

Ya al principio, sospechamos que si era realmente posible hacer explosivos [atómicos], tomaría tanto tiempo y requeriría un esfuerzo tan enorme que había una muy buena probabilidad de que la guerra terminase antes de lograrlo.

Cuando tuvimos éxito en el experimento L-4, cuando supimos que podíamos hacer reactores y, gracias al trabajo de Weizsacker, que así se podía hacer plutonio o algo parecido, supimos que en principio éramos capaces de crear bombas atómicas.

Pero aún así no hicimos ningún esfuerzo serio en ese dirección. Hablemos en serio: si queríamos fabricar el agua pesada necesaria, nos costaría de uno a tres años conseguir suficiente cantidad. Producir plutonio bastante se tomaría otros tres años. Así que, con la mejor conciencia del mundo, le dijimos al gobierno: «no será posible hacer una bomba hasta al menos dentro de cinco años.»

Ya sabíamos que prohibirían cualquier nuevo desarrollo que no pudiera usarse durante el año siguiente o así. Estaba claro que iban a decir: «¡No, no! ¡No dediquemos esfuerzos a la bomba atómica!». Y eso fue lo que pasó.

El líder más destacado del programa atómico alemán nos está diciendo que, básicamente… no hubo un proyecto atómico alemán digno de tal nombre. Que en la carrera por la bomba, Estados Unidos estuvo esencialmente solo a pesar de todos los temores geniales emigrados allí huyendo del nazifascismo. Y además, apostilla:

La decisión de no hacer bombas [atómicas] tomada por nuestro gobierno fue muy sensata. Habría sido muy sensata incluso para el gobierno de ustedes, porque podrían haber ganado antes la guerra contra Alemania si no se hubieran puesto a hacer bombas. No hay ninguna duda sobre esto: si ustedes hubieran dedicado todo ese esfuerzo a hacer aviones y tanques y demás, la guerra habría terminado antes. Esto puede no ser cierto en el caso de Japón, porque la guerra contra Japón era distinta; pero si hablamos sólo de la guerra contra Alemania, esto es un hecho.

Uno podría pensar que Heisenberg trata de limpiar su biografía con estas palabras. Nosotros no hacíamos nada malo, nosotros no sabíamos nada de lo que pasaba y todo ese rollo. Lo que pasa es que las pruebas hablan fehacientemente en su favor. O, mejor dicho, la ausencia de pruebas. Por toda la Alemania derrotada, tanto la misión Alsos norteamericana como su versión soviética sólo encontraron indicios de unas investigaciones dispersas, poco decididas, apenas dotadas de recursos y orientadas fundamentalmente a la construcción de reactores experimentales… ninguno de los cuales logró alcanzar masa crítica. Los documentos, los testimonios, las pruebas materiales: todo indica que Alemania en ningún momento se planteó seriamente el desarrollo de armamento nuclear. La carrera por la bomba no existió.

¿Cómo puede ser tal cosa? Vamos, en serio, los nazis no eran precisamente unos pacifistas ni gente tiquismiquis ante el derramamiento de sangre ajena. Resulta francamente dudoso que los fundadores de Auschwitz, Treblinka o Sobibor, los autores del Generalplan Ost que quiso exterminar a los infrahombres del este tanto como a los judíos, los gitanos o los comunistas, hubieran dudado mucho a la hora de volar por los aires a algún millón de personas con bombas atómicas. Heisenberg ya nos apuntaba un motivo de los dirigentes nazis para descartar esta opción: la muy dudosa posibilidad de construir un arma nuclear antes del fin de la guerra. Este premio Nobel alemán, en la entrevista mencionada, aún sugiere alguna más:

Había, por supuesto, una intención muy clara por nuestra parte: teníamos que impedir que nos implicaran en un gran esfuerzo para hacer bombas atómicas. Lo que queríamos era conseguir el dinero justo para seguir adelante con nuestro proyecto de reactor, pero nada más. Teníamos mucho miedo de que, en otro caso, alguien dijera: «Ahora, vamos a por la bomba atómica.» […] Esto salió como esperábamos. Definitivamente, no queríamos que nos metieran en este asunto de la bomba.

No quiero idealizar esta cuestión: lo hicimos también por nuestra seguridad personal. Pensábamos que la probabilidad de que esto condujera al desarrollo de bombas atómicas durante la guerra era casi cero. Si no hubiéramos actuado así, y si se hubiese puesto a trabajar a miles de personas en ello sin resultados… podría haber tenido consecuencias extremadamente desagradables para nosotros.

Equipo con el que se descubrió la fisión en Alemania, 1938.

Experimento con el que Lise Meitner, Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron la fisión del núcleo atómico en Alemania, 1938. Deutsches Museum, Munich. (Clic para ampliar)

¿Y la dirigencia nazi no se olió nada? Es decir, numerosos científicos y algunos políticos y militares venían hablando ya del advenimiento de la energía nuclear desde antes de la guerra. ¡Pero si Otto Hahn y Lise Meitner habían descubierto la fisión nuclear en la misma Alemania nazi, siendo 1938! El 22 de abril de 1939 Georg Joos y Wilhelm Hanle comunicaron a Abraham Esau –director de la división de física del Consejo de Investigaciones del Reich– las posibles aplicaciones militares de la fisión del átomo. Apenas dos días después Paul Harteck, asesor científico de la Oficina de Municionamiento del Reich, hacía lo propio dirigiéndose al estamento militar. El 29 del mismo mes, un montón de físicos se reunieron en el Ministerio de Educación para considerar todas estas cuestiones, fundando así el primer Uranverein: el club del uranio. Tenían a Hans Geiger, el del contador Geiger. Manfred von Ardenne iba por su cuenta, investigando la separación de isótopos con el apoyo entusiasta del ministro de Correos nazi Wilhelm Ohnesorge. Todo en el más riguroso secreto… pero, en los ámbitos del poder nazi, un secreto a voces. Evidentemente, el Führer y sus lugartenientes tanto políticos como militares tenían que estar al tanto de lo que se cocía en materia atómica; aunque fuera por encima.

Es más. En junio el químico nuclear Nikolaus Reihl, director científico de la empresa Auergesellschaft, se puso también en contacto con la Oficina de Municionamiento del Reich para comunicarles que la compañía estaba en posesión de una respetable cantidad de basura de uranio como resultado de su producción de radio. Y que si estaban interesados, podían ponerse a procesar este uranio, obtenido en las minas de la Checoslovaquia ocupada. Estuvieron interesados y pronto abrían la planta de Oranienburg, al norte de Berlín, que produciría óxido de uranio y otros metales de interés hasta casi el final de la guerra.

El 1 de septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, sin pillar por sorpresa a casi nadie: desde años atrás, estaba cantado que se avecinaba algo gordo. Ese mismo día se fundaba el segundo Uranverein bajo los auspicios del Consejo de Investigaciones del Reich, ahora en manos militares. El 19 de este mes, mientras las últimas tropas polacas caían ante la Wehrmacht en la Batalla de Buzra, los científicos atómicos alemanes del segundo club se reunían en secreto por primera vez. Poco después el Instituto de Física Kaiser-Wilhelm y el Instituto Max Planck, las dos instituciones más relevantes de Alemania en asuntos relacionados con la física avanzada, pasaban también a la jurisdicción militar. Sabían que el isótopo uranio-235 era la clave de todo aquel asunto y que había otro aún más prometedor, no presente en la naturaleza pero descubierto igualmente en Alemania: un cierto eka-osmio, al que hoy en día llamamos plutonio.

Werner Heisenberg en 1940.

Werner Heisenberg en 1940, poco antes de descubrir que podía construir un reactor nuclear. Deutsches Bundesarchiv.

En el mes de diciembre, el profesor Heisenberg –por entonces, aún en la Universidad de Leipzig– descubrió con gran emoción que era posible construir un reactor nuclear de uranio-235, que se estabilizaría a sí mismo en torno a 800ºC de temperatura operacional. En los últimos días de 1939, Heisenberg escribía una carta a la Oficina de Guerra del Reich que terminaba así:

Conclusiones: Según las evidencias actuales, el proceso de fisión del uranio descubierto por Hahn y Strassmann puede utilizarse para la producción de energía a gran escala. El método más seguro para construir un reactor capaz de hacer esto sería enriquecer el isótopo uranio-235. Cuanto más alto sea el grado de enriquecimiento, más pequeño se puede hacer el reactor. El enriquecimiento de uranio-235 es la única manera de conseguir que el volumen del reactor sea pequeño, comparado con un metro cúbico.

Es, además, el único método de producir explosivos varios órdenes de magnitud más potentes que los explosivos más poderosos conocidos ahora.

De todos modos, para la generación de energía se puede usar incluso uranio ordinario, sin enriquecer ei isótopo 235, si se utiliza en conjunción con otra sustancia que ralentice los neutrones del uranio sin absorberlos. El agua no es apropiada para esto. Por el contrario, el agua pesada y el grafito muy puro podrían bastar según las evidencias actuales. Las impurezas más minúsculas siempre pueden impedir la generación de energía.

Vaya. Cualquiera diría que en esos momentos de finales de 1939, el buen doctor Heisenberg no tenía tan claro eso de omitir las posibilidades explosivas del invento. Por otra parte, también especifica claramente la necesidad de un moderador neutrónico y las mejores opciones para obtenerlo: el carbono ultrapuro en forma de grafito y el agua pesada. A mediados de 1940 se realizaron varios intentos de construir pequeños reactores en Berlín-Dahlem, demasiado primitivos para funcionar (llegaron a intentar el uso del papel como moderador). En la siguiente carta de Georg Joos a la Oficina de Municionamiento del Reich, fechada en marzo de 1940, ya se plasman las necesidades de pureza del carbono para su uso en reactores nucleares. Pero, ¿qué es esto de un moderador neutrónico?

Carta de Georg Joos sobre el carbono

Carta de Georg Joos a la Oficina de Municionamiento del Reich explicando los detalles de pureza del carbono para constituir grafito de uso nuclear. Se especifican con detalle las proporciones máximas de boro, un poderoso absorbente neutrónico que altera las propiedades de la reacción en cadena. Deutsches Museum, Munich. (Clic para ampliar)

Moderadores neutrónicos.

Reacción en cadena

Reacción en cadena por fisión del núcleo atómico. Para sostenerla con uranio poco enriquecido, hay que reducir la energía de los neutrones rápidos y convertirlos en neutrones térmicos. Esto lo hace el moderador. (Clic para ampliar)

En la reacción en cadena, los neutrones producidos durante la fisión del núcleo atómico provocan nuevas fisiones en los átomos de alrededor. Si hay suficiente masa de material fisible para que estos neutrones se encuentren con algo útil –la masa crítica–, entonces la reacción es capaz de sostenerse a sí misma, generando más energía y más fisiones. En los explosivos nucleares esta reacción es muy rápida, utilizando uranio-235 o plutonio-239 muy enriquecidos sin moderación de ninguna clase, buscando un pico de energía instantánea. Sin embargo, en un reactor nuclear ocurre lo contrario: se desea una reacción en cadena eficiente, económica y progresiva, que funcione con una proporción baja de material fisible y a ser posible usando uranio natural (uranio refinado y concentrado, pero con la misma proporción isotópica que se da en la naturaleza). En aquellos tiempos resultaba aún más importante: la cantidad de uranio disponible era baja y las posibilidades de enriquecerlo, endiabladamente difíciles y costosas usando la tecnología de la época.

Resulta que durante la fisión la mayor parte de los neutrones se emiten en forma de neutrones rápidos, muy energéticos. Se podría pensar que esto es estupendo para provocar nuevas fisiones que aseguren la reacción en cadena, pero… resulta que no va así. La fisión del núcleo atómico se produce mejor cuando es alcanzado por neutrones térmicos, menos energéticos. Dicho en términos sencillos, los neutrones rápidos «pasan demasiado deprisa» para producir una reacción eficaz, mientras que los térmicos lo hacen a la velocidad adecuada. Por tanto, la construcción de un reactor nuclear eficiente exige decelerar estos neutrones rápidos; la sustancia encargada de tal cosa es el moderador. Entre los mejores moderadores neutrónicos se encuentran, como predijeron Heisenberg y otros, el grafito y el agua pesada.

Sin embargo, esta sustancia no debe ser tan efectiva que tienda a frenarlos por completo, porque en ese caso ya no tenemos un moderador sino un absorbente neutrónico que captura los neutrones e interrumpe la reacción. Entre estos tenemos, por ejemplo, al cadmio o el boro. Esta «resistencia al paso de los neutrones» se puede medir de varias maneras. Una de ellas es la longitud de absorción, difusión o atenuación, que indica la probabilidad de que una partícula no sea absorbida durante su paso por estas sustancias. Para construir un reactor con uranio natural, sin enriquecimiento alguno, la longitud de difusión en el moderador debe estar aproximadamente entre cuarenta centimetros y un metro y pico. Si es mayor, no provocará la atenuación necesaria y la reacción en cadena no llegará a producirse. Si es menor, la sustancia actuará como absorbente neutrónico y la detendrá por completo. La longitud de difusión mínima para un moderador básico de uranio natural está en 37 cm.

Agua pesada de Norsk Hydro

Agua pesada de Norsk Hydro al 99,6%. En toda Europa no había ninguna otra instalación donde se produjera en las cantidades industriales precisas. (Clic para ampliar)

El agua pesada es H2O con los átomos de hidrógeno corriente sustituidos por átomos de deuterio; es decir, 2H2O (o D2O, óxido de deuterio). Con una longitud de difusión de 116 cm, constituye un excelente moderador neutrónico. Pero presenta varios problemas de orden práctico. Fundamentalmente es difícil, costosa y complicada de producir; y no te digo ya con el grado de pureza necesario (más del 99%), por lo que en último término sale cara de narices y llega con cuentagotas. Tanto, que en tiempos de los nazis sólo había una fábrica en Europa que la produjese, y eso gracias a un acúmulo de casualidades y rarezas: la planta de Norsk Hydro en Vemork, Noruega. Desde 1927 Norsk Hydro mantenía una sociedad con el inmenso consorcio químico alemán IG Farben y además Noruega fue invadida por los nazis en abril de 1940, con lo que gozaban de libre acceso a este recurso. Pero eso no hacía que el agua pesada resultase más económica, fácil o rápida de producir. Además, había que transportarla en un complicado viaje hasta los laboratorios atómicos alemanes.

El grafito, en cambio, es básicamente carbono y hay por todas partes. Al principio cuesta un poco de producir con el grado de pureza exigido, que es puñetero, pero después sale por toneladas en forma de bloques económicos fáciles de manejar, transportar y utilizar. Por ello, todos los primeros reactores construidos por todas las potencias nucleares fueron de uranio natural moderado por grafito. Cuando partes de cero, ese es el camino más rápido, barato y directo para obtener energía nuclear y armas atómicas.

¿Y el reactor, para qué?

A todo esto, ¿para qué necesitamos un reactor si queremos hacer bombas? Pues por dos motivos fundamentales. El primero es que sin un reactor operativo hay una serie de detalles sobre el funcionamiento íntimo del núcleo atómico que no se pueden aprender; y sin esos detalles, tendrás que construir tu arma nuclear a ciegas en una montaña de consideraciones técnicas importantes. Y el segundo, para producir plutonio en cantidad fácil y rápidamente.

Hay, esencialmente, dos aproximaciones para fabricar tu primera bomba atómica. Una es pillar mineral de uranio y enriquecerlo una y otra vez hasta que obtienes decenas de kilos del preciado isótopo uranio-235 para hacer una bomba del tipo de la de Hiroshima. Esto es un lío, cuesta una fortuna y encima ese tipo de bomba es un rollo, un arma muy limitada. Hubo un momento en que, para realizar este proceso, la planta norteamericana de Oak Ridge consumía la sexta parte de toda la energía eléctrica producida en los Estados Unidos. La Alemania nazi no podía permitirse semejante cosa ni por casualidad, ni en Oranienburg ni en ninguna otra parte.

El reactor B de Hanford.

El reactor B de Hanford, donde se produjo el plutonio estadounidense para Trinity, Nagasaki y numerosas armas de posguerra, era de uranio natural moderado por grafito.

Ni falta que hace. Los americanos es que fueron por las dos vías a la vez, pero la gente que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo a un precio justo opta siempre por el plutonio. El plutonio resulta enormemente más práctico como arma que el uranio; cuesta mucho menos de producir y separar; permite más fácilmente el diseño de armas más avanzadas; y no necesitas instalaciones tan grandes, caras y conspicuas. Por eso la primera bomba atómica fue de plutonio, la de Nagasaki fue de plutonio, la primera de los soviéticos fue de plutonio  y hoy en día todas son de plutonio total o parcialmente. Hágame caso, joven: para jugar a los soldaditos atómicos, uranio kk, plutonio mola. Y de buen grado o a la fuerza, a Alemania no le quedaba otra que ir por la vía del plutonio.

El plutonio sólo tiene un par de pejiguerías, y una de ellas es que no se da en la naturaleza. Estamos ante un elemento sintético que hay que producir por completo. Sólo hay una manera de hacerlo a escala industrial: con un reactor nuclear. Es muy sencillo. Bueno, bastante sencillo. Metes uranio natural, que está compuesto fundamentalmente por uranio-238 con una pequeña proporción de uranio-235. El uranio-235 es fisible, el -238 no (en condiciones normales). Entonces le das mecha al reactor. El -235 empieza a fisionar en cadena y una parte de sus neutrones alcanzan al -238. Pero ya hemos dicho que el -238 no puede fisionar, así que los va absorbiendo y al hacerlo se convierte en uranio-239. El uranio-239 es virulentamente inestable y en cuestión de minutos decae a neptunio-239, que tampoco está muy p’acá y transmuta en… ¡tachán! ¡Nuestro deseado plutonio-239! Todo esto ocurre en cadena, sin ningún esfuerzo adicional. De lo único que tienes que llevar cuidado es de que no se te desmande el reactor (por la acumulación de un nuevo material fisible, el propio plutonio-239) y de no acumular mucho plutonio-240, que a este nivel sólo sirve para tocar las narices. Yendo por el camino del plutonio consigues una bomba mejor, antes y con más posibilidades. Todo son ventajas.

Pero necesitas un reactor. Aunque sea un reactor experimental del año de la picor. Sin reactor no hay plutonio (ni electricidad, en las aplicaciones civiles de la energía nuclear). A todos los efectos prácticos de la Alemania nazi, sin reactor no hay bomba, ni programa nuclear ni nada.

Así pues, no quedaba otra que construir un reactor. Tenían los conocimientos, tenían los especialistas, tenían las materias primas (no muchas, pero tenían) y dos opciones para el moderador: el agua pesada, difícil, remota y cara; y el grafito, fácil, cercano y barato (¡será por carbón en Alemania!). ¿Con cuál te quedarías tú? Exacto: a diferencia de todos los demás, eligieron el agua pesada. Pero, ¿por qué?

Opciones tecnológicas para el desarrollo de las primeras armas nucleares

Opciones tecnológicas para el desarrollo de las primeras armas nucleares 1940-1960. (Clic para ampliar)

Walther Bothe en Stuttgart, 1935.

Walther Bothe durante una reunión de físicos en Stuttgart, 1935.

Un pequeño error para un hombre, un gran golpe para el proyecto atómico nazi.

Aunque Heisenberg estaba convencido por motivos teóricos de que tanto el grafito como el agua pesada valían de moderador neutrónico, resultaba preciso verificarlo experimentalmente y determinar cuánto con absoluta precisión. Con exactitud germánica, como si dijéramos. Del agua pesada se encargó él mismo, en colaboración con el matrimonio Robert y Klara Döpel. Debido a la importancia de este estudio, el grafito lo estudiaría otro físico prestigiosísimo distinto, con quien Heisenberg sustentaba alguna rivalidad: el doctor Walther Bothe de Heidelberg, director de la unidad de física del Centro de Investigaciones Médicas Kaiser-Wilhelm, padre del primer acelerador de partículas alemán digno de tal nombre y futuro premio Nobel. Si te crees más capaz que él, siempre puedes levantar la mano y ofrecerte voluntario, kamerad.

Esfera de Bothe para medir la longitud de difusión neutrónica en el electrografito.

La esfera de Bothe para medir la longitud de difusión neutrónica en el electrografito, a finales de 1940. En Walther Bothe, «La Longitud de difusión de los neutrones térmicos en el electrografito», fechado el 20 de enero de 1941, Kernphysikalische Forschungsberichte (G-71). Deutsches Museum, Munich.

Además, el doctor Bothe tenía experiencia en la materia. Entre otros trabajos relativos al uranio como combustible para obtener energía nuclear, el 5 de junio de 1940 ya había realizado el correspondiente estudio sobre una muestra de carbono común, concluyendo que su longitud de difusión ascendía a 61 cm. Esto es: bien por encima del límite mínimo de 37 cm y más de la mitad que el agua pesada, situada convencionalmente entre 100 y 116 cm. Pensaba que esa cifra de 61 cm aún podía mejorarse, porque su muestra de carbono estaba bastante contaminada con calcio, magnesio y otras cosas que alteran el resultado; según sus estimaciones, al usar grafito ultrapuro podría llegarse a 70 cm. Así lo plasmó en sus conclusiones:

…siguiendo [el dato] G1.(3) la absorción es del 6% con una longitud de difusión de 61 cm. Esto se acerca bien al valor de 70 cm, donde Heisenberg ha demostrado que es posible la Máquina [el reactor] […]. Con el límite de error estimado, queda determinada en el límite mínimo de la longitud de difusión (37 cm). […] Usando carbono puro, la longitud de difusión podría ser mayor que 70 cm, con una sección eficaz de captura inferior a 0,003 x 10-24.

En todo caso, se precisan más experimentos con el carbono. Parece que la idea es ensamblar inmediatamente una Máquina juntando Preparado 38 [uranio] y carbono. El carbono puro podría obtenerse, por ejemplo, mediante las vías propuestas por Joos, para después llevarlo al método del electrografito hasta una densidad de 1,5.

–Walther Bothe, «La Longitud de difusión de los neutrones térmicos en el carbono». Fechado el 5 de junio de 1940, Kernphysikalische Forschungsberichte (G-12).

Así pues, durante las últimas semanas de 1940 el doctor Bothe de Heidelberg se puso a la labor junto con Peter Jensen y algunos estudiantes universitarios de confianza reclutados como ayudantes. Con el máximo secreto, montaron en un sótano del Centro de Investigaciones Médicas un apparat para realizar la medición usando electrografito de la máxima calidad suministrado por Siemens-Plania: el mejor grafito que se podía conseguir en la Alemania del periodo.

Este dispositivo era básicamente una esfera de 110 cm de diámetro formada por bloques de este electrografito con una funda exterior de caucho, que se sumergía en un tanque de agua. La esfera estaba provista con una estructura de aluminio en la parte inferior, montada sobre una base de hierro y madera encerada, pero por lo demás era autoportante; en la parte exterior había cintas de cadmio. Por arriba dejaron un canal libre para introducir las sondas y la fuente neutrónica, un preparado de radón-berilio con una actividad de setenta milicurios; este canal se cerraba a continuación introduciendo más grafito en bloques cilíndricos. En un determinado momento del informe que escribiría con posterioridad, Bothe se queja de no tener medios para hacer un montaje más elaborado.

El 20 de enero de 1941, el futuro premio Nobel da a conocer sus resultados entre los miembros del segundo club del uranio con un informe ultrasecreto titulado La longitud de difusión de los neutrones térmicos en el electrografito (W. Bothe y P. Jensen, Die Absorption thermischer Neutronen in Elektrographit, en Kernphysikalische Forschungsberichte G-71). Las mediciones obtenidas hacen empalidecer a más de uno:

[…] se calcula la longitud de difusión:

L = 36 ±2 cm.

El error de Bothe que condenó al programa atómico alemán

El error de Bothe que condenó al programa atómico alemán en su documento secreto original «La Longitud de difusión de los neutrones térmicos en el electrografito», fechado el 20 de enero de 1941. Kernphysikalische Forschungsberichte (G-71), Deutsches Museum, Munich. La verdadera longitud de difusión neutrónica para el grafito son 54,4 cm, no 36 cm.

Así, destacadito, porque el resultado es de lo más sorprendente, contrario a la teoría y un verdadero jarro de agua helada para el programa atómico alemán. Treinta y seis centímetros resultaban radicalmente insuficientes, uno por debajo del mínimo absoluto de 37. Y un gravísimo error: la verdadera longitud de difusión neutrónica en el grafito es de 54,4 cm, muy correcta para un moderador, cosa que en los Estados Unidos midió Szilárd con éxito. Inmediatamente a continuación, Bothe afirma:

Con los [valores] sobre los que se basan los cálculos de Heisenberg se esperaría una longitud de difusión L0 = 61 cm. La longitud de difusión medida es mucho menor y la absorción mucho más fuerte, por lo que el carbono estudiado aquí difícilmente debería tomarse en consideración como un material moderador para la Máquina [el reactor].

La conclusión derivada del error de Bothe

La conclusión derivada del error de Bothe: el grafito no sirve como moderador para un reactor nuclear. Esta creencia errónea no desaparecería hasta los últimos meses de la guerra.

Con todas las letras. Por cierto, que el buen doctor Bothe se nos antoja un poco listillo a la hora de quitarse marrones de encima: cabría recordar que esos «valores sobre los que se basan los cálculos de Heisenberg» son los mismos que él dedujo siete meses antes. Pero da igual: es una catástrofe de todos modos. Tras un cuidadoso análisis de impurezas obtenido quemando una cantidad del carbono para estudiar sus cenizas, determina en las conclusiones:

En todo caso, se puede juzgar a partir del estado presente de la teoría que el carbono [grafito], aunque haya sido manufacturado con los mejores métodos técnicos conocidos y esté libre de impurezas, probablemente no sirve como material moderador para la Máquina en cuestión a menos que se acumule [enriquezca] el isótopo 235.

Conclusión de Bothe

La conclusión final de Bothe, en el mismo documento: el grafito sólo serviría como moderador neutrónico si se usara uranio enriquecido, que Alemania no podía producir en cantidades suficientes y de hecho ningún país utilizó en sus primeros intentos.

Cénit y ocaso del proyecto atómico alemán.

Estas conclusiones fueron devastadoras. Si para Alemania el grafito no servía como moderador y enriquecer uranio resultaba inviable económicamente, entonces la vía del plutonio debía discurrir necesariamente por el camino del agua pesada, largo, caro y complicado. A partir de este momento, el pesimismo comienza a instalarse poco a poco en la comunidad de los científicos atómicos nazis, lo que se va traduciendo en un progresivo desinterés por parte de los dirigentes políticos. Siguiendo a Werner Heisenberg:

[No hubo más interés en el grafito, a pesar de saber que el agua pesada era muy escasa] debido a que el experimento de Bothe no era correcto. Bothe había hecho esta medida del coeficiente de absorción del carbono puro y se le deslizó un error en el experimento. Sus valores eran demasiado altos [en absorción; bajos en difusión] pero asumimos que eran correctos y no creíamos que el grafito se pudiera usar.

Atención de nuevo a las fechas. Las fechas son muy importantes:

Fecha y firma del documento erróneo de Bothe.

Fecha y firma del documento erróneo de Bothe «La Longitud de difusión de los neutrones térmicos en el electrografito». Kernphysikalische Forschungsberichte (G-71), Deutsches Museum, Munich.

Adolf Hitler en París con Albert Speer y Arno Breker.

Adolf Hitler en París con Albert Speer (izda.) y Arno Breker (dcha.), 23 de junio de 1940; Francia se había rendido el día anterior. A principios de 1941, casi toda Europa estaba controlada directa o indirectamente por los nazis. Las grandes batallas contra los Estados Unidos y la Unión Soviética no habían comenzado aún. Todas las opciones políticas y militares permanecían abiertas en esas fechas.

Estamos todavía en enero de 1941. La Europa continental entera, desde el Vístula y el Danubio hasta el Atlántico, está en manos nazis o de amigos de los nazis a excepción de un par de países neutrales: una buena posición para atrincherarse. Aún no han invadido la Unión Soviética, con la que mantienen una paz precaria. Pearl Harbor no ha ocurrido tampoco todavía: los Estados Unidos siguen fuera del conflicto. En estos momentos, sólo el tropezón de la Batalla de Inglaterra empaña los éxitos alemanes. La guerra se lucha ahora mismo en África, lejos de la Fortaleza Europa. Los grandes bombardeos que más adelante aniquilarían las ciudades e industrias alemanas caen de momento principalmente sobre el Reino Unido, a manos de la Luftwaffe. Faltaba más de un año para que el Proyecto Manhattan se pusiera en marcha en serio. Von Braun y los suyos seguían en Alemania. Todas las posibilidades estaban abiertas aún.

¿Qué habría sucedido si Bothe no se hubiera equivocado y alguien hubiese dicho a la dirigencia nazi durante la primavera de 1941: «podemos construir un reactor de grafito y fabricar plutonio, podemos hacer bombas atómicas, consígannos algo de tiempo y uranio; es cosa de cuatro o cinco años, puede que menos si nos dotan con la mitad de los medios que harían falta para invadir la URSS el próximo verano»?

Por supuesto, resulta imposible saberlo. Sí conocemos, en cambio, lo que sucedió en realidad. En estas mismas fechas de 1941, la empresa Auergesellschaft que mencioné más arriba ya había fabricado varias decenas de toneladas de óxido de uranio y Degussa de Fráncfort, los primeros 280 kg de uranio metálico para el reactor de Heisenberg (en parte con mineral capturado durante la conquista de Bélgica). Los norteamericanos no empezarían a disponer de este material hasta 1942, cuando los científicos alemanes ya contaban con siete toneladas y media. En diciembre de 1942, la Pila Chicago-1 de Fermi y Szilárd necesitó 6 toneladas de uranio puro y 34 de óxido de uranio para convertirse en el primer reactor operativo de la historia. Pero no estamos en 1942: estamos aún en 1941, y el Tercer Reich tiene ya casi todo el uranio necesario.

En Alemania había (y hay) grandes minas de carbón; con él, compañías como Siemens-Plania, IG Farben, Degussa y otras podrían haber producido grafito de calidad nuclear a poco que sus científicos atómicos les hubieran dicho cómo hacerlo. Esto, evidentemente, no sucedió. En vez de eso, el agua pesada se convirtió en un recurso estratégico de primer orden, la única posibilidad. A partir de estas fechas, se realizaron numerosas actuaciones para asegurar el agua pesada noruega de Norsk Hydro, y también para empezar a producirla en Alemania, esto último con reducido éxito. Hacia finales del verano de 1941, encargaban a Norsk Hydro 1.500 kilos de agua pesada. Para fin de año, ya habían recibido los primeros 361.

Durante el mismo 1941 hubo diversos intentos para enriquecer uranio de manera más eficiente, lo que habría despertado un interés renovado en el grafito (posiblemente sacándoles de su error). Pero a pesar de que alguno tuvo éxito, no se vieron capaces de continuar por ese camino debido a las limitaciones económicas. Así, les quedó definitivamente vedada la vía del uranio. Sólo era posible la vía del plutonio, como concluyera el singular Fritz Houtermans en agosto de este año, lo que exigía construir un reactor sí o sí. A partir de finales de 1941, todos los intentos de los científicos atómicos alemanes estuvieron orientados a crear este reactor de uranio natural-agua pesada. En palabras de Heisenberg, fue en septiembre de 1941 cuando vimos ante nosotros un camino abierto que conducía a la bomba atómica.

En octubre, un atribulado Heisenberg se reunía en Dinamarca con Niels Bohr para conversar sobre la moralidad de que los científicos contribuyeran a esta clase de invenciones terribles; Bohr malinterpretó la conversación por completo y transmitió que Alemania estaba cerca de conseguir la bomba atómica a los norteamericanos (adonde Bohr huiría también poco después). Puede imaginarse la alarma que despertaron estas palabras, reforzando la reciente decisión de Roosevelt de iniciar el desarrollo de esta nueva clase de arma (en esos momentos y durante unos meses más, el proyecto Manhattan aún se compondría de investigaciones aisladas).

Operación Barbarroja

El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética. Comenzaba así la mayor batalla de la historia de la Humanidad, que se cobraría decenas de millones de víctimas civiles y militares y culminó con el colapso total del régimen nazi. Esto provocó enormes tensiones en la economía alemana desde el invierno de 1941, obligándoles a concentrarse en aquellos proyectos que pudieran ofrecer resultados militares de manera más inmediata. Deutsches Bundesarchiv.

En diciembre de 1941, con las fuerzas alemanas detenidas a las puertas de Moscú, el ministro de Armamento y Municiones Fritz Todt comunicaba a Hitler que la economía de guerra alemana estaba próxima a su punto de ruptura. Desde ese momento, cualquier incremento de gasto en un ámbito debía conducir necesariamente a una reducción en otros o el país colapsaría. Así pues, se cursaron órdenes para evaluar todos los programas armamentísticos y concentrar los recursos en aquellos que pudieran obtener resultados antes de que acabase la guerra. El profesor Schumann, director de investigaciones militares, escribió a los distintos institutos del uranio transmitiéndoles estas instrucciones.

Hubo una primera reunión evaluadora a principios de 1942. Durante esa reunión se vio que sus expectativas militares eran demasiado remotas: pasaría un largo tiempo antes de que se pudiera construir un reactor de uranio natural – agua pesada capaz de producir plutonio en cantidad. No habría bomba atómica en breve. Así pues, se decidió sacar este proyecto del ámbito militar y devolverlo al civil, bajo control del Ministerio de Educación. En ese momento, el cénit del programa atómico nazi, apenas había un total de setenta personas implicadas directamente en el mismo.

El 26 y 27 de febrero de 1942 se convocaron dos reuniones simultáneas para tratar el asunto en mayor profundidad, con la participación de todos los científicos nucleares principales. Se invitó a  Himmler y Keitel pero, debido a una equivocación administrativa, ambos declinaron su asistencia (les mandaron el programa de conferencias científicas por error, en vez de los encuentros de interés político-militar, lo que les hizo pensar «¿qué demonios pintamos nosotros en unas jornadas de físicos?»). A pesar de esto las reuniones resultaron satisfactorias y se aceleró la construcción de una planta de agua pesada en Leuna por cuenta de IG Farben. Pero seguían dependiendo de Norsk Hydro, que ahora producía unos 140 kg de calidad superior al 99% cada mes; la planta de Leuna no estaría lista hasta finales de la guerra… fabricando agua pesada a apenas el 1%. De todos modos, el programa atómico no regresó al ámbito militar.

Pila atómica alemana L-IV de Leipzig.

La pila atómica L-IV de Leipzig, el primer intento serio de construir un reactor nuclear en la Alemania nazi. Fue activada en mayo de 1942 y produjo más neutrones de los que gastaba, un 13%, aún lejos de lo necesario para sostener una reacción en cadena.

En mayo, Degussa había manufacturado ya tres toneladas y media de uranio para la pila atómica de Heisenberg. Hacia finales de mayo realizaron el primer intento en Leipzig: el reactor L-IV, con 750 kilos de uranio puro y 140 de agua pesada. Produjo neutrones, un 13% más de los que consumía, pero aún estaba muy lejos de sostener una reacción en cadena. Sin embargo, era un éxito: simplemente aumentando su tamaño, conseguirían un reactor nuclear efectivo. Heisenberg calculó que con diez toneladas de uranio metálico y cinco de agua pesada bastaría. El 28 de mayo, Degussa enviaba la primera tonelada a sus talleres de Fráncfort para cortarla en piezas del tamaño adecuado. Pero el agua pesada seguía llegando desde Noruega a un ritmo exasperantemente lento. ¡Si hubiera algo para sustituirla…! Alrededor, las fábricas germanas producían constantemente miles de toneladas de carbono purificado y grafitos elaborados con buen carbón alemán, para múltiples usos civiles y militares, ignorando que tenían en sus manos la clave de la bomba atómica.

El 4 de junio llegó el momento más decisivo del programa atómico alemán. Heisenberg viajó a Berlín para entrevistarse con el poderoso ministro del Reich Albert Speer, íntimo de Hitler. En la reunión, celebrada en el Instituto Kaiser-Wilhelm de Berlín-Dahlem, estaban también presentes otros pesos pesados de la ciencia, la política y el ejército. Heisenberg les explicó que era posible construir una bomba del tamaño de una piña capaz de aniquilar una ciudad. Pero, a continuación, anunció que Alemania no podría construirla en muchos meses; y, de hecho, representaba una imposibilidad económica con las tecnologías disponibles. Los asistentes, que se habían excitado mucho con la primera afirmación, quedaron decepcionados tras la segunda.

El día 23, Speer se reunía con Hitler. En el transcurso de una larga conversación sobre múltiples temas, apenas mencionó el asunto de la bomba atómica, y de manera poco entusiasta. Así, el programa nuclear nazi perdió definitivamente el interés de los políticos y los soldados. A pesar de ello siguieron financiándolo y prestándole asistencia hasta el final de la guerra, aunque como un proyecto civil de orden secundario para la futura producción de energía eléctrica.

En torno a esas fechas, los aliados identificaron el interés nazi en el deuterio noruego y pusieron en marcha una campaña de sabotajes y bombardeos contra la instalación de Norsk Hydro en Vemork, conocida por la historia como la batalla del agua pesada. Hubo grandes actos de heroísmo y famosas películas… pero en realidad, a esas alturas, Alemania ya estaba fuera de la carrera por la bomba atómica. Lo único que lograron estas acciones bélicas fue retrasar aún más la investigación civil. En torno a 1944, la instalación estaba tan dañada que ya sólo producía agua pesada al 1%.

Aún así, siguieron avanzando. Cada vez más despacio, conforme la guerra en el Este demandaba más y más de la sociedad alemana, los bombarderos del Oeste aniquilaban sus ciudades e industrias, el agua pesada llegaba cada vez más despacio y más impura. Varias instalaciones esenciales resultaron destruídas durante los bombardeos de alfombra. El suministro de corriente eléctrica era a cada día más azaroso, los recursos más raros y caros. Hacia el otoño de 1944 los cohetes balísticos V-2 de Von Braun comenzaron a atacar las ciudades enemigas… con componentes realizados en un grafito de alta calidad muy similar al que habría salvado el programa atómico tres años y medio antes.

También fue en esa época cuando, por el propio avance de la ciencia, los científicos alemanes adquirieron consciencia de que habían estado equivocados todo ese tiempo. De que las mediciones de Bothe estaban mal: el grafito era un extraordinario moderador neutrónico que habría permitido a la Alemania nazi crear rápidamente reactores generadores de plutonio. Pero a esas alturas ya no tenía arreglo. Aún llegaron a construir un último reactor en marzo de 1945, el B-VIII de Haigerloch, utilizando una solución mixta de agua pesada y grafito. Tenía las características tecnológicas para alcanzar la reacción en cadena autosostenida, pero aún resultaba demasiado pequeño debido a las carencias de agua pesada. A esas alturas, los Estados Unidos ya estaban produciendo plutonio industrialmente en Hanford. Con uranio natural y grafito, por supuesto.

Soldados norteamericanos y británicos desmontan el reactor B-VIII de Haigerloch.

Soldados norteamericanos y británicos desmontan el reactor nuclear nazi B-VIII de Haigerloch tras su captura. Archivo Gubernamental del Reino Unido.

A finales de abril de 1945, las tropas anglonorteamericanas conquistaban Haigerloch y otras instalaciones esenciales para el programa nuclear alemán, mientras el Ejército Rojo hacía lo propio por el este. El día 30, Hitler se suicidaba en su búnker. El 2 de mayo, el comandante de Berlín rendía la capital del Tercer Reich al general soviético Vasily Chuikov. Cinco días después, los restos de la Alemania nazi se rendían incondicionalmente a los aliados. Las misiones Alsos norteamericana y soviética hicieron su particular agosto. La historia aún tuvo un último coletazo: el 14 de mayo, un buque estadounidense capturaba al submarino U-234. Iba cargado con materiales nucleares y otros componentes tecnológicos avanzados, en dirección a Japón. Algunos de estos productos llegarían a su destino tres meses después… como parte de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

¿Qué fue lo que falló?

Aún hoy se discute por qué un físico tan extraordinario como Walther Bothe, que ganaría el premio Nobel en 1954, cometió ese error fatal en sus mediciones del grafito. Algunos creen que el electrografito purísimo suministrado por Siemens-Plania para el experimento estaba contaminado con boro, un poderoso absorbente neutrónico capaz de alterar los resultados: un solo gramo de boro captura tantos neutrones como cien kilos de carbono. En aquella época era común que el proceso de elaboración industrial del grafito incorporase carburo de boro, un hecho que Szilárd sabía y tuvo en cuenta durante sus experimentos análogos en los Estados Unidos. Pero Bothe, aparentemente, no estaba al tanto de este detalle. A pesar del cuidadoso análisis de la pureza del grafito realizado por este último, incluso cantidades minúsculas de boro bastarían para reducir la longitud de absorción de la muestra por debajo del mínimo exigible en un moderador neutrónico. Otros deducen que los bloques de grafito utilizados no encajaban perfectamente entre sí y, al sumergirlos en el agua, mantuvieron burbujas de aire en su interior. En este caso, el nitrógeno del aire podría haber producido un efecto parecido. Esta era la opinión del propio Werner Heisenberg.

Hay incluso quien piensa que Bothe saboteó los resultados. Walther Bothe despreciaba profundamente a los nazis por el asunto de la física aria, estaba casado con una rusa y –a diferencia de lo ocurrido con sus colegas– los vencedores no le molestaron tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En este caso Bothe, perfecto conocedor de las fortalezas y debilidades de Alemania, habría bloqueado deliberadamente el único camino practicable por los nazis para conseguir la bomba atómica. Al cortar el paso al grafito, sabiendo de las dificultades relacionadas con el enriquecimiento de uranio y con el agua pesada, cerraba también de hecho la vía del plutonio al Tercer Reich. O al menos se lo ponía muy difícil. Bothe jamás reconoció esta posibilidad, aunque sin duda le habría hecho quedar como un héroe tras la victoria aliada. Lo único que dijo respecto a sus resultados erróneos fue que Heisenberg no había tenido en cuenta los márgenes de error (aunque, como hemos visto en el texto original, eran unos márgenes muy ajustados).

Soldados soviéticos en Berlín, mayo de 1945

Soldados soviéticos en el hotel Adlon de Berlín, frente a la Puerta de Brandemburgo, en mayo de 1945. Algunas de las principales instituciones científicas, situadas en el área de Berlín, caían así en manos de la URSS. Deutsches Bundesarchiv.

En realidad el fallo esencial de la ciencia alemana en el programa nuclear fue no contar con un mecanismo de verificación independiente. Así lo reconocía Heisenberg, en la entrevista mencionada al principio:

Había tan pocos grupos [de investigación] que nunca repetíamos un experimento dos veces. Cada grupo tenía alguna tarea asignada. Nosotros, en Leipzig, hicimos las mediciones para el agua pesada y a partir de ese momento todo el mundo aceptó nuestro resultado; nadie lo comprobó. Y nadie comprobó tampoco las medidas de Bothe.

Si hubiera existido un mecanismo de verificación independiente que comprobara los datos de sus colegas, el error de Bothe se habría tornado evidente en el mismo 1941 y Alemania habría podido usar el grafito como moderador desde el principio. En ausencia de verificaciones independientes, toda afirmación tiene que darse por buena sin garantía alguna, incluso aunque vaya en contra de todo lo que se sabe hasta el momento (como en este caso: la teoría no predecía una longitud de difusión tan corta, ni tampoco las mediciones preliminares anteriores del propio Bothe). Por eso se insiste tantas veces: todo experimento debe ser reproducible y reproducido, todos los resultados deben verificarse independientemente. Esto es esencial para el método científico. Cuando no se respeta, ya vemos las consecuencias, en este o en cualquier otro ámbito.

Pero, ¿habría sido realmente posible?

El error de Bothe no fue, ni con mucho, el único problema que plagó al programa atómico de la Alemania nazi. Uno de los más fundamentales fue el volumen económico total del Tercer Reich, al menos en comparación con el de los Estados Unidos. Durante la mayor parte de la guerra, el producto nacional bruto alemán era superior al británico, el francés o el soviético; pero entre dos y tres veces más pequeño que el estadounidense. Este abismo económico explica por sí solo la relativa facilidad con que la potencia norteamericana pudo desarrollar el proyecto Manhattan. No obstante, los Estados Unidos recorrían simultáneamente la vía del plutonio y la del uranio, mucho más cara. Yendo sólo por la del plutonio, un programa nuclear resulta notablemente menos costoso; puede que incluso hasta el punto de igualar estas diferencias en poderío económico total.

Comparación del volumen económico de los principales contendientes en la Segunda Guerra Mundial

Comparación del volumen económico de los principales contendientes en la Segunda Guerra Mundial. Datos tomados de Mark Harrison (1998), «The economics of World War II: Six great powers in international comparison», Cambridge University Press. Clic para ampliar.

Otro problema notable fue la llamada generación perdida de científicos alemanes. Debido a las persecuciones políticas y raciales, un gran número de científicos europeos y específicamente alemanes huyeron a los Estados Unidos, donde terminarían constituyendo la columna vertebral del proyecto Manhattan. Estupideces racistas como el asunto de la Física aria, junto a las distintas ciencias patrióticas o la depuración política del profesorado, no hicieron nada por mejorar el estado de la ciencia que quedó en la Europa controlada por el nazifascismo y sus aliados. Y sin embargo, como hemos visto, Alemania mantenía un número significativo de científicos destacados pertenecientes a la generación anterior.

Un tercer problema significativo fue la dificultad de acceso a algunos productos esenciales. Europa no es un continente que se caracterice por la abundancia de recursos naturales; incluso conquistando la mayor parte, como había logrado el Tercer Reich a finales de 1940, sigues necesitando un montón de cosas. El mismo uranio –aunque suficiente– hubo que rebuscarlo por varias fuentes distintas, desde las minas de Checoslovaquia a las reservas belgas. No tenían helio. El petróleo y los combustibles fueron un quebradero de cabeza para los nazis durante toda la guerra. Y así, mil cosas. En general, a Alemania todo le salía mucho más caro y trabajoso de obtener, porque debía conseguirlo fuera de Europa. Esto produjo también importantes carencias entre la población. A pesar de ello, no hay ningún motivo claro por el que estas carencias hubieran podido detener o retrasar significativamente la vía del plutonio, si no hubiera sido por ese asunto del agua pesada.

Y, por supuesto, conforme avanzaba la guerra los bombardeos y las derrotas constreñían la economía alemana cada vez más y les iban privando de industrias y recursos fundamentales. Hacia el final del conflicto, algunas instalaciones clave para el programa atómico resultaron destruidas o severamente dislocadas. Pero para cuando eso ocurrió, la guerra ya estaba perdida y el camino al arma nuclear, abandonado tiempo atrás en favor de aquellos últimos reactores de juguete.

El error de Bothe fue el único factor determinante que cerró decisivamente el único camino practicable hacia la bomba atómica para el Tercer Reich. Precisamente por todas estas limitaciones, Alemania debía haber tomado desde el primer momento y sin dudarlo la vía del plutonio producido en reactores de uranio natural-grafito. Así lo consiguieron casi todas las potencias nucleares. Como hemos visto, gozaban de uranio y grafito suficiente para intentarlo, así como de un número de científicos muy destacados que ya habían alcanzado muchos de los conocimientos necesarios en fecha tan temprana como 1941. Quizá no tuvieran gente con la talla de Einstein o Szilárd o Fermi u Oppenheimer, pero los científicos atómicos alemanes eran muy brillantes sin duda alguna. No obstante, al obligarles a ir por el camino del agua pesada, el error de Bothe retrasó y encareció absurdamente el programa nuclear nazi hasta tornarlo impracticable por completo en el escaso tiempo de que disponían.

Walther Bothe en 1954

Walther Bothe en 1954, tras obtener el premio Nobel. Fundación Nobel, Suecia.

Fueron estos retrasos y encarecimientos los que desmotivaron a la dirigencia política y militar del Tercer Reich, así como a los propios científicos. Si en Alemania no hubo una acción política decidida para unificar el proyecto atómico y dotarlo de medios abundantes fue precisamente porque el largo camino del agua pesada lo hacía poco atractivo de cara al desenlace de la guerra. Si hubiera habido una vía rápida –el reactor de grafito–, seguramente se habrían tomado mucho más interés.

Opino que sin el error de Bothe, y con un programa atómico decidido y bien dotado, la Alemania nazi podría haber completado su primer reactor de uranio natural-grafito al mismo tiempo que los estadounidenses o poco después: finales de 1942, principios de 1943. Incluso algo antes, mediando cierta genialidad. Tampoco veo ningún motivo claro por el que no hubieran podido empezar a producir plutonio a escala industrial hacia finales de 1943 o principios de 1944 (los norteamericanos lo lograron a mediados de 1943). Y una bomba primitiva entre 1945 y 1946.

Para ser de utilidad, obviamente, la Segunda Guerra Mundial tendría que haber durado un poco más; pero no debemos olvidar que las decisiones científicas principales se tomaron a principios de 1941, cuando todas las opciones políticas y militares estaban abiertas aún. No era estrictamente preciso invadir la URSS en junio de 1941, sobre todo si piensas que pronto tendrás bombas atómicas para devastarla a tu gusto. Tampoco era totalmente necesario que Japón atacara Pearl Harbor en diciembre de 1941, propiciando así la entrada de Estados Unidos en la guerra y la activación final del Proyecto Manhattan durante 1942. Todo eso era en gran medida inevitable y habría terminado por suceder de una manera u otra, pero no tenía por qué ocurrir tan deprisa como sucedió. Si los nazis hubieran sustentado la convicción íntima de que sus científicos andaban detrás de algo importante, una wunderwaffe como jamás vio la Humanidad, habrían tenido una motivación clara para enfriar la evolución del conflicto en vez de acelerarla como hicieron. Un 1941-1942 de moderada intensidad (parecida a lo que fue el periodo agosto de 1940 – junio de 1941, con enfrentamientos eminentemente periféricos y un reforzamiento de la Defensa del Reich) habrían sido suficientes con alguna probabilidad.

Pues si Alemania hubiera podido seguir la vía del plutonio usando reactores de uranio natural-grafito, creo –creo– que habría bastado con retrasar las cosas catorce o dieciocho meses para asegurarse una bomba atómica como la de Nagasaki antes del final de la guerra. Dado que no había ningún motivo por el que retrasarlas, dado que el programa nuclear alemán se había convertido en poco más que una curiosidad científica irrelevante a partir del error de Bothe en enero de 1941 y sobre todo desde la reunión con Speer de junio de 1942, las cosas sucedieron como sucedieron. El Tercer Reich invadió a la URSS en junio de 1941, Japón atacó Pearl Harbor en diciembre, Estados Unidos y la Unión Soviética entraron en modo overkill, y el resto de la historia resulta sobradamente conocido. Para bien.

Pila atómica nazi B-VIII de Haigerloch

El último intento nazi por alcanzar la criticidad: la pila atómica B-VIII de Haigerloch, capturada por los aliados en abril de 1945. Nunca pudo alcanzar la reacción en cadena autosostenida: debería haber sido un 50% mayor para lograrlo. Réplica en el Museo Atómico de Haigerloch, Alemania.

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¡Qué malo!Pschá.No está mal.Es bueno.¡¡¡Magnífico!!! (75 votos, media: 4,95 de 5)
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