100.001 galaxias y ni una inteligencia avanzada evidente.

…en el infrarrojo medio, al menos. :-P

El observatorio WISE de la NASA

El observatorio WISE de la NASA, que realizó un barrido completo de la esfera celeste en distintas bandas infrarrojas, incluyendo el infrarrojo medio. Dado que el uso a escala galáctica de las tecnologías que nosotros utilizamos actualmente dejaría una «firma» clara en el infrarrojo medio y el WISE no ha detectado estas firmas, un reciente estudio (Griffith, R. L. et al.: «The Ĝ Infrared Search for Extraterrestrial Civilizations with Large Energy Supplies. III. The Reddest Extended Sources in WISE.» The Astrophysical Journal, Supplement Series, Vol. 217 Nº 2, 2015. doi:10.1088/0067-0049/217/2/25) ha dado lugar a numerosos titulares sugiriendo la inexistencia de civilizaciones avanzadas en 100.000 galaxias próximas. Imagen: NASA/JPL-Caltech.

Hace poco, abundantes medios nos obsequiaban con un bonito titular del tipo de «Buscan extraterrestres avanzados en 100.000 galaxias y no encuentran nada.» Está bien, a todos nos gusta un titular quedón. A mí el primero, sobre todo cuando los propios autores del estudio sugieren conclusiones similares. O estaría bien, si no fuese porque en realidad lo único que se concluye es que no han hallado evidencias de que haya una «Humanidad-B» colonizando sus galaxias del modo en que algunos de nosotros nos planteábamos hacerlo a mediados del siglo XX, lo cual era bastante de esperar. Eso es todo. El resto se lo han «conjeturado» de arriba abajo.

En el sentido estrictamente científico, el estudio es honesto: han analizado los datos del observatorio espacial WISE para 100.000 galaxias cercanas (de los cientos de miles de millones que hay en el universo observable) y no han encontrado evidencias obvias en el infrarrojo medio de que haya por ahí civilizaciones Kardashov-III metiendo sus galaxias en esferas de Dyson; o, más en general, procediendo a una industrialización total de las mismas con una ciencia y tecnología análogas a las nuestras de hoy en día, cuyas emisiones residuales dejarían una traza característica en tal banda infrarroja. Estas emisiones serían la consecuencia inmediata de cualquier uso de cualquier tecnología del tipo de las que conocemos, en virtud del 2º Principio de la Termodinámica, y detectables al emplearlas a semejante escala. Interesante, sí, pero al mismo tiempo tan predecible que casi cae en la categoría de perogrullada.

O de contradicción en los términos. Porque una civilización en nuestro atrasadísimo estadio científico-tecnológico (por no hablar del económico y social) no va ni a la otra punta de la galaxia, ni a la estrella más próxima en ningún plazo de tiempo razonable. En el mejor de los casos, con un inmenso esfuerzo, a unas cuantas basecillas por nuestro sistema solar y muchísimas gracias. Todavía somos poco menos que gentes primitivas. Vernos concibiendo maneras de colonizar la galaxia sería como ver a un nómada paleolítico ideando maneras de construir ese mismo observatorio espacial WISE: un ejercicio mental que avanza la curiosidad, la inquietud y sienta las bases de la adquisición del conocimiento, pero que al final no se parecerá en nada a la realidad porque apenas tenemos las más tenues bases intelectuales para concebirlo. Conjeturas como las que se han extraído de ese estudio de las 100.000 galaxias constituyen un ejemplo palmario de lo que yo llamo el chovinismo del conocimiento.

El chovinismo del conocimiento.

Nikolai Kardashev

El profesor Nikolai Kardashyov (también transliterado como Kardashev o Kardashov, 1932), actual director del Instituto de Investigaciones Cósmicas de Rusia, propuso en 1964 una intrigante idea: una civilización tecnológica en constante avance necesitará cada vez más energía para sus propósitos, sean cuales sean éstos, y desarrolló una escala de niveles de desarrollo sobre este concepto. Una civilización que utilizase toda la energía que un sol como el nuestro entrega a la Tierra estaría al nivel Kardashov-I. Si utiliza toda la energía generada por su sol, sería Kardashov-II. Si emplea la de toda su galaxia, Kardashov-III. Y a partir de ahí se han planteado otras posibilidades más. El concepto es muy interesante, pero no necesariamente correcto, o al menos no de la manera como nosotros obtenemos y consumimos la energía, o esperaríamos hacerlo en nuestro estado actual del conocimiento científico-técnico. El modo exacto como una civilización avanzada podría lograr esto es totalmente especulativo, y muy posiblemente inimaginable para nosotros en la actualidad. Imagen: Cortesía de la Academia Rusa de Ciencias.

Decía el añorado Carl Sagan que en esto de la búsqueda de vida e inteligencia extraterrestre hay varios chauvinismos (o chovinismos, que parece que a la RAE le gusta más.) Lo que pasa es que estos no son chovinismos patrioteros sino, digámoslo así, científicos. Está, por ejemplo, el chovinismo planetario, según el cual la vida sólo sería posible en astros como los planetas o las grandes lunas. Tenemos también el chovinismo del agua, que dice que ésta sólo puede surgir en lugares con abundantes cantidades de agua líquida. O el del carbono, que sólo admitiría la posibilidad de formas de vida basadas principalmente en este elemento. Etcétera. Algunos de estos chovinismos son más razonables que otros; el propio Sagan se definió una vez como un chovinista del carbono, aunque no tanto del agua. Manteniéndonos dentro del chovinismo planetario se han planteado hipótesis con diversas alternativas al agua y algunas al carbono. Es un debate abierto, porque realmente nadie sabe lo que podría llegar a haber por ahí afuera. Los extremos a los que puede llegar la vida terrestre –planetaria, basada en el agua líquida y el carbono– sugieren posibilidades inmensas incluso sin salirnos de ahí.

Pero la búsqueda de civilizaciones extraterrestres –lo que se viene llamando SETI– ha estado plagada a menudo de este otro chovinismo del conocimiento muchísimo más irracional. Salvo por algunas excepciones, la idea parece ser busquemos a extraterrestres que hagan exactamente lo mismo que haríamos nosotros en este periodo histórico, sólo que a lo bestia. Esto es por ejemplo como si un romano –un romano de los tiempos de los romanos, quiero decir– intentase detectar nuestras telecomunicaciones por el procedimiento de sentarse en la mediana de una de nuestras autopistas esperando muy atentamente a que pasen los caballos con los mensajeros. Este amigo romano podría estar perfectamente sentado encima de un cable troncal de fibra óptica, atravesado por las ondas de todo tipo de radiocomunicaciones, y ni entendería lo que es el primero, ni llegaría a percatarse de lo segundo jamás. Su conclusión más lógica sería que las civilizaciones modernas no nos enviamos mensajes de ningún tipo. O que quizá lo hacemos en unos carros sin caballos que van muy rápido y se llaman coches, pero no hemos querido reconocérselo y en vez de eso le contamos una milonga sobre una cosa que se llama Internet o no se qué. Por no mencionar esa leyenda delirante de unos navíos celestiales llamados satélites que dan vueltas al orbe mucho más allá del aire que se puede respirar.

Gran parte de las aproximaciones a la SETI se parecen mucho a la actitud de nuestro estimado amigo romano. Por ejemplo, la más conocida de todas: los intentos de interceptar comunicaciones de radio extraterrestres de alta potencia, en la que admito haber creído mucho tiempo –incluso llegué a proponer algo al respecto, hace muchos años– pero ahora soy bastante escéptico, y no sólo porque no hayan dado ningún resultado. Es que, tras pensarlo bien, me parece un caso paradigmático de chovinismo del conocimiento. Hace 300 años no teníamos ni puñetera idea de que existe tal cosa como los campos electromagnéticos, por mucho que los naturales nos estuviesen pasando a través todo el tiempo, y hubo que esperar hasta el siglo XIX para que este conocimiento científico se convirtiese en la tecnología llamada radio. Sólo a partir de ese momento nuestras radiocomunicaciones se hicieron cada vez más frecuentes y potentes, y cuando se plantearon las primeras aproximaciones SETI, había una especie de carrera por ver quién transmitía más y con más vatios. Así que supusimos que una civilización muchísimo más avanzada transmitiría por radio muchísimo más y con muchísimos más vatios. Tanto como para poderlo captar con nuestros radiotelescopios desde inmensas distancias.

James Clerk Maxwell

El científico escocés James Clerk Maxwell (1831-1879) desarrolló en 1865 la Teoría del Campo Electromagnético, lo que entre otras muchas cosas permitió predecir la existencia de las ondas de radio, desarrollar las telecomunicaciones modernas y abrir el paso a la futura Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica. Hace sólo 150 años de eso. Imagen: Del dominio público.

Sin embargo hoy, apenas medio siglo y pico después, gran parte de nuestras telecomunicaciones van por cables de fibra óptica. ¡Buena suerte intentado detectar un cable de fibra óptica con un radiotelescopio! :-D En cuanto a la radio, lo que hay ahora mismo es una carrera hacia la eficiencia, transmitiendo con potencias comparativamente muy bajas en redes celulares y cosas por el estilo. Hasta los grandes radares militares, que antes tiraban megavatios a troche y moche, operan en estos momentos siguiendo principios de baja probabilidad de intercepción; lo que entre otras cosas implica emitir con la potencia justita, justita para detectar al blanco en haces extremadamente direccionales y difíciles de captar para que se delaten poco ante el enemigo y sus misiles antirradar. Nuestras naves espaciales más avanzadas también se comunican con la Tierra mediante señales de extrema direccionalidad y potencia controlada, para ahorrar energía. Por regla general, ahora los humanos cada vez radiamos al espacio con menos potencia, no más. O incluso no radiamos en absoluto, utilizando modernas tecnologías como la mencionada fibra óptica. Para alguien que nos estuviese buscando con radiotelescopios, cada día somos más invisibles pese a que nuestras telecomunicaciones se multiplican sin parar tanto en cantidad como en calidad.

Pues me da el barrunto de que con esto de las 100.000 galaxias «sin signos obvios» de vida inteligente pasa lo mismo. Como te decía al principio, la aproximación de los autores del estudio casi constituye una contradicción en los términos. O sea: ¿estamos buscando una civilización muchísimo más avanzada que la nuestra, una Kardashov-III de colonizadores galácticos ni más ni menos, pero al mismo tiempo esperamos que usen tecnologías basadas en nuestro estado actual del conocimiento científico, sobre bases análogas de expansión industrial, dejando los mismos rastros que dejaríamos nosotros, así a lo bruto?

Ya me sabrán disculpar vuecencias, pero ahí hay algo que no me cuadra. ¿Una civilización capaz de explotar la energía de una galaxia entera no puede tener, por ejemplo, la capacidad de reciclar y aprovechar gran parte de esas fuertes emisiones residuales en el infrarrojo medio? (De hecho, uno de los coautores del estudio admite varias posibilidades de este tipo en esta entrevista, 3ª pregunta, sin necesidad de violar el 2º Principio de la Termodinámica.) ¿Esos superextraterrestres van a trabajar igual que lo haríamos nosotros con nuestros conocimientos actuales, si hace esos mismos 300 años que mencionaba antes nosotros andábamos en carros de bueyes, no existía ninguna aplicación tecnológica de la electricidad y no teníamos ni perra idea del electromagnetismo, ni de la relatividad, ni de la mecánica cuántica, ni de ninguna otra de las grandes revoluciones científicas de estos últimos siglos y sus tecnologías derivadas?

Dicho de otra manera: con estas aproximaciones no estamos buscando civilizaciones extraterrestres avanzadas, sino civilizaciones extraterrestres avanzadas que además se comporten como esperamos comportarnos nosotros, y encima deriven sus tecnologías de un estado del conocimiento científico análogo al nuestro, y adicionalmente lo hagan en un momento en el que nosotros podamos detectarlas, coincidiendo en el tiempo con nuestra propia evolución científico-técnica. Sí, ciertamente esto es muy, muy improbable. Tan solo sirve para descartar posibilidades. Ojo, repito: no estoy atacando el estudio ni su calidad o rigor científico. Estoy atacando las conclusiones extrapoladas a partir del mismo en todos esos titulares, que se me antoja un caso de falacia por falta de imaginación. Y es que cae por su propio peso que ignoramos totalmente qué cosas no hemos descubierto todavía. Capitán Obvio al rescate, y todo eso.

Láseres de discoteca

Algo ahora tan común como el láser (inventado en 1960) se deriva directamente de la Física Cuántica, un ámbito entero de la realidad que ignorábamos por completo hasta principios del siglo XX. Imagen: Extreme Lasers, Houston.

De las cosas que no sabemos. Y de alguna que vamos sabiendo.

Hueso de Lebombo y Tianhe-2

Arriba: el hueso de Lebombo (Swazilandia) con sus 29 marcas, de 35.000 años de antigüedad, un palo de cómputo como los que se siguen usando en la zona hasta la actualidad. Eso lo convierte en el primer instrumento matemático y por tanto científico conocido de toda la historia de la humanidad. Si además se usó para contar el ciclo sinódico lunar, también sería el primer calendario. Abajo: el superordenador Tianhe-2 (Vía Láctea-2) del Centro Nacional de Supercomputación en Cantón, China. En el momento en que escribo esto, aparece en el Top500 como el más potente del mundo con 3.120.000 núcleos, 33,86 Pflops/s de Rmax (Linpack) y 54,9 Pflops/s de Rpeak teórica. En su esencia, ambos instrumentos sirven para lo mismo: para computar. Pero muy difícilmente quien quiera que talló el hueso de Lebombo habría podido ni siquiera soñar con algo como el Tianhe-2… y tan sólo nos separan 35.000 años de progreso de unas inteligencias idénticas (homo sapiens.)

Mira, me gustaría que tú y yo viviéramos otros 300 años sólo para cruzar una apuesta contigo. ;-) Me apostaría todo lo que tengo contra tu bolígrafo a que dentro de 300 años habrá habido al menos otras tres grandes revoluciones científicas y las tecnologías de ese tiempo futuro nos resultarán tan alienígenas como le resultaría una conexión de fibra óptica, un smartphone, un láser o una sonda de espacio profundo a una persona de 1715. O el motor de combustión interna que mueve tu coche, o la bombilla que ilumina tu casa, o mil cosas más. Hace 300 años no existía nada de todo eso ni se podía imaginar más que como ideas locas, porque ni siquiera teníamos el sustrato científico para vislumbrarlo.

Como ya he dicho alguna vez, pretender que no sabemos nada como opinan algunos es de una ignorancia bastante cañera. Pero pretender que ya lo sabemos todo y que sólo queda espacio para perfeccionamientos sobre nuestro conocimiento actual es de un orgullo infinito, y posiblemente de una estupidez igualmente infinita. Detrás de cada rincón de la realidad puede estar esperándonos un electromagnetismo, una relatividad o una cuántica que ahora no podemos ni soñar, igual que todo eso no se podía ni soñar 300 años atrás. Cosas que cambiarán por completo nuestro conocimiento del universo y de la realidad y conducirán a tecnologías ahora mismo impensables. Mágicas, en el sentido que les dio Arthur C. Clarke. O si prefieres citar a Wernher von Braun, el tipo que mandó gente a la Luna, he aprendido a usar la palabra «imposible» con la mayor de las cautelas.

Yo no puedo ni imaginar, ni vislumbrar, ni soñar la ciencia, la tecnología, la sociedad y la economía con la que nos estaremos manejando dentro de 300 años. O de 3.300, o de 33.000, que me parecen plazos más razonables para liarnos a colonizar galaxias. Hace 3.300 años, acabábamos de comenzar la maldita Edad del Hierro y hace 33.000 andábamos pintarrajeando cuevas. Pero sí estoy convencido de que serán tan distintas de las actuales como lo fueron aquellas. Considero más que posible que nuestro diferencial con una hipotética civilización galáctica Kardashov-III sea aún mayor, por la sencilla razón de que sin ese diferencial no hay ni civilización galáctica, ni Kardashov-III, ni gaitas en vinagre. Con nuestro conocimiento actual no se puede ni colonizar ni explotar una galaxia entera, punto pelota. Hace falta un nivel de ciencia, tecnología, sociedad y economía que ahora mismo sólo podemos imaginar para la ciencia-ficción. Una ciencia-ficción que muy probablemente no se parecerá en nada a la realidad futura.

Hablando de investigaciones disputadas y de cosas que no sabemos, déjame que te cuente una que vamos sabiendo y que apunta en sentido contrario. Se encontró por primera vez en algunos meteoritos como el Murchison. Estos son meteoritos muy, muy antiguos, que se formaron con el sistema solar. El meteorito Murchison tiene la friolera de 4.600 millones de años y ha estado dando vueltas por el cosmos desde entonces hasta que cayó en Australia en 1969. Cuatro mil seiscientos millones de años son una tercera parte de la edad del universo. Data de cuando la Tierra y el Sol estaban naciendo. El meteorito Murchison constituye una «fotografía» de cómo era el sistema solar temprano.

Meteorito Murchison

Muestra del meteorito Murchison en el Museo Nacional de Historia Natural (Washington DC), formado junto con el resto del sistema solar y caído en Australia en 1969. Aunque no todo el mundo está de acuerdo, diversos estudios afirman que contiene biomoléculas complejas de origen no terrestre, capaces de dar lugar a los aminoácidos del ADN y el ARN (ver bibliografía.) Si esto se confirma, los procesos químicos de las nebulosas planetarias podrían constituir los «ladrillos de la vida» incluso antes de que lleguen a aparecer los planetas y por tanto éstos podrían ser comunes a todo el universo conocido. Imagen: Art Bromage bajo licencia CC Attribution-Share Alike 2.0 Generic.

Al cascarlo, los investigadores encontraron en su interior algo totalmente inesperado: biomoléculas complejas. No estamos hablando de compuestos orgánicos del montón. Estamos hablando de purina, pirimidina, xantinas, uraciloLadrillos de la vida. De las dos primeras se derivan ácidos nucleicos de los que construyen el ARN y el ADN. La última, el uracilo, es directamente una de las bases nitrogenadas que forman el ARN. Las primeras expresiones de vida terrestre pudieron darse en el llamado mundo de ARN, toda ella sigue usando ARN, y tú y yo continuamos llevándolo encima desde el día en que alguien inseminó a nuestra mamá hasta la tumba. Sin ARN no hay vida en la Tierra, quizá a excepción de los nanobios, si es que realmente están vivos.

Por supuesto, inmediatamente surgieron voces diciendo que eso no podía ser. Que las muestras tenían que estar contaminadas o algo. Y sin embargo, estudio tras estudio indican que estas biomoléculas halladas en el meteorito Murchison tienen un origen extraterrestre, formadas en el cosmos durante el surgimiento del sistema solar. Para acabar de arreglarlo,la sonda Cassini encontró indicios de uracilo en la atmósfera de Titán de Saturno. Por su parte, Sun Kwok y otros investigadores de la Universidad de Hong Kong han estado estudiando las llamadas emisiones infrarrojas no identificadas de los sistemas solares en formación y dicen que su espectro presenta un componente importante de moléculas orgánicas más complejas que los hidrocarburos aromáticos policíclicos básicos.

Así que yo también voy a conjeturar un poco hoy. Si los ladrillos de la vida surgen naturalmente con los sistemas solares en formación, si son una forma corriente de auto-organización de ciertos tipos de materia, al estilo de los cristales… entonces la vida, lejos de ser una rarísima carambola cósmica, sería un fenómeno común que simplemente estaría esperando a aparecer en cuanto en un planeta o luna se den las condiciones mínimas necesarias. Y además, nos hallaríamos ante una respuesta elegante a la pregunta de cómo la vida en la Tierra surgió tan pronto: habría venido de serie con el sistema solar, lista para cocinar. A partir de ahí, el camino a la vida compleja y la inteligencia fue sin duda accidentado y brutal, pero tampoco una cosa casi imposible, aquí o en cualquier otro lugar. Y ya puestos a especular, a lo mejor la explicación al Gran Silencio es simplemente que somos tan primitivos, estamos tan ridículamente atrasados que todavía no sabemos escuchar bien.

Bibliografía:

 

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Video de la charla «¿Hay alguien ahí?», Murcia, 12/09/2014

 

Inevitablemente, hay algún «error del directo» (y de los nervios…). Estos son los que he detectado:

  • 00:05:10: La primera, en la frente. Por supuesto, los tardígrados no son ácaros. Están remotamente emparentados, pero no lo son. No sé de dónde me lo saqué.
  • 00:23:00: Esto, más que un error, es un matiz: el pulpo tiene un cerebro, pero más de las dos terceras partes de sus neuronas están en el sistema nervioso de sus tentáculos.
  • 00:35:30: Hice corto. :-P Más que multiplicar por 400.000, hay que multiplicar por entre 500.000 y 1.000.000.
  • 00:37:25: Obviamente, para la estimación máxima, multiplicadlo por 10, no por 20. ;-)
  • 00:50:30: La extinción súper-masiva del Pérmico-Triásico se cargó al 83% de todos los géneros.
  • 01:00:00: El «Pájaro Carpintero» no era tan alto como la Torre Eiffel. Pero sí más voluminoso, y con más metal. :-P
  • 01:15:15: Lo digo luego, pero para que quede claro: Leonardo vivió hace unos 500 años, no 400 (1452-1519.)

Si encuentras alguno más, dímelo y lo añado. ;-)

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La anomalía de L’Atalante

Los metazoos de L’Atalante, en el Mediterráneo oriental, desafían una vez más los límites de la vida.

Tardigrado u osito de agua, un poliextremófilo extremadamente resistente, incluso al espacio exterior.

El tardígrado u osito de agua, un invitado habitual en este blog. Pese a ser un animal como nosotros, se trata de un poliextremófilo radical capaz de sobrevivir a 6.000 atmósferas de presión, a más de 5.000 grays de radiación (10 grays bastan para aniquilar a los humanos) y hasta en el espacio exterior: en septiembre de 2007, la cápsula rusa Foton-M3 se llevó a unos cuantos de paseo por la órbita terrestre durante 12 días, expuestos al vacío cósmico y la radiación ultravioleta solar. Tras ser rehidratados a su regreso, el 68% revivieron (aunque la mortalidad posterior fue elevada.) Los huevos que llevaban con ellos resultaron esterilizados, pero los que pusieron después eclosionaron con normalidad. Fuente: Jönsson et al, «Tardigrades survive exposure to space in low Earth orbit», Current Biology Magazine vol. 18, nº 17, R729-731.

Me fascinan los extremófilos, esos seres disidentes que por el mero hecho de existir ponen en tela de juicio todas las convenciones sobre lo que es posible en el mundo de los vivos. Desde hace algún tiempo, ya sabemos que existen seres capaces de medrar y tomarse unas cañitas tranquilamente en entornos antiguamente considerados imposibles para la vida. Arqueas que siguen reproduciéndose a 122ºC o sumergidas en ácido sulfúrico, bacterias capaces de sobrevivir a presiones suficientes como para producir diamante artificial (16.000 atmósferas) o a 30.000 grays de radiación gamma (similar a la radiación directa a 590 metros de un arma termonuclear de un megatón), líquenes que mantienen su actividad fotosintética a 20ºC bajo cero, indicios de actividad enzimática en mezclas acuosas a 100ºC bajo cero, y hasta organismos pluricelulares complejos con la habilidad de soportar buena parte de todo esto mientras viajan expuestos al espacio exterior, como nuestro querido osito de agua

Incluso sin salir de aquí, incluso sin abandonar el planeta Tierra, donde la vida ha surgido sometida a unos determinantes físico-químicos muy específicos, estamos rodeados por vivientes que podrían sobrevivir, reproducirse y evolucionar en condiciones alienígenas. De hecho, es incluso posible que la primera vida sobre la faz de la Tierra estuviera constituida por algunos de estos seres extremos, al calor de las fumarolas submarinas. Así pues, con tantas pruebas de que es posible la vida e incluso la vida compleja donde se creía imposible, surge inmediatamente la pregunta de si es posible la vida e incluso la vida compleja como se creía imposible. Por ejemplo, en ausencia de alguno de sus constituyentes fundamentales: carbono, nitrógeno, hidrógeno, oxígeno, lo que viene a llamarse por el acrónimo CHON.

Bioelementos.

Composición química del ser humano, por masa

Composición elemental del ser humano, por masa. (Clic para ampliar)

En el planeta Tierra, los elementos fundamentales para la vida son el carbono, el nitrógeno, el hidrógeno y el oxígeno. Entre los cuatro, suman entre el 97,9 y el 99,7% de lo que somos. No tiene nada de raro: todos ellos se cuentan entre los elementos más comunes de nuestra galaxia y de la corteza y atmósfera terrestres que nos vieron nacer. También se consideran esenciales el fósforo y el azufre, dando lugar al acrónimo CHONPS. Y resulta difícil imaginar vivientes como los de aquí sin sodio, calcio, potasio, magnesio, cloro, hierro y yodo. Los demás elementos que intervienen en la vida terrestre, hasta unos setenta aproximadamente, aparecen en unos seres vivos y en otros no. (+info: Esta es tu naturaleza)

De todos ellos, la clave de la vida terrestre es el carbono pero su principal componente es el oxígeno: por ejemplo, en un cuerpo humano, asciende al 62,8% de la masa que nos constituye. En las bacterias esta cifra aumenta al 73,7% y en algunas plantas, como la alfalfa, llega al 77,9%. ¿Y dónde está este oxígeno? Bueno, pues mayormente fijado en el agua; entre la mitad y las tres cuartas partes de lo que somos es agua. Pero también en un montón de las demás moléculas que nos dan forma. De hecho, es difícil concebir biomoléculas que no contengan oxígeno. Desde los lípidos más básicos que componen las membranas celulares hasta monstruos como el ADN y el ARN, todos necesitan el oxígeno para existir.

Hasta hace poco se pensaba que todos los seres multicelulares complejos necesitamos de la presencia del oxígeno libre (O2) en nuestro entorno para sobrevivir y reproducirnos. Es decir, que somos aerobios obligatorios. Sin oxígeno libre en el aire o en el agua que nos rodea, según tengamos pulmones o agallas o lo que sea, nos asfixiamos y morimos rápidamente. Eso de vivir en ausencia de oxígeno era cosa de seres unicelulares como las bacterias o las arqueas, que usan mecanismos como la fermentación o la respiración anaeróbica para conseguir lo suyo. Pero nada más complejo que un protozoo podía existir sin tirar mano del oxígeno a su alrededor; y aún estos, con dificultades. Eso creíamos.

Buque oceanográfico L'Atalante

Buque oceanográfico L’Atalante, del Instituto Francés de Investigaciones para la Explotación del Mar (IFREMER). Foto: © IFREMER

Los extraños habitantes de L’Atalante.

Cuenca de L'Atalante - Ubicación

Ubicación de la Cuenca de L’Atalante, Mediterráneo Oriental. Mapa base: © Google Maps (clic para ampliar)

Así fue hasta el año 2010, cuando empezaron a llegar noticias sobre unos bichejos francamente extraños que medran a su gusto en la Cuenca de L’Atalante, a su vez un sitio bastante peculiar. La Cuenca de L’Atalante es un lago submarino de salmuera situado en el Mediterráneo Oriental, 192 km al Oeste de Creta, a unos 3.500 metros de profundidad. No es el único; hay bastantes más. En realidad, es el más pequeño de los tres que se encuentran por la zona. Este en particular recibe su nombre por el buque francés de investigación oceanográfica que lo descubrió en 1993.

Este lago de salmuera y sus dos vecinos, Urania y Discovery, se formaron hace no más de 35.000 años, conforme los depósitos de evaporita surgidos durante la Crisis salina del Messiniense (hace algo más de cinco millones de años) fueron disolviéndose y reconcentrándose en las profundidades del Mediterráneo. Así, su salinidad se disparó. Hoy en día es ocho veces superior a la del agua marina corriente, cerca del punto de saturación. Se trata básicamente de un lago hipersalino, pero a gran profundidad.

Estos lagos submarinos de salmuera tienen varias peculiaridades. Una de ellas es que sus aguas se mezclan muy poco con las del resto del mar. Es decir, con las que tienen oxígeno libre disuelto, lo que permite respirar a los peces y demás. Eso significa que éste no puede pasar y, como resultado, son fuertemente anóxicos. Vamos, que prácticamente no hay oxígeno libre en ellos.

Así que durante los siguientes diecisiete años se supuso que en L’Atalante sólo residían los vecinos de turno en semejantes sitios: bacterias y arqueas quimioautótrofas, como las euriarqueotas aficionadas a las fuentes hidrotermales y demás extremófilos a los que sólo les molan los sitios que nos matarían rápidamente a todos los demás. Especialmente, a los metazoos. O sea, a nosotros, los animales.

Spinoloricus nov. sp.

La loricífera Spinoloricus nov. sp. de la Cuenca de L’Atalante, el primer animal encontrado que puede vivir en condiciones totalmente anóxicas. Teñida con Rosa de Bengala. Imagen: Danovaro et al. BMC Biology 2010, 8:30

Hasta que, en 2010, apareció la anomalía. Lo hizo en un paper encabezado por el profesor italiano de biología marina Roberto Danovaro, que lleva por título «Los primeros metazoos viviendo en condiciones anóxicas permanentes.« Es decir, animales viviendo sin presencia de oxígeno libre. Hasta el día anterior tal cosa se consideraba, esencialmente, imposible.

Y sin embargo ahí están, bien sanos y lustrosos. En las fosas hipersalinas del Mediterráneo se han pillado el apartamento al menos tres especies de Loricifera que no necesitan respirar oxígeno libre como todo hijo de madre pluricelular. Los Loricifera son unos bichitos microscópicos o casi, residentes habituales en los sedimentos del fondo marino y evolutivamente próximos a los gusanos gordianos y los gusanos-pene (sí, ese pene en el que estás pensando). Estas tres especies se llaman Spinoloricus nov. sp. (o Spinoloricus Cinzia), Rugiloricus nov. sp. y Pliciloricus nov. sp.

¿Pero cómo son capaces? Bien, según los estudios realizados hasta el momento, resulta que estos tres animalitos carecen de mitocondrias, con lo que no tienen las mismas exigencias de respiración celular que el resto de nosotros. En su lugar parecen poseer hidrogenosomas, algo más propio de ciertos hongos, protistasprotozoos ciliados. El intrincado proceso evolutivo mediante el que tales hidrogenosomas pudieron acabar en un animal pluricelular como tú y como yo es todavía desconocido. Algunos sugieren que podría tratarse de simbiontes, pero esto presenta sus propios problemas.

A decir verdad, todavía no se sabe gran cosa de ellos. Están en ello. Pero se reproducen por huevos (que nooo, que quiero decir que son ovíparos). Aunque el equipo del Dr. Danovaro no logró llevar a ninguno de estos animales hasta la superficie sin que murieran por el camino, dos de los que obtuvieron contenían huevos. Se los extrajeron y los incubaron en condiciones totalmente anóxicas a bordo del buque, con éxito. Los huevos terminaron abriéndose y dieron lugar a animalitos vivos.

Cada vez más vida, en lugares cada vez más imposibles.

Naturalmente, Spinoloricus nov. sp., Rugiloricus nov. sp. y Pliciloricus nov. sp. incorporan tanto oxígeno en sus moléculas como el resto de los terrestres y lo necesitan para sobrevivir, por mucho que lo obtengan de manera distinta. Toda la vida que conocemos en este planeta procede de un antepasado común; estos Loricifera no son una excepción. Están sujetos a las mismas reglas que todos los demás, y eso incluye ser CHONis –ya sabes, carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno ;-) –. No son animales libres de oxígeno, como se ha dicho por ahí. Simplemente gestionan su oxígeno de una manera distinta, bastante extraordinaria.

Pero también es cierto que la vida no deja de darnos sorpresas. Cada vez que alguien establece un límite sobre los lugares donde es posible la vida, al menos en un entorno planetario como la Tierra, termina apareciendo algún bicho que se lo come. Y algunos, claro, nos preguntamos dónde está el límite. Los más astrobiotrastornados, nos preguntamos lo que podría ser posible con otras biologías, bajo la luz de otros soles.

En este sentido, una de mis rayadas favoritas me la enseñó el astrofísico del pueblo Carl Sagan, y no soy el único que la sufre. Es, por supuesto, lo que llamamos el chauvinismo del agua. En las propias palabras de Carl:

Hay chauvinismo del carbono, chauvinismo del agua… ya sabes, gente que dice que la vida, en todas partes, sólo puede basarse en las mismas bases químicas en que nos sustentamos nosotros. Bien, a lo mejor tienen razón. Pero dado que los mismos tipos que hacen esa afirmación están basados en el carbono y en el agua, a mí me hace sospechar. Si estuvieran basados en alguna otra cosa, me merecerían más credibilidad.

Debo confesar que soy un chauvinista del carbono. Habiendo estudiado las alternativas, me parece que el carbono es mucho más adecuado para crear moléculas complejas, y mucho más abundante que cualquier otra cosa en que podamos pensar. (…) Sin embargo, no soy tan chauvinista del agua. Me puedo imaginar al amoníaco, o combinaciones de hidrocarburos que no son nada raras en el universo, desempeñando el papel del agua.

Luego tenemos a los chauvinistas del tipo espectral G, que dicen que sólo puede haber vida en torno a estrellas como la nuestra. Los chauvinistas planetarios dicen que la vida sólo puede ocurrir en planetas y no, por ejemplo, en estrellas o en el medio interestelar. Soy un chauvinista planetario: parece haber buenas razones para que la vida sólo pueda aparecer en planetas [o lunas].

El chauvinista extremo dice: «si mi abuela estaría incómoda en ese ambiente, entonces la vida es imposible ahí.» Uno se encuentra con eso a menudo. La conocida expresión «la vida tal y como la conocemos» se basa exactamente en esa idea. Pero hay muchos microorganismos exóticos en la Tierra a los que les va bien en soluciones calientes de ácido sulfúrico concentrado y otras muchas cosas. Si no has oído hablar de ellos, te crees que nadie podría vivir en semejante entorno. Pero hay bichos que lo adoran.

Creo que una de las grandes delicias de la exobiología es que nos obliga a enfrentarnos al provincialismo en nuestras suposiciones biológicas. Toda la vida en la Tierra es esencialmente la misma; químicamente, somos idénticos a las bacterias o las begonias. (…) Creo que es ahí donde estará la realidad en la búsqueda de inteligencias extraterrestres. No se va a ajustar a nuestras fantasías, y no se va a ajustar a nuestro chauvinismo.

–Timothy Ferris [1973], entrevista a Carl Sagan en la revista Rolling Stone.

(Recogida por Tom Head [2006], Conversaciones con Carl Sagan, pp. 10-12)

No, por el momento seguimos sin tener el más mínimo indicio de vida extraterrestre, pese a todos los creyentes en los OVNIs y contactados que en el mundo son. Hoy por hoy, la paradoja de Fermi (más o menos: «si la vida es común en el universo, ¿dónde está todo el mundo?») sigue tan en vigor como cuando se formuló.

Fotografía del exoplaneta Beta Pictoris b

La primera fotografía directa de un exoplaneta: Beta Pictoris b, a 63 años-luz de aquí, Obtenida por el Very Large Telescope (VLT) del European Southern Observatory en Chile. (Clic para ampliar)

Sin embargo, la hipótesis de la Tierra especial, de que la Tierra es un caso excepcional en el universo con una rarísima capacidad para albergar vida, se sostiene cada vez menos. Para empezar, estamos detectando exoplanetas sin parar. En estos momentos, se han confirmado 1.074 en 812 sistemas solares, de los cuales al menos 178 son sistemas múltiples como el nuestro, y hay varios miles de candidatos más. Incluso con nuestras precarias capacidades de detección actuales –los planetas y lunas no emiten luz propia, con lo que requieren instrumentos extremadamente sensibles para captarlos–, vamos estando en condiciones de extrapolar que hay al menos cien mil millones de planetas sólo en nuestra galaxia, un promedio de uno por cada estrella como mínimo. Es de suponer que muchos de estos planetas tendrán lunas, demasiado pequeñas para distinguirlas con nuestra tecnología actual. A poco que los sistemas solares se generen de manera parecida en el universo observable, y no tenemos ningún motivo para sospechar lo contrario, puedes ir multiplicando eso por los al menos cien mil millones de galaxias que hay (probablemente bastantes más.) Eso es un uno seguido de veintidós ceros, sólo para empezar.

Los sistemas solares no son raros en absoluto. Suponiendo que sólo las estrellas de tipo G (como el Sol) y unas pocas de las más parecidas entre las F y las K pudieran albergar vida (el chauvinismo del tipo espectral G que mencionaba Sagan), representarían al menos un 10% de todas ellas. Continuamos teniendo un uno seguido de veintiún ceros. Vamos a descontar también las que pudieran estar fuera de las zonas de habitabilidad galáctica, un concepto en parte controvertido que algunos nos tomamos con un grano de anís. Pero lo daremos por bueno, y además en una de sus variantes más severas: metámosle a la cifra un hachazo de otro 90% (en vez del 60% habitual o el 40% optimista) y seguimos teniendo un uno seguido de veinte ceros de estrellas como la nuestra instaladas en las zonas más habitables de sus respectivas galaxias. Y a cada una de ellas le corresponde un sistema solar como el nuestro, compuesto por planetas y lunas como las nuestras. Si esto de incluir a todas las galaxias te parece demasiado atrevido y sólo quieres contar la nuestra, mil millones.

Y si sólo uno de cada mil planetas son de tipo terrestre y se hallan en las zonas de habitabilidad estelar de sus respectivos soles (una estimación considerablemente estirada a la baja), nos siguen quedando un millón en esta galaxia y cien billones en el universo observable presente. Y aún no hemos empezado a contar satélites, que no se pueden descartar en absoluto, porque algunos de ellos pueden ser de notable tamaño, con atmósfera propia, aunque orbiten en torno a planetas de tipo no-terrestre. Como, por ejemplo, Titán de Saturno, que presenta una densa atmósfera de nitrógeno, agua en forma de hielo e hidrocarburos líquidos superficiales. Sólo en nuestro sistema solar, hay 19 lunas que han alcanzado el equilibrio hidrostático y por tanto se podrían considerar planetas o planetoides si orbitaran directamente alrededor del Sol. Muchos de estos exosistemas solares presentan también grandes gigantes gaseosos, que algunos consideran importantes para el surgimiento de la vida.

Gliese 667C c - impresión artística superficial

Impresión artística de una puesta del sol en la súper-Tierra Gliese 667 Cc. Las estrellas son el sistema ternario Gliese 667 A/B/C; el planeta orbita en torno a esta última. Imagen:
European Southern Observatory / L. Calçada (Clic para ampliar)

En estos momentos, los exoplanetas confirmados que creemos más similares a la Tierra son Gliese 667C c, a 12 años-luz de aquí, y Kepler-62e, a 1.200. Ambos se encuentran dentro de esa supuesta zona de habitabilidad galáctica de nuestra Vía Láctea y en la zona de habitabilidad estelar de sus respectivos soles, si bien al lado caliente, lo que podría hacer de ellos planetas «súper-tropicales» (!). Hay otros candidatos pendientes de confirmación muy interesantes. En general, la probabilidad de que haya otros mundos capaces de albergar vida se multiplica con cada una de estas detecciones. Y no paran de producirse, conforme nuestros instrumentos mejoran más y más.

Por el extremo contrario, descubrimientos como el de L’Atalante nos demuestran que la vida, incluso la vida pluricelular compleja, incluso los animales como nosotros, son posibles en condiciones cada vez más extremas sin ni siquiera salirse de la biología terrestre, ni del ADN ni de los eucariontes. Sin salirse de los que son como nosotros. Con otras bioquímicas, surgiendo y evolucionando a partir de condiciones distintas hacia dominios insospechados bajo presiones evolutivas radicalmente diferentes, las posibilidades son inmensas y están más allá de lo que puede soñar la más desbocada imaginación.

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Mi caso OVNI favorito

Uno tiene sus debilidades. :-D

Portada de uno de los comics basados en los libros de Von Däniken

¡Pues anda que no machacaría yo estos tebeos cuando sólo tenía pelo en la cabeza...! :-D

Lo confieso: de muy jovencito, un servidor de ustedes hacía polvo los tebeos, libros y apariciones televisivas de Erich von Däniken, Charles Berlitz y Jiménez del Oso. Pasé de creer en los Reyes Magos y los cuatro angelitos en las cuatro esquinitas a los arqueoastronautas y los visitantes extraterrestres sin solución de continuidad. (Bueno, sonaba bastante más lógico, ¿no?). Sólo después vinieron Isaac Asimov, Iván Yefrémov, Yaroslav Golovanov y Carl Sagan. Fue a través de estos últimos que, finalmente, llegué a adquirir algún aprecio por los rancios libros de texto, los papers formales y el siempre inquietante método científico, con su desagradable costumbre de llevarte la contraria en tus credulidades más íntimas. Nadie nace enseñado, oiga.

Con semejante historial, no te extrañará que me queden algunas secuelas. Una de ellas es que siempre estoy dispuesto a escuchar una buena historia de OVNIs.  Pero una chula, tú. No me fastidies con que una vez viste unas lucecitas en el cielo, porque yo también y algunas sé lo que eran y otras no. Como tú, o cualquier otro. El cielo está lleno de cosas que hacen cosas. Tampoco pretendas convencerme sin pruebas muy fehacientes de que unos hombrecillos verdes o grises se pusieron en contacto contigo, especialmente si aprovecharon la ocasión para transmitirte un mensaje beatífico dirigido a la humanidad pero a ti personalmente, en vez de a la Asamblea General de las Naciones Unidas: casos de apariciones marianas y de esquizos en estado delirante también conozco un montón. Y si vas a contarme que los verdes, los grises, los marrones o los azules te metieron no sé qué por no sé dónde, opino que cada cual es muy libre de calentarse con la fantasía erótica que más le plazca, pero es que a mí el fetish policial no me acaba de poner. O sea que gracias, pero no, gracias.

(Nota al margen: Me pregunto –es un decir– por qué estos contactos suelen ser tan antropocéntricos, dándonos la brasa con iluminaciones para la humanidad y demás, en vez de ser un poco más xenocéntricos y aportar algún detalle sobre su ciencia y tecnología; lo que nos sería mucho más útil, además de una buena demostración de su veracidad.)

Nube lenticular

Una bonita nube lenticular. Imagina lo que puede llegar a parecer en condiciones atmosféricas distintas, sobre todo si está reflejando alguna luz o hay algún otro fenómeno luminoso en el aire. Existen muchas más cosas en el cielo capaces de provocar fenómenos del tipo de los OVNIs.

Entonces, ¿qué es para mí una buena historia de OVNIs? Bueno, pues para empezar, una que esté bien documentada. Me parece de coña que, en un mundo plagado de cámaras de altas prestaciones por todas partes, con tanto millón de avistamientos, contactos y penetraciones sólo se nos ofrezcan como prueba imágenes y testimonios que no valdrían ni para demostrar la existencia de la Luna. También es importante que haya un registro instrumental; a poder ser, de distintos instrumentos. Los ojos humanos son muy dados a ver caras en las nubes, por no mencionar nuestra considerable capacidad para autosugestionarnos y convencernos de cualquier cosa mediante una infinidad de sesgos cognitivos. A los instrumentos les cuesta más seguirnos la broma, pero cuando están manejados por un humano decidido a demostrar lo que ve, lo que cree, pueden llegar a hacer cosas asombrosas. Por eso es bueno que haya un registro instrumental variado, a poder ser con sistemas lo más automáticos posible.

Por otra parte, la historia no tiene que presentar indicios obvios de mala fe. Es decir, de ser un montaje más o menos hábilmente orquestado para ganar dinero, promover objetivos políticos o montar una sectita (sin tampoco caer en la conspiranoia). Y si además es interesante y se lee como un buen relato, miel sobre hojuelas. Que al menos se pueda decir aquello de se non é vero, é ben trovato, demonios.

Hay muy pocas historias de OVNIs que reúnan todas estas cualidades, pero según mi opinión una de ellas destaca sobre todas las demás: el incidente de Teherán de 1976. Si no es auténtico, es lo que más se le parece y además la leche en bote, con radares e instrumentos detectando anomalías coherentes, cazas de combate enzarzándose con objetos luminosos que les lanzan cosas y numerosos testigos expertos en el cielo y en la tierra, incluyendo a pilotos y generales de la fuerza aérea. De todas las historias de OVNIs que en el mundo son, no hay ninguna que me sugiera más presunción de veracidad. Y te lo dice uno de Valencia, donde el caso Manises. A decir verdad, parece una versión corregida y mejorada del caso Manises, sólo que ocurrida tres años y pico antes: poco después de la medianoche del 19 de septiembre de 1976.

Mapa de la región en 1976.

Mapa de la región en 1976.

Teherán, 1976.

Mohammad Reza Pahlevi, último shá de Irán

Mohammad Reza Pahlevi, último shá de Irán: un tiranuelo pro-occidental armado hasta los dientes por los Estados Unidos.

Lo primero, el contexto. El contexto es la Guerra Fría, en una dictadura pro-occidental fronteriza con la URSS: la Persia del Shá, o sea Irán, con la que luego se harían los barbudos de ojos saltones. Este Shá (o Sah, o Shah) Mohammed Reza Palevi era el rey de una monarquía en decadencia reactivado como déspota poderoso mediante un golpe de estado promovido por los Estados Unidos y el Reino Unido, derrocando así al Dr. Mohammad Mosaddeq, el Primer Ministro elegido democráticamente pero que tuvo la mala idea de nacionalizar el petróleo iraní. Ya sabes, somos los defensores de la libertad y la democracia mientras no votes cosas raras y todo ese rollo.

El Irán del Shá fue una tiranía infame, al menos tan chunga como la de los ayatolás que vendrían después, con una policía política temible llamada SAVAK –totalmente indistinguible de la estación local de la CIA–, exterminio de la oposición y toda clase de torturas y crímenes. Probablemente no era tan mala como la Arabia Saudí de hoy en día, otro lugar sobre el que todos los defensores de la democracia pasan de puntillas, pero en materia represiva no tenía nada que envidiar a –por ejemplo– el Chile o la Rumania del mismo periodo.

Sin embargo, cabe romper una lanza en su favor: mediante un programa político denominado la Revolución Blanca, trató de modernizar el país e introducir un grado de justicia social. Para los criterios de su época, el Irán del Shá era un país moderadamente secular, moderno y tecnificado. En cierta manera, parecido a la España del franquismo tardío, y de hecho hubo una relación bastante buena entre ambas dictaduras. El Shá y su esposa Farah Diba, que hacía las delicias de la prensa del corazón cañí y llegó a convertirse en un icono popular, se contaron entre los pocos dirigentes extranjeros que visitaban la España de Franco. Salvando las distancias culturales, la Teherán del Shá no era tan distinta del Madrid de la misma época. Y en Teherán había mucha más pasta, por el petróleo, aunque la Revolución Blanca fracasó en el reparto de la riqueza (o quiso fracasar) y se encontraba concentrada en unas pocas manos.

Farah Diba, esposa del Shá de Irán, se convirtió en un icono pop a través de la prensa del corazón. En la imagen, el Hola nº 1100.

Farah Diba, esposa del Shá de Irán, se convirtió en un icono popular a través de la prensa del corazón. En la imagen, el Hola nº 1100.

Basta con mirar el mapa de más arriba para comprender el interés de los Estados Unidos por Irán, y no sólo debido al petróleo. Turquía e Irán estaban situados junto al vientre blando de la URSS, sin ningún colchón ni estado satélite de por medio, así que en términos geoestratégicos tenían una relevancia extraordinaria. Aunque Churchill y Stalin se agarraron de la manita para invadir Irán y derrocar al padre del Shá durante la Segunda Guerra Mundial, porque parecía inclinarse hacia el Eje, ahora las cosas habían cambiado y la dinastía Pahlevi era la mejor garantía de estabilidad, etcétera. Así que ambos primos anglosajones invistieron de poder al Shá y los suyos, los armaron, los formaron, los equiparon con todo y se olvidaron de buenismos políticamente correctos como los derechos humanos, el imperio de la ley o las libertades democráticas, qué vulgaridad.

Un F-14 Tomcat de la Fuerza Áerea Iraní dispara un misil Phoenix. Foto: Northrop Grumman / AP

Un F-14 Tomcat de la Fuerza Áerea Iraní dispara un misil AIM-54 Phoenix. Este tipo de cazas y misiles, extremadamente avanzados en su época, sólo se exportaron al Irán del Shá y después fueron heredados por los ayatolás. Foto: Northrop Grumman / AP

Fuera de Estados Unidos, Irán fue el único país que recibió interceptores F-14 Tomcat (79 unidades), que por aquel entonces eran lo último y lo más plus, un supercaza sólo comparable en aquel mundo con el MiG-25. También recibió 225 cazabombarderos F-4 Phantom II y fue el segundo país al que llegaron (después del Reino Unido). También les suministraron cientos de tanques Chieftain y helicópteros, miles de blindados y decenas de miles de misiles TOW, Dragon, Sidewinder, Sparrow, Harpoon, Standard o Hawk, en sus variantes más sofisticadas, así como el supermisil aire-aire Phoenix. Y aviones Boeing-747 Jumbo para transportar todo eso, uno de los cuales se estrelló haciendo escala en Madrid poco antes del suceso. Cualquiera que recuerde cómo era (por ejemplo) el Ejército Español por aquel entonces comprenderá fácilmente la enormidad de lo que estamos hablando. El Irán del Shá se convirtió en uno de los países mejor armados del mundo, incluso por encima de muchos miembros de la OTAN o el Pacto de Varsovia.

Los estadounidenses y británicos les suministraron también diversos radares de gran capacidad para el periodo. Entre ellos se contaban cinco Marconi S-330/S-404 Green Ginger, con casi 400 km de alcance, tan potentes que a veces saturaban la red eléctrica iraní y producían apagones. Junto a estos, operaban decenas de (entonces) modernos radares como los tridimensionales AN/TPS-43 (450 km de alcance) o los AN/FPS-88, entre otros. Vamos, que los iraníes no estaban exactamente ciegos.  Y puesto que todo este material no sirve de nada si no sabes usarlo, los Estados Unidos dedicaron decenas de millones de dólares e incontables horas-hombre a formar y entrenar miles de especialistas militares. O sea, que los iraníes tampoco eran exactamente una pandilla de moros ignorantes, como diría alguno que yo me sé. Junto a ellos, trabajaba también un cierto número de asesores militares norteamericanos.

Y fue exactamente en la zona más vigilada y equipada, Teherán, donde ocurrió el incidente de septiembre de 1976. Para no caer en el sensacionalismo, me limitaré a traducir el informe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos, que se tomó mucho interés en el asunto:

Luces en la madrugada.

[Directivas, fechas, destinatarios, confidencialidad – desclasificado con posterioridad. El relato de los hechos se inicia en las dos últimas líneas de la primera página]

En torno a las 12:30 AM [00:30], [clasificado] recibió cuatro llamadas telefónicas de ciudadanos residentes en el área de Shemiran de Teherán, diciendo que habían visto objetos extraños en el cielo. Algunos informaron de un objeto con aspecto de pájaro mientras que otros notificaron la presencia de un helicóptero con una luz encendida. No había helicópteros volando en ese momento.

F-4 Phantom II iraní en 1974.

Un F-4 Phantom II iraní como los que se vieron implicados en el incidente OVNI de Teherán. Foto de 1974.

[Clasificado], después de decir al ciudadano que era sólo [el planeta] Marte y que había hablado con la torre [de control] de Mehrabad, decidió mirar por sí mismo. Observó un objeto en el cielo similar a una estrella pero más grande y brillante. Decidió enviar un F-4 [Phantom II] de la báse aérea de Shahrokhi para investigar.

A las 01:30 horas del día 19 el [Phantom] despegó y se dirigió hacia un punto unas 40 millas náuticas al norte de Teherán. Debido a su brillo, el objeto era visible rápidamente desde 70 millas de distancia. Conforme el [Phantom] se aproximó a una distancia de 25 millas, perdió toda la instrumentación y las comunicaciones (UHF e interfono). Rompió el contacto y se dirigió de vuelta a Shahrokhi. Cuando el [Phantom] viró alejándose del objeto y aparentemente ya no constituía una amenaza para el mismo, la aeronave recuperó toda la instrumentación y las comunicaciones.

A las 01:40 se despachó un segundo [Phantom]. El [oficial de armas a bordo] adquirió un blocaje radar a 27 millas náuticas, en la posición 12 en punto, arriba, [aproximándose a una velocidad relativa de] 150 millas náuticas por hora. Cuando la distancia descendió a 25 millas náuticas, el objeto se alejó a una velocidad que era visible en la pantalla del radar y se mantuvo a 25 millas náuticas. El tamaño [del objeto en el radar] era comparable al de un avión de reaprovisionamiento en vuelo Boeing-707 [un KC-135].

El tamaño visual del objeto fue difícil de discernir debido a su brillo. La luz que despedía era [similar a] la de lámparas estroboscópicas intermitentes dispuestas en un patrón rectangular y de colores alternantes azul, verde, rojo y naranja. La secuencia de luces era tan rápida que podían verse todos los colores a la vez.

Parviz Jafari, el piloto de la Fuerza Aérea Iraní que intentó entrar en combate con un objeto no identificado, junto a su avión.

Parviz Jafari, el piloto de la Fuerza Aérea Iraní que intentó entrar en combate con el objeto no identificado, junto a su avión.

El objeto y el [Phantom] que le perseguía continuaron con curso al sur de Teherán cuando otro objeto brillantemente iluminado, de un tamaño estimado como un tercio del tamaño aparente de la luna, se desprendió del objeto original. Este segundo objeto se dirigió directamente hacia el [Phantom] con una velocidad muy elevada.

El piloto intentó disparar un misil AIM-9 [Sidewinder] al objeto pero en ese instante su panel de control de armamento se desactivó y perdió todas las comunicaciones (UHF e interfono). En este punto, el piloto inició un un viraje y un descenso con g negativa para apartarse. Mientras viraba el objeto le siguió en su estela a lo que parecían ser unas 4 millas náuticas.

Mientras [el piloto del Phantom] continuaba virando para apartarse del objeto primario, el segundo objeto se desplazó por el interior de su viraje y volvió al objeto primario para reunirse perfectamente con él.

Poco después de que el segundo objeto se reuniese con el primario, otro objeto pareció salir del lado opuesto del primario, dirigiéndose directamente hacia abajo. La tripulación del [Phantom] había recuperado las comunicaciones, así como el panel de control de armamento, y observó cómo el objeto se aproximaba al suelo anticipando [que se produciría] una gran explosión. Este objeto pareció posarse suavemente sobre el suelo y proyectar una luz muy brillante sobre un área de 2-3 km. La tripulación [del Phantom] descendió desde su altitud de [26.000 pies] a [15.000 pies] y prosiguió observando y marcando la posición del objeto.

Tuvieron algunos problemas para ajustar su visión nocturna [debido al efecto del brillo del objeto en sus ojos], así que tras orbitar Mehrabad varias veces procedieron a un aterrizaje directo. Había muchas interferencias en la banda de UHF y cada vez que pasaban por el rumbo magnético 150º desde Mehrabad perdían sus comunicaciones (UHF e interfono) y el INS [sistema de navegación inercial] fluctuaba entre 30 y 50º. El único avión civil de pasajeros que se aproximaba a Mehrabad en los mismos momentos sufrió fallos de comunicaciones en la misma zona (KZ) pero no informó que avistara nada.

La torre de control del aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad en 1958.

La torre de control del aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad en 1958.

Cuando el [Phantom] se encontraba en larga final [aproximación a pista], su tripulación observó otro objeto de forma cilíndrica (con el tamaño aproximado de un T-bird a 10 millas náuticas de distancia) con luces brillantes estáticas a cada extremo y una destelleante en el centro. Al preguntar a [la torre de control], les comunicaron que no había ningún otro tráfico conocido en el área. Cuando el objeto pasó sobre el [Phantom], torre no podía verlo, pero lo captaron después de que el piloto les dijera que mirasen entre las montañas y la refinería.

Al hacerse de día, la tripulación del [Phantom] fue transportada al área donde el objeto había aterrizado aparentemente. No se observó nada en el punto donde pensaban que se posó (un lago seco), pero al dirigirse al oeste del área captaron una señal de localizador muy notoria. En el punto donde la señal era más fuerte había una casa pequeña con jardín. Aterrizaron y preguntaron a sus ocupantes si habían notado algo extraño la noche anterior. Aquellas personas hablaron de un ruido fuerte y una luz muy brillante, como la del relámpago. El avión y el área donde se cree que aterrizó el objeto están siendo comprobadas en busca de posible radiación.

Se remitirá más información cuando esté disponible.

El tiempo en Teherán-Mehrabad el día 19 de septiembre de 1976 era: temperatura = 25,4 ºC (mín 17 ºC, máx 31 ºC); visibilidad = 6,7 millas; viento = 3,2 nudos; precipitación = 0 mm. Al otro lado de la frontera soviética, en Astara (Azerbaiyán), las condiciones atmosféricas fueron al día siguiente: temperatura = 22,5 ºC (mín 18 ºC, máx 27 ºC); punto de rocío = 19,7 ºC; presión atmosférica = 1007,8 mb; viento = 2,5 nudos (máx 3,9 nudos); precipitación = 0 mm.

Existe otro documento muy parecido, redactado para la DIA por un capitán del Cuartel General de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Europa, con un estilo un poquito más «literario» pero que esencialmente reproduce punto por punto el informe que te he traducido aquí. Al principio de este otro documento, el oficial en cuestión temía que el incidente fuese «archivado y probablemente olvidado». No obstante, quizá debido a su excepcionalidad, parece que el asunto tuvo algún seguimiento posterior.

Dibujo realizado por el piloto militar Parviz Jafari de su encuentro con el OVNI sobre Teherán, pasada la medianoche del 19 de septiembre de 1976.

Dibujo realizado por el piloto militar Parviz Jafari de su encuentro con el OVNI sobre Teherán, pasada la medianoche del 19 de septiembre de 1976.

Este caso llama poderosamente la atención por varios elementos que ya identificó la DIA en su época. Por un lado, hay numerosos testigos, en varios lugares y de varios tipos distintos: civiles en tierra, personal aeroportuario, pilotos militares, etc. Algunos de ellos entran perfectamente en la categoría de «personal cualificado». Por otra parte, hubo detección visual e instrumental. Los instrumentos, además, son de varios tipos y en distintas circunstancias: hay una «detección activa» por parte de los radares de los cazas, y una «detección pasiva» por la vía del fallo instrumental al aproximarse al objeto, pero también al sufrir perturbaciones a mayor distancia (desde Mehrabad). Estas perturbaciones a mayor distancia resultan especialmente interesantes, dado que fueron registradas por los instrumentos a bordo de dos tipos distintos de aeronaves (los cazas y el avión de pasajeros) en una misma posición coherente (rumbo 150º desde Mehrabad). Esa es la clase de cosas que hacen los objetos reales.

Los protagonistas terrestres del incidente están identificados. El controlador de torre que recibió los avisos de los ciudadanos y vio el objeto con unos prismáticos se llamaba Hussain Perouzi. La persona que dio las órdenes para que despegaran los Phantom fue el brigadier-general Nader Yousefi, que también lo había visto desde tierra. El piloto del primer Phantom era el capitán Mohammad Reza Azizkhani y el del segundo, el teniente Parviz Jafari. Muchas de estas personas han sido localizadas por distintos autores y programas de televisión, y se han ratificado repetidamente en sus declaraciones. Algunos han dado conferencias en el extranjero.


El teniente (ahora general retirado) Parviz Jafari explica su encuentro con el OVNI de 1976.

El aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad, en la actualidad.

El aeropuerto internacional de Teherán-Mehrabad, en la actualidad.

Se ha dicho que un satélite DSP, cuyo propósito es detectar los lanzamientos de misiles y las explosiones nucleares, detectó una anomalía infrarroja en el sector durante una hora. No he podido confirmar este dato y muchos autores dudan de que sea real. Tampoco existe ninguna información relativa a posibles observaciones desde la Unión Soviética, justo enfrente del lugar de los hechos. Si detectaron algo, se ha mantenido oculto hasta la actualidad.

No parece existir una explicación convencional del incidente que sea evidente por sí misma. A lo más que se ha llegado es a relacionar vagamente el suceso con la identificación errónea de los planetas Marte o Júpiter. Esto no es descabellado: en todas las guerras, todas las fuerzas aéreas han realizado centenares de salidas contra la luna y otros astros, que parecen otras cosas al observarlos en condiciones anómalas. Sin embargo, las identificaciones erróneas de un astro no producen imágenes en el radar ni interferencias electrónicas.

Este incidente en Irán presenta analogías notables con el caso Manises. Tantas, que uno se pregunta si no estarán íntimamente relacionados. Sin embargo, en el caso iraní las observaciones instrumentales directas (radar) parecen más variadas y sólidas, hay dos cazas interviniendo en vez de uno (y ambos notifican una experiencia similar), hay testigos más variados en más puntos diferentes, hay una interacción más directa con el objeto, el objeto reacciona de manera más sofisticada y la naturaleza del mismo parece más coherente, menos dispersa.


Entrevista en Cuarto Milenio con el piloto de la Fuerza Aérea española Fernando Cámara, que se las vio con el objeto del «caso Manises». Lo interesante (o menos conocido) comienza a partir del minuto 07:35 de este primer video, en el segundo video y a partir del 2:30 del tercer video.

Cabina del piloto (arriba) y el operador de armas (abajo) de un cazabombardero F-4 Phantom II.

Cabina del piloto (arriba) y el operador de armas (abajo) de un cazabombardero F-4 Phantom II.

En ambos casos, se han vinculado las anomalías electrónicas observadas con la presencia en el área de fuerzas más avanzadas tecnológicamente. En el caso valenciano, con la Sexta Flota norteamericana en el Mediterráneo. En el caso iraní, también con los estadounidenses que abundaban por allí o con equipos soviéticos análogos operando desde el otro lado de la frontera. No obstante, esto no pasa de ser una afirmación tan falta de pruebas como la que supone sin duda que estamos ante naves extraterrestres haciendo sun, sea, sex por la Tierra.

Existen muchos avistamientos OVNI, incluso algunos muy famosos, que uno puede descartar tranquilamente sin miedo de estar perdiéndose nada. Sin embargo, hay un minúsculo número de casos que invitan a la reflexión. El caso de Teherán de 1976 (y con él, el de Manises de 1979) pertenece, sin duda, a este último grupo. ¿Significa esto que los extraterrestres o los intraterrestres o los viajeros del tiempo o los atlantes o los seres de luz nos están visitando? No. Lo más normal, lo más probable, es que tuvieran una explicación convencional que simplemente no pudo establecerse en su momento y a estas alturas ya no se puede establecer. Con muchísima probabilidad, hasta el mejor de estos casos –según mi parecer, este que te estoy contando– tuvo una razón de ser convencional. Y si fue algo distinto, nadie lo sabe. Ni tú, ni yo ni el gurú de turno.

¿Que me moje un poco más, dices? :-D Bueno, veamos. Para empezar, dejémonos de jueguecitos verbales: objetos volantes no identificados los hay todos los días, hasta que alguien les pone un helicóptero de la Guardia Civil encima y resulta que son dos payos en avioneta subiéndose del moro un cargamento de polen. De hecho, los másmejores casos OVNI serían aquellos en los que el objeto llega a ser identificado… y entonces, siempre, siempre resulta ser un objeto de naturaleza convencional, con lo que no entra en los registros ufológicos. Pero cuando hablamos de OVNIs, lo que a todos nos evoca instantáneamente no es un mero objeto-volante-no-identificado-ñá-ñá-ñá, sino presencias de naturaleza extraordinaria en la atmósfera terrestre o sus aledaños. O sea: extraterrestres o cosa parecida. Hay otras posibilidades (armas o aeronaves terrestres anómalas, experimentos sofisticados deliberadamente diseñados para confundir, etc), pero esto es a lo que nos referimos normalmente. No mareemos la perdiz.

En 2009 despertó gran interés esta luz espiral avistada sobre Noruega. Resultó ser una prueba fallida de un SLBM ruso RSM-56 Bulava.

En diciembre de 2009 despertó gran interés esta luz espiral avistada sobre Noruega. Resultó ser una prueba fallida de un SLBM ruso RSM-56 Bulava. La tercera etapa fracasó, imprimiendo al misil un movimiento rotacional incontrolado que fue dejando una estela de gases incandescentes con forma de espiral. Si la prueba no se hubiera dado a conocer, este avistamiento continuaría siendo un "objeto volante no identificado".

Según mi particular opinión, no es totalmente imposible que alguno de estos casos pudiera corresponderse con una visita extraterrestre. Pero no es totalmente imposible sólo por la sencilla razón de que es posible que existan civilizaciones extraterrestres y es posible que se puedan realizar viajes interestelares prácticos por medios que a nosotros aún se nos escapan. En ese caso, algún avistamiento podría ser alguna de estas visitas (y algo me dice que se parecería muy poco a lo que estamos acostumbrados a pensar). Eso es todo.

Como dije al principio, el cielo está lleno de cosas naturales y artificiales que hacen un montón de cosas. Y la atmósfera terrestre no es un cristal perfecto, sino un lugar bastante turbulento capaz de provocar fenómenos ópticos espectaculares a poco que las condiciones meteorológicas sean un poquito bordes (los espejismos superiores son especialmente interesantes al respecto del tema que nos ocupa, entre ellos el Fata Morgana… pero, de nuevo, esto no produce efectos electromagnéticos). En general, la probabilidad de que todos los casos OVNI constituyan fenómenos convencionales que no se pudieron identificar en su momento es altísima.

El hecho de que, después de tantos años de ufología, nadie haya sido capaz de aportar ni la más mínima prueba fehaciente de que alguno de ellos sea de naturaleza más extraordinaria constituye en sí mismo un argumento poderoso a favor del escepticismo, incluso del escepticismo radical. Algunos optan por explicar esta falta de pruebas mediante conspiranoias varias como los hombres de negro y demás (es increíble, tú, siempre eficaces al 100% hasta en el más inhóspito rincón del mundo, con la cantidad de patanes y metepatas que suele haber en esta clase de servicios). Por otra parte, la presencia de tanto estafador y espabilado en el mundillo obliga a exigir pruebas contundentes de cualquier afirmación. Y en general, afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Pero, a diferencia de otras creencias, no es imposible por completo. No, no lo es. Sólo altamente improbable. Y nadie tiene la respuesta: sólo el tiempo lo dirá. Eso sí, hace tiempo que albergo una opinión, y es que un contacto auténtico sería el fin de la ufología. Más que nada, porque la realidad siempre termina superando al más descabellado ejercicio de imaginación.

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Resultados encuesta: ¿Existen inteligencias extraterrestres en nuestra propia galaxia?

Resultados encuesta abril 2011.

Anterior: ¿Qué fuentes de energía deberíamos fomentar más?

Resultados encuesta febrero 2011: ¿Existen inteligencias extraterrestres en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea?

Resultados encuesta febrero 2011: ¿Existen inteligencias extraterrestres en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea?

Una vez cerrada la octava encuesta, realizada entre el 1 y el 30 de abril de 2011 (inclusives), los 1.469 votos emitidos han dado lugar a los siguientes resultados en detalle:

¿Existen inteligencias extraterrestres en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea?

  1. Sí: 1.006 (68,5%).
  2. No: 463 (31,5%).

Los porcentajes pueden no totalizar el 100% debido a los redondeos decimales.

Esta encuesta no es científica. Sólo refleja la opinión de aquellas personas que eligieron participar.
Los resultados no representan necesariamente la opinión del público, de los usuarios de Internet en general o de los lectores de La Pizarra de Yuri en su totalidad.

Encuesta de mayo:

¿Obtendrá España algún premio Nobel en ciencias antes de 2050?

 

 

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Vida arsénica

Habrá quien sufra una decepción. Pero si se confirma, es un descubrimiento muy, muy notable.

Convocatoria de prensa de la NASA sobre un descubrimiento en astrobiología.

Convocatoria a la conferencia de prensa de la NASA para "comentar un hallazgo en astrobiología que tendrá impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre". A pesar del ruido generado, eso no son "pruebas de vida extraterrestre". (NASA) (Clic para ampliar)

Como es bien sabido, hace unos días la NASA anunció una conferencia de prensa en su sitio web y en notas dirigidas a los medios de comunicación, donde se decía lo siguiente:

La NASA ofrecerá una conferencia de prensa a las 2 p.m. EST el jueves, 2 de diciembre, para comentar un hallazgo en astrobiología que tendrá impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre. La astrobiología es el estudio del origen, evolución, distribución y futuro de la vida en el universo.

Sobre esta base, como suele resultar inevitable, pronto surgieron las primeras especulaciones sobre el hallazgo de vida extraterrestre; e inmediatamente a continuación, toda clase de suposiciones amplificadas por Internet, incluyendo los delirios habituales en estos casos.

A pesar de tanto ruido, la redacción de la nota de prensa –bastante común entre las que proporciona la NASA a menudo– parece cuidadosamente formulada para rechazar estas especulaciones: «un hallazgo en astrobiología que tendrá impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre» no son «pruebas de vida extraterrestre». El embargo sobre su contenido terminó por alimentar aún más el bombo del asunto; no obstante, este embargo venía impuesto por Science –que es quien publica el paper– y constituye una práctica habitual para proteger la exclusiva.

No voy a decir que la NASA ignore la clase de efecto que un texto así tiene en la sociedad, e incluso que lo utilice para atraer atención, pero, honestamente… ¿de qué otra forma lo podrían decir? ¿Utilizando lenguaje abstruso que sólo entiendan los iniciados? Yo creo que esa sería una solución peor. Uno dice lo que tiene que decir, y lo que digan los demás ya es asunto de ellos. Nadie puede actuar pensando constantemente en quién sacará una conclusión inoportuna o exagerada de lo que hace; por ese camino, nunca se haría nada.

Arsénico.

Arsénico.

Del fósforo, del arsénico, de la vida y de la muerte.

Dicho esto, vamos al asunto, que tiene miga. Aunque a muchos pueda resultarles decepcionante (al menos en comparación con las expectativas generadas por gente que NO es de la NASA ni del equipo investigador), el descubrimiento de vida arsénica tiene un alcance extraordinario en «la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre» y también en nuestra comprensión de la vida terrestre. ¿Por qué?

En primer lugar, porque el arsénico es un conocido veneno. Dicho en términos sencillos, un antagonista de la vida, y además uno de los más poderosos (no mezclar con el concepto bioquímico de antagonista). Se supone –se suponía hasta hace un rato– que allá donde hay mucho arsénico y no hay nada de fósforo, no puede haber vida. ¿A qué se debe esto? Fundamentalmente, a que el arsénico tiene un comportamiento bioquímico muy parecido al fósforo; tanto como para confundir a los seres vivos. En palabras de la doctora Felisa Wolfe-Simon, una de las participantes en la conferencia de prensa de la NASA:

Toda la vida que se conoce requiere fósforo (P), en forma de fosfatos inorgánicos (PO43– o Pi) y moléculas orgánicas que confienen fosfatos. El Pi sirve como columna vertebral de los ácidos nucleicos que constituyen el material genético y como el mayor almacén de energía química para el metabolismo, en los enlaces de polifosfatos.

El arsénico (As) se encuentra inmediatamente por debajo del fósforo en la tabla periódica, y por ello ambos elementos comparten muchas propiedades químicas, aunque la diferencia es lo bastante grande como para que el arsénico no pueda reemplazar directamente al fósforo en la bioquímica moderna. El arsénico es tóxico porque resulta lo bastante parecido al fósforo como para que los organismos intenten esta sustitución.

–Wolfe-Simon, Felisa; Davies, Paul C.; Anbar, Ariel D. (2009), «Did nature also choose arsenic?»,
en International Journal of Astrobiology, Volumen 8, Número 2, págs. 69-74.

Efectos del arsénico en el agua potable.

Incluso en cantidades bajas, la presencia de arsénico en los alimentos o el agua constituye un grave problema de salud pública. En la foto, un paciente bangladesí muestra los efectos de la intoxicación por esta sustancia en el agua de boca durante la reciente "crisis del arsénico" ( http://bicn.com/acic/ ). El desarrollo de agentes biorremediadores es de gran interés para combatir estos desastres.

En otras palabras: el cuerpo de los seres vivos absorbe arsénico creyendo que es fósforo, lo incorpora y entonces se encuentra con que el arsénico no le sirve para seguir desempeñando sus funciones biológicas. Como resultado, la actividad biológica queda interrumpida o alterada, la homeostasis se desarticula rápidamente y el ser vivo muere.

Suele decirse que la vida terrestre está basada en el agua, o en el carbono. O en el ADN-ARN. Pero, de la misma manera, podríamos afirmar que la vida terrestre está basada en el fósforo. Este no-metal con quince protones en su núcleo (y normalmente dieciséis neutrones, lo que suele resultar en el isótopo estable 31P) se presenta en varios alótropos de propiedades muy diferentes: fósforo blanco, fósforo rojo, fósforo violeta, fósforo negro, difósforo y nanopolímeros. Por su gran reactividad y su capacidad de interactuar agradable o desagradablemente con las cosas vivas, el fósforo blanco es muy conocido en la industria armamentística.

El fósforo forma parte esencial de la estructura del ADN y el ARN. Los fosfolípidos constituyen la sustancia fundamental de las membranas celulares activas. Por tanto, estamos ante uno de los materiales estructurales de la vida. Pero no sólo eso. Prácticamente todos los procesos celulares que consumen energía lo hacen a través de una molécula llamada adenosín-trifosfato (ATP), el vehículo de la energía vital. La fosforilación es, con mucha probabilidad, el mecanismo de regulación enzimática y metabólica más importante de todos. Sin fósforo, nunca habríamos llegado a ser. Sin fósforo, tú y yo no existiríamos. Y cuando el fósforo se ve reemplazado por el arsénico o cualquier otra cosa parecida, morimos sin remisión.

O, al menos, eso pensábamos hasta ayer.

Vida extraña.

Postulamos la hipótesis de que sistemas bioquímicos antiguos, análogos pero distintos a los conocidos hoy en día, podrían haber utilizado arseniatos en un papel biológico equivalente al de los fosfatos. Los organismos que utilizaran estos caminos bioquímicos de «vida extraña» podrían haber sustentado una «biosfera en la sombra» durante los tiempos del origen y la evolución temprana de la vida en la Tierra o en otros planetas. Estos organismos podrían incluso mantenerse en la Tierra hoy en día, no detectados, en nichos inusuales.

–Wolfe-Simon, Felisa; Davies, Paul C.; Anbar, Ariel D. (2009), «Did nature also choose arsenic?»,
en International Journal of Astrobiology, Volumen 8, Número 2, págs. 69-74.

Pteris vittata, un hiperacumulador de arsénico.

Pteris vittata, un hiperacumulador de arsénico.

Se conocían ya algunos organismos capaces de absorber arsénico e incluso incorporarlo parcialmente a sus funciones biológicas. Por ejemplo, el helecho Pteris vittata es un hiperacumulador del arsénico presente en algunos suelos (incluyendo suelos contaminados), lo que permite su uso en fitorremediación. Algunas bacterias y archaeas, como la Sulfurospirillum arsenophilum o varias crenarqueotas, pueden obtener energía de compuestos arsénicos mediante unas enzimas conocidas como arseniato-reductasas (Arr), reduciendo los arseniatos a arsenitos en lo que viene a constituir un mecanismo respiratorio.

Hace un par de años se descubrieron otras bacterias capaces de realizar algo muy parecido a la fotosíntesis en ausencia de oxígeno, utlizando arsenitos como donantes electrónicos y generando arseniatos en el proceso (exactamente igual que, en la fotosíntesis «normal», el agua actúa como donante de electrones para producir oxígeno); entre estas, parece encontrarse la cepa PHS-1 relacionada con la gamma-protebacteria Ectothiorhodospira shaposhnikovii. Por su parte, el moho Scopulariopsis brevicaulis puede metabolizar cantidades significativas de arsénico inorgánico mediante metilación y algunos peces, crustáceos del tipo del marisco, algas y hongos procesan el arsénico ambiental de forma parecida para dar lugar a la arsenobetaína (que constituye una parte significativa del arsénico presente en la sangre humana, sobre todo después de zamparse una cierta cantidad de estos seres).

Lo que nunca se había manifestado es lo que aparece en el escrito para Science que se ha dado a conocer con esta conferencia de prensa:

La vida está fundamentalmente compuesta por los elementos carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo. Aunque estos seis elementos forman los ácidos nucleicos, las proteíanas y los lípidos, y por tanto constituyen el grueso de la materia viva, es teóricamente posible que otros elementos de la tabla periódica puedan desempeñar las mismas funciones. Describimos una bacteria, la cepa GFAJ-1 de las Halomonodaceae, que sustituye el fósforo por arsénico para mantener su crecimiento. Nuestros datos muestran pruebas de arseniatos en macromoléculas que habitualmente contienen fosfatos, y muy notablemente en los ácidos nucleicos y las proteínas. El intercambio de uno de los bio-elementos principales podría tener un significado evolutivo y geoquímico profundo. […]

Notificamos el descubrimiento de un microbio inusual, la cepa GFAJ-1, que excepcionalmente puede variar la composición elemental de sus biomoléculas básicas sustituyendo fósforo por arsénico. La manera en que el arsénico se incorpora a la estructura de estas biomoléculas no está clara, y los mecanismos mediante los que operan las mismas son desconocidos.

–Wolfe-Simon et al. (2010), «A bacterium that can grow by using arsenic instead of phosporus»,
en Science Express, 2 de diciembre de 2010.

El Lago Mono es un lago alcalino (pH =10) de muy alta salinidad situado en el extremo oriental del estado norteamericano de California, en la Sierra Nevada estadounidense. Aunque el lago en sí no debe alcanzar el millón de años de antigüedad, y seguramente se formó durante la erupción volcánica de Long Valley, la estructura geológica bajo la capa de cenizas apunta a fechas muy anteriores; podría tratarse de uno de los lagos más antiguos de los Estados Unidos. Aunque el nombre Mono también se nos antoja español –y sería exquisitamente adecuado–, en realidad procede de los anteriores habitantes de esas tierras.

Lago Mono, California.

El lago Mono, en la Sierra Nevada de California (EEUU), presenta una elevada concentración de sales de arsénico. Este ha sido el lugar del descubrimiento.

Forma parte de una cuenca endorreica, es decir, sin salida al mar. Esto significa que todos los materiales arrastrados por la lluvia y demás quedan concentrados en el lago, mientras el agua se va evaporando lentamente. Esto forma lagos con gran densidad de sales, que en el caso del Mono tienen un importante componente de arsénico. A pesar de ello, se trata de un espacio de alto valor ecológico, clave para la migración de numerosas aves. No obstante, como vivir, en él sólo viven algunas especies muy especialitas como el crustáceo de aguas salobres Artemia monica, las «moscas alcalinas» Ephydra hians y una serie de algas y bacterias de rasgos extremófilos adaptadas a semejante ambiente.

Lo que han hecho la Dra. Wolfe-Simon y su equipo ha sido tomar una bacteria de características extremófilas que ya había demostrado su resistencia al arsénico en este Lago Mono y cultivarla artificialmente en distintas etapas, con una cantidad cada vez menor de fósforo y mayor de arsénico en los nutrientes. El propósito de estas acciones era provocar tanta sustitución de fósforo por arsénico como fuera posible en el microorganismo. Cuando finalmente lo introdujeron en un medio sin ningún fósforo añadido, sino sólo con un arseniato (AsO43–) y glucosa, ocurrió lo siguiente:

GFAJ-1 creció a un promedio μmax de 0,53 días–1 bajo +As/–P, multiplicando el número de células más de veinte veces después de seis días. Crecía más deprisa y más extensamente al añadirle [fosfato] […] Pero de todos modos, cuando no se añadió [ni arsénico ni fósforo], no se observó ningún crecimiento. Incluímos tanto la densidad óptica como el recuento de células para demostrar sin ambiguedad alguna el crecimiento utilizando dos métodos independientes.

Dicho en cristiano: GFAJ-1 seguía reproduciéndose en el arsénico, sin fósforo alguno (aunque al añadir fósforo lo hacía más rápido y mejor). Según la doctora Wolfe-Simon y sus colaboradores, esto significaría que esta bacteria es capaz de utilizar el arsénico como sustitutivo del fósforo para una diversidad de sus estructuras y procesos biológicos:

Aproximadamente el 96% del fósforo está presumiblemente distribuido entre las fracciones «lípidas» y «proteínicas». Si el AsO43– reemplaza el papel biológico del PO43–, entonces el [arsénico] debería estar actuando en muchos papeles bioquímicos análogos, incluyendo el ADN, la fosforilación de las proteínas […] y los fosfolípidos.

La cepa bacteriana GFAJ-1 (NASA TV).

La cepa bacteriana GFAJ-1, cultivada en arsénico (NASA TV).

O sea: que por primera vez tendríamos un microorganismo funcionando con un elemento distinto de los seis constituyentes básicos de la vida conocidos hasta ahora; elemento que, en otras condiciones, resulta un poderoso enemigo de la vida. Es decir: no se trataría de un extremófilo corriente que tolera la presencia del arsénico o incluso lo incorpora en algún proceso biológico, sino de un organismo capaz de abandonar el fósforo para pasar a constituirse con arsénico. Llevamos décadas especulando con posibles formas de vida extraterrestre no sustentadas en los bioelementos de la vida terrestre; esta sería la primera prueba de que tal cosa resulta verdaderamente posible. Nos hallaríamos al principio de una nueva bioquímica, de un nuevo ámbito de la vida.

La cosa tiene sus críticos (aparentemente minoritarios), que afirman que el experimento no ha demostrado fehacientemente (aún) la sustitución integral o mayoritaria del fósforo por arsénico en la GFAJ-1. Sin embargo, los autores del experimento han dado varios pasos significativos para demostrar este reemplazo; y aunque ciertamente no son definitivos por completo, sí apuntan con claridad a un descenso muy notable del fósforo y un incremento igualmente importante del arsénico en las biomoléculas del microorganismo. A falta de los siguientes estudios –que, visto el revuelo y la relevancia, seguramente no tardarán mucho– no resulta imprudente afirmar que se ha hallado una vida distinta de como la conocíamos.

Las implicaciones.

Si estos resultados se confirman, la importancia y el alcance del experimento anunciado ayer es colosal. Como ya he mencionado, nos hallaríamos ante una nueva bioquímica, algo muy distinto de lo conocido hasta ahora. Mil preguntas se agolpan: ¿cómo es un ADN que incorpora arsénico en vez de fósforo? ¿Cómo funciona la transferencia de energía, considerada hasta ahora competencia exclusiva del ATP? ¿Qué sustituye a la fosforilación, y de qué manera? ¿Qué otras sustituciones resultan posibles, y en qué combinaciones? Hay curro para generaciones enteras de biólogos y bioquímicos. :-D Y, por cierto, habrá que empezar a plantearse las posibles tecnologías derivadas, en medicina, en farmacología y en una multitud de campos. ;-)

Fumarola hidrotermal

Una fumarola hidrotermal submarina. Desde hace tiempo se postula que la vida pudo surgir en torno a ellas; este descubrimiento podría reforzar esta hipótesis.

Por otra parte, tal y como prometió la NASA, el impacto sobre la astrobiología es muy profundo. Si esto es lo que parece ser, estaríamos ante la demostración palmaria de que son posibles otras formas de vida no sustentadas en los bioelementos tradicionales, ampliando enormemente las posibilidades en otros mundos; hasta ahora sólo teníamos especulaciones, pero ahora comenzamos a disponer de hechos probados (siempre dependiendo de las correspondientes verificaciones). Si es posible una vida que utiliza arsénico en vez de fósforo… pues compi, entonces casi todo es posible. Silicio en vez de carbono. Metano en vez de agua. Vete tú a saber. (Insisto: sí, ya sé que sobre todo esto se ha especulado mucho. Pero una cosa es la especulación y otra muy distinta las pruebas.)

También se abren otras posibilidades fascinantes en el ámbito de la abiogénesis, es decir, la manera como surgió la vida; otro campo estrechamente relacionado con la astrobiología. Si son posibles otras formas de vida no sustentadas en los bioelementos tradicionales, ¿se dieron? ¿Pudo haber un segundo génesis (o un tercero, o un cuarto…) de cosas hasta ayer inimaginables, aunque sólo sobreviviera la vida terrestre que conocemos ahora? ¿Realmente sólo sobrevivió la vida que conocemos, o queda algo de esos «otros génesis» en algún rincón de la realidad? Incluso podríamos estar ante una expresión moderna de la forma de vida original, quizás surgida en las fumarolas hidrotermales submarinas ricas en arsénico y otras sustancias antiguamente consideradas «no prebióticas«.

A falta aún de verificar y explorar todo esto, la enseñanza profunda de lo sucedido ayer es que la ciencia ha hecho una vez más lo que mejor sabe hacer: desafiarse, corregirse, ampliarse a sí misma bajo el poder del estudio y la razón. No tenemos ninguna otra vía de adquisición del conocimiento capaz de hacer semejante cosa, constantemente. Por eso la ciencia es tan poderosa y nos ha dado tantas cosas en tan poco tiempo. Mañana, aunque no genere tanto impacto mediático, volverá a ocurrir. Y pasado. Y el día después de pasado. Y así sucesivamente, en un camino siempre ascendente, siempre mejor que difícilmente se acabará. La ciencia no contiene la verdad absoluta, pero sí nos proporciona lo más próximo a la verdad que la especie humana puede alcanzar en cada instante de su historia, ayer, hoy y por siempre jamás.

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